LDB Arquitectura

Arquitectos abogan por integrar barrios a la ciudad

Profesionales del país creen necesario volver la vista hacia esas comunidades

 

El arquitecto Luis Diego Barahona no duda de que hay que respetar a las superestrellas de la arquitectura mundial, como Frank Gehry, pero si se trata de encontrar soluciones para ciudades modestas – como San José– es mejor olvidarse de los grandes edificios y volver los ojos a lo que pasa en los barrios.

 

Este fue uno de los mensajes más claros que dejó la conferencia que dictó el profesional costarricense en el VII Congreso “Líneas”, que se efectuó ayer sábado en el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos, en Curridabat.

 

En la actividad también se revisaron las experiencias del mexicano Mauricio Rocha, del colombiano Felipe Mesa y del español Jaume Barnada. Además, participaron los ticos Rolando Barahona, Luis Diego Barahora y Royee Álvarez.

 

La ciudad es el sitio de encuentro por excelencia, y los proyectos presentados en el congreso apuntaron a mostrar experiencias de cómo generar espacios para que la gente se encuentre con la gente.

 

Visión social. Uno de los ejemplos del impacto que puede tener un proyecto arquitectónico para la integración y la dignificación de los ciudadanos es el mercado que el mexicano Mauricio Rocha diseñó para la comunidad de San Pablo de Ozotepec, en el 2001.

 

El edificio se ubica en un barrio al sureste de México D. F., en la delegación de Milpa Alta. La zona, según Rocha, se caracteriza por tener cualidades rurales y urbanas en donde han aparecido cinturones de miseria.

 

Rocha reconoce que el proyecto generó un sitio de reunión para la comunidad, pero también un espacio que los vecinos consideraron propio desde su gestación.

 

“Los vendedores ven como suyo el mercado pues estuvimos en diálogo con ellos desde la etapa de diseño y hasta la fecha lo han cuidado muy bien”, cuenta el arquitecto.

 

Las alturas disparejas que muestran varias secciones del techo del edificio son una metáfora del aspecto azaroso que tienen los mercados ambulantes, donde cada vendedor cuelga una lona a diferente altura del suelo.

 

La obra –elaborada con materiales “económicos”– ganó la Medalla de Oro de la VII Bienal de Arquitectura en México.

 

Otras experiencias de integración social son las presentadas por el colombiano Felipe Mesa –quien diseñó un edificio para el orquideorama del Jardín Botánico de Medellín– y por el español Jaume Barnada, quien explicó el modelo de desarrollo residencial en la ciudad de Barcelona.

 

Vista en la urbe. Según Luis Diego Barahona, las últimas tres ediciones del congreso han tratado los temas de la vivienda y la ciudad pues hay urgencia de discutirlos por la coyuntura josefina.

 

“San José es una ciudad adolescente que está definiendo cómo debe moverse: si se va por el modelo de las autopistas, como las de Hatillo, donde la ciudad se divide, o si se va a fortalecer la integración y el repoblamiento”, comentó.

 

El arquitecto dijo que San José cuenta con más de 100 barrios que no están integrados entre sí. Estas unidades de vecinos representan las moléculas de las que está formada la ciudad, indicó.

 

Barahona agregó que las experiencias extranjeras expuestas en el congreso no necesariamente son modelos a seguir en Costa Rica, sino –mejor aún– motivaciones para fomentar la acción.

Darío Chinchilla

La Nación

Costa Rica

2010

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Profesionales del país creen necesario volver la vista hacia esas comunidades

 

El arquitecto Luis Diego Barahona no duda de que hay que respetar a las superestrellas de la arquitectura mundial, como Frank Gehry, pero si se trata de encontrar soluciones para ciudades modestas – como San José– es mejor olvidarse de los grandes edificios y volver los ojos a lo que pasa en los barrios.

 

Este fue uno de los mensajes más claros que dejó la conferencia que dictó el profesional costarricense en el VII Congreso “Líneas”, que se efectuó ayer sábado en el Colegio Federado de Ingenieros y Arquitectos, en Curridabat.

 

En la actividad también se revisaron las experiencias del mexicano Mauricio Rocha, del colombiano Felipe Mesa y del español Jaume Barnada. Además, participaron los ticos Rolando Barahona, Luis Diego Barahora y Royee Álvarez.

 

La ciudad es el sitio de encuentro por excelencia, y los proyectos presentados en el congreso apuntaron a mostrar experiencias de cómo generar espacios para que la gente se encuentre con la gente.

 

Visión social. Uno de los ejemplos del impacto que puede tener un proyecto arquitectónico para la integración y la dignificación de los ciudadanos es el mercado que el mexicano Mauricio Rocha diseñó para la comunidad de San Pablo de Ozotepec, en el 2001.

 

El edificio se ubica en un barrio al sureste de México D. F., en la delegación de Milpa Alta. La zona, según Rocha, se caracteriza por tener cualidades rurales y urbanas en donde han aparecido cinturones de miseria.

 

Rocha reconoce que el proyecto generó un sitio de reunión para la comunidad, pero también un espacio que los vecinos consideraron propio desde su gestación.

 

“Los vendedores ven como suyo el mercado pues estuvimos en diálogo con ellos desde la etapa de diseño y hasta la fecha lo han cuidado muy bien”, cuenta el arquitecto.

 

Las alturas disparejas que muestran varias secciones del techo del edificio son una metáfora del aspecto azaroso que tienen los mercados ambulantes, donde cada vendedor cuelga una lona a diferente altura del suelo.

 

La obra –elaborada con materiales “económicos”– ganó la Medalla de Oro de la VII Bienal de Arquitectura en México.

 

Otras experiencias de integración social son las presentadas por el colombiano Felipe Mesa –quien diseñó un edificio para el orquideorama del Jardín Botánico de Medellín– y por el español Jaume Barnada, quien explicó el modelo de desarrollo residencial en la ciudad de Barcelona.

 

Vista en la urbe. Según Luis Diego Barahona, las últimas tres ediciones del congreso han tratado los temas de la vivienda y la ciudad pues hay urgencia de discutirlos por la coyuntura josefina.

 

“San José es una ciudad adolescente que está definiendo cómo debe moverse: si se va por el modelo de las autopistas, como las de Hatillo, donde la ciudad se divide, o si se va a fortalecer la integración y el repoblamiento”, comentó.

 

El arquitecto dijo que San José cuenta con más de 100 barrios que no están integrados entre sí. Estas unidades de vecinos representan las moléculas de las que está formada la ciudad, indicó.

 

Barahona agregó que las experiencias extranjeras expuestas en el congreso no necesariamente son modelos a seguir en Costa Rica, sino –mejor aún– motivaciones para fomentar la acción.