LDB Arquitectura

Pieles sugerentes

Según Carlos Fuentes, algunas personas engendran un “cambio de piel” que oscila entre el intelecto y el sentimiento. Para Darwin, las especies evolucionan a fin de adaptarse al entorno. La arquitectura –según convenga– puede hacer lo mismo. La piel es el mayor órgano del cuerpo y protege los sistemas internos: a la vez, comunica estos con el entorno. Así también, las fachadas de las viviendas y los edificios resultan “pieles arquitectónicas” que son más que una suma de paredes y ventanas.

 

En la arquitectura, esas “pieles” vinculan los edificios con el contexto, la naturaleza y el clima. Las fachadas pueden así jugar con la luz, evidenciar los nuevos avances estructurales de una época, componer geometrías y hasta “diluir” edificios.

 

Permeabilidad. La Fundación Cartier (París, 1994) es una de las obras más emblemáticas del arquitecto francés Jean Nouvel, quien en el 2008 obtuvo el Premio Pritzker (“Nobel” de la arquitectura”). Ese edificio se distingue por su rigor constructivo, por su exquisito diálogo con los edificios adjuntos y por crear una “piel” etérea en vidrio que delimita la obra con el entorno, al tiempo que permite mirar un jardín interno que contiene árboles históricos.

 

En las cercanías de la Torre Eiffel, en el Museo Quai Branly (2006), Nouvel aprovecha la curvatura del terreno y repite la estrategia de disolver la fachada de Cartier. La fachada del museo (de vidrio) no logra la calidad espacial de la Fundación Cartier, aunque sugiere la posibilidad de delimitar, con grandes superficies vítreas, una pieza arquitectónica dentro de una ciudad.

 

Esa posibilidad de “desaparecer” la primera fachada y destinar la mirada al espacio compuesto por la naturaleza, permite repensar las fachadas sólidas y deleitarnos con los jardines del Quai Branly, creados por el arquitecto paisajista Gilles Clément.

 

Dentro de ese mundo verde, el Quai Branly creó asimismo unos “muros verdes”, diseñados por el botánico Patrick Blanc, quien insertó, en ese museo, 15.000 plantas de 150 especies. Esta variedad vegetal brinda un homenaje a la diversidad botánica.

 

Blanc cultivó otro “jardín imposible” en Madrid. Esta vez lo hizo en el paseo del Prado, adjunto a la obra Caixa Forum (2008), de Herzog & De Meuron. Blanc empleó igual número de plantas que en el caso parisino y 100 especies más. El botánico afrontó graves problemas en el 2007, cuando el sol madrileño secó la obra vegetal.

 

En esas obras, la naturaleza es incorporada con transparencias y recreadas con jardines horizontales de manera vertical. Asimismo, las “pieles arquitectónicas” pueden ser permeables para lograr un mejor control térmico del edificio. Este caso recuerda obras como el Taller de la Casa Caoma (Caracas, Venezuela, 1952), de Carlos Raúl Villanueva, gran maestro de la arquitectura latinoamericana. En 1928. Él proyectó un Club privado en Costa Rica y un Parque Zoológico en Nicaragua.

 

En Venezuela figura la “piel” creada por Gorka Dorronsoro en la Escuela de Ingeniería Metalúrgica y Ciencias de los Materiales (Caracas, 1980). El arquitecto expone allí un plano inclinado que tamiza la luz solar y genera un confortable espacio interno.

 

De manera similar ocurre en obras habitaciones, donde paneles móviles tamizan el sol, como en la torre de viviendas de Diagonal Mar, de Ignacio Paricio y Lluis Clotet (Barcelona, 2005). Los autores propusieron ampliar la distancia que hay entre la “piel exterior” del edificio (conformada por paneles móviles) y la fachada interna de las viviendas. Con esta acción lograron una amplia “piel” climatizada que refresca el edificio y permite una zona de estar.

 

Juegos lumínicos. En la Edad Media, los maestros constructores góticos sorprendieron con fachadas etéreas que diluyeron las catedrales y llenaron de luz y color el espacio interno. Hoy, la tecnología sugiere una nueva generación de “pieles luminosas” que dinamizan las pieles arquitectónicas y ahorran energía.

 

En China, Simone Giostra & Partners y ARUP crearon la Green PIX, con lámparas LED (diodos emisores de luz), las que generan un amplio juegos de luces, colores y animaciones.

 

Esa dinámica luminosa y cromática recuerda obras como la Torre Agbar (Barcelona, 2000), de Nouvel, que neutraliza el desgaste energético gracias a múltiples células fotovoltaicas. Esta obra propone un criterio ambiental que se hermana con la comunicación de gran formato. La obra más notable que ejemplifica las Green PIX es el Xi Cui Entertainment Center (Pekín, 2007).

