LDB Arquitectura

Paz blanca, pax romana

 Eterna La ciudad de Roma sigue enseñando principios de belleza y de urbanismo

 

Una luz solar intensa y brillante ilumina a Roma y expone por siempre las obras construidas con sapiencia durante su era imperial. Esta pacífica luminosidad despliega una atmósfera envolvente y conservadora.

 

La ciudad romana, completa y modélica, dirige hacia ella las raíces de las ciudades contemporáneas. Roma creó un equilibrio integral urbano: el que muestra una colección exquisita de edificios, sitios públicos y monumentos que sostienen un diálogo mucho más que milenario.

 

Los romanos fueron los creadores de los ejes que hoy conocemos como calles y avenidas y que ellos llamaron los cardi y los decumani . Asimismo, crearon obras emblemáticas aún visitadas por millones de turistas. Según Juan Vicente Boo, el Coliseo, los Museos del Vaticano y el Museo Ara Pacis son los tres sitios más visitados en Roma.

 

Pax romana. La ciudad romana dirigió un Imperio que logró una era de paz gracias a Octavio Augusto, emperador mejor conocido como el “primero de los ciudadanos”. Durante esta pax romana , el Senado ordenó a Augusto rendir homenaje por la paz lograda entre Hispania y Galia. Por tal motivo, Augusto mandó erigir el Ara Pacis (Altar de la Paz) desde el año 13 a. C.; se inauguró el 30 de enero del 9 a. C.

 

Este monumento, dedicado a la diosa de la paz, se edificó en el Campo Marcio , entre el río Tevere y el Mausoleo de Augusto (29 a. C.). El conjunto original de este sector incluía el Mausoleo y el Ara Pacis, y también un gran reloj solar conocido como el Horologium . Esta trilogía fue representada en 1976 por el reconocido historiador germano Edmund Buchner.

 

El Ara Pacis es una obra de 11 x 10 x 4,6 metros erguida en mármol de Carrara y cuyas fachadas contienen exquisitos relieves. El altar se proyectó sin cubierta. Se accede a él por una escalinata y posee dos puertas: una frontal para el sacerdote, y otra posterior para los animales que se sacrificaban.

 

Blanco contraste. Dos mil años después, el Ara Pacis debió ser protegida y contenida dentro de un edificio-museo. En 1938, el arquitecto Vittorio Morpurgo realizó una obra similar. En esta ocasión se realizó un edificio provisional para que el dictador Benito Mussolini pudiera inaugurar la obra.

 

Esta cobertura arquitectónica se deterioró con el tiempo, y, en 1995, el Ayuntamiento de Roma decidió proyectar una obra idónea para conservar el altar.

 

Surge entonces el Museo Ara Pacis, encargado “a dedo” por Francesco Rutelli al arquitecto estadounidense Richard Meier, ganador del Premio Pritzker en 1984.

 

Como era predecible, Meier concibió una obra luminosa y principalmente blanca, aunque en esta ocasión combinó el blanco con el mármol, como hizo en el Getty Center (Los Ángeles, Estados Unidos, 1997).

 

La obra romana –objetada por los conservadores– se inauguró el 21 de abril del 2006 y quedó bajo la dependencia de la Dirección de Bienes Culturales y de la Oficina de la Ciudad Histórica de Roma.

 

Meier había aplicado ya la fórmula de contrastar un edificio contemporáneo con la historia cuando proyectó el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), ubicado en el barrio del Raval e inaugurado en 1995. Ambas obras contrastan con las zonas históricas donde se implantan, y una amplísima cantidad de personas los visita.

 

En Roma, Meier contaba ya con una obra simbólicamente importante: la iglesia del Jubileo (2003). Esta pieza se ubica en Tor Tre Teste, en las afueras de Roma, y posee paredes blancas, curvas e iluminadas con una exquisita luz cenital.

 

Meier dentro de Roma. En el Museo Ara Pacis, el arquitecto estadounidense proyecta un espacio público conformado por una escalinata que recuerda el ascenso de los sacerdotes en el Ara y crea una fuente que remite al antiguo puerto de Ripetta. En el ingreso al museo se colocó una columna distanciada del altar en la misma medida que separaba el altar del obelisco de la meridiana principal en la era de Augusto.

 

El proyecto de Meier organiza sus 4.200 m2 en tres áreas funcionales: museo, salas de multimedios y oficinas. El diseño considera las irregularidades del suelo y abre su cubierta a la luz natural con sofisticados cristales temperados que se limpian solos. Estos vidrios poseen dos capas de 12 mm de espesor y contienen gas argón entre ellas.

