LDB Arquitectura

Las obras, en sintonía con sus habitantes

Las obras arquitectónicas dejaron de ser referentes de modas pasajeras, catálogos de estilos importados y símbolos de grandilocuentes expresiones de y para unos pocos.

 

Una biblioteca, como la de España, enclavada en un sector excluido, o un colegio, como el de Santo Domingo, que no es un objeto extraño para una comunidad, hacen parte de la ciudad que es mirada, -admirada, sin duda- y evaluada por los asistentes a la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo.

 

Estas obras son una clara expresión de la "integración de la ciudadanía con el espacio público", como bien lo dice Luis Diego Barahona, conferencista invitado de Costa Rica.

 

Y la prueba para ello, señala, mientras captura una foto para llevarse el mejor registro, es que los niños las disfrutan. "Ellos son los mejores jurados", precisa.

 

Se vive la transformación

Y es que esas edificaciones demuestran el trabajo exhaustivo de haber sido desarrollados con la comunidad, afirma Nelson Alfredo Salamanca, arquitecto de Casanare, quien cree que se impone esa manera de crear, ya no "proyectos fastuosos y elitistas", sino propuestas que analicen el entorno y propongan.

 

Con ello, ya no actúa solo el chip de arquitecto, que elige "la piel de su estructura", sino del urbanista que decide qué aporta. "Es una mirada más holística".

 

Como lo probaron Carlos Pardo Botero, y su grupo de Obra Negra, cuando emprendieron la tarea de crear el colegio Santo Domingo, uno de los 35 proyectos elegidos por el Consejo Superior de Arquitectura de España, como una de las mejores obras de arquitectura iberoamericana de los últimos dos años.

 

Ellos lo sintieron como un compromiso, cuando el ex alcalde Sergio Fajardo les dio "carta blanca" para crear el colegio que hubieran soñado toda la vida.

 

Pero, en vez de construir una obra icónica, que se convirtiera en un "objeto extraño" en medio de una zona llena de carencias, ellos hicieron del espacio un punto de encuentro.

 

Y allí ponen su perspectiva: "La arquitectura tiene que servir para que la gente sea más feliz, y mejore su calidad de vida", añade.

 

De ellos, y de todos los que compartieron su mirada, aprendieron los estudiantes, como Alfonso Narváez, de Cúcuta, quien cree que será un arquitecto que aporte al medio en el que vive.

 

Hasta aquí llegaron también periodistas para saber si lo que escribían en sus revistas especializadas coincidía con la realidad, como le sucedió al argentino Daniel Esteban Moya.

 

Al verlas, dejaron de ser una evidencia teórica a convertirse en una realidad "que me conmueve". No se trata de hacer para quienes no disfrutan del espacio público y solo quieren vías para llegar más rápido a casa, dice.

 

Cree que aquí se palpa una nueva manera de repensar la arquitectura para hacer "ciudades más igualitarias y plurales, sin perder la identidad".

 

Y parece que con ello, Medellín se hace notar.

Las obras arquitectónicas dejaron de ser referentes de modas pasajeras, catálogos de estilos importados y símbolos de grandilocuentes expresiones de y para unos pocos.

 

Una biblioteca, como la de España, enclavada en un sector excluido, o un colegio, como el de Santo Domingo, que no es un objeto extraño para una comunidad, hacen parte de la ciudad que es mirada, -admirada, sin duda- y evaluada por los asistentes a la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo.

 

Estas obras son una clara expresión de la "integración de la ciudadanía con el espacio público", como bien lo dice Luis Diego Barahona, conferencista invitado de Costa Rica.

 

Y la prueba para ello, señala, mientras captura una foto para llevarse el mejor registro, es que los niños las disfrutan. "Ellos son los mejores jurados", precisa.

 

Se vive la transformación

Y es que esas edificaciones demuestran el trabajo exhaustivo de haber sido desarrollados con la comunidad, afirma Nelson Alfredo Salamanca, arquitecto de Casanare, quien cree que se impone esa manera de crear, ya no "proyectos fastuosos y elitistas", sino propuestas que analicen el entorno y propongan.

 

Con ello, ya no actúa solo el chip de arquitecto, que elige "la piel de su estructura", sino del urbanista que decide qué aporta. "Es una mirada más holística".

 

Como lo probaron Carlos Pardo Botero, y su grupo de Obra Negra, cuando emprendieron la tarea de crear el colegio Santo Domingo, uno de los 35 proyectos elegidos por el Consejo Superior de Arquitectura de España, como una de las mejores obras de arquitectura iberoamericana de los últimos dos años.

