LDB Arquitectura

Por el buen camino

A finales del siglo XIV, en la península ibérica, mientras Cristóbal Colón buscaba financiamiento para zarpar hacia “tierras asiáticas”, Leonardo da Vinci se las ingeniaba para crear, en la península itálica, uno de sus inventos que originó parte de nuestra vida moderna.

 

Leonardo da Vinci dibujó los primeros croquis de una bicicleta (“dos círculos”), medio de transporte fundamental que se emplea cada día más en las ciudades contemporáneas.

 

Entre los países que utilizan ampliamente la bicicleta están Holanda, España, Dinamarca, China y Colombia. En Holanda, al transitar al lado de un canal se percibe el impacto masivo de las bicicletas en la sociedad.

 

En ese país europeo, plano y lleno de calidades urbanas, el 84% de los holandeses cuenta con al menos una bicicleta, la cual utilizan en la amplia red de ciclovías que recorre más de 17.000 kilómetros.

 

Buen equilibrio. Las bicicletas son un excelente medio de transporte pues contribuyen al ahorro energético y a la mejora de la salud, y son considerablemente económicas.

 

Su forma es una bellísima síntesis de diseño funcional. Contiene la calidad estructural de las formas triangulares, el desplazamiento generado por la circunferencia de la rueda, y la energía y la dirección que le otorga el ser humano.

 

Tal como la conocemos hoy, la bicicleta es el desarrollo de una “máquina andante” creada por el inventor alemán Kart Drais.

 

Su uso ha suscitado gran interés en los mejores urbanistas del siglo XXI. Las bicicletas se unen a los sistemas de transporte público como medio noble, alternativo y ligero, y ayudan a reducir la “huella de carbono” del ambiente.

 

La utilización de las bicicletas es idónea en las ciudades para recorrer distancias menores que siete kilómetros, y resultan ideales si se combinan con los sistemas de transporte masivo, como las líneas de buses, tranvías, subterráneos, etcétera.

 

Buenos ejemplos. La Red de Ciclovías Recreativas de las Américas calcula que unos 2,4 millones ciclistas utilizan las ciclovías construidas a lo largo del continente americano. Por ejemplo, Bogotá cuenta con 121 km de ciclorrutas, en las cuales se desplazan diariamente más de un millón de personas.

 

Dicho ejemplo bogotano empezó en 1975 y contó con el impulso del alcalde Enrique Peñalosa. Él sumó estos ejes ciclísticos al Sistema Integrado de Transporte Público, el cual incluye el Transmilenio, red de buses articulados que transitan por carriles exclusivos.

 

Otro caso en la región es la ciclovía en Quito (Ecuador), de 29 km y creada en el 2003.

 

Sistema más que tramos. Al igual que cualquier transporte urbano exitoso, las ciclovías deben considerarse un sistema, no ejes o rutas lineales independientes.

 

En tal sentido, las ciudades que cuentan con un bajo presupuesto, pueden concebir tramos de esta red de ciclorrutas con solo demarcar la vía pública existente. Esta opción democratiza el espacio público.

 

En Costa Rica, si se intenta evitar accidentes de tránsito, resulta oportuno dar igualdad de condiciones a los peatones, los ciclistas, el transporte público (buses, tranvías y trenes) y los automóviles –en este orden de prelación o prioridad–.

 

El sumar a nuestra infraestructura urbana un sistema metropolitano de ciclovías beneficiará a la ciudadanía y al turismo.

 

Por ejemplo, en Dinamarca se ha comprobado que la salud pública mejora un 40% en la población que utiliza las ciclovías.

 

Otras estrategias son los “domingos en bici”, actividad que ha realizado la Municipalidad de San José y que también se lleva a cabo en ciudades como Bogotá y Santiago de Chile.

 

A su vez, en países como la Argentina se han fomentado las “bicisendas” para emprender paseos turísticos. Esta modalidad podría aplicarse en Costa Rica con ejes de ciclovías que, por ejemplo, conecten San José con el Parque Nacional Braulio Carrillo.

 

De alquiler. Asimismo, en importantes ciudades se ha fomentado el alquiler de bicicletas. En Barcelona se ofrece el servicio “bicing”, sistema proambiental iniciado en el 2007. Se combina con los demás transportes públicos y sirve para realizar viajes de dos horas, como máximo.

 

Ese servicio cuenta con 401 estaciones y 6.000 bicicletas. Para emplearlo, al año se pagan 30 euros (¢21.000). En caso de no devolverse la bicicleta en menos de veinticuatro horas, se cobra una multa de 150 euros (105.000 colones).

