Luis Diego Barahona

La Nación / 17.02.08

LDB Arquitectura

Para sentarnos juntos

Los edificios parlamentarios revelan el aprecio que se tiene la democracia a sí misma.

 

A fines del siglo XIX, los dirigentes del imperio alemán se percataron de que sus instalaciones oficiales no eran muy majestuosas; entonces aprobaron una moción que expresó: “Es una necesidad urgente la construcción de un edificio a la altura del Reichstag [Parlamento] y digno de representar al pueblo alemán”.

 

Por tanto, en 1882 se convocó un concurso que ganó Paul Wallot. Este arquitecto diseñó una obra que fusionó las formas renacentistas con las vanguardias en acero y vidrio. En 1933, el edificio fue víctima de un incendio provocado y resultó dañado gravemente poco antes de terminar la Segunda Guerra Mundial, en 1945.

 

Se lo reformó en 1960 y en 1990: esta vez por medio de un concurso que ganó Norman Foster. Él creó una cúpula simbólica que incluye un tecnificado diseño climático y simboliza la reunión mediante la forma circular de la planta.

 

Parlamentar, dialogar, es uno de los pilares de la democracia y se concreta en lugares donde las personas se congregan con sus opositores para procurar entendimientos. Estos sitios se originan en las ágoras griegas: plazas públicas y abiertas donde estaban los edificios más importantes, como el Bouleterión (Consejo). Estos conjuntos fortalecían el comercio, la cultura y la política.

 

Asimismo, el ágora era el lugar donde se discutían las leyes y se decidía el futuro político de la ciudad. Al principio, el ágora estaba en manos de quienes convencían con su oratoria; luego, tras la reforma de Clístenes en Atenas, fue el lugar de la Ekklesía (Asamblea).

 

Ágoras contemporáneas. El ágora fue la base de las asambleas políticas posteriores, como el Parlamento Británico. En algunos casos ha influido en las “ciudades de nueva planta”, que se crean en sitios no urbanizados con fines definidos por la administración. Dos ejemplos son Washington (Estados Unidos) y Brasilia (Brasil).

 

Washington (District of Columbia) alberga la sede del Gobierno de los Estados Unidos así como las sedes del Banco Mundial, FMI, OEA y BID, entre otras entidades.

 

Para las manifestaciones, Wa-shington prevé el National Mall, explanada que ubica el Capitolio en un extremo y el Monumento a Washington en el otro. En 1791, el francoestadounidense Pierre-Charles l’Enfant diseñó esa ciudad con vías que rematan en monumentos.

 

Brasilia –terminada en 1960– es una capital concebida por Lúcio Costa (urbanista) y Oscar Niemeyer (arquitecto). Ellos aplicaron los –hoy criticados– postulados del urbanismo moderno, que zonificó la ciudad. El conjunto presenta edificios de calidades impecables, como la sede del Congreso Nacional del Brasil. Ese edificio de formas puras remata el final de la explanada y es parte de un complejo donde está el Palacio de Planalto (sede del Poder Ejecutivo), el Palacio de Justicia y los ministerios.

 

Ambos conjuntos hacen recordar los centros cívicos, focos urbanos que fortalecen las actividades de la ciudadanía. Estos centros cívicos son ágoras contemporáneas.

 

Parlamentos simbólicos. Las asambleas legislativas más simbólicas no están hoy alojadas en “oficentros”, sino en edificios altamente simbólicos que representan la democracia de cada país. Sus sedes han sido fruto de concursos que reflejan la madurez de las sociedades y potencian las culturas.

 

Esas sedes han evolucionado. Por ejemplo, en el Parlamento Británico, los bancos se sitúan frente a frente; en cambio, los senadores se sientan en un hemiciclo de gradas en la ampliación del Palacio del Senado de España, diseñado por Salvador Gayarre (1991).

 

Además del Congreso Nacional del Brasil y del Reichtag alemán, en el mundo sobresalen tres parlamentos de gran factura arquitectónica: la Asamblea Nacional de Dhaka (o Dacca), el Parlamento Europeo y el Parlamento de Escocia.

 

El estadounidense Louis Kahn diseñó la Asamblea Nacional de Dhaka (Bangladesh). La decisión de construirla se tomó en 1959 y la obra acabó en 1982. Kahn empleó la tecnología constructiva de Dhaka, potenció la escala humana, se adaptó al clima, expresó la democracia con formas platónicas y organizó la planta desde un centro donde está el salón de sesiones.

 

El Parlamento Europeo (1991-1999)es el mayor del mundo. Se sitúa en Estrasburgo (Francia), ciudad que aloja al Consejo de Europa, al Tribunal Europeo de Derechos Humanos y al G7. El diseño es de Architecture Studio, empresa que ganó el concurso. La obra ocupa 220.000 metros cuadrados, se basa en el círculo, semeja el ágora griega y costó 275 millones de euros.

 

Por su parte, mediante un concurso, la empresa EMBT diseñó la sede del Parlamento de Escocia (Edimburgo). Los autores comentan que “el Parlamento tiene un lugar en la mente del pueblo”. En este proyecto incluyeron un anfiteatro adaptado a la topografía, que sienta a los ciudadanos juntos, en alusión a la función parlamentaria.

 

Costarricenses reunidos. El problema de “salud” de la Asamblea Legislativa costarricense no debe desarticular el centro cívico que se ha construido en San José.

 

Esta ciudad joven tiene la opción de consolidar lugares que valoren lo construido e incorporen hitos, como el antiguo Cuartel Bellavista, edificio de una posición topo-gráfica privilegiada.

 

El Parlamento podría atender las esencias del ágora griega creando espacios abiertos donde se reúnan los ciudadanos. El aprecio de los conjuntos es una característica de las ciudades consolidadas. Para ellas, la expropiación es una herramienta que consolida valores simbólicos y fortalece las sociedades.

 

En tal sentido, las nueve manzanas que van desde el circuito judicial hasta la estación al Atlántico tienen una posición única en San José. En alguna parte de estas manzanas –que un concurso de ideas definiría– deben albergarse la Presidencia y la Asamblea Legislativa.

 

Sin embargo, de igual manera, deben incluirse plazas para las manifestaciones públicas, que ahora se realizan en la avenida Segunda.

 

De igual forma, resulta oportuno organizar, en este sector, la presencia de sedes ministeriales, como ya lo hace el MINAET. Asimismo, considerando la riqueza y la estabilidad de la democracia costarricense, podríamos invitar a organismos internacionales –como la Corte Interamericana de Derechos Humanos– a instalar sus sedes en una zona que podría prolongarse hasta la rotonda de la Hispanidad.

 

La ubicación y el diseño del nuevo edificio parlamentario debe revelar nuestra calidad democrática, reflejar simbólicamente nuestra sociedad y evitar decisiones contraproducentes de gran impacto urbano.

 

La evolución de las sociedades depende de su capacidad de organizarse. En Costa Rica podemos proyectar espacios públicos y edificios del Estado de manera planificada. Este modo de actuar se traducirá en una ciudad donde podamos sentarnos juntos a parlamentar y –de esta manera– a fortalecer la paz.

 

EL AUTOR ES ARQUITECTO Y AUTOR DE LIBROS DE ARQUITECTURA. FUE DIRECTOR DE LA REVISTA ‘HABITAR’, ORGANIZA LOS CONGRESOS LÍNEAS Y ES DELEGADO DE LA BIAU 2010

Luis Diego Barahona

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