LDB Arquitectura

La arquitectura de la crisis

El crítico de arquitectura del periódico español El País y director de la revista Arquitectura Viva, Luis Fernández-Galiano, conversó en detalle con Su Casa sobre el impacto de la crisis sobre la construcción y el diseño en el mundo y el rescate urbano de ciudades como San José.

 

La voz baja sube con su verbo. Y con este suben a la imaginación y a la memoria la máquina desafinada de nuestras ciudades, los hitos arquitectónicos que traspasaron la cultura y también aquellos que se desploman todos los días, olvidados de la gente desde los planos.

 

Su labor como crítico de arquitectura del periódico español El País y como director de la revista ibérica Arquitectura Viva y otras publicaciones derivadas le confieren una autoridad que sella sus palabras cuando se refiere a la arquitectura del espectáculo, la arquitectura “verde” y las respuestas para nuestras ciudades ante la crisis económica.

 

Minutos antes de iniciar el VI Congreso de Arquitectura Líneas dedicado a la ciudad mixta y compacta, al que fue invitado como expositor, Luis Fernández-Galiano conversó con Su Casa, sonrisa presta y verbo pausado en boca.

 

La voz baja sube con su verbo. Y con este suben a la imaginación y a la memoria la máquina desafinada de nuestras ciudades, los hitos arquitectónicos que traspasaron la cultura y también aquellos que se desploman todos los días, olvidados de la gente desde los planos.

 

Su labor como crítico de arquitectura del periódico español El País y como director de la revista ibérica Arquitectura Viva y otras publicaciones derivadas le confieren una autoridad que sella sus palabras cuando se refiere a la arquitectura del espectáculo, la arquitectura “verde” y las respuestas para nuestras ciudades ante la crisis económica.

 

Minutos antes de iniciar el VI Congreso de Arquitectura Líneas dedicado a la ciudad mixta y compacta, al que fue invitado como expositor, Luis Fernández-Galiano conversó con Su Casa, sonrisa presta y verbo pausado en boca. - Luego del apogeo de algunas economías en los últimos años, entramos en una crisis mundial.

 

¿Cómo ha marcado este contexto a la arquitectura?

 

- Hay una tendencia cada vez mayor hacia la arquitectura de espectáculo, motivada por la prosperidad que se ha vivido en todo el mundo occidental en las últimas dos décadas. Pero la crisis nos tiene que hacer pensar de otra manera porque las cosas son de otra manera, y la arquitectura que era verosímil porque podía pagarse hace una década, hoy no lo es. Los organismos públicos reclaman una nueva austeridad y los arquitectos tendrán que atender a ella si quieren seguir construyendo.

 

- ¿Qué beneficios trajo el star system, ese grupo de arquitectos estrellas?

 

- Pues hay factores indudablemente positivos. Por ejemplo, el que

la arquitectura ahora se hable en los medios. Hace 20 años no

era un tema que figurara en los periódicos. Hoy se hace crítica de

la arquitectura como se hace crítica de cine o crítica de teatro y eso es

una cosa muy buena. Y en parte lo ha motivado el que existan una

serie de autores reconocidos cuya trayectoria se sigue.

 

Por otro lado, algunos edificios emblemáticos, del cual es un

ejemplo evidente el Guggenheim  de Bilbao, han tenido una influencia

urbana muy grande de regeneración en torno suyo y de incremento

del sentido de orgullo ciudadano. En el caso de Bilbao, una ciudad

industrial en decadencia, el museo tuvo la virtud de cambia su imagen,

de contribuir al brandin urbano, y conseguir un impacto económico

extraordinariamente positivo. Así que a veces la arquitectura de autor

tiene ventajas…

 

- Sin embargo, también tiene consecuencias negativas…

 

- Las desventajas son también evidentes. A veces se quiere hacer arquitectura simbólica o emblemática en donde lo que corresponde es realizar proyectos de  vivienda y hacer ciudad. En ese momento hacemos ridículos de griterío: obras que quieren llamar la atención sobre sí mismas, cuando serían más oportunas si asumieran una poética del silencio.