 

Ellos lo sintieron como un compromiso, cuando el ex alcalde Sergio Fajardo les dio "carta blanca" para crear el colegio que hubieran soñado toda la vida.

 

Pero, en vez de construir una obra icónica, que se convirtiera en un "objeto extraño" en medio de una zona llena de carencias, ellos hicieron del espacio un punto de encuentro.

 

Y allí ponen su perspectiva: "La arquitectura tiene que servir para que la gente sea más feliz, y mejore su calidad de vida", añade.

 

De ellos, y de todos los que compartieron su mirada, aprendieron los estudiantes, como Alfonso Narváez, de Cúcuta, quien cree que será un arquitecto que aporte al medio en el que vive.

 

Hasta aquí llegaron también periodistas para saber si lo que escribían en sus revistas especializadas coincidía con la realidad, como le sucedió al argentino Daniel Esteban Moya.

 

Al verlas, dejaron de ser una evidencia teórica a convertirse en una realidad "que me conmueve". No se trata de hacer para quienes no disfrutan del espacio público y solo quieren vías para llegar más rápido a casa, dice.

 

Cree que aquí se palpa una nueva manera de repensar la arquitectura para hacer "ciudades más igualitarias y plurales, sin perder la identidad".

 

Y parece que con ello, Medellín se hace notar.

Natalia Estefanía Botero

El Colombiano

Colombia

2010

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Las obras arquitectónicas dejaron de ser referentes de modas pasajeras, catálogos de estilos importados y símbolos de grandilocuentes expresiones de y para unos pocos.

 

Una biblioteca, como la de España, enclavada en un sector excluido, o un colegio, como el de Santo Domingo, que no es un objeto extraño para una comunidad, hacen parte de la ciudad que es mirada, -admirada, sin duda- y evaluada por los asistentes a la VII Bienal Iberoamericana de Arquitectura y Urbanismo.

 

Estas obras son una clara expresión de la "integración de la ciudadanía con el espacio público", como bien lo dice Luis Diego Barahona, conferencista invitado de Costa Rica.

 

Y la prueba para ello, señala, mientras captura una foto para llevarse el mejor registro, es que los niños las disfrutan. "Ellos son los mejores jurados", precisa.

 

Se vive la transformación

Y es que esas edificaciones demuestran el trabajo exhaustivo de haber sido desarrollados con la comunidad, afirma Nelson Alfredo Salamanca, arquitecto de Casanare, quien cree que se impone esa manera de crear, ya no "proyectos fastuosos y elitistas", sino propuestas que analicen el entorno y propongan.

 

Con ello, ya no actúa solo el chip de arquitecto, que elige "la piel de su estructura", sino del urbanista que decide qué aporta. "Es una mirada más holística".

 

Como lo probaron Carlos Pardo Botero, y su grupo de Obra Negra, cuando emprendieron la tarea de crear el colegio Santo Domingo, uno de los 35 proyectos elegidos por el Consejo Superior de Arquitectura de España, como una de las mejores obras de arquitectura iberoamericana de los últimos dos años.

 

Ellos lo sintieron como un compromiso, cuando el ex alcalde Sergio Fajardo les dio "carta blanca" para crear el colegio que hubieran soñado toda la vida.

 

Pero, en vez de construir una obra icónica, que se convirtiera en un "objeto extraño" en medio de una zona llena de carencias, ellos hicieron del espacio un punto de encuentro.

 

Y allí ponen su perspectiva: "La arquitectura tiene que servir para que la gente sea más feliz, y mejore su calidad de vida", añade.

 

De ellos, y de todos los que compartieron su mirada, aprendieron los estudiantes, como Alfonso Narváez, de Cúcuta, quien cree que será un arquitecto que aporte al medio en el que vive.

 

Hasta aquí llegaron también periodistas para saber si lo que escribían en sus revistas especializadas coincidía con la realidad, como le sucedió al argentino Daniel Esteban Moya.

 

Al verlas, dejaron de ser una evidencia teórica a convertirse en una realidad "que me conmueve". No se trata de hacer para quienes no disfrutan del espacio público y solo quieren vías para llegar más rápido a casa, dice.

 

Cree que aquí se palpa una nueva manera de repensar la arquitectura para hacer "ciudades más igualitarias y plurales, sin perder la identidad".

 

Y parece que con ello, Medellín se hace notar.