LDB Arquitectura

Intensidad Hilvanada

La obra de arquitecto Rolando Barahona Sotela da lecciones de integración y de integridad.

 

Cuando James Matthew Barrie escribió la comedia Peter Pan en 1904, nos descubrió a un niño que no quería crecer. Peter sacaba a su amiga Wendy Darling de la realidad y la invitaba a vivir en un mundo de fantasía.

 

Esta felicidad infantil fija en el tiempo lo maravilloso que es la vida de niño y lo fascinante que es la percepción del espacio que él imagina. Pan volaba y miraba paraísos naturales. Estas percepciones lúdicas revelaban gran dosis de sensibilidad espacial.

 

La imaginación también es intensa en creadores de espacios, como arquitectos, artistas y diseñadores. En Costa Rica, un arquitecto que ha desarrollado ampliamente esta capacidad de percibir el espacio es Rolando Barahona Sotela.

 

“Desde muy temprana edad me ha inquietado la enorme capacidad de respuesta ante los múltiples estímulos que acompañan al ser humano”, expresa Barahona.

 

El arquitecto cuenta con un trabajo trascendente y riguroso que ramifica en cuatro aspectos: arquitectura, arte, crítica y docencia. Para él, la prioridad es contribuir a la felicidad de los usuarios de sus proyectos.

 

Su obra procura un equilibrio con la naturaleza, se vincula al contexto, sugiere espacios sensorialmente intensos y expresa un rigor tectónico que hace evolucionar las calidades constructivas locales.

 

Por su trayectoria integralmente hilvanada, Barahona recibió, el 28 de mayo, el Premio Nacional de Arquitectura Arquitecto José María Barrantes, galardón otorgado por el Colegio de Arquitectos.

 

Equilibrio con natura. La obra de Barahona busca un equilibrio con el contexto natural y energético. “No debe domesticarse a la Naturaleza, sino incorporarla pues el manejo de las energías naturales resulta fundamental para conseguir una armonía saludable”, manifiesta Barahona.

 

Esa relación beneficia el estado emocional de los usuarios de las obras arquitectónicas.

 

Rolando Barahona procura el equilibrio que buscaban culturas como la de la India, que propone “tomar un tiempo cada día para observar y aprender de la naturaleza y los seres vivos”, según recuerda el arquitecto.

 

Ese equilibrio se observa en su diseño de la Casa de los Hongos (Bagaces, 1983), una de las principales piezas de arquitectura del siglo XX de Centroamérica. Es una “escultura viva y habitable”, como la ha llamado su autor.

 

Esa obra orgánica contiene “sombrillas de concreto” u “hongos pétreos” de entre 15 m y 18 m de diámetro. Además, crea un “paraíso” lleno de naturaleza, luz y espacios abiertos. Sus formas emergen del terreno refrescando el espacio interno del calor tropical. Al tiempo, inserta el agua de un río que pasa por cinco depósitos –incluida una piscina– y vuelve a su cauce.

 

Otra obra que procura el equilibrio sensorial es el Hotel Radisson (San José, 1995). Esta es su obra de mayor formato y más visible por encontrarse en San José. Barahona creó un “oasis urbano” empleando una planta de patio central. Su intención fue erigir espacios inspirados en la realidad rural costarricense que incentiven la serenidad.

 

Expresividad. Se ha considerado que el agua sosiega los estados de ánimo. En Costa Rica, Rolando Barahona Sotela ha utilizado intensamente el agua, a la que vincula con el espacio materno.

 

“Después de habitar un útero cálido y protector, el ser humano emerge de un medio acuoso a su primer nido, la casa”. Por esto, él vincula el “elemento agua” con un intencionado diseño de cerramientos que crean la sensación de protección.

 

Un ejemplo es la vivienda que diseñó para sí mismo: la casa La Cueva (Sabanilla, 1979). Es un espacio introvertido donde comulgan un espejo de agua y jardines llenos de luz natural. Según su autor, este proyecto es “un espacio vivo, que estimula los sentidos, basado en la neutralidad de la atmósfera creada”.

 

Desde hace más de 27 años, el arquitecto ha transmitido esa intensidad sensorial a sus estudiantes a quienes invita continuamente a visualizar nuevos escenarios. Barahona les ha manifestado que “el ideal es un espacio vivo que estimule los sentidos”.

 

Pocos arquitectos han fusionado de manera tan rigurosa el arte, el diseño y la arquitectura en Costa Rica, como lo ha hecho Barahona.

 

Él considera que el “arte y la arquitectura tienen un punto básico: la creatividad, y esta, a la vez, tiene un punto de partida universal: la inspiración”.

