LDB Arquitectura

Límites etéreos

La amplia sonrisa del Gato de Cheshire que imaginó Lewis Carroll en Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, se sitúa en el mundo de los sueños y el surrealismo. Alicia conversa, filosofa y razona con un gato que transita libremente en la fantasía, espacio donde Carroll le permite aparecer y desaparecer.

 

Este surrealismo que vive el Gato de Cheshire es etéreo, en lugar del experimentado por Alicia cuando cambia de escala y se agrandan los objetos de su entorno. Josep Maria Montaner vinculó dicha maximización con la obra de Salvador Dalí y los binoculares gigantes del edificio Chiat/Day (hoy TBWA \ Chiat \ Day [California, 1985-1991]), de Frank O. Gehry.

 

El Gato de Cheshire ayuda a Alicia cuando ella es condenada a muerte, y su experiencia nos inspira a filosofar sobre los límites.

 

¿Cómo decapitar a alguien que desaparece y no tiene cuerpo?, nos pregunta el felino. ¿Cómo definir los bordes de una obra arquitectónica si esta desaparece y se fusiona con el paisaje, como las casas maravillosas y surrealistas de Víctor Cañas en la costa pacífica costarricense, donde se puede caminar en el paisaje?

 

Sutil transparencia. En ocasiones, la solidez de una obra se obtiene al desmaterializarla. Esta postura se ve reflejada en la arquitectura etérea y luminosa de Toyo Ito (1941).

 

Este arquitecto japonés ha creado proyectos que se esfuman, como la Torre de los Vientos (Japón, 1991) y su obra maestra: la Mediateca de Sendai (Japón, 2000). En esta, Ito genera una nueva manera de comprender los límites de la arquitectura.

Ito influyó en Kazuyo Sejima, quien laboró en su despacho y fue proclamada Joven Arquitecto del Año en el Japón en 1992.

 

Las obras de Sejima representan un extremo opuesto a las obras extravagantes de Zaha Hadid. La primera desaparece sus obras exquisitas, la segunda subraya con “marcador grueso” sus complejos formalismos.

 

Las reflexiones de Sejima encontraron un socio en Ryue Nishizawa. Ambos fundaron SANAA y producen obras que destacan por ser pulcras y surrealistas. Sus proyectos comunes los han hecho merecer el Premio Pritzker del 2010, máximo reconocimiento en el mundo de la arquitectura.

 

Mínimo. La obra se SANAA se despoja; contiene lo mínimo y, con esta bajísima dosis de materia, sus edificios ingresan en el mundo de los sueños. SANAA crea obras que se desvanecen como el Gato de Cheshire. Esta sobresaliente pareja incluye la serenidad y la sutileza, principales señas de identidad de la firma, según María José Díaz de Tuesta.

 

La arquitectura de SANAA se encuentra en una “frontera entre la vigilia y el sueño”, ha descrito Luis Fernández-Galiano.

 

Este crítico seleccionó, como la obra más importante de SANAA, el Mueso de Arte Contemporáneo del Siglo XXI, de la costa norte del Japón (Kanazawa, 2004).

Esa obra maestra consiste en una perímetro circular etéreo que contiene cajas, las cuales albergan el programa, juegan con sus alturas disímiles y dialogan con los patios del conjunto.

 

Del sueño al edificio. Hay un gran trecho entre el mundo surrealista donde se inician algunos proyectos, y la construcción de una pieza de arquitectura.

 

“Al principio había un sueño y al final está el edificio. Empieza suave y termina duro. Si se trabaja bien, si se tiene suerte, el edificio tal vez refleje el sueño”, comentó Peter Zumthor en una entrevista realizada por Loreta Castro.

 

Una de las mayores complejidades de un edificio quizás sea expresar el sueño de la desmaterialización, ejercicio que ha logrado SANAA.

 

Esa firma continúa sus búsquedas conceptuales en obras como el recién inaugurado Centro de Aprendizaje Rolex (Lausanne, Suiza, 2010).

 

Ese edificio incluye transparencias en fachadas, fluidez en los pisos y cubiertas, vistas a los Alpes y aberturas orgánicas en cubierta que recuerdan la techumbre del Conservatoire National Supérieur de Musique et de Danse de Paris (Parc de La Villette, Francia, 1990), del arquitecto francés Christian de Portzamparc.

La obra debe continuar. La transparencia en los edificios ha dado continuidad a una reflexión acerca de los límites de la arquitectura y de los diálogos entre “el afuera” y “el adentro”. Este debate se amplifica en Costa Rica con la restauración y rehabilitación de la Antigua Aduana (San José, 2010).

