LDB Arquitectura

Atlas. Arquitecturas del siglo XXI. América

Editor: Luis Fernández-Galiano

Edita: Fundación BBVA

Año: 2010

Capítulos: 1. Canadá, 2. Estados Unidos, 3. México, 4. América Central y Caribe y 5. Venezuela.

Ensayo: Un espejo astillado. América Central y Caribe, sombras de la política.

Autor: Roberto Segre

Subcapítulo: Una contemporaneidad vernácula

 

Resultan escasas las obras que en la década reciente escapan al anonimato de la arquitectura comercial y especulativa, al formalismo gratuito impuesto por las modas internacionales o a la gran influencia ejercida por Miami. Éstas lograron materializarse por iniciativa de administradores iluminados, que asociaron la buena arquitectura al prestigio de su empresa o por clientes cultos que desearon personalizar sus viviendas, distanciándose de los habituales estereotipos del falso vernáculo. Costa Rica, como bien lo demostraron Miquel Adrià y Luis Diego Barahona, es el país de Centroamérica con la mayor producción de edificios de alto nivel estético, realizados por Bruno Stagno, Víctor Cañas y Jaime Rouillón.

 

Stagno, en su extensa obra construida, busca el equilibrio armónico entre las tipologías formales costarricenses, las respuestas tradicionales a las condiciones climáticas y ecológicas, la sostenibilidad económica y el uso de materiales locales y tecnología contemporánea, proponiéndose a la vez, lograr ‘la divina proporción’ entre naturaleza ya arquitectura. Formado en la tradición canónica del Movimiento Moderno (trabajó con Jullian en el proyecto de la Iglesia de Firminy de Le Corbusier), en sus proyectos recientes –las oficinas Holcim (2004) y la Sede de la British American Tobacco (2008)- se ha liberado de las ataduras racionalistas, al diseñar con formas libres y plásticas los sistemas de protección solar: en la primera unas ligeras lonas plásticas sostenidas por tensores metálicos y en la segunda, un sistema de brises soleils ondulados que se extienden a lo largo de las fachadas. También fueron sumamente elaborados los espacios interiores, en los que logra una atmósfera sombreada y el paso de la brisa, con el fin de minimizar el uso del aire acondicionado.

 

De una generación más joven, Víctor Cañas, Rolando Barahona y Jaime Rouillón se sienten menos atados a los axiomas ambientalistas y más atraídos por la expresividad deconstructivista, el recato minimalista y la imaginación espacial asociada al high tech. En las casas de Cañas –Hovany (2003), Holmes (2004) y Porta Novas (2005)-predominan la alternancia de opacidades y transparencias en los ascéticos espacios interiores, el uso imaginativo de los paneles solares protectores, la adecuación a la topografía del lugar y la creación de las perspectivas hacia la magnificencia del paisaje, resaltado en las imágenes especulares creadas por los estanques de agua. En las viviendas Horizonte Naciente y Santuario Habitable, Rolando Barahona establece un diálogo entre la complejidad geométrica de las plantas y los volúmenes exteriores adaptados a la topografía, con la presencia de muros de piedra contrapuestos a las finas columnas metálicas que enmarcan los grandes paños de vidrio, abriendo las vistas al espacio exterior. Y a pesar de vivir en Londres, Gianni Botsford no olvida los determinantes ecológicos del trópico en la Casa Kiké (2009). Pertenece a esta tendencia, al integrar las tradiciones vernáculas con una expresión contemporánea, el panameño Patrick Dillon. La casa Salo en Veraguas magnifica los muros exteriores virtuales definidos por persianas de madera, e inventa una solución high tech casera en al torre de observación situada al borde de un parque nacional en Gamboa, cuya forma libre e irregular proviene del uso de materiales reciclados de una zona de casas, oficinas, garajes y galpones, con una refinería demolida en los alrededores. Cabe señalar también, el esfuerzo de Ángela Stassano en Honduras, quien ha logrado una arquitectura económica y bioclimática sin renunciar a los atributos estéticos: es original la cromática solución de las cabañas del Hotel Bread & Breakfast (2010).

