LDB Arquitectura

Intimo respeto

Paraísos breves Los jardines son encuentros directos y necesarios con la naturaleza

 

Primero estuvo la luz, y luego, cuando esta se fusionó con el mundo vegetal, surgió la vida compleja. Desde el inicio, cuando se concibió la fotosíntesis, el mundo vegetal abrió el apetito a Adán y Eva en el Jardín del Edén.

 

El ser humano vivía en un jardín, algo que celebraron en Babilonia y que los árabes llevaron –con agua y misticismo incluidos– a la Alhambra. España contuvo estos jardines en patios y los envió a una Hispanoamérica que ya vivía en jardines inmensos.

 

Al llegar a estas tierras, los españoles delimitaron segmentos de los extensos jardines existentes para que fueran contemplados dentro de pequeños patios.

 

En Hispanoamérica resulta difícil comprender el jardín como un “terreno donde se cultivan plantas con fines ornamentales”.

 

En nuestros países, el jardín no es solo ornamento; al menos en Costa Rica, se vive en una exorbitante masa vegetal. En nuestro país, resultaría paradójico guiarse por tendencias internacionales urbanas que promueven las “ciudades verdes”.

 

Entre los conceptos dedicados al urbanismo integrado a la naturaleza, sobresalen dos: la ciudad jardín , de Ebenezer Howard, y el New Urbanism .

 

La ciudad jardín se planteó en 1902 y dio paso a un modelo de comunidades que fomentan el equilibrio con el entorno natural, que se conectan con las ciudades más grandes y que están bordeadas por una avenida circular donde se ubican escuelas, comercios y edificios representativos.

 

El New Urbanism fue propuesto en 1979 para crear lugares que propicien un ambiente diverso y compacto. En ellos, los usuarios viven en comunidades integrales que resuelven las necesidades de la vida diaria a distancias que pueden recorrerse caminando durante diez minutos.

 

Antejardín. En Costa Rica, las ciudades presentan carencias de espacio público –como la irregularidad de las aceras–, pero la conexión con la naturaleza vegetal está presente en un barrio desde cualquier punto en que se mire.

 

Ese vínculo es un patrimonio vegetal que ciudades como San José fortalecen con planes como el dirigido por su Municipalidad, así como por los proyectos Floresta Urbana, Costa Rica en Flor y Arbori-zación Urbana.

 

Todos esos esfuerzos procuran convertir a San José en un intenso bosque urbano. Se pretende así fortalecer las características y las especies propias del bosque premontano del Valle Central, floresta casi inalterada hace 350 años. A la vez, los habitantes podrían apoyar aquellos planes por medio de acciones tomadas en sus viviendas.

 

En Costa Rica, las casas comúnmente incluyen dos espacios donde brota la naturaleza: el antejardín y el patio. Ambos lugares tienen su origen en la conexión del costarricense con la naturaleza.

 

Los jardines nos vinculan con las intimidades naturales del ser humano. La arquitectura debe fortalecer esta relación, y así lo han hecho, en Costa Rica, arquitectos como Rolando Barahona-Sotela en su propia vivienda, y el inglés Gianni Botsford en la Casa Kike (Cahuita, 2006).

 

Umbral vegetal. Las zonas del antejardín pueden entenderse como umbrales vegetales de las viviendas. Estos espacios son frecuentes en países como Colombia, Chile y Costa Rica. En nuestro caso, tales espacios han permitido el desarrollo de una masa vegetal a lo largo del tiempo, y esta masa ha generado “barrios verdes” de conformación natural.

 

Uno de los valores arquitectónicos del antejardines el de ofrecer, al lugar de acceso a la vivienda, una “atmósfera natural” que influya en los sentidos y en la percepción al momento de atravesarlo. Este valor se potencia con luz, sombras, aromas, texturas y colores.

 

El antejardín tiene otro valor urbano: es un espacio privado dispuesto para nuestro disfrute cuando vamos por el espacio público de las aceras. El potencial paisajismo de los antejardines es formidable.

 

Esa vegetación podría absorber la fealdad y el aspecto carcelario de las rejas de las fachadas de las viviendas.

 

Para crear diseños verticales y vegetales, las obras artísticas del botánico Patrick Blanc podrían ser una valiosa referencia. Tales obras consisten en jardines verticales “imposibles” que opacarían las rejas con arte vegetal.

 

Búsqueda interior. A lo largo de la historia –como en el caso de la Alhambra–, los patios han generado pausa, reflexión y deguste.