 

Epidermis y diluciones. La naturaleza contiene geometrías aplicadas en las “pieles” de los edificios. Por ejemplo, Leonardo Icaza Lomeli (investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México) propuso que el patrón geométrico de la piel de la víbora de cascabel influyó notoriamente en los patrones compositivos de los edificios Mayas, como el de Uxmal.

 

En Cataluña, el equipo dirigido por el arquitecto Carlos Ferrater crea obras rigurosamente compuestas, visibles en su exposición y su publicación tituladas Sincronizando la geometría . En trabajos como el Edificio Plaza Lesseps, Ferrater exhibe rigor geométrico en las “pieles” que proyecta. Evidencia así el dominio del oficio del arquitecto que vincula hábilmente la geometría, la construcción y la estética.

 

En el 2002, la firma estadounidense de arquitectos Diller & Sofidio creó el Blur Building (Yverdon-les-Bains, Suiza, 2002). Esta obra es una “nube arquitectónica” conformada por una plataforma elíptica de 300 x 200 pies, apoyada en cuatro puntos y ubicada a 75 pies de alto en el lago Neuchatel. La atmósfera lograda diluye las fachadas del edificio gracias a los 35.000 escapes de alta presión de agua, lo cual permite que los visitantes puedan literalmente “tomarse la piel del edificio”.

 

Sugerencias. Jean Nouvel delimita con transparencia, Patrick Blanc crea jardines verticales, los venezolanos Carlos Raúl Villanueva y Gorka Dorronsoro climatizan con fachadas tamizadas, Ignacio Paricio y Lluis Clotet optimizan el espacio entre fachada externa e interna, Simone Giostra & Partners y ARUP proponen pieles luminosas energéticamente proambientales, Carlos Ferrater sugiere sincronizar la geometría, y Diller & Scofidio diluyen edificios.

 

En Costa Rica, las pieles de nuestra arquitectura podrían sugerir nuevos valores que enaltezcan las viviendas y los edificios, en lugar de continuar construyendo fachadas con rejas y verjas que se acercan más a la arquitectura penitenciaria.

 

El problema de la seguridad podría resolverse con sugerencias que enaltezcan nuestra naturaleza, la que brota por doquier. Para ello deben considerarse valores estéticos y geométricos y fomentar mejores iluminación y climatización de los espacios internos.

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2009

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Según Carlos Fuentes, algunas personas engendran un “cambio de piel” que oscila entre el intelecto y el sentimiento. Para Darwin, las especies evolucionan a fin de adaptarse al entorno. La arquitectura –según convenga– puede hacer lo mismo. La piel es el mayor órgano del cuerpo y protege los sistemas internos: a la vez, comunica estos con el entorno. Así también, las fachadas de las viviendas y los edificios resultan “pieles arquitectónicas” que son más que una suma de paredes y ventanas.

 

En la arquitectura, esas “pieles” vinculan los edificios con el contexto, la naturaleza y el clima. Las fachadas pueden así jugar con la luz, evidenciar los nuevos avances estructurales de una época, componer geometrías y hasta “diluir” edificios.

 

Permeabilidad. La Fundación Cartier (París, 1994) es una de las obras más emblemáticas del arquitecto francés Jean Nouvel, quien en el 2008 obtuvo el Premio Pritzker (“Nobel” de la arquitectura”). Ese edificio se distingue por su rigor constructivo, por su exquisito diálogo con los edificios adjuntos y por crear una “piel” etérea en vidrio que delimita la obra con el entorno, al tiempo que permite mirar un jardín interno que contiene árboles históricos.

 

En las cercanías de la Torre Eiffel, en el Museo Quai Branly (2006), Nouvel aprovecha la curvatura del terreno y repite la estrategia de disolver la fachada de Cartier. La fachada del museo (de vidrio) no logra la calidad espacial de la Fundación Cartier, aunque sugiere la posibilidad de delimitar, con grandes superficies vítreas, una pieza arquitectónica dentro de una ciudad.

 

Esa posibilidad de “desaparecer” la primera fachada y destinar la mirada al espacio compuesto por la naturaleza, permite repensar las fachadas sólidas y deleitarnos con los jardines del Quai Branly, creados por el arquitecto paisajista Gilles Clément.

 

Dentro de ese mundo verde, el Quai Branly creó asimismo unos “muros verdes”, diseñados por el botánico Patrick Blanc, quien insertó, en ese museo, 15.000 plantas de 150 especies. Esta variedad vegetal brinda un homenaje a la diversidad botánica.