 

La luz es fundamental en la obra, y el blanco característico de Meier potencia las calidades del contraste urbano y la luminosidad interna.

 

Génesis cromática. La luz es la génesis de los colores, y el blanco es su sumatoria. En el Museo Ara Pacis, el blanco dialoga pacíficamente con las piezas de mármol travertino del edificio y con la cromática romana del contexto. Por ello, esta obra representa el origen de potenciales intervenciones contemporáneas en la ciudad itálica.

 

Roma ha descuidado ciertos espacios donde concurren millones de visitantes, situación contrastante con los servicios y las calidades que brindan los espacios internos del Vaticano. Por tal razón, la inclusión de obras como el Museo Ara Pacis contextualiza, en el tiempo, la realidad que vive la ciudad.

 

Roma podría crear una apertura respetuosa con la historia y crear incisiones contemporáneas (como los servicios públicos en el Coliseo) y mejorar el diseño paisajístico de sectores como el Foro y el Circo Romano.

 

A mediados de año, una serie de esculturas podrían generar esas “acupunturas contemporáneas”. Nos referimos a la Ruta de la Paz, del escultor costarricense Jorge Jiménez Deredia. La muestra de 60 obras “es muy significativa porque nunca habían abierto el Foro Romano para una exposición contemporánea,” comentó Jiménez.

 

Historia viva. Rem Koolhaas quizá sea hoy el arquitecto más influyente del planeta. Cuando se preguntó en su libro Mutations “¿cómo construir una ciudad?”, ilus-tró la respuesta con un mapa de Roma.

 

Este reconocimiento trae a colación la vitalidad y la actualidad del manifiesto urbano romano. Más que construir un Coliseo, Roma enseña a edificar una ciudad integral, surtida en su uso del suelo y organizada con un claro sistema vial.

 

En Roma, el blanco de Meier resalta una urbe que representa el origen de la ciudad contemporánea. Esta dualidad polémica enriquece la continuidad de la civilización y conserva los maravillosos edificios históricos.

 

El blanco puede intensificar la luz solar, recordar –con sus múltiples y pacíficas tonalidades– que el tiempo transita, y seguir sumando nuevos ejemplos de contemporaneidad dentro de una Roma que dará cátedra por siempre.

 

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2009

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

 Eterna La ciudad de Roma sigue enseñando principios de belleza y de urbanismo

 

Una luz solar intensa y brillante ilumina a Roma y expone por siempre las obras construidas con sapiencia durante su era imperial. Esta pacífica luminosidad despliega una atmósfera envolvente y conservadora.

 

La ciudad romana, completa y modélica, dirige hacia ella las raíces de las ciudades contemporáneas. Roma creó un equilibrio integral urbano: el que muestra una colección exquisita de edificios, sitios públicos y monumentos que sostienen un diálogo mucho más que milenario.

 

Los romanos fueron los creadores de los ejes que hoy conocemos como calles y avenidas y que ellos llamaron los cardi y los decumani . Asimismo, crearon obras emblemáticas aún visitadas por millones de turistas. Según Juan Vicente Boo, el Coliseo, los Museos del Vaticano y el Museo Ara Pacis son los tres sitios más visitados en Roma.

 

Pax romana. La ciudad romana dirigió un Imperio que logró una era de paz gracias a Octavio Augusto, emperador mejor conocido como el “primero de los ciudadanos”. Durante esta pax romana , el Senado ordenó a Augusto rendir homenaje por la paz lograda entre Hispania y Galia. Por tal motivo, Augusto mandó erigir el Ara Pacis (Altar de la Paz) desde el año 13 a. C.; se inauguró el 30 de enero del 9 a. C.

 

Este monumento, dedicado a la diosa de la paz, se edificó en el Campo Marcio , entre el río Tevere y el Mausoleo de Augusto (29 a. C.). El conjunto original de este sector incluía el Mausoleo y el Ara Pacis, y también un gran reloj solar conocido como el Horologium . Esta trilogía fue representada en 1976 por el reconocido historiador germano Edmund Buchner.

 

El Ara Pacis es una obra de 11 x 10 x 4,6 metros erguida en mármol de Carrara y cuyas fachadas contienen exquisitos relieves. El altar se proyectó sin cubierta. Se accede a él por una escalinata y posee dos puertas: una frontal para el sacerdote, y otra posterior para los animales que se sacrificaban.

 

Blanco contraste. Dos mil años después, el Ara Pacis debió ser protegida y contenida dentro de un edificio-museo. En 1938, el arquitecto Vittorio Morpurgo realizó una obra similar. En esta ocasión se realizó un edificio provisional para que el dictador Benito Mussolini pudiera inaugurar la obra.