 

Rolando Barahona ha sumado la arquitectura a otras expresiones artísticas. Como director del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (1998-2004), impulsó las trayectorias de decenas de artistas de Centroamérica.

 

Barahona Sotela ha afirmado que “arte es la gestación de expresiones que inciten a pensar, a despertar los sentidos y las emociones”. A su vez, el arquitecto considera que “el diseño óptimo satisfa-ce las necesidades humanas con un mínimo de elementos y un máximo de contenido”.

 

En ese escenario se halla otro proyecto diseñado por Barahona: el Espacio Alternativo (1998). Este resulta una síntesis de volumetrías platónicas destinada a propiciar el descanso. La obra contiene cerramientos que permiten la iluminación cenital y la ventilación cruzada, e incluye espacios cálidos en su interior.

 

El autor conjuga las maderas de los pisos con los detalles estructurales pintados de diversos colores naranja que se equilibran con los verdes del paisaje. El mobiliario fue diseñado por Barahona para formar una composición integral de diseño.

 

Espacios felices. La tectónica –los aspectos constructivos– de la obra de Rolando Barahona destaca en su trayectoria. Contiene elementos como las estructuras de concreto de la Casa de los Hongos, el rigor constructivo del Santuario Habitable (Santa Ana, 2004, obra finalista en la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo del 2004), el Taller de Estructuras Ros (Alajuela, 2005) y su reciente Aqua-Color (Tres Ríos, 2010).

 

Esa última es una vivienda confeccionada a la medida del cliente. La casa celebra el agua psicológica y deportivamente, y disfruta del color como estímulo y festividad.

 

El proyecto contiene estancias vinculadas al contexto por medio de continuas transparencias. La casa se organiza en dos cuerpos (uno puro y otro fragmentado), que forman un valioso conjunto levantado rigurosamente en función del espacio y la luz.

 

“La imaginación es un don del que todo individuo goza”, afirma Rolando Barahona, quien ha realizado una obra integral, reflexiva e influyente desde hace más de cuatro decenios. La consecuencia es una trayectoria intensamente hilvanada que siempre ha buscado la felicidad de los usuarios que habitan sus espacios creados.

 

EL AUTOR ES ARQUITECTO COSTARRICENSE; NO TIENE PARENTESCO CON ROLANDO BARAHONA SOTELA.

 

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2010

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

La obra de arquitecto Rolando Barahona Sotela da lecciones de integración y de integridad.

 

Cuando James Matthew Barrie escribió la comedia Peter Pan en 1904, nos descubrió a un niño que no quería crecer. Peter sacaba a su amiga Wendy Darling de la realidad y la invitaba a vivir en un mundo de fantasía.

 

Esta felicidad infantil fija en el tiempo lo maravilloso que es la vida de niño y lo fascinante que es la percepción del espacio que él imagina. Pan volaba y miraba paraísos naturales. Estas percepciones lúdicas revelaban gran dosis de sensibilidad espacial.

 

La imaginación también es intensa en creadores de espacios, como arquitectos, artistas y diseñadores. En Costa Rica, un arquitecto que ha desarrollado ampliamente esta capacidad de percibir el espacio es Rolando Barahona Sotela.

 

“Desde muy temprana edad me ha inquietado la enorme capacidad de respuesta ante los múltiples estímulos que acompañan al ser humano”, expresa Barahona.

 

El arquitecto cuenta con un trabajo trascendente y riguroso que ramifica en cuatro aspectos: arquitectura, arte, crítica y docencia. Para él, la prioridad es contribuir a la felicidad de los usuarios de sus proyectos.

 

Su obra procura un equilibrio con la naturaleza, se vincula al contexto, sugiere espacios sensorialmente intensos y expresa un rigor tectónico que hace evolucionar las calidades constructivas locales.

 

Por su trayectoria integralmente hilvanada, Barahona recibió, el 28 de mayo, el Premio Nacional de Arquitectura Arquitecto José María Barrantes, galardón otorgado por el Colegio de Arquitectos.

 

Equilibrio con natura. La obra de Barahona busca un equilibrio con el contexto natural y energético. “No debe domesticarse a la Naturaleza, sino incorporarla pues el manejo de las energías naturales resulta fundamental para conseguir una armonía saludable”, manifiesta Barahona.

 

Esa relación beneficia el estado emocional de los usuarios de las obras arquitectónicas.

 

Rolando Barahona procura el equilibrio que buscaban culturas como la de la India, que propone “tomar un tiempo cada día para observar y aprender de la naturaleza y los seres vivos”, según recuerda el arquitecto.

