LDB Arquitectura

Rehacer las ciudades apartir de lo común

Un ejemplo ya histórico de cómo las ciudades pueden iniciar un proceso regenerador basándose en proyectos de reestructuración, mejora y ampliación de espacios y equipamientos públicos ha sido Curitiba, en Brasil, remodelada y ampliada a partir de la apuesta por el transporte colectivo y los nuevos parques.

 

Una experiencia que tiene el valor de haberse iniciado en un momento, los años setenta, en el que la mayoría de las ciudades brasileñas se dedicaban a construir viaductos y grandes infraestructuras para favorecer el tráfico privado. Volveremos sobre este caso cuando tratemos la relación de las ciudades con el proyecto de transporte público. Otra ciudad brasileña que se ha rehecho a partir de la calidad de sus calles y plazas ha sido Río de Janeiro. En este caso, la remodelación y mejora del espacio público de la ciudad con el programa Río Cidade, proyectado para mejorar y reforzar ejes comerciales barriales, fue complementada con el proyecto Favela Bairro. Éste ha consistido en llevar a los barrios auto construidos la estructura de la ciudad, con sus espacios públicos, infraestructuras, medios de transporte y equipamientos, comportando la mejora de las viviendas. El proyecto de Rio Cidade (1993-2000), menos impactante aunque igualmente complejo y beneficioso para la ciudad que el programa de Favela Bairro, constituyó una apuesta por la recuperación de la ciudad y el espacio público como lugar de comercio, origen histórico de plazas, calles e, incluso, ciudades, y que en las últimas décadas, debido a la importación masiva del modelo norteamericano de suburbio y centro comercial cerrado e indiferente al entorno ha ido perdiendo calidad y capacidad de atracción. La apuesta de la dirección de urbanismo de Río de Janeiro, a cargo de la arquitecta Verena Andreatta, fue la actuación en ejes comerciales de la ciudad consolidada, consistente en proyectos para rehacer aceras y priorizar el cruce de los peatones con el denominado paso universal. El paso universal es aquel que detiene todo el flujo vehicular al unísono, para que los peatones puedan cruzar en todas direcciones. A su vez, estos cruces fueron señalizados de manera singular.

 

Se trabajó en la re-localización del comercio informal que invadía las aceras, tal como hacían los comercios formales para competir; y se recolocaron los elementos de mobiliario urbano, como papeleras y cabinas telefónicas. Barcelona ha sido un modelo a seguir para muchas ciudades, especialmente en Latinoamérica. Entre los ejemplos más recientes que podemos analizar están Bogotá y Medellín, en Colombia, o el ya citado de Río de Janeiro, en este caso con influencia directa de algunos urbanistas barceloneses. Sin embargo, la admiración por un modelo no debería impedir ver sus claroscuros, y en Barcelona, después de una etapa necesaria de recuperación de la calle en términos democráticos, el modelo no ha sabido rearticularse con igual fortuna. Es mucho más complejo, aunque no lo parezca, resolver el problema de la vivienda y de los barrios que embellecer las ciudades con espacios públicos. De esta manera, Río de Janeiro entendió que debía abrir dos frentes esenciales: calidad del espacio público y de la vivienda en los barrios marginales. En cambio, Curitiba no ha incluido la cuestión de la vivienda en sus programas. A pesar de la inspiración que encontró en Barcelona, no se puede decir que lo realizado en la ciudad de Medellín sea una simple transcripción. Cada realidad urbana, con sus aspectos sociales, características topográficas y estructura urbana, hace necesaria una respuesta ad hoc. En este sentido, el proyecto de Medellín, cuyos responsables lo denominaron “urbanismo social” es sumamente ejemplar. Este proyecto buscó crear ciudad donde no la había, al igual que el programa Favela Bairro. Está claro que la población puede autoconstruirse sus viviendas, pero lo que difícilmente pueda ser cuestión de autogestión y ayuda mutua es la construcción de la ciudad entendida como infraestructuras, equipamientos y espacios públicos. La topografía de la ciudad situada en un estrecho valle, entre laderas de acusadas pendientes, ha marcado la situación de los barrios autoconstruidos en los sitios de más difícil acceso. De esta manera, el proyecto de rehabilitación urbana tiene como uno de sus mayores aciertos e impactos positivos la mejora de la accesibilidad a los barrios en las laderas con la implantación del Metrocable, un sistema de telecabinas que conectan con las estaciones de metro. Al igual que en Bogotá, en Medellín se entendió que un proyecto de futuro se ha de basar en que la educación y el acceso a la información no penalice a los pobres. Por ello, el segundo punto a remarcar de esta política urbana es la rehabilitación y ampliación de las escuelas públicas en los barrios y la creación de una red de bibliotecas, que son nuevos centros culturales y de actividad social, en los que se ha decidido intervenir con una arquitectura de impacto. Podríamos decir que con estas intervenciones se buscó no solo dotar de equipamientos públicos, sino también aportar identidad simbólica a sus habitantes. Así, el espacio público cambia a partir de estas intervenciones.