 

Una idea similar, “bicicentro”, ejecutan los estudiantes de diseño industrial de la Universidad Nacional de Colombia. Se aplica ese sistema para mejorar la movilidad y el ambiente del centro histórico de Bogotá.

 

Sin embargo, no todos los casos han contado con el sustento idóneo. En Venezuela desaparecieron los 14 kilómetros de ciclovía del municipio del Chacao por falta de man-tenimiento.

 

Hacia un sistema de ciclovías. En Costa Rica fallecen 30 ciclistas al año en promedio; es decir, un 10% de los accidentes de tránsito del país. Por otro lado, en enero del 2009 se creó el primer tramo de ciclovía urbana en Hatillo. Este eje se realizó gracias a un financiamiento de FIA Foundation al Gobierno de Costa Rica y tiene una extensión modesta: 800 metros.

 

Aparte de esa ciclovía hay algunas construidas en zonas costeras, como en sectores de la provincia de Puntarenas.

 

En San José se suma la iniciativa de la organización no gubernamental Aconvivir, presidida por Ramón Pendones y compuesta por ciclistas víctimas de atropellos por conductores ebrios.

 

Ellos promueven la consolidación de ejes de ciclovías dentro de la capital, como la que podría ir desde el este de la ciudad hasta el parque de La Sabana.

 

Claro está que existen potenciales inconvenientes, como el clima tropical y la sinuosidad del suelo. Aún así, ya en nuestras rutas vehiculares transitan diariamente miles de ciclistas, por lo que es oportuno fortalecer nuestro espacio público al incluir ciclovías.

 

En la Gran Área Metropolitana (GAM) podría desarrollarse un circuito de ciclorrutas que se integre a un reformado sistema de transporte masivo de bus, tranvía y tren.

 

Esos cambios beneficiarían a la salud, fomentarían el turismo urbano y serían parte vital del transporte conforme se produzca el repoblamiento del centro de San José. Para lograrlo, es oportuno tra-bajar colectivamente, única manera de crear una mejor ciudad.

 

La GAM, las zonas costeras y los sectores rurales podrían crear esos sistemas de ciclorrutas. Esto sería una señal de que nuestro país camina a un buen ritmo como sociedad inclusiva y con espacios públicos democráticos, situación propia de las mejores ciudades del mundo.

 

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2011

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

A finales del siglo XIV, en la península ibérica, mientras Cristóbal Colón buscaba financiamiento para zarpar hacia “tierras asiáticas”, Leonardo da Vinci se las ingeniaba para crear, en la península itálica, uno de sus inventos que originó parte de nuestra vida moderna.

 

Leonardo da Vinci dibujó los primeros croquis de una bicicleta (“dos círculos”), medio de transporte fundamental que se emplea cada día más en las ciudades contemporáneas.

 

Entre los países que utilizan ampliamente la bicicleta están Holanda, España, Dinamarca, China y Colombia. En Holanda, al transitar al lado de un canal se percibe el impacto masivo de las bicicletas en la sociedad.

 

En ese país europeo, plano y lleno de calidades urbanas, el 84% de los holandeses cuenta con al menos una bicicleta, la cual utilizan en la amplia red de ciclovías que recorre más de 17.000 kilómetros.

 

Buen equilibrio. Las bicicletas son un excelente medio de transporte pues contribuyen al ahorro energético y a la mejora de la salud, y son considerablemente económicas.

 

Su forma es una bellísima síntesis de diseño funcional. Contiene la calidad estructural de las formas triangulares, el desplazamiento generado por la circunferencia de la rueda, y la energía y la dirección que le otorga el ser humano.

 

Tal como la conocemos hoy, la bicicleta es el desarrollo de una “máquina andante” creada por el inventor alemán Kart Drais.

 

Su uso ha suscitado gran interés en los mejores urbanistas del siglo XXI. Las bicicletas se unen a los sistemas de transporte público como medio noble, alternativo y ligero, y ayudan a reducir la “huella de carbono” del ambiente.

 

La utilización de las bicicletas es idónea en las ciudades para recorrer distancias menores que siete kilómetros, y resultan ideales si se combinan con los sistemas de transporte masivo, como las líneas de buses, tranvías, subterráneos, etcétera.

 

Buenos ejemplos. La Red de Ciclovías Recreativas de las Américas calcula que unos 2,4 millones ciclistas utilizan las ciclovías construidas a lo largo del continente americano. Por ejemplo, Bogotá cuenta con 121 km de ciclorrutas, en las cuales se desplazan diariamente más de un millón de personas.

