Luis Diego Barahona

La Nación / 17.02.08

Sede de los Museos del BCCR

A finales del siglo XIX, se erigió en San José el Teatro Nacional, considerado el edificio más emblemático de la ciudad. Noventa años después, se construyó en su manzana norte la sede de los Museos del Banco Central de Costa Rica (Museo del Oro Precolombino, Museo de Numismática y Sala de Exhibiciones Temporales), en un edificio subterráneo sobre el cual se construyó la plaza de la Cultura.

 

A pesar de su calidad y debido a la carente difusión, los Museos del BCCR (1978-1982) no han contado con el eco internacional de otros como el Museo de Arte de São Paulo (1968), de Lina Bo Bardi, y el Museo Rufino Tamayo (1985), de Teodoro González de León y Abraham Zabludovsky. La idea del proyecto nace en 1973, cuando se declaró monumento nacional el Teatro Nacional y de interés público la zona aledaña. El Gobierno de Daniel Oduber impulsó esta idea y en el mandato de Rodrigo Carazo se inauguró el proyecto. A su vez se contó con el apoyo de los ministros de cultura y la visión del Banco Central.

 

La propuesta se divide en dos intervenciones adjuntas al teatro.

 

Los museos y la plaza al norte y un conjunto cultural (no construido) en la manzana sur. Este último albergaría un anexo al teatro, un taller de pintura, una escuela de ballet y un salón para la Orquesta Sinfónica Nacional. A estas actuaciones se suma la plaza Juan Mora Fernández. Todo el conjunto recuerda el Plan Pampas para Ámsterdam (1965) de Bakema y Van den Broek. El proyecto fue diseñado por Jorge Bertheau, Jorge Borbón y Edgar Vargas. Ellos fomentaron la convergencia social, ensancharon la avenida Central y celebraron la fachada norte del teatro. A su vez, compusieron la diagonal desde el noreste al suroeste que dinamiza la cuadrícula española. La plaza de 45 x 80 metros (m) otorga una jerarquía al vacío  y vincula las fachadas del entorno —de manera similar a las

plazas italianas.

 

El edificio se zonifica en tres niveles: planta de 4,5 m (plaza de ingreso, pórtico, vestíbulo, tienda, oficinas, cafetería y Museo de Numimástica); planta de 8,5 m (Museo de Oro, exposiciones y servicios del Teatro Nacional) y planta de 12,5 m (Museo de Oro, multiusos, bodegas y jardín).

 

La plaza de acceso insinúa un “mundo diferente” que tiene “un nuevo potencial dinámico”, según Franz Beer.

 

La planta libre permite una circulación no lineal y flexible que remata con el jardín de triple altura donde hay una amplia escalera curva. La luz ingresaba al jardín tamizada por el agua de una fuente que estaba en la plaza y que es idóneo recuperarla.

 

La construcción es en concreto, con entrepisos chorreados en sitio y apoyados sobre una trama rectangular de columnas. Los muros laterales inclinados se construyeron con supercanaletas prefabricadas. Esta obra recuerda la plasticidad corbusiana, el platonismo volumétrico de Louis Kahn y la arquitectura paulista de João Vilanova Artigas.

 

Los museos cuentan con pasamanos de cenízaro y pisos de surá (maderas  preciosa y semipreciosa de Costa Rica). Todos los materiales otorgaron una riqueza a sus texturas. La plaza fue realizada con un proceso híbrido (artesanal y a máquina) en productos de concreto. Los autores seleccionaron las cromáticas heterogéneas del concreto, riqueza que lamentablemente se eliminó en la reciente remodelación.

 

Las instalaciones recogen las aguas abajo en el perímetro y las llevan al sector este, donde suben por bombeo. A su vez, los ductos de ventilación se asoman en la plaza. El edificio se concibió como una bóveda y contó con la asesoría del jefe de la seguridad de Israel.

 

En el 2006, Bertheau y Borbón propusieron una ampliación donde cubrían la plaza de acceso con hongos metálicos translúcidos y creaban una fuente monumental en la esquina noroeste.

 

Los Museos del BCCR —obra de mayor trascendencia urbana del siglo XX en Costa Rica— motivan a impulsar proyectos de gran calidad en el contexto regional. Tanto el teatro como los museos demuestran la voluntad política de construir ciudad, la innovación de los arquitectos en función de la historia y la sociedad y la rigurosidad técnica y de diseño espacial. Por sus características, este proyecto es una obra maestra digna de formar parte de la historia contemporánea de la arquitectura latinoamericana.

Luis Diego Barahona

Domus

Costa Rica

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