 

Blanc cultivó otro “jardín imposible” en Madrid. Esta vez lo hizo en el paseo del Prado, adjunto a la obra Caixa Forum (2008), de Herzog & De Meuron. Blanc empleó igual número de plantas que en el caso parisino y 100 especies más. El botánico afrontó graves problemas en el 2007, cuando el sol madrileño secó la obra vegetal.

 

En esas obras, la naturaleza es incorporada con transparencias y recreadas con jardines horizontales de manera vertical. Asimismo, las “pieles arquitectónicas” pueden ser permeables para lograr un mejor control térmico del edificio. Este caso recuerda obras como el Taller de la Casa Caoma (Caracas, Venezuela, 1952), de Carlos Raúl Villanueva, gran maestro de la arquitectura latinoamericana. En 1928. Él proyectó un Club privado en Costa Rica y un Parque Zoológico en Nicaragua.

 

En Venezuela figura la “piel” creada por Gorka Dorronsoro en la Escuela de Ingeniería Metalúrgica y Ciencias de los Materiales (Caracas, 1980). El arquitecto expone allí un plano inclinado que tamiza la luz solar y genera un confortable espacio interno.

 

De manera similar ocurre en obras habitaciones, donde paneles móviles tamizan el sol, como en la torre de viviendas de Diagonal Mar, de Ignacio Paricio y Lluis Clotet (Barcelona, 2005). Los autores propusieron ampliar la distancia que hay entre la “piel exterior” del edificio (conformada por paneles móviles) y la fachada interna de las viviendas. Con esta acción lograron una amplia “piel” climatizada que refresca el edificio y permite una zona de estar.

 

Juegos lumínicos. En la Edad Media, los maestros constructores góticos sorprendieron con fachadas etéreas que diluyeron las catedrales y llenaron de luz y color el espacio interno. Hoy, la tecnología sugiere una nueva generación de “pieles luminosas” que dinamizan las pieles arquitectónicas y ahorran energía.

 

En China, Simone Giostra & Partners y ARUP crearon la Green PIX, con lámparas LED (diodos emisores de luz), las que generan un amplio juegos de luces, colores y animaciones.

 

Esa dinámica luminosa y cromática recuerda obras como la Torre Agbar (Barcelona, 2000), de Nouvel, que neutraliza el desgaste energético gracias a múltiples células fotovoltaicas. Esta obra propone un criterio ambiental que se hermana con la comunicación de gran formato. La obra más notable que ejemplifica las Green PIX es el Xi Cui Entertainment Center (Pekín, 2007).

 

Epidermis y diluciones. La naturaleza contiene geometrías aplicadas en las “pieles” de los edificios. Por ejemplo, Leonardo Icaza Lomeli (investigador del Instituto Nacional de Antropología e Historia de México) propuso que el patrón geométrico de la piel de la víbora de cascabel influyó notoriamente en los patrones compositivos de los edificios Mayas, como el de Uxmal.

 

En Cataluña, el equipo dirigido por el arquitecto Carlos Ferrater crea obras rigurosamente compuestas, visibles en su exposición y su publicación tituladas Sincronizando la geometría . En trabajos como el Edificio Plaza Lesseps, Ferrater exhibe rigor geométrico en las “pieles” que proyecta. Evidencia así el dominio del oficio del arquitecto que vincula hábilmente la geometría, la construcción y la estética.

 

En el 2002, la firma estadounidense de arquitectos Diller & Sofidio creó el Blur Building (Yverdon-les-Bains, Suiza, 2002). Esta obra es una “nube arquitectónica” conformada por una plataforma elíptica de 300 x 200 pies, apoyada en cuatro puntos y ubicada a 75 pies de alto en el lago Neuchatel. La atmósfera lograda diluye las fachadas del edificio gracias a los 35.000 escapes de alta presión de agua, lo cual permite que los visitantes puedan literalmente “tomarse la piel del edificio”.

 

Sugerencias. Jean Nouvel delimita con transparencia, Patrick Blanc crea jardines verticales, los venezolanos Carlos Raúl Villanueva y Gorka Dorronsoro climatizan con fachadas tamizadas, Ignacio Paricio y Lluis Clotet optimizan el espacio entre fachada externa e interna, Simone Giostra & Partners y ARUP proponen pieles luminosas energéticamente proambientales, Carlos Ferrater sugiere sincronizar la geometría, y Diller & Scofidio diluyen edificios.

 

En Costa Rica, las pieles de nuestra arquitectura podrían sugerir nuevos valores que enaltezcan las viviendas y los edificios, en lugar de continuar construyendo fachadas con rejas y verjas que se acercan más a la arquitectura penitenciaria.

 

El problema de la seguridad podría resolverse con sugerencias que enaltezcan nuestra naturaleza, la que brota por doquier. Para ello deben considerarse valores estéticos y geométricos y fomentar mejores iluminación y climatización de los espacios internos.