 

Dicho ejemplo bogotano empezó en 1975 y contó con el impulso del alcalde Enrique Peñalosa. Él sumó estos ejes ciclísticos al Sistema Integrado de Transporte Público, el cual incluye el Transmilenio, red de buses articulados que transitan por carriles exclusivos.

 

Otro caso en la región es la ciclovía en Quito (Ecuador), de 29 km y creada en el 2003.

 

Sistema más que tramos. Al igual que cualquier transporte urbano exitoso, las ciclovías deben considerarse un sistema, no ejes o rutas lineales independientes.

 

En tal sentido, las ciudades que cuentan con un bajo presupuesto, pueden concebir tramos de esta red de ciclorrutas con solo demarcar la vía pública existente. Esta opción democratiza el espacio público.

 

En Costa Rica, si se intenta evitar accidentes de tránsito, resulta oportuno dar igualdad de condiciones a los peatones, los ciclistas, el transporte público (buses, tranvías y trenes) y los automóviles –en este orden de prelación o prioridad–.

 

El sumar a nuestra infraestructura urbana un sistema metropolitano de ciclovías beneficiará a la ciudadanía y al turismo.

 

Por ejemplo, en Dinamarca se ha comprobado que la salud pública mejora un 40% en la población que utiliza las ciclovías.

 

Otras estrategias son los “domingos en bici”, actividad que ha realizado la Municipalidad de San José y que también se lleva a cabo en ciudades como Bogotá y Santiago de Chile.

 

A su vez, en países como la Argentina se han fomentado las “bicisendas” para emprender paseos turísticos. Esta modalidad podría aplicarse en Costa Rica con ejes de ciclovías que, por ejemplo, conecten San José con el Parque Nacional Braulio Carrillo.

 

De alquiler. Asimismo, en importantes ciudades se ha fomentado el alquiler de bicicletas. En Barcelona se ofrece el servicio “bicing”, sistema proambiental iniciado en el 2007. Se combina con los demás transportes públicos y sirve para realizar viajes de dos horas, como máximo.

 

Ese servicio cuenta con 401 estaciones y 6.000 bicicletas. Para emplearlo, al año se pagan 30 euros (¢21.000). En caso de no devolverse la bicicleta en menos de veinticuatro horas, se cobra una multa de 150 euros (105.000 colones).

 

Una idea similar, “bicicentro”, ejecutan los estudiantes de diseño industrial de la Universidad Nacional de Colombia. Se aplica ese sistema para mejorar la movilidad y el ambiente del centro histórico de Bogotá.

 

Sin embargo, no todos los casos han contado con el sustento idóneo. En Venezuela desaparecieron los 14 kilómetros de ciclovía del municipio del Chacao por falta de man-tenimiento.

 

Hacia un sistema de ciclovías. En Costa Rica fallecen 30 ciclistas al año en promedio; es decir, un 10% de los accidentes de tránsito del país. Por otro lado, en enero del 2009 se creó el primer tramo de ciclovía urbana en Hatillo. Este eje se realizó gracias a un financiamiento de FIA Foundation al Gobierno de Costa Rica y tiene una extensión modesta: 800 metros.

 

Aparte de esa ciclovía hay algunas construidas en zonas costeras, como en sectores de la provincia de Puntarenas.

 

En San José se suma la iniciativa de la organización no gubernamental Aconvivir, presidida por Ramón Pendones y compuesta por ciclistas víctimas de atropellos por conductores ebrios.

 

Ellos promueven la consolidación de ejes de ciclovías dentro de la capital, como la que podría ir desde el este de la ciudad hasta el parque de La Sabana.

 

Claro está que existen potenciales inconvenientes, como el clima tropical y la sinuosidad del suelo. Aún así, ya en nuestras rutas vehiculares transitan diariamente miles de ciclistas, por lo que es oportuno fortalecer nuestro espacio público al incluir ciclovías.

 

En la Gran Área Metropolitana (GAM) podría desarrollarse un circuito de ciclorrutas que se integre a un reformado sistema de transporte masivo de bus, tranvía y tren.

 

Esos cambios beneficiarían a la salud, fomentarían el turismo urbano y serían parte vital del transporte conforme se produzca el repoblamiento del centro de San José. Para lograrlo, es oportuno tra-bajar colectivamente, única manera de crear una mejor ciudad.

 

La GAM, las zonas costeras y los sectores rurales podrían crear esos sistemas de ciclorrutas. Esto sería una señal de que nuestro país camina a un buen ritmo como sociedad inclusiva y con espacios públicos democráticos, situación propia de las mejores ciudades del mundo.