 

-¿De qué manera son impactadas las obras cuando conviven en un mismo momento y lugar arquitectura globalizada y arquitectura local?

 

- Por un lado, la arquitectura de las estrellas se hace con presupuestos tan generosos que con frecuencia conllevan una innovación técnica que de forma capilar se extiende al conjunto de la profesión. En España lo hemos vivido:  grandes edificios hechos por estrellas extranjeras han supuesto una transformación incluso en las empresas que las realizaron. Han aprendido mucho haciendo arquitectura más difícil. Y ese proceso de aprendizaje al final ha acabado llegando al conjunto de la profesión de la misma manera que el desarrollo de lubricantes o de cajas de cambio en la Fórmula 1 llega a los coches que todos conducimos. Eso sin duda ocurre, pero también tiene otros efectos

indebidos y es que muchas veces absorben todos los presupuestos que deberían ir a una reconstrucción urbana más homogénea.

 

Hipocresía verde

-¿Hasta qué punto es necesario que la arquitectura “verde” esté en boga aunque sea como una moda?

 

- Creo que es bueno que suceda, sin duda. Lo que ocurre es que cuando son los mismos arquitectos que han preconizado el despilfarro o la gran escala o el espectáculo los que ahora introducen esta visión más cautelosa de la arquitectura, pues resulta menos creíble. Por eso creo que siempre estos tránsitos históricos conducen a un cambio en la mentalidad de los arquitectos, pero que deben emerger nuevos protagonistas, nuevas voces. Que ese mensaje tendrá más credibilidad si lo emiten voces distintas a las que durante la etapa

de crecimiento y espectáculo han defendido cosas diferentes.

 

- En este caso, estaríamos hablando de una nueva generación, más allá de estos arquitectos-íconos…

 

- Claro. Creo que cuando los grandes arquitectos afirman que hacen rascacielos verdes y que su arquitectura ahora es sostenible, resulta menos creíble que cuando este mensaje lo transmiten gente que tiene 30 años menos y que desde sus inicios ha crecido con esta preocupación.

 

-¿Cómo analiza el caso de San José?

 

- San José es una ciudad muy extensa, que depende del automóvil para la conexión. Es una ciudad muy americana –estadounidense-. Creo que tiene que hacerse un poco más europea, más densa, más compacta. La autentica arquitectura ecológica no es la de la ciudad jardín: la ciudad verde es la menos verde de todas.

 

-¿Cuál es, entonces, esa arquitectura verde?

 

-La auténtica arquitectura ecológica es la del cemento, la densidad, la compacidad, que permite un uso masificado del transporte público y muchísimos recorridos peatonales. No podemos pensar simplemente que la ciudad del automóvil (que lleva menos de 100 años prosperando) está aquí para quedarse. Creo que no.

 

-A manera de hipérbole, usted menciona en un artículo que la única arquitectura “verde” es la que no se construye…

 

- Sobre todo frente a la argumentación de muchos que piensan que la arquitectura verde es la que tiene muchos colectores solares y máquinas eólicas. Creo que no es así. A lo que debe aspirar la arquitectura de hoy es a reutilizar. A usar aquello que hemos invertido ya sobre el territorio. En ciudades tan dispersas como esta –San José- , más que seguir creciendo como una mancha de aceite deberían permitir que la ciudad crezca con desarrollos de alta densidad, no necesariamente rascacielos… La única arquitectura ecológica hoy es la de la reutilización, de la regeneración.

 

El costo urbano

-En otros artículos usted menciona que la vulnerabilidad técnica ya está resuelta, siendo la vulnerabilidad social uno de los grandes problemas actuales. ¿Qué papel desempeña aquí el arquitecto?