 

Fueron más tradicionales las viviendas construidas en las Antillas, debido a la mayor presión ejercida por las tradiciones vernáculas asociadas a la dinámica del turismo internacional, en busca del fugaz Paraíso Perdido. Un conjunto de lujosas residencias en Casa de Campo (La Romana), en la República Dominicana –ámbito exclusivo y sofisticado de los millonarios norteamericanos-, del venezolano Francisco Feaugas, intentan encontrar el equilibrio entre el uso de los materiales y las formas tradicionales, y una especialidad contemporánea.

 

Más innovadoras resultan las viviendas creadas por Jerôme Nouvel en Martinica, experimentando con los patios interiores y las galerías continuas externas; así como la cromática vivienda en Willemstad (Curacao), de Carlos Weeber y Sofia Saavedra (2005), que asume la herencia colorida de la arquitectura holandesa. Es singular la experiencia ecológica de la pequeña Casa Ausente del equipo Abruña & Musgrave en Vega Alta, Puerto Rico, cuya simplicidad volumétrica establece una simbiosis entre la intemperie y el espacio cubierto, al aprovechar al máximo el agua de lluvia, el viento y la energía solar. La atención a los estratos más pobres de la población de Puerto Rico se manifiesta en las viviendas de Edwin e Iván Quiles (2009) para habitantes de una ‘villa miseria’ y el Centro de Educación Ambiental Interactiva Aula Verde (2002) en Río Piedras, del estudio Toro & Ferrer en colaboración con la Universidad de Harvard. Situado al borde de un pequeño bosque y asociado a un mariposario, el edificio expresa su modestia en el ascetismo formal y constructivo: el bloque que alberga las actividades docentes está definido por una estructura de hormigón armado visto y un sistema rústico de ventanas de madera.

Luis Fernández-Galiano /

Roberto Segre

Arquitectura Viva

España

2010

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Editor: Luis Fernández-Galiano

Edita: Fundación BBVA

Año: 2010

Capítulos: 1. Canadá, 2. Estados Unidos, 3. México, 4. América Central y Caribe y 5. Venezuela.

Ensayo: Un espejo astillado. América Central y Caribe, sombras de la política.

Autor: Roberto Segre

Subcapítulo: Una contemporaneidad vernácula

 

Resultan escasas las obras que en la década reciente escapan al anonimato de la arquitectura comercial y especulativa, al formalismo gratuito impuesto por las modas internacionales o a la gran influencia ejercida por Miami. Éstas lograron materializarse por iniciativa de administradores iluminados, que asociaron la buena arquitectura al prestigio de su empresa o por clientes cultos que desearon personalizar sus viviendas, distanciándose de los habituales estereotipos del falso vernáculo. Costa Rica, como bien lo demostraron Miquel Adrià y Luis Diego Barahona, es el país de Centroamérica con la mayor producción de edificios de alto nivel estético, realizados por Bruno Stagno, Víctor Cañas y Jaime Rouillón.

 

Stagno, en su extensa obra construida, busca el equilibrio armónico entre las tipologías formales costarricenses, las respuestas tradicionales a las condiciones climáticas y ecológicas, la sostenibilidad económica y el uso de materiales locales y tecnología contemporánea, proponiéndose a la vez, lograr ‘la divina proporción’ entre naturaleza ya arquitectura. Formado en la tradición canónica del Movimiento Moderno (trabajó con Jullian en el proyecto de la Iglesia de Firminy de Le Corbusier), en sus proyectos recientes –las oficinas Holcim (2004) y la Sede de la British American Tobacco (2008)- se ha liberado de las ataduras racionalistas, al diseñar con formas libres y plásticas los sistemas de protección solar: en la primera unas ligeras lonas plásticas sostenidas por tensores metálicos y en la segunda, un sistema de brises soleils ondulados que se extienden a lo largo de las fachadas. También fueron sumamente elaborados los espacios interiores, en los que logra una atmósfera sombreada y el paso de la brisa, con el fin de minimizar el uso del aire acondicionado.