 

Ese proyecto es una intervención planteada por el entonces ministro de Cultura, Guido Sáenz, ejecutada por la actual Ministra, María Elena Carballo, y diseñada por los arquitectos Miguel Herrera y Adrián Vindas, del Centro de Patrimonio que dirige Sandra Quirós.

 

El conjunto incluye el reforzamiento estructural de la antigua Aduana, la consolidación del Teatro de la Aduana, la creación de plazas y la ubicación de Ciberartes en la antigua Casa del Cuño.

 

El espacio público de San José se benefició con esta obra pues recibió 8.800 m² nuevos de plaza ya que se tomó la atinada decisión de eliminar el cerramiento perimetral (ejemplo que deberían seguir múltiples proyectos en Costa Rica).

 

La plaza del oeste se vitalizó inmediatamente porque cuenta con los flujos peatonales.

 

La plaza del este “descubrió” la fachada sur de la iglesia de Santa Teresita, situación que recuerda la plaza de la Cultura (1982) cuando dejó visible la fachada norte del Teatro Nacional. Un eje transversal transparente vincula ambos espacios públicos al oeste y este de la Antigua Aduana.

 

La Casa del Cuño expone la estructura original, y se contiene dentro de una caja de vidrio. Esta solución recuerda el “diálogo” entre el Ara Pacis, de Roma, y el museo de Richard Meier que lo contiene.

 

La caja de vidrio de Ciberartes fomenta la transparencia, permite ver el edificio de la Aduana, conserva dos chimeneas y contiene un nuevo entrepiso que duplica el área. Asimismo, su transparencia permite mirar dos estructuras que discrepan compositiva-mente (por ejemplo, en los ejes de las columnas antiguas y nuevas). Una estructura es histórica, sutil y blanca; la otra es pesada, notoria y negra.

 

Sueños de la gente. El Centro para las Artes y la Tecnología La Aduana genera un beneficio cultural y de convergencia social digno de reconocer, y su impacto tendrá un valor incalculable en nuestra sociedad, la cual debe adue-ñarse de este espacio rediseñado.

 

La arquitectura debe promover la conformación de relaciones urbanas, y, en la transparencia y desmaterialización, podría reflejar los sueños de la gente.

Las obras vinculadas, diluidas y dialogantes con el contexto y el paisaje sonreirán a los límites –igual que el Gato de Cheshire–: límites cada vez más etéreos en la arquitectura contemporánea.

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2010

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

La amplia sonrisa del Gato de Cheshire que imaginó Lewis Carroll en Las aventuras de Alicia en el País de las Maravillas, se sitúa en el mundo de los sueños y el surrealismo. Alicia conversa, filosofa y razona con un gato que transita libremente en la fantasía, espacio donde Carroll le permite aparecer y desaparecer.

 

Este surrealismo que vive el Gato de Cheshire es etéreo, en lugar del experimentado por Alicia cuando cambia de escala y se agrandan los objetos de su entorno. Josep Maria Montaner vinculó dicha maximización con la obra de Salvador Dalí y los binoculares gigantes del edificio Chiat/Day (hoy TBWA \ Chiat \ Day [California, 1985-1991]), de Frank O. Gehry.

 

El Gato de Cheshire ayuda a Alicia cuando ella es condenada a muerte, y su experiencia nos inspira a filosofar sobre los límites.

 

¿Cómo decapitar a alguien que desaparece y no tiene cuerpo?, nos pregunta el felino. ¿Cómo definir los bordes de una obra arquitectónica si esta desaparece y se fusiona con el paisaje, como las casas maravillosas y surrealistas de Víctor Cañas en la costa pacífica costarricense, donde se puede caminar en el paisaje?

 

Sutil transparencia. En ocasiones, la solidez de una obra se obtiene al desmaterializarla. Esta postura se ve reflejada en la arquitectura etérea y luminosa de Toyo Ito (1941).

 

Este arquitecto japonés ha creado proyectos que se esfuman, como la Torre de los Vientos (Japón, 1991) y su obra maestra: la Mediateca de Sendai (Japón, 2000). En esta, Ito genera una nueva manera de comprender los límites de la arquitectura.

Ito influyó en Kazuyo Sejima, quien laboró en su despacho y fue proclamada Joven Arquitecto del Año en el Japón en 1992.

 

Las obras de Sejima representan un extremo opuesto a las obras extravagantes de Zaha Hadid. La primera desaparece sus obras exquisitas, la segunda subraya con “marcador grueso” sus complejos formalismos.

 

Las reflexiones de Sejima encontraron un socio en Ryue Nishizawa. Ambos fundaron SANAA y producen obras que destacan por ser pulcras y surrealistas. Sus proyectos comunes los han hecho merecer el Premio Pritzker del 2010, máximo reconocimiento en el mundo de la arquitectura.