 

-La arquitectura hoy puede resolver casi cualquier problema técnico, pero muchas veces con un costo intolerable para aquellos que la pagan, que con frecuencia son el conjunto de los ciudadanos, mediante los impuestos. La mayor parte de la arquitectura que se publica en las revistas (no digo la arquitectura privada de las casas, pero sí la arquitectura pública) está financiada por el Estado y los medios no siempre se usan de forma responsable. Se ha hecho demasiada arquitectura despilfarradora, buscando la espectacularidad, en unas circunstancias económicas y sociales distintas a las que ahora vivimos.

 

-Muchas ciudades latinoamericanas viven un profundo caos urbanístico. ¿Podrían sobrevivir esta problemática y además la crisis en la que estamos inmersos?

 

- La ciudad como invento humano sobrevive siempre. Lo que pasa es que hay ciudades particulares que de repente van perdiendo población, energía, recursos y finalmente acaban como sombras de lo que fueron, como fantasmas. Hay otras en cambio que logran conectar con el espíritu de los tiempos y prosperan y crecen. Creo que a algunas ciudades les irá mejor, a algunas les irá peor, pero

todas cambiarán. Y el sentido del cambio será ir tras la ciudad mixta, densa y compacta, la ciudad que mezcla los usos.

 

- Además de estos problemas, nuestras ciudades adolecen de otros que tienen que ver con la desarticulación de los puntos de encuentro para la gente…

 

- Hay ciudades que no solo son ecológicamente insostenibles, sino que también fragmentan el tejido social en una mirada de cuerpúsculos individuales que no permiten aglutinarse en espacios de encuentros, en espacios de reunión. Con frecuencia, como los malls, estos espacios se privatizan y les falta esa condición de polis, de espacio político, de espacio público, donde la ciudadanía se reconoce a sí misma.

 

- En este caso, ¿el advenimiento de arquitectos “mediáticos” puede ser una manera de conseguir una mayor intervención política?

 

- Puede ser, siempre los nombres atraen la atención de los medios. Pero lo importante no son los nombres sino el mensaje.

 

Muchas veces en este circo de la arquitectura, los nombres han sido solamente un conjunto de arquitectos que al final dejaban su sello en una ciudad u otra y las ciudades se volvían coleccionistas de arquitecturas. Todas querían tener un Ghery, un Zaha Hadid, un Calatrava, pero ese momento de prosperidad insensata ha pasado. “Soy como un médico que ha dejado de ejercer”, confiesa ya terminada la entrevista, mientras bajamos las gradas hacia el auditorio del

Colegio de Arquitectos, donde se lleva a cabo el congreso.

 

El crítico sigue siendo arquitecto, aunque no haya vuelto a construir después de decidirse por completo por la enseñanza y la crítica. El crítico y el arquitecto bajan para iniciar en unos minutos con su ponencia. Yo bajo para escucharlo de nuevo.

 

Frases adjuntas “La crisis nos tiene que hacer pensar de otra manera porque las cosas son de otra manera, y la arquitectura que era verosímil porque podría pagarse hace una década, hoy no lo es”. “La casa individual como imagen de la autonomía de la familia o del individuo es el gran enemigo de la ciudad”.

 

¿Hace falta estar construyendo para analizar y criticar? Ante la duda, Fernández-Galiano es más que directo: “Si has construido durante una etapa de tu vida, creo que entiendes los problemas bastante bien… No es indispensable, en absoluto…”

 

Luis Fernández-Galiano no llegó a la arquitectura por vocación. “Me dijeron que arquitectura era una carrera que reunía las ciencias y las letras, que eran mis dos inquietudes, y entonces la abordé”.

 

A partir de ahí, se contagió del virus del diseño y la construcción para acabar pensando y viendo a su alrededor solo arquitectura. Luego de avocarse a su “despacho, construir, escribir en los periódicos, tener una revista, dar clases en la universidad.. .”, finalmente se decidió por entregarse completamente a la crítica y la docencia, por lo que abandonó el diseño…

Randall Zuñiga

Su Casa

Costa Rica

2009

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

El crítico de arquitectura del periódico español El País y director de la revista Arquitectura Viva, Luis Fernández-Galiano, conversó en detalle con Su Casa sobre el impacto de la crisis sobre la construcción y el diseño en el mundo y el rescate urbano de ciudades como San José.