 

En primer lugar las estaciones de Metrocable han transformado su entorno, lógicamente, en un nodo de flujo y comercio, y los recorridos entre estos y las bibliotecas se han cualificado. La intervención privada ha hecho florecer espacios de comercio en todo el recorrido. Se trabaja progresivamente en la mejora de la accesibilidad general de los barrios, con la construcción de calzadas y aceras, realizando escaleras allí donde la pendiente imposibilita otros medios. La recuperación de las cañadas ha llevado a la recolocación de viviendas que se hallaban en situación de riesgo, realizándose una serie de bloques de vivienda esparcidos por los barrios. Otro proyecto interesante en Medellín es la recuperación del antiguo Jardín Botánico, que era un espacio privado de uso restringido, rodeado por un muro. Una de las máximas de la vida en la calle es que ésta sea segura y para ello la transparencia entre espacios de uso interior y la calle son imprescindibles. La recuperación de este jardín como espacio público ha incidido positivamente en el entorno, no sólo por sus actividades interiores, sino por como se ha resuelto la relación con la calle. Se ha eliminado el muro y se ha retranqueado la nueva valla transparente de rejas; un retranqueo que permite un paseo arbolado perimetral de más de diez metros de ancho. De esta manera, aunque el parque esté cerrado, la ciudadanía puede disfrutar de un paseo verde. Esta solución la encontramos en Barcelona, en los bordes del parque de la Ciutadella no ocupados por el zoológico. Es decir, que hace más de 150 años ya se sabía como relacionar recinto y ciudad, cuestión que parece hoy olvidada si observamos la barbaridad del Parc Central de Poble Nou, cuyos límites infranqueables, formados por muros de hormigón de más de tres metros de altura, no solo privan de la permeabilidad visual imprescindible para la vida en la calle, sino que el proyecto de la acera, una franja sin calidad que separa el muro de la calzada, es inexistente. En definitiva, los proyectos de Medellín han buscado la redistribución a través de la creación de equipamientos, transporte y espacios públicos en los barrios más carenciados.

 

Otro ejemplo, aún incipiente, es el de San José, capital de Costa Rica, que ha iniciado tímidamente la peatonalización de algunas de sus calles más céntricas y comerciales, dentro del centro histórico y colonial, con el cambio de los pavimentos, la creación de nuevo mobiliario urbano y la instalación temporal de obras de arte. Lo hecho hasta ahora ha tenido mucho éxito popular y se pretende ampliar a otras zonas de la ciudad. Este experimento urbano ha potenciado que aparezcan nuevas propuestas, como el proyecto estratégico para el Gran Área Metropolitana de Costa Rica, de A company / A foundation formada por Oliver SchütteyMarije van Lidth de Jeude, que tiene como objetivo consolidar y densificar la ciudad dispersa mediante nuevos equipamientos, infraestructuras y espacios públicos, gestionados a partir de la participación de los vecinos. Y como la propuesta para el barrio Los Yoses, que parte de la iniciativa vecinal y que ha sido realizado por Luis Diego Barahonay Eugenia Soto. Este proyecto está formado por veinticinco operaciones de acupuntura urbana, denominadas así por obtener el máximo impacto positivo con actuaciones mínimas basadas en la mejora del espacio público: aceras, iluminación, micro plazas o espacios de relación vecinal, pequeños parques, un nuevo puente peatonal, ciclovías y árboles. En resumen, podemos decir que el proyecto del espacio público para la recuperación de la vida en la ciudad y los barrios es imprescindible, pero no es suficiente con su denominación. Todo proyecto ha de atender a los detalles que permiten que sean vividos por todas y por todos. Para ello los espacios públicos han de tener en cuenta los entrelazamientos de los recorridos derivados de usos y actividades diversas y se ha de atender a la relación visual y física entre los elementos que componen la ciudad, en especial entre los equipamientos y los espacios públicos.

 

Ruinas contemporáneas

 

El artista Adam Neate y sus colaboradores tienen una manía: abandonar en las calles de Londres, de madrugada, decenas de cuadros que él mismo ha pintado. Los deja a la intemperie para que el que pasa los cuelgue en su casa o los venda. Lo que pretende es que las calles de Londres sean la galería más grande del mundo de “arte encontrado”. Es ésta una práctica antigua. Como gesto programático se viene haciendo, como mínimo, desde los años sesenta a través del arte conceptual y el “objeto encontrado”. El giro, la novedad, no tiene tanto que ver con esa práctica en sí, sino con la evolución de las otras artes, las que no son pintura: la rareza de Neate viene dada por comparación.

 

Y es que el handicap, hoy, de artes “matéricas” como la pintura o la escultura, es que no pueden “palparse” en la Red, lo que las invalida como objeto- flujo (premisa casi inevitable para que algo se considere contemporáneo). Es verdad que, por otra parte, como ya casi únicos exponentes de aquellos tiempos en los que la materia aún importaba, esas obras “matéricas” parecen tener aún más “aura”, esa metafísica propiedad que hacía del objeto una obra irrepetible, pero ocurre que con la amplificación global del fenómeno de la copia, el “aura” ya casi ha dejado de tener valor para los contemporáneos consumidores de arte. Parece como si todo objeto de arte contemporáneo tuviera que someterse a tres premisas: 1) que se pueda comprimir en un archivo informático, 2) que ese archivo esté preparado para fluir por la red, y 3) que sea susceptible de ser copiado.

 

Así la fotografía, así el videoarte, así las performances filmadas, que cada vez cobran tanto valor como in vivo, así el arte conceptual, en el que la materialidad no es más que un soporte subordinado al concepto; por no hablar del cine, la música y la literatura, en las que el “original” carece de valor por no existir. La obra de arte es ahora intercambio de información, o no es. Y la información, de momento, fluye en voluptuoso caudal en la Red. No son malos tiempos para las artes, que explosionan cada día arrojando miles de fragmentos seminales, sino que son malos tiempos para la sacralización de los objetos artísticos. Se construyen museos más y más preciosos, para un concepto en estado de ruina.

Josep Maria Montaner / Zaida Muxí

La Vanguardia

España

2009

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Un ejemplo ya histórico de cómo las ciudades pueden iniciar un proceso regenerador basándose en proyectos de reestructuración, mejora y ampliación de espacios y equipamientos públicos ha sido Curitiba, en Brasil, remodelada y ampliada a partir de la apuesta por el transporte colectivo y los nuevos parques.

 

Una experiencia que tiene el valor de haberse iniciado en un momento, los años setenta, en el que la mayoría de las ciudades brasileñas se dedicaban a construir viaductos y grandes infraestructuras para favorecer el tráfico privado. Volveremos sobre este caso cuando tratemos la relación de las ciudades con el proyecto de transporte público. Otra ciudad brasileña que se ha rehecho a partir de la calidad de sus calles y plazas ha sido Río de Janeiro. En este caso, la remodelación y mejora del espacio público de la ciudad con el programa Río Cidade, proyectado para mejorar y reforzar ejes comerciales barriales, fue complementada con el proyecto Favela Bairro. Éste ha consistido en llevar a los barrios auto construidos la estructura de la ciudad, con sus espacios públicos, infraestructuras, medios de transporte y equipamientos, comportando la mejora de las viviendas. El proyecto de Rio Cidade (1993-2000), menos impactante aunque igualmente complejo y beneficioso para la ciudad que el programa de Favela Bairro, constituyó una apuesta por la recuperación de la ciudad y el espacio público como lugar de comercio, origen histórico de plazas, calles e, incluso, ciudades, y que en las últimas décadas, debido a la importación masiva del modelo norteamericano de suburbio y centro comercial cerrado e indiferente al entorno ha ido perdiendo calidad y capacidad de atracción. La apuesta de la dirección de urbanismo de Río de Janeiro, a cargo de la arquitecta Verena Andreatta, fue la actuación en ejes comerciales de la ciudad consolidada, consistente en proyectos para rehacer aceras y priorizar el cruce de los peatones con el denominado paso universal. El paso universal es aquel que detiene todo el flujo vehicular al unísono, para que los peatones puedan cruzar en todas direcciones. A su vez, estos cruces fueron señalizados de manera singular.

 

Se trabajó en la re-localización del comercio informal que invadía las aceras, tal como hacían los comercios formales para competir; y se recolocaron los elementos de mobiliario urbano, como papeleras y cabinas telefónicas. Barcelona ha sido un modelo a seguir para muchas ciudades, especialmente en Latinoamérica. Entre los ejemplos más recientes que podemos analizar están Bogotá y Medellín, en Colombia, o el ya citado de Río de Janeiro, en este caso con influencia directa de algunos urbanistas barceloneses. Sin embargo, la admiración por un modelo no debería impedir ver sus claroscuros, y en Barcelona, después de una etapa necesaria de recuperación de la calle en términos democráticos, el modelo no ha sabido rearticularse con igual fortuna. Es mucho más complejo, aunque no lo parezca, resolver el problema de la vivienda y de los barrios que embellecer las ciudades con espacios públicos. De esta manera, Río de Janeiro entendió que debía abrir dos frentes esenciales: calidad del espacio público y de la vivienda en los barrios marginales. En cambio, Curitiba no ha incluido la cuestión de la vivienda en sus programas. A pesar de la inspiración que encontró en Barcelona, no se puede decir que lo realizado en la ciudad de Medellín sea una simple transcripción. Cada realidad urbana, con sus aspectos sociales, características topográficas y estructura urbana, hace necesaria una respuesta ad hoc. En este sentido, el proyecto de Medellín, cuyos responsables lo denominaron “urbanismo social” es sumamente ejemplar. Este proyecto buscó crear ciudad donde no la había, al igual que el programa Favela Bairro. Está claro que la población puede autoconstruirse sus viviendas, pero lo que difícilmente pueda ser cuestión de autogestión y ayuda mutua es la construcción de la ciudad entendida como infraestructuras, equipamientos y espacios públicos. La topografía de la ciudad situada en un estrecho valle, entre laderas de acusadas pendientes, ha marcado la situación de los barrios autoconstruidos en los sitios de más difícil acceso. De esta manera, el proyecto de rehabilitación urbana tiene como uno de sus mayores aciertos e impactos positivos la mejora de la accesibilidad a los barrios en las laderas con la implantación del Metrocable, un sistema de telecabinas que conectan con las estaciones de metro. Al igual que en Bogotá, en Medellín se entendió que un proyecto de futuro se ha de basar en que la educación y el acceso a la información no penalice a los pobres. Por ello, el segundo punto a remarcar de esta política urbana es la rehabilitación y ampliación de las escuelas públicas en los barrios y la creación de una red de bibliotecas, que son nuevos centros culturales y de actividad social, en los que se ha decidido intervenir con una arquitectura de impacto. Podríamos decir que con estas intervenciones se buscó no solo dotar de equipamientos públicos, sino también aportar identidad simbólica a sus habitantes. Así, el espacio público cambia a partir de estas intervenciones.

 

En primer lugar las estaciones de Metrocable han transformado su entorno, lógicamente, en un nodo de flujo y comercio, y los recorridos entre estos y las bibliotecas se han cualificado. La intervención privada ha hecho florecer espacios de comercio en todo el recorrido. Se trabaja progresivamente en la mejora de la accesibilidad general de los barrios, con la construcción de calzadas y aceras, realizando escaleras allí donde la pendiente imposibilita otros medios. La recuperación de las cañadas ha llevado a la recolocación de viviendas que se hallaban en situación de riesgo, realizándose una serie de bloques de vivienda esparcidos por los barrios. Otro proyecto interesante en Medellín es la recuperación del antiguo Jardín Botánico, que era un espacio privado de uso restringido, rodeado por un muro. Una de las máximas de la vida en la calle es que ésta sea segura y para ello la transparencia entre espacios de uso interior y la calle son imprescindibles. La recuperación de este jardín como espacio público ha incidido positivamente en el entorno, no sólo por sus actividades interiores, sino por como se ha resuelto la relación con la calle. Se ha eliminado el muro y se ha retranqueado la nueva valla transparente de rejas; un retranqueo que permite un paseo arbolado perimetral de más de diez metros de ancho. De esta manera, aunque el parque esté cerrado, la ciudadanía puede disfrutar de un paseo verde. Esta solución la encontramos en Barcelona, en los bordes del parque de la Ciutadella no ocupados por el zoológico. Es decir, que hace más de 150 años ya se sabía como relacionar recinto y ciudad, cuestión que parece hoy olvidada si observamos la barbaridad del Parc Central de Poble Nou, cuyos límites infranqueables, formados por muros de hormigón de más de tres metros de altura, no solo privan de la permeabilidad visual imprescindible para la vida en la calle, sino que el proyecto de la acera, una franja sin calidad que separa el muro de la calzada, es inexistente. En definitiva, los proyectos de Medellín han buscado la redistribución a través de la creación de equipamientos, transporte y espacios públicos en los barrios más carenciados.

 

Otro ejemplo, aún incipiente, es el de San José, capital de Costa Rica, que ha iniciado tímidamente la peatonalización de algunas de sus calles más céntricas y comerciales, dentro del centro histórico y colonial, con el cambio de los pavimentos, la creación de nuevo mobiliario urbano y la instalación temporal de obras de arte. Lo hecho hasta ahora ha tenido mucho éxito popular y se pretende ampliar a otras zonas de la ciudad. Este experimento urbano ha potenciado que aparezcan nuevas propuestas, como el proyecto estratégico para el Gran Área Metropolitana de Costa Rica, de A company / A foundation formada por Oliver SchütteyMarije van Lidth de Jeude, que tiene como objetivo consolidar y densificar la ciudad dispersa mediante nuevos equipamientos, infraestructuras y espacios públicos, gestionados a partir de la participación de los vecinos. Y como la propuesta para el barrio Los Yoses, que parte de la iniciativa vecinal y que ha sido realizado por Luis Diego Barahonay Eugenia Soto. Este proyecto está formado por veinticinco operaciones de acupuntura urbana, denominadas así por obtener el máximo impacto positivo con actuaciones mínimas basadas en la mejora del espacio público: aceras, iluminación, micro plazas o espacios de relación vecinal, pequeños parques, un nuevo puente peatonal, ciclovías y árboles. En resumen, podemos decir que el proyecto del espacio público para la recuperación de la vida en la ciudad y los barrios es imprescindible, pero no es suficiente con su denominación. Todo proyecto ha de atender a los detalles que permiten que sean vividos por todas y por todos. Para ello los espacios públicos han de tener en cuenta los entrelazamientos de los recorridos derivados de usos y actividades diversas y se ha de atender a la relación visual y física entre los elementos que componen la ciudad, en especial entre los equipamientos y los espacios públicos.

 

Ruinas contemporáneas

 

El artista Adam Neate y sus colaboradores tienen una manía: abandonar en las calles de Londres, de madrugada, decenas de cuadros que él mismo ha pintado. Los deja a la intemperie para que el que pasa los cuelgue en su casa o los venda. Lo que pretende es que las calles de Londres sean la galería más grande del mundo de “arte encontrado”. Es ésta una práctica antigua. Como gesto programático se viene haciendo, como mínimo, desde los años sesenta a través del arte conceptual y el “objeto encontrado”. El giro, la novedad, no tiene tanto que ver con esa práctica en sí, sino con la evolución de las otras artes, las que no son pintura: la rareza de Neate viene dada por comparación.

 

Y es que el handicap, hoy, de artes “matéricas” como la pintura o la escultura, es que no pueden “palparse” en la Red, lo que las invalida como objeto- flujo (premisa casi inevitable para que algo se considere contemporáneo). Es verdad que, por otra parte, como ya casi únicos exponentes de aquellos tiempos en los que la materia aún importaba, esas obras “matéricas” parecen tener aún más “aura”, esa metafísica propiedad que hacía del objeto una obra irrepetible, pero ocurre que con la amplificación global del fenómeno de la copia, el “aura” ya casi ha dejado de tener valor para los contemporáneos consumidores de arte. Parece como si todo objeto de arte contemporáneo tuviera que someterse a tres premisas: 1) que se pueda comprimir en un archivo informático, 2) que ese archivo esté preparado para fluir por la red, y 3) que sea susceptible de ser copiado.

 

Así la fotografía, así el videoarte, así las performances filmadas, que cada vez cobran tanto valor como in vivo, así el arte conceptual, en el que la materialidad no es más que un soporte subordinado al concepto; por no hablar del cine, la música y la literatura, en las que el “original” carece de valor por no existir. La obra de arte es ahora intercambio de información, o no es. Y la información, de momento, fluye en voluptuoso caudal en la Red. No son malos tiempos para las artes, que explosionan cada día arrojando miles de fragmentos seminales, sino que son malos tiempos para la sacralización de los objetos artísticos. Se construyen museos más y más preciosos, para un concepto en estado de ruina.