 

Ese equilibrio se observa en su diseño de la Casa de los Hongos (Bagaces, 1983), una de las principales piezas de arquitectura del siglo XX de Centroamérica. Es una “escultura viva y habitable”, como la ha llamado su autor.

 

Esa obra orgánica contiene “sombrillas de concreto” u “hongos pétreos” de entre 15 m y 18 m de diámetro. Además, crea un “paraíso” lleno de naturaleza, luz y espacios abiertos. Sus formas emergen del terreno refrescando el espacio interno del calor tropical. Al tiempo, inserta el agua de un río que pasa por cinco depósitos –incluida una piscina– y vuelve a su cauce.

 

Otra obra que procura el equilibrio sensorial es el Hotel Radisson (San José, 1995). Esta es su obra de mayor formato y más visible por encontrarse en San José. Barahona creó un “oasis urbano” empleando una planta de patio central. Su intención fue erigir espacios inspirados en la realidad rural costarricense que incentiven la serenidad.

 

Expresividad. Se ha considerado que el agua sosiega los estados de ánimo. En Costa Rica, Rolando Barahona Sotela ha utilizado intensamente el agua, a la que vincula con el espacio materno.

 

“Después de habitar un útero cálido y protector, el ser humano emerge de un medio acuoso a su primer nido, la casa”. Por esto, él vincula el “elemento agua” con un intencionado diseño de cerramientos que crean la sensación de protección.

 

Un ejemplo es la vivienda que diseñó para sí mismo: la casa La Cueva (Sabanilla, 1979). Es un espacio introvertido donde comulgan un espejo de agua y jardines llenos de luz natural. Según su autor, este proyecto es “un espacio vivo, que estimula los sentidos, basado en la neutralidad de la atmósfera creada”.

 

Desde hace más de 27 años, el arquitecto ha transmitido esa intensidad sensorial a sus estudiantes a quienes invita continuamente a visualizar nuevos escenarios. Barahona les ha manifestado que “el ideal es un espacio vivo que estimule los sentidos”.

 

Pocos arquitectos han fusionado de manera tan rigurosa el arte, el diseño y la arquitectura en Costa Rica, como lo ha hecho Barahona.

 

Él considera que el “arte y la arquitectura tienen un punto básico: la creatividad, y esta, a la vez, tiene un punto de partida universal: la inspiración”.

 

Rolando Barahona ha sumado la arquitectura a otras expresiones artísticas. Como director del Museo de Arte y Diseño Contemporáneo (1998-2004), impulsó las trayectorias de decenas de artistas de Centroamérica.

 

Barahona Sotela ha afirmado que “arte es la gestación de expresiones que inciten a pensar, a despertar los sentidos y las emociones”. A su vez, el arquitecto considera que “el diseño óptimo satisfa-ce las necesidades humanas con un mínimo de elementos y un máximo de contenido”.

 

En ese escenario se halla otro proyecto diseñado por Barahona: el Espacio Alternativo (1998). Este resulta una síntesis de volumetrías platónicas destinada a propiciar el descanso. La obra contiene cerramientos que permiten la iluminación cenital y la ventilación cruzada, e incluye espacios cálidos en su interior.

 

El autor conjuga las maderas de los pisos con los detalles estructurales pintados de diversos colores naranja que se equilibran con los verdes del paisaje. El mobiliario fue diseñado por Barahona para formar una composición integral de diseño.

 

Espacios felices. La tectónica –los aspectos constructivos– de la obra de Rolando Barahona destaca en su trayectoria. Contiene elementos como las estructuras de concreto de la Casa de los Hongos, el rigor constructivo del Santuario Habitable (Santa Ana, 2004, obra finalista en la Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo del 2004), el Taller de Estructuras Ros (Alajuela, 2005) y su reciente Aqua-Color (Tres Ríos, 2010).

 

Esa última es una vivienda confeccionada a la medida del cliente. La casa celebra el agua psicológica y deportivamente, y disfruta del color como estímulo y festividad.

 

El proyecto contiene estancias vinculadas al contexto por medio de continuas transparencias. La casa se organiza en dos cuerpos (uno puro y otro fragmentado), que forman un valioso conjunto levantado rigurosamente en función del espacio y la luz.

 

“La imaginación es un don del que todo individuo goza”, afirma Rolando Barahona, quien ha realizado una obra integral, reflexiva e influyente desde hace más de cuatro decenios. La consecuencia es una trayectoria intensamente hilvanada que siempre ha buscado la felicidad de los usuarios que habitan sus espacios creados.

 

EL AUTOR ES ARQUITECTO COSTARRICENSE; NO TIENE PARENTESCO CON ROLANDO BARAHONA SOTELA.