 

La voz baja sube con su verbo. Y con este suben a la imaginación y a la memoria la máquina desafinada de nuestras ciudades, los hitos arquitectónicos que traspasaron la cultura y también aquellos que se desploman todos los días, olvidados de la gente desde los planos.

 

Su labor como crítico de arquitectura del periódico español El País y como director de la revista ibérica Arquitectura Viva y otras publicaciones derivadas le confieren una autoridad que sella sus palabras cuando se refiere a la arquitectura del espectáculo, la arquitectura “verde” y las respuestas para nuestras ciudades ante la crisis económica.

 

Minutos antes de iniciar el VI Congreso de Arquitectura Líneas dedicado a la ciudad mixta y compacta, al que fue invitado como expositor, Luis Fernández-Galiano conversó con Su Casa, sonrisa presta y verbo pausado en boca.

 

La voz baja sube con su verbo. Y con este suben a la imaginación y a la memoria la máquina desafinada de nuestras ciudades, los hitos arquitectónicos que traspasaron la cultura y también aquellos que se desploman todos los días, olvidados de la gente desde los planos.

 

Su labor como crítico de arquitectura del periódico español El País y como director de la revista ibérica Arquitectura Viva y otras publicaciones derivadas le confieren una autoridad que sella sus palabras cuando se refiere a la arquitectura del espectáculo, la arquitectura “verde” y las respuestas para nuestras ciudades ante la crisis económica.

 

Minutos antes de iniciar el VI Congreso de Arquitectura Líneas dedicado a la ciudad mixta y compacta, al que fue invitado como expositor, Luis Fernández-Galiano conversó con Su Casa, sonrisa presta y verbo pausado en boca. - Luego del apogeo de algunas economías en los últimos años, entramos en una crisis mundial.

 

¿Cómo ha marcado este contexto a la arquitectura?

 

- Hay una tendencia cada vez mayor hacia la arquitectura de espectáculo, motivada por la prosperidad que se ha vivido en todo el mundo occidental en las últimas dos décadas. Pero la crisis nos tiene que hacer pensar de otra manera porque las cosas son de otra manera, y la arquitectura que era verosímil porque podía pagarse hace una década, hoy no lo es. Los organismos públicos reclaman una nueva austeridad y los arquitectos tendrán que atender a ella si quieren seguir construyendo.

 

- ¿Qué beneficios trajo el star system, ese grupo de arquitectos estrellas?

 

- Pues hay factores indudablemente positivos. Por ejemplo, el que

la arquitectura ahora se hable en los medios. Hace 20 años no

era un tema que figurara en los periódicos. Hoy se hace crítica de

la arquitectura como se hace crítica de cine o crítica de teatro y eso es

una cosa muy buena. Y en parte lo ha motivado el que existan una

serie de autores reconocidos cuya trayectoria se sigue.

 

Por otro lado, algunos edificios emblemáticos, del cual es un

ejemplo evidente el Guggenheim  de Bilbao, han tenido una influencia

urbana muy grande de regeneración en torno suyo y de incremento

del sentido de orgullo ciudadano. En el caso de Bilbao, una ciudad

industrial en decadencia, el museo tuvo la virtud de cambia su imagen,

de contribuir al brandin urbano, y conseguir un impacto económico

extraordinariamente positivo. Así que a veces la arquitectura de autor

tiene ventajas…

 

- Sin embargo, también tiene consecuencias negativas…

 

- Las desventajas son también evidentes. A veces se quiere hacer arquitectura simbólica o emblemática en donde lo que corresponde es realizar proyectos de  vivienda y hacer ciudad. En ese momento hacemos ridículos de griterío: obras que quieren llamar la atención sobre sí mismas, cuando serían más oportunas si asumieran una poética del silencio.

 

-¿De qué manera son impactadas las obras cuando conviven en un mismo momento y lugar arquitectura globalizada y arquitectura local?

 

- Por un lado, la arquitectura de las estrellas se hace con presupuestos tan generosos que con frecuencia conllevan una innovación técnica que de forma capilar se extiende al conjunto de la profesión. En España lo hemos vivido:  grandes edificios hechos por estrellas extranjeras han supuesto una transformación incluso en las empresas que las realizaron. Han aprendido mucho haciendo arquitectura más difícil. Y ese proceso de aprendizaje al final ha acabado llegando al conjunto de la profesión de la misma manera que el desarrollo de lubricantes o de cajas de cambio en la Fórmula 1 llega a los coches que todos conducimos. Eso sin duda ocurre, pero también tiene otros efectos

indebidos y es que muchas veces absorben todos los presupuestos que deberían ir a una reconstrucción urbana más homogénea.

 

Hipocresía verde

-¿Hasta qué punto es necesario que la arquitectura “verde” esté en boga aunque sea como una moda?

 

- Creo que es bueno que suceda, sin duda. Lo que ocurre es que cuando son los mismos arquitectos que han preconizado el despilfarro o la gran escala o el espectáculo los que ahora introducen esta visión más cautelosa de la arquitectura, pues resulta menos creíble. Por eso creo que siempre estos tránsitos históricos conducen a un cambio en la mentalidad de los arquitectos, pero que deben emerger nuevos protagonistas, nuevas voces. Que ese mensaje tendrá más credibilidad si lo emiten voces distintas a las que durante la etapa

de crecimiento y espectáculo han defendido cosas diferentes.

 

- En este caso, estaríamos hablando de una nueva generación, más allá de estos arquitectos-íconos…

 

- Claro. Creo que cuando los grandes arquitectos afirman que hacen rascacielos verdes y que su arquitectura ahora es sostenible, resulta menos creíble que cuando este mensaje lo transmiten gente que tiene 30 años menos y que desde sus inicios ha crecido con esta preocupación.

 

-¿Cómo analiza el caso de San José?

 

- San José es una ciudad muy extensa, que depende del automóvil para la conexión. Es una ciudad muy americana –estadounidense-. Creo que tiene que hacerse un poco más europea, más densa, más compacta. La autentica arquitectura ecológica no es la de la ciudad jardín: la ciudad verde es la menos verde de todas.

 

-¿Cuál es, entonces, esa arquitectura verde?

 

-La auténtica arquitectura ecológica es la del cemento, la densidad, la compacidad, que permite un uso masificado del transporte público y muchísimos recorridos peatonales. No podemos pensar simplemente que la ciudad del automóvil (que lleva menos de 100 años prosperando) está aquí para quedarse. Creo que no.

 

-A manera de hipérbole, usted menciona en un artículo que la única arquitectura “verde” es la que no se construye…

 

- Sobre todo frente a la argumentación de muchos que piensan que la arquitectura verde es la que tiene muchos colectores solares y máquinas eólicas. Creo que no es así. A lo que debe aspirar la arquitectura de hoy es a reutilizar. A usar aquello que hemos invertido ya sobre el territorio. En ciudades tan dispersas como esta –San José- , más que seguir creciendo como una mancha de aceite deberían permitir que la ciudad crezca con desarrollos de alta densidad, no necesariamente rascacielos… La única arquitectura ecológica hoy es la de la reutilización, de la regeneración.

 

El costo urbano

-En otros artículos usted menciona que la vulnerabilidad técnica ya está resuelta, siendo la vulnerabilidad social uno de los grandes problemas actuales. ¿Qué papel desempeña aquí el arquitecto?