 

El arquitecto mexicano Luis Barragán aplicó esa lección arábica a sus jardines-paisajes. Estos incluyen el agua como un elemento compositivo, sutil y poético. Barragán influyó en el diseño del Salk Institute (California, 1965), obra maestra del arquitecto norteamericano Louis Kahn.

 

Asimismo, el jardín zen nos invita a meditar en la esencia del ser humano por medio de la contemplación de los elementos naturales, como la tierra y el agua. Esta corrien-te es apreciada en el mundo por su simplicidad, elegancia y belleza.

 

En el Japón, los jardines sintetizan una visión del universo en espacios abstractos: los Karensansui . Estos se componen de arena, grava y rocas. En escasas ocasiones se incluye vegetación, por lo que se vuelven obras simbólicas y abstractas.

 

En Costa Rica se ha utilizado la piedra –principalmente la de los ríos– para definir jardines contemporáneos. Este material inerte se vincula no solo a la vasta riqueza de nuestros ríos, sino a la arquitectura prehispánica.

 

Respeto natural. El respeto mutuo se halla entre las bases de las relaciones humanas. Este respeto surge al momento de comprender la realidad de la vida y la propia naturaleza humana.

 

En el caso de la arquitectura, esta –para ser entendida realmente como arquitectura– debe construirse en equilibrio con la naturaleza vegetal y humana.

 

En Costa Rica, los barrios contienen parte de la riqueza natural que buscaba Howard en su libro Ciudades-jardín del mañana y que propone el New Urbanism .

 

La meta ecológica de Costa Rica de ser el primer país del mundo catalogado como Carbono Neutral en el 2021, debe lograrse con la creación y la intensificación de programas de arborización en los barrios de todo el país.

 

Esa actitud protegería el valor paisajístico y ambiental que generan los antejardines, y otorgaría nuevas posibilidades artísticas a la masa vegetal de los barrios. Asimismo, la arborización podría sumarse a nuevas ideas, que fomentan la pausa, la reflexión y el deguste en los patios de las viviendas costarricenses.

 

“Todo hombre debe sembrar un árbol”, dice parte de un antiguo proverbio. Este acto nace del íntimo respeto que le debemos a Natura , la que, desde el comienzo, ha fortalecido el correcto “curso de las cosas”.

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2009

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Paraísos breves Los jardines son encuentros directos y necesarios con la naturaleza

 

Primero estuvo la luz, y luego, cuando esta se fusionó con el mundo vegetal, surgió la vida compleja. Desde el inicio, cuando se concibió la fotosíntesis, el mundo vegetal abrió el apetito a Adán y Eva en el Jardín del Edén.

 

El ser humano vivía en un jardín, algo que celebraron en Babilonia y que los árabes llevaron –con agua y misticismo incluidos– a la Alhambra. España contuvo estos jardines en patios y los envió a una Hispanoamérica que ya vivía en jardines inmensos.

 

Al llegar a estas tierras, los españoles delimitaron segmentos de los extensos jardines existentes para que fueran contemplados dentro de pequeños patios.

 

En Hispanoamérica resulta difícil comprender el jardín como un “terreno donde se cultivan plantas con fines ornamentales”.

 

En nuestros países, el jardín no es solo ornamento; al menos en Costa Rica, se vive en una exorbitante masa vegetal. En nuestro país, resultaría paradójico guiarse por tendencias internacionales urbanas que promueven las “ciudades verdes”.

 

Entre los conceptos dedicados al urbanismo integrado a la naturaleza, sobresalen dos: la ciudad jardín , de Ebenezer Howard, y el New Urbanism .

 

La ciudad jardín se planteó en 1902 y dio paso a un modelo de comunidades que fomentan el equilibrio con el entorno natural, que se conectan con las ciudades más grandes y que están bordeadas por una avenida circular donde se ubican escuelas, comercios y edificios representativos.

 

El New Urbanism fue propuesto en 1979 para crear lugares que propicien un ambiente diverso y compacto. En ellos, los usuarios viven en comunidades integrales que resuelven las necesidades de la vida diaria a distancias que pueden recorrerse caminando durante diez minutos.

 

Antejardín. En Costa Rica, las ciudades presentan carencias de espacio público –como la irregularidad de las aceras–, pero la conexión con la naturaleza vegetal está presente en un barrio desde cualquier punto en que se mire.

 

Ese vínculo es un patrimonio vegetal que ciudades como San José fortalecen con planes como el dirigido por su Municipalidad, así como por los proyectos Floresta Urbana, Costa Rica en Flor y Arbori-zación Urbana.