 

Mínimo. La obra se SANAA se despoja; contiene lo mínimo y, con esta bajísima dosis de materia, sus edificios ingresan en el mundo de los sueños. SANAA crea obras que se desvanecen como el Gato de Cheshire. Esta sobresaliente pareja incluye la serenidad y la sutileza, principales señas de identidad de la firma, según María José Díaz de Tuesta.

 

La arquitectura de SANAA se encuentra en una “frontera entre la vigilia y el sueño”, ha descrito Luis Fernández-Galiano.

 

Este crítico seleccionó, como la obra más importante de SANAA, el Mueso de Arte Contemporáneo del Siglo XXI, de la costa norte del Japón (Kanazawa, 2004).

Esa obra maestra consiste en una perímetro circular etéreo que contiene cajas, las cuales albergan el programa, juegan con sus alturas disímiles y dialogan con los patios del conjunto.

 

Del sueño al edificio. Hay un gran trecho entre el mundo surrealista donde se inician algunos proyectos, y la construcción de una pieza de arquitectura.

 

“Al principio había un sueño y al final está el edificio. Empieza suave y termina duro. Si se trabaja bien, si se tiene suerte, el edificio tal vez refleje el sueño”, comentó Peter Zumthor en una entrevista realizada por Loreta Castro.

 

Una de las mayores complejidades de un edificio quizás sea expresar el sueño de la desmaterialización, ejercicio que ha logrado SANAA.

 

Esa firma continúa sus búsquedas conceptuales en obras como el recién inaugurado Centro de Aprendizaje Rolex (Lausanne, Suiza, 2010).

 

Ese edificio incluye transparencias en fachadas, fluidez en los pisos y cubiertas, vistas a los Alpes y aberturas orgánicas en cubierta que recuerdan la techumbre del Conservatoire National Supérieur de Musique et de Danse de Paris (Parc de La Villette, Francia, 1990), del arquitecto francés Christian de Portzamparc.

La obra debe continuar. La transparencia en los edificios ha dado continuidad a una reflexión acerca de los límites de la arquitectura y de los diálogos entre “el afuera” y “el adentro”. Este debate se amplifica en Costa Rica con la restauración y rehabilitación de la Antigua Aduana (San José, 2010).

 

Ese proyecto es una intervención planteada por el entonces ministro de Cultura, Guido Sáenz, ejecutada por la actual Ministra, María Elena Carballo, y diseñada por los arquitectos Miguel Herrera y Adrián Vindas, del Centro de Patrimonio que dirige Sandra Quirós.

 

El conjunto incluye el reforzamiento estructural de la antigua Aduana, la consolidación del Teatro de la Aduana, la creación de plazas y la ubicación de Ciberartes en la antigua Casa del Cuño.

 

El espacio público de San José se benefició con esta obra pues recibió 8.800 m² nuevos de plaza ya que se tomó la atinada decisión de eliminar el cerramiento perimetral (ejemplo que deberían seguir múltiples proyectos en Costa Rica).

 

La plaza del oeste se vitalizó inmediatamente porque cuenta con los flujos peatonales.

 

La plaza del este “descubrió” la fachada sur de la iglesia de Santa Teresita, situación que recuerda la plaza de la Cultura (1982) cuando dejó visible la fachada norte del Teatro Nacional. Un eje transversal transparente vincula ambos espacios públicos al oeste y este de la Antigua Aduana.

 

La Casa del Cuño expone la estructura original, y se contiene dentro de una caja de vidrio. Esta solución recuerda el “diálogo” entre el Ara Pacis, de Roma, y el museo de Richard Meier que lo contiene.

 

La caja de vidrio de Ciberartes fomenta la transparencia, permite ver el edificio de la Aduana, conserva dos chimeneas y contiene un nuevo entrepiso que duplica el área. Asimismo, su transparencia permite mirar dos estructuras que discrepan compositiva-mente (por ejemplo, en los ejes de las columnas antiguas y nuevas). Una estructura es histórica, sutil y blanca; la otra es pesada, notoria y negra.

 

Sueños de la gente. El Centro para las Artes y la Tecnología La Aduana genera un beneficio cultural y de convergencia social digno de reconocer, y su impacto tendrá un valor incalculable en nuestra sociedad, la cual debe adue-ñarse de este espacio rediseñado.

 

La arquitectura debe promover la conformación de relaciones urbanas, y, en la transparencia y desmaterialización, podría reflejar los sueños de la gente.

Las obras vinculadas, diluidas y dialogantes con el contexto y el paisaje sonreirán a los límites –igual que el Gato de Cheshire–: límites cada vez más etéreos en la arquitectura contemporánea.