 

-La arquitectura hoy puede resolver casi cualquier problema técnico, pero muchas veces con un costo intolerable para aquellos que la pagan, que con frecuencia son el conjunto de los ciudadanos, mediante los impuestos. La mayor parte de la arquitectura que se publica en las revistas (no digo la arquitectura privada de las casas, pero sí la arquitectura pública) está financiada por el Estado y los medios no siempre se usan de forma responsable. Se ha hecho demasiada arquitectura despilfarradora, buscando la espectacularidad, en unas circunstancias económicas y sociales distintas a las que ahora vivimos.

 

-Muchas ciudades latinoamericanas viven un profundo caos urbanístico. ¿Podrían sobrevivir esta problemática y además la crisis en la que estamos inmersos?

 

- La ciudad como invento humano sobrevive siempre. Lo que pasa es que hay ciudades particulares que de repente van perdiendo población, energía, recursos y finalmente acaban como sombras de lo que fueron, como fantasmas. Hay otras en cambio que logran conectar con el espíritu de los tiempos y prosperan y crecen. Creo que a algunas ciudades les irá mejor, a algunas les irá peor, pero

todas cambiarán. Y el sentido del cambio será ir tras la ciudad mixta, densa y compacta, la ciudad que mezcla los usos.

 

- Además de estos problemas, nuestras ciudades adolecen de otros que tienen que ver con la desarticulación de los puntos de encuentro para la gente…

 

- Hay ciudades que no solo son ecológicamente insostenibles, sino que también fragmentan el tejido social en una mirada de cuerpúsculos individuales que no permiten aglutinarse en espacios de encuentros, en espacios de reunión. Con frecuencia, como los malls, estos espacios se privatizan y les falta esa condición de polis, de espacio político, de espacio público, donde la ciudadanía se reconoce a sí misma.

 

- En este caso, ¿el advenimiento de arquitectos “mediáticos” puede ser una manera de conseguir una mayor intervención política?

 

- Puede ser, siempre los nombres atraen la atención de los medios. Pero lo importante no son los nombres sino el mensaje.

 

Muchas veces en este circo de la arquitectura, los nombres han sido solamente un conjunto de arquitectos que al final dejaban su sello en una ciudad u otra y las ciudades se volvían coleccionistas de arquitecturas. Todas querían tener un Ghery, un Zaha Hadid, un Calatrava, pero ese momento de prosperidad insensata ha pasado. “Soy como un médico que ha dejado de ejercer”, confiesa ya terminada la entrevista, mientras bajamos las gradas hacia el auditorio del

Colegio de Arquitectos, donde se lleva a cabo el congreso.

 

El crítico sigue siendo arquitecto, aunque no haya vuelto a construir después de decidirse por completo por la enseñanza y la crítica. El crítico y el arquitecto bajan para iniciar en unos minutos con su ponencia. Yo bajo para escucharlo de nuevo.

 

Frases adjuntas “La crisis nos tiene que hacer pensar de otra manera porque las cosas son de otra manera, y la arquitectura que era verosímil porque podría pagarse hace una década, hoy no lo es”. “La casa individual como imagen de la autonomía de la familia o del individuo es el gran enemigo de la ciudad”.

 

¿Hace falta estar construyendo para analizar y criticar? Ante la duda, Fernández-Galiano es más que directo: “Si has construido durante una etapa de tu vida, creo que entiendes los problemas bastante bien… No es indispensable, en absoluto…”

 

Luis Fernández-Galiano no llegó a la arquitectura por vocación. “Me dijeron que arquitectura era una carrera que reunía las ciencias y las letras, que eran mis dos inquietudes, y entonces la abordé”.

 

A partir de ahí, se contagió del virus del diseño y la construcción para acabar pensando y viendo a su alrededor solo arquitectura. Luego de avocarse a su “despacho, construir, escribir en los periódicos, tener una revista, dar clases en la universidad.. .”, finalmente se decidió por entregarse completamente a la crítica y la docencia, por lo que abandonó el diseño…