 

Todos esos esfuerzos procuran convertir a San José en un intenso bosque urbano. Se pretende así fortalecer las características y las especies propias del bosque premontano del Valle Central, floresta casi inalterada hace 350 años. A la vez, los habitantes podrían apoyar aquellos planes por medio de acciones tomadas en sus viviendas.

 

En Costa Rica, las casas comúnmente incluyen dos espacios donde brota la naturaleza: el antejardín y el patio. Ambos lugares tienen su origen en la conexión del costarricense con la naturaleza.

 

Los jardines nos vinculan con las intimidades naturales del ser humano. La arquitectura debe fortalecer esta relación, y así lo han hecho, en Costa Rica, arquitectos como Rolando Barahona-Sotela en su propia vivienda, y el inglés Gianni Botsford en la Casa Kike (Cahuita, 2006).

 

Umbral vegetal. Las zonas del antejardín pueden entenderse como umbrales vegetales de las viviendas. Estos espacios son frecuentes en países como Colombia, Chile y Costa Rica. En nuestro caso, tales espacios han permitido el desarrollo de una masa vegetal a lo largo del tiempo, y esta masa ha generado “barrios verdes” de conformación natural.

 

Uno de los valores arquitectónicos del antejardines el de ofrecer, al lugar de acceso a la vivienda, una “atmósfera natural” que influya en los sentidos y en la percepción al momento de atravesarlo. Este valor se potencia con luz, sombras, aromas, texturas y colores.

 

El antejardín tiene otro valor urbano: es un espacio privado dispuesto para nuestro disfrute cuando vamos por el espacio público de las aceras. El potencial paisajismo de los antejardines es formidable.

 

Esa vegetación podría absorber la fealdad y el aspecto carcelario de las rejas de las fachadas de las viviendas.

 

Para crear diseños verticales y vegetales, las obras artísticas del botánico Patrick Blanc podrían ser una valiosa referencia. Tales obras consisten en jardines verticales “imposibles” que opacarían las rejas con arte vegetal.

 

Búsqueda interior. A lo largo de la historia –como en el caso de la Alhambra–, los patios han generado pausa, reflexión y deguste.

 

El arquitecto mexicano Luis Barragán aplicó esa lección arábica a sus jardines-paisajes. Estos incluyen el agua como un elemento compositivo, sutil y poético. Barragán influyó en el diseño del Salk Institute (California, 1965), obra maestra del arquitecto norteamericano Louis Kahn.

 

Asimismo, el jardín zen nos invita a meditar en la esencia del ser humano por medio de la contemplación de los elementos naturales, como la tierra y el agua. Esta corrien-te es apreciada en el mundo por su simplicidad, elegancia y belleza.

 

En el Japón, los jardines sintetizan una visión del universo en espacios abstractos: los Karensansui . Estos se componen de arena, grava y rocas. En escasas ocasiones se incluye vegetación, por lo que se vuelven obras simbólicas y abstractas.

 

En Costa Rica se ha utilizado la piedra –principalmente la de los ríos– para definir jardines contemporáneos. Este material inerte se vincula no solo a la vasta riqueza de nuestros ríos, sino a la arquitectura prehispánica.

 

Respeto natural. El respeto mutuo se halla entre las bases de las relaciones humanas. Este respeto surge al momento de comprender la realidad de la vida y la propia naturaleza humana.

 

En el caso de la arquitectura, esta –para ser entendida realmente como arquitectura– debe construirse en equilibrio con la naturaleza vegetal y humana.

 

En Costa Rica, los barrios contienen parte de la riqueza natural que buscaba Howard en su libro Ciudades-jardín del mañana y que propone el New Urbanism .

 

La meta ecológica de Costa Rica de ser el primer país del mundo catalogado como Carbono Neutral en el 2021, debe lograrse con la creación y la intensificación de programas de arborización en los barrios de todo el país.

 

Esa actitud protegería el valor paisajístico y ambiental que generan los antejardines, y otorgaría nuevas posibilidades artísticas a la masa vegetal de los barrios. Asimismo, la arborización podría sumarse a nuevas ideas, que fomentan la pausa, la reflexión y el deguste en los patios de las viviendas costarricenses.

 

“Todo hombre debe sembrar un árbol”, dice parte de un antiguo proverbio. Este acto nace del íntimo respeto que le debemos a Natura , la que, desde el comienzo, ha fortalecido el correcto “curso de las cosas”.