 

De una generación más joven, Víctor Cañas, Rolando Barahona y Jaime Rouillón se sienten menos atados a los axiomas ambientalistas y más atraídos por la expresividad deconstructivista, el recato minimalista y la imaginación espacial asociada al high tech. En las casas de Cañas –Hovany (2003), Holmes (2004) y Porta Novas (2005)-predominan la alternancia de opacidades y transparencias en los ascéticos espacios interiores, el uso imaginativo de los paneles solares protectores, la adecuación a la topografía del lugar y la creación de las perspectivas hacia la magnificencia del paisaje, resaltado en las imágenes especulares creadas por los estanques de agua. En las viviendas Horizonte Naciente y Santuario Habitable, Rolando Barahona establece un diálogo entre la complejidad geométrica de las plantas y los volúmenes exteriores adaptados a la topografía, con la presencia de muros de piedra contrapuestos a las finas columnas metálicas que enmarcan los grandes paños de vidrio, abriendo las vistas al espacio exterior. Y a pesar de vivir en Londres, Gianni Botsford no olvida los determinantes ecológicos del trópico en la Casa Kiké (2009). Pertenece a esta tendencia, al integrar las tradiciones vernáculas con una expresión contemporánea, el panameño Patrick Dillon. La casa Salo en Veraguas magnifica los muros exteriores virtuales definidos por persianas de madera, e inventa una solución high tech casera en al torre de observación situada al borde de un parque nacional en Gamboa, cuya forma libre e irregular proviene del uso de materiales reciclados de una zona de casas, oficinas, garajes y galpones, con una refinería demolida en los alrededores. Cabe señalar también, el esfuerzo de Ángela Stassano en Honduras, quien ha logrado una arquitectura económica y bioclimática sin renunciar a los atributos estéticos: es original la cromática solución de las cabañas del Hotel Bread & Breakfast (2010).

 

Fueron más tradicionales las viviendas construidas en las Antillas, debido a la mayor presión ejercida por las tradiciones vernáculas asociadas a la dinámica del turismo internacional, en busca del fugaz Paraíso Perdido. Un conjunto de lujosas residencias en Casa de Campo (La Romana), en la República Dominicana –ámbito exclusivo y sofisticado de los millonarios norteamericanos-, del venezolano Francisco Feaugas, intentan encontrar el equilibrio entre el uso de los materiales y las formas tradicionales, y una especialidad contemporánea.

 

Más innovadoras resultan las viviendas creadas por Jerôme Nouvel en Martinica, experimentando con los patios interiores y las galerías continuas externas; así como la cromática vivienda en Willemstad (Curacao), de Carlos Weeber y Sofia Saavedra (2005), que asume la herencia colorida de la arquitectura holandesa. Es singular la experiencia ecológica de la pequeña Casa Ausente del equipo Abruña & Musgrave en Vega Alta, Puerto Rico, cuya simplicidad volumétrica establece una simbiosis entre la intemperie y el espacio cubierto, al aprovechar al máximo el agua de lluvia, el viento y la energía solar. La atención a los estratos más pobres de la población de Puerto Rico se manifiesta en las viviendas de Edwin e Iván Quiles (2009) para habitantes de una ‘villa miseria’ y el Centro de Educación Ambiental Interactiva Aula Verde (2002) en Río Piedras, del estudio Toro & Ferrer en colaboración con la Universidad de Harvard. Situado al borde de un pequeño bosque y asociado a un mariposario, el edificio expresa su modestia en el ascetismo formal y constructivo: el bloque que alberga las actividades docentes está definido por una estructura de hormigón armado visto y un sistema rústico de ventanas de madera.