 

Esta cobertura arquitectónica se deterioró con el tiempo, y, en 1995, el Ayuntamiento de Roma decidió proyectar una obra idónea para conservar el altar.

 

Surge entonces el Museo Ara Pacis, encargado “a dedo” por Francesco Rutelli al arquitecto estadounidense Richard Meier, ganador del Premio Pritzker en 1984.

 

Como era predecible, Meier concibió una obra luminosa y principalmente blanca, aunque en esta ocasión combinó el blanco con el mármol, como hizo en el Getty Center (Los Ángeles, Estados Unidos, 1997).

 

La obra romana –objetada por los conservadores– se inauguró el 21 de abril del 2006 y quedó bajo la dependencia de la Dirección de Bienes Culturales y de la Oficina de la Ciudad Histórica de Roma.

 

Meier había aplicado ya la fórmula de contrastar un edificio contemporáneo con la historia cuando proyectó el Museo de Arte Contemporáneo de Barcelona (MACBA), ubicado en el barrio del Raval e inaugurado en 1995. Ambas obras contrastan con las zonas históricas donde se implantan, y una amplísima cantidad de personas los visita.

 

En Roma, Meier contaba ya con una obra simbólicamente importante: la iglesia del Jubileo (2003). Esta pieza se ubica en Tor Tre Teste, en las afueras de Roma, y posee paredes blancas, curvas e iluminadas con una exquisita luz cenital.

 

Meier dentro de Roma. En el Museo Ara Pacis, el arquitecto estadounidense proyecta un espacio público conformado por una escalinata que recuerda el ascenso de los sacerdotes en el Ara y crea una fuente que remite al antiguo puerto de Ripetta. En el ingreso al museo se colocó una columna distanciada del altar en la misma medida que separaba el altar del obelisco de la meridiana principal en la era de Augusto.

 

El proyecto de Meier organiza sus 4.200 m2 en tres áreas funcionales: museo, salas de multimedios y oficinas. El diseño considera las irregularidades del suelo y abre su cubierta a la luz natural con sofisticados cristales temperados que se limpian solos. Estos vidrios poseen dos capas de 12 mm de espesor y contienen gas argón entre ellas.

 

La luz es fundamental en la obra, y el blanco característico de Meier potencia las calidades del contraste urbano y la luminosidad interna.

 

Génesis cromática. La luz es la génesis de los colores, y el blanco es su sumatoria. En el Museo Ara Pacis, el blanco dialoga pacíficamente con las piezas de mármol travertino del edificio y con la cromática romana del contexto. Por ello, esta obra representa el origen de potenciales intervenciones contemporáneas en la ciudad itálica.

 

Roma ha descuidado ciertos espacios donde concurren millones de visitantes, situación contrastante con los servicios y las calidades que brindan los espacios internos del Vaticano. Por tal razón, la inclusión de obras como el Museo Ara Pacis contextualiza, en el tiempo, la realidad que vive la ciudad.

 

Roma podría crear una apertura respetuosa con la historia y crear incisiones contemporáneas (como los servicios públicos en el Coliseo) y mejorar el diseño paisajístico de sectores como el Foro y el Circo Romano.

 

A mediados de año, una serie de esculturas podrían generar esas “acupunturas contemporáneas”. Nos referimos a la Ruta de la Paz, del escultor costarricense Jorge Jiménez Deredia. La muestra de 60 obras “es muy significativa porque nunca habían abierto el Foro Romano para una exposición contemporánea,” comentó Jiménez.

 

Historia viva. Rem Koolhaas quizá sea hoy el arquitecto más influyente del planeta. Cuando se preguntó en su libro Mutations “¿cómo construir una ciudad?”, ilus-tró la respuesta con un mapa de Roma.

 

Este reconocimiento trae a colación la vitalidad y la actualidad del manifiesto urbano romano. Más que construir un Coliseo, Roma enseña a edificar una ciudad integral, surtida en su uso del suelo y organizada con un claro sistema vial.

 

En Roma, el blanco de Meier resalta una urbe que representa el origen de la ciudad contemporánea. Esta dualidad polémica enriquece la continuidad de la civilización y conserva los maravillosos edificios históricos.

 

El blanco puede intensificar la luz solar, recordar –con sus múltiples y pacíficas tonalidades– que el tiempo transita, y seguir sumando nuevos ejemplos de contemporaneidad dentro de una Roma que dará cátedra por siempre.