Luis Diego Barahona

La Nación / 17.02.08

Tras los juegos, Londres continúa

Cuando el Big Ben (hoy, Elizabeth Tower , Torre Isabel) marque la hora de la finalización de los Juegos Olímpicos, Londres dormirá con la tranquilidad de la labor cumplida, pero sobre todo por continuar mañana –y por dos décadas– la renovación urbana proambiental que la hizo acreedora de organizar dichas justas.

 

En la del 2012, al igual que en la de 1948, las olimpiadas han coincidido con en momentos difíciles: una posterior a una guerra, y la actual, afectada por una crisis económica.

 

Londres cuenta con una sólida planificación urbana y aprovechó estas últimas olimpiadas para desarrollar el este de la ciudad. A su vez, los proyectos de arquitectura mediáticos que han prevalecido en encuentros anteriores han producido obras que respetan el ambiente y que mejoran el tejido urbano. Esto se define como el “gran salto hacia el este” –como dijo el sociólogo Ricky Burdett–, el cual beneficia a más de 10.000 personas.

 

El este londinense ha sido una zona portuaria, con naves industriales, baja actividad económica y una sociedad multicultural que carece de parques, viviendas y equipamiento. Para lograr la adecuación se creó el programa Changing Places. Este animó a la gente a impulsar proyectos que la misma comunidad propuso, como la creación de jardines comunitarios.

 

El Parque Olímpico se sumó a la renovación urbana al despejar el cableado aéreo, al eliminar 15 millones de toneladas de residuos procedentes de parques, ríos y canales, y al construir infraestructuras.

 

La organización procuró utilizar obras existentes, como el estadio Wimbledon, y construir solo los edificios que fueran necesarios. Asimismo, se creó el Parque de la Reina Isabel, del paisajista George Hargreaves, quien aprovechó la riqueza fluvial.

 

Sobresalientes aportes. Entre las sedes destacan el Estadio Olímpico, el Velódromo, el Pabellón de Balonmano y el Centro Acuático. Entre las obras temporales sobresalen los pabellones de baloncesto y los de tiro olímpico, y en menor medida la sede de polo acuático.

 

El Estadio Olímpico, de la empresa Populous, se ubica en una pequeña isla bordeada por dos canales y pasará de albergar 80.000 espectadores a 25.000. La parte que quedará es de hormigón, estará empotrada en el terreno y contiene un anillo perimetral vestibular que alberga tiendas y restaurantes. El sector desmontable tiene una estructura triangulada de acero livianísima, con postes de iluminación en forma de A.

 

El Estadio Olímpico no cae en la tentación de crear costosos voladizos, sino que propone un hábil diseño de cubierta textil autoportante. Esta obra es candidata al Premio Stirling del 2012 y será la sede del West Ham.

 

El Velódromo de Hopkins Architects, es una obra sobresaliente ubicada en una pequeña colina que contó con la experiencia en ciclismo de Mike Taylor (director de la firma) y de un equipo multidisciplinario que colaboró desde el comienzo. El edificio es uno de los pocos permanentes e incluye un vestíbulo perimetral, 6.000 asientos y una pista de 250 metros.

 

Su cubierta de doble curvatura evoca la pista e integra las condicionantes estructurales y climáticas. La ligereza de esta pista se logra gracias a una malla de cables tensados, lo cual generó un ahorro significativo por la poca cantidad de material empleado.

 

El pabellón de Balonmano, de Make, es un edificio de gran factura con una geometría ortogonal y un espacio flexible de gradas retráctiles. Los asientos varían según cada deporte: balonmano (7.000) pentatlón (4.500) y futbol para invidentes (6.000).

 

Su vestíbulo perimetral permite la accesibilidad universal. Entre sus aportes despuntan los 88 lucernarios de 4,5 metros de alto, los cuales ahorran un 40% con respecto a un sistema normal de iluminación.

 

Zambullida preolímpica. El Centro Acuático, de Zaha Hadid, se inspira en las geometrías del agua, y probablemente será recordado más por los logros de Michael Phelps que por sus “formas líquidas”. Esta obra fue concebida prematuramente y se proyectó para ser un icono –según la autora–, pero resulta que está embebida en un parque que aplaude la honradez constructiva y los aportes al ambiente, más que los valores de imagen.

 

El edificio contiene trampolines de forma distinguida, y un cielo raso falso sujetado por “vigas de celosía” relativamente tradicionales y muy pesadas. La obra tuvo una capacidad de 17.500 espectadores, pero se reducirá a 2.000. Esto llevó a la colocación de dos volúmenes desproporcionados en sus laterales, que alteran la forma que propuso Zaha Hadid, arquitecta y diseñadora de zapatos.

 

De manera similar a la rica arquitectura de los nómadas o de las carpas circenses, los juegos olímpicos proyectaron obras “responsables” y temporales con pieles sintéticas sostenidas por estructuras desmontables de acero y con graderíos temporales.

 

El Pabellón de Baloncesto, de Wilkinson Eyre, tiene una capacidad de 12.000 espectadores y 30 metros de altura, y está cubierto con una “piel” blanca de PVC reciclable. La estructura se desmonta en pórticos de acero modulados ensamblados en seis semanas.

 

Los tres Pabellones de Tiro Olímpico, de la firma Magma, son de diferentes tamaños según la competición y están envueltos por una doble membrana sintética. Sus fachadas tienen acentