LDB Arquitectura

Umbrales abiertos

Puertas y torres Antiguas y modernas ‘señales’ de otras ciudades son ejemplos para Costa Rica

 

Para orientar al viajero, al peregrino o al soldado, para darnos la bienvenida a un pueblo o para celebrar una victoria, las ciudades siempre han construido sus “puertas urbanas”.

 

Al igual que en los edificios y viviendas, aquellos umbrales han definido desde siempre el espacio de transición entre el “fuera” y el “dentro”. En la antigüedad, las puertas eran vanos que se abrían en las pesadas murallas. En la actualidad son obras contemporáneas que “construyen vacíos” para vincular zonas ubicadas dentro de las ciudades abiertas.

 

Las puertas antiguas o los nuevos “vacíos” son símbolos emblemáticos que expresan la evolución de las sociedades. Estos espacios ayudan a organizar las vías de comunicación y enmarcan conjuntos de edificios.

 

Entre las puertas míticas de la antigüedad sobresale el umbral mandado a construir por Nabucodonosor II en el año 575 a. C. Se trata de la puerta de Ishtar. Esta era la octava y la principal de ocho puertas de acceso a Babilonia.

 

Al atravesarla se transitaba por la vía Procesional y se finalizaba en un patio donde se levantaba un zigurat conocido como la torre de Babel. La puerta medía 14 metros de alto y 10 de ancho. Este umbral babilónico fue construido con ladrillos y coloreado de azul con polvo de lapislázuli y con acentos dorados y rojizos. Asimismo, presenta leones, dragones y toros.

 

Míralas. De la Edad Moderna se pueden citar dos puertas que contienen una gran carga simbólica: la de Alcalá y la de Brandenburgo. Ambas ejemplifican el alto simbolismo otorgado a los umbrales dentro de las ciudades europeas.

 

La puerta de Alcalá (Madrid, 1778) es obra del arquitecto Francisco Sabatini. Construida por orden del rey Carlos III, se ubica en la plaza de la Independencia y conducía a Alcalá de Henares. Su altura es de unos veinte metros y su estilo es neoclásico. Esta abertura, levantada en piedra berroqueña, delimitaba la ciudad por el Este. Su diseño presenta diferencias entre el exterior e interior y posee cinco vanos.

 

La puerta de Brandenburgo (Berlín, 1791) es un símbolo de Alemania y el acceso al Berlín de fines del siglo XVIII. La crearon el arquitecto Carl Gotthard Langhans y el escultor Johann Gottfried Schadow. Este último se encargó de esculpir la Cuadriga , obra que representa a la diosa Victoria montada en un carro tirado por cuatro caballos en dirección a la ciudad.

 

Esta puerta se encuentra cerca del Reichstag (Parlamento) y del parque Tiergarten (Jardín Zoológico), al tiempo que define el final de la avenida Unter den Linden (Bajo los Tilos) y remata la Strasse des 17 Juni (avenida del 17 de Junio). La puerta tiene cinco espacios de paso, mide 26 metros de alto y es de estilo neoclásico.

 

Marcan y enmarcan. En los tiempos más actuales, las ciudades son abiertas y han creado puntos donde emergen obras emblemáticas que resultan hitos. Estos “vacíos contemporáneos” expresan el crecimiento de las ciudades, fomentan y potencian el valor del vano, enmarcan sectores, geometrizan las urbes existentes y dan continuidad visual a los usuarios.

 

Algunos de esos umbrales emblemáticos son las torres Satélite, la Puerta de Europa de Madrid (conocida como las torres KIO), el arco de la Defensa, la sede de la CCTV, el arco en la plaza de Patriarca y el concurso para crear una torre en el parque Za’abeel.

 

Las torres Satélite (1958, Naucalpan de Juárez, México) fueron planteadas por un grupo multiprofesional conformado por el arquitecto Luis Barragán, el escultor Mathias Goeritz y el pintor Jesús Reyes. La obra se compone de cinco volúmenes esbeltos (de 30 a 52 metros de altura) de forma triangular, creadas para simbolizar una nueva zona que se desarrollaría, conocida como Ciudad Satélite.

 

Esas torres contienen vacíos entre ellas y, por su escala, resultan uno de los principales hitos urbanos de Hispanoamérica. Este conjunto resulta un símbolo de varias alturas y diversos colores que expresan la ilusión de una ciudad que crece.

 

Las torres KIO (Madrid, 1996) fueron diseñadas por los arquitectos Philip Johnson y John Burgee. La obra es una dualidad de rascacielos confrontados que han representado el desarrollo madrileño; fueron los primeros rascacielos inclinados del mundo.

 

Las KIO definen unas de las más claras puertas urbanas del siglo XX. Su disposición inclinada hacia la avenida de la Castellana hace que sea muy clara de visualizar. Destaca la estructura expuesta que acentúa este declive en fachada.

 

El arco de la Defensa (París, 1989) fue proyectado por el arquitecto danés Johann Otto von Spreckelsen, quien falleció antes de ver terminada la obra. El gran arco se contiene dentro de un cubo de 108 m de ancho, 110 m de alto y 112 m de profundidad.

 

Esta obra se inauguró durante el bicentenario de la Revolución Francesa; representa el nuevo París y remata el eje que conforma el Museo del Louvre y el arco del Triunfo. Las caras internas son de mármol de Carrara y granito gris.

 

Algunos edificios contienen vacíos para enmarcar otros edificios. Tales son los casos del marco fracturado que crea Rem Koolhaas en el edificio de la CCTV (Beijing, China, 2002), así como el exquisito marco que sostiene una cubierta curva diseñado por Paulo Mendes da Rocha en la Plaza de Patriarca (Sao Paulo, 2002).

 

Asimismo destaca el delgadísimo y gran marco diseñado por Fernando Donis, quien obtuvo el primer lugar en el concurso para crear una torre en Za’abeel Park (Dubái, 2009).

 

Umbrales potenciales. La historia demuestra el gran valor que tienen ciertos edificios, los cuales, por su altura o ubicación, resultan claves en la organización de las ciudades. Por ejemplo, en Costa Rica se podrían crear proyectos que definan los ingresos a la Gran Área Metropolitana. A su vez, pueden potenciarse y “personalizarse” los accesos a cantones, como Palmares, Grecia y Puntarenas. Así se crearían “hitos escultóricos de acceso”, visibles a gran distancia.

 

Zonas como Hatillo podrían inspirarse en la calidad artística de las torres Satélite, al igual que la Metropolitan Tower (Sabana Oeste) podría contener un “socio” adjunto para enmarcar la Sabana viniendo desde Pavas.

 

El estudio de los remates urbanos en nuestras ciudades induce a replantearlos y a crear marcos o “vacíos” que organicen los nuevos trazos de la ciudad; a la vez, los integrarían al paisaje natural.

 

Todo ello orientaría en gran medida al local y al visitante y colaboraría a caracterizar los sectores dentro de nuestra ciudad abierta al espacio… y a la imaginación.

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2009

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Puertas y torres Antiguas y modernas ‘señales’ de otras ciudades son ejemplos para Costa Rica

 

Para orientar al viajero, al peregrino o al soldado, para darnos la bienvenida a un pueblo o para celebrar una victoria, las ciudades siempre han construido sus “puertas urbanas”.

 

Al igual que en los edificios y viviendas, aquellos umbrales han definido desde siempre el espacio de transición entre el “fuera” y el “dentro”. En la antigüedad, las puertas eran vanos que se abrían en las pesadas murallas. En la actualidad son obras contemporáneas que “construyen vacíos” para vincular zonas ubicadas dentro de las ciudades abiertas.

 

Las puertas antiguas o los nuevos “vacíos” son símbolos emblemáticos que expresan la evolución de las sociedades. Estos espacios ayudan a organizar las vías de comunicación y enmarcan conjuntos de edificios.

 

Entre las puertas míticas de la antigüedad sobresale el umbral mandado a construir por Nabucodonosor II en el año 575 a. C. Se trata de la puerta de Ishtar. Esta era la octava y la principal de ocho puertas de acceso a Babilonia.

 

Al atravesarla se transitaba por la vía Procesional y se finalizaba en un patio donde se levantaba un zigurat conocido como la torre de Babel. La puerta medía 14 metros de alto y 10 de ancho. Este umbral babilónico fue construido con ladrillos y coloreado de azul con polvo de lapislázuli y con acentos dorados y rojizos. Asimismo, presenta leones, dragones y toros.

 

Míralas. De la Edad Moderna se pueden citar dos puertas que contienen una gran carga simbólica: la de Alcalá y la de Brandenburgo. Ambas ejemplifican el alto simbolismo otorgado a los umbrales dentro de las ciudades europeas.

 

La puerta de Alcalá (Madrid, 1778) es obra del arquitecto Francisco Sabatini. Construida por orden del rey Carlos III, se ubica en la plaza de la Independencia y conducía a Alcalá de Henares. Su altura es de unos veinte metros y su estilo es neoclásico. Esta abertura, levantada en piedra berroqueña, delimitaba la ciudad por el Este. Su diseño presenta diferencias entre el exterior e interior y posee cinco vanos.

 

La puerta de Brandenburgo (Berlín, 1791) es un símbolo de Alemania y el acceso al Berlín de fines del siglo XVIII. La crearon el arquitecto Carl Gotthard Langhans y el escultor Johann Gottfried Schadow. Este último se encargó de esculpir la Cuadriga , obra que representa a la diosa Victoria montada en un carro tirado por cuatro caballos en dirección a la ciudad.

 

Esta puerta se encuentra cerca del Reichstag (Parlamento) y del parque Tiergarten (Jardín Zoológico), al tiempo que define el final de la avenida Unter den Linden (Bajo los Tilos) y remata la Strasse des 17 Juni (avenida del 17 de Junio). La puerta tiene cinco espacios de paso, mide 26 metros de alto y es de estilo neoclásico.

 

Marcan y enmarcan. En los tiempos más actuales, las ciudades son abiertas y han creado puntos donde emergen obras emblemáticas que resultan hitos. Estos “vacíos contemporáneos” expresan el crecimiento de las ciudades, fomentan y potencian el valor del vano, enmarcan sectores, geometrizan las urbes existentes y dan continuidad visual a los usuarios.

 

Algunos de esos umbrales emblemáticos son las torres Satélite, la Puerta de Europa de Madrid (conocida como las torres KIO), el arco de la Defensa, la sede de la CCTV, el arco en la plaza de Patriarca y el concurso para crear una torre en el parque Za’abeel.

 

Las torres Satélite (1958, Naucalpan de Juárez, México) fueron planteadas por un grupo multiprofesional conformado por el arquitecto Luis Barragán, el escultor Mathias Goeritz y el pintor Jesús Reyes. La obra se compone de cinco volúmenes esbeltos (de 30 a 52 metros de altura) de forma triangular, creadas para simbolizar una nueva zona que se desarrollaría, conocida como Ciudad Satélite.

 

Esas torres contienen vacíos entre ellas y, por su escala, resultan uno de los principales hitos urbanos de Hispanoamérica. Este conjunto resulta un símbolo de varias alturas y diversos colores que expresan la ilusión de una ciudad que crece.

 

Las torres KIO (Madrid, 1996) fueron diseñadas por los arquitectos Philip Johnson y John Burgee. La obra es una dualidad de rascacielos confrontados que han representado el desarrollo madrileño; fueron los primeros rascacielos inclinados del mundo.

 

Las KIO definen unas de las más claras puertas urbanas del siglo XX. Su disposición inclinada hacia la avenida de la Castellana hace que sea muy clara de visualizar. Destaca la estructura expuesta que acentúa este declive en fachada.

 

El arco de la Defensa (París, 1989) fue proyectado por el arquitecto danés Johann Otto von Spreckelsen, quien falleció antes de ver terminada la obra. El gran arco se contiene dentro de un cubo de 108 m de ancho, 110 m de alto y 112 m de profundidad.

 

Esta obra se inauguró durante el bicentenario de la Revolución Francesa; representa el nuevo París y remata el eje que conforma el Museo del Louvre y el arco del Triunfo. Las caras internas son de mármol de Carrara y granito gris.

 

Algunos edificios contienen vacíos para enmarcar otros edificios. Tales son los casos del marco fracturado que crea Rem Koolhaas en el edificio de la CCTV (Beijing, China, 2002), así como el exquisito marco que sostiene una cubierta curva diseñado por Paulo Mendes da Rocha en la Plaza de Patriarca (Sao Paulo, 2002).

 

Asimismo destaca el delgadísimo y gran marco diseñado por Fernando Donis, quien obtuvo el primer lugar en el concurso para crear una torre en Za’abeel Park (Dubái, 2009).

 

Umbrales potenciales. La historia demuestra el gran valor que tienen ciertos edificios, los cuales, por su altura o ubicación, resultan claves en la organización de las ciudades. Por ejemplo, en Costa Rica se podrían crear proyectos que definan los ingresos a la Gran Área Metropolitana. A su vez, pueden potenciarse y “personalizarse” los accesos a cantones, como Palmares, Grecia y Puntarenas. Así se crearían “hitos escultóricos de acceso”, visibles a gran distancia.

 

Zonas como Hatillo podrían inspirarse en la calidad artística de las torres Satélite, al igual que la Metropolitan Tower (Sabana Oeste) podría contener un “socio” adjunto para enmarcar la Sabana viniendo desde Pavas.

 

El estudio de los remates urbanos en nuestras ciudades induce a replantearlos y a crear marcos o “vacíos” que organicen los nuevos trazos de la ciudad; a la vez, los integrarían al paisaje natural.

 

Todo ello orientaría en gran medida al local y al visitante y colaboraría a caracterizar los sectores dentro de nuestra ciudad abierta al espacio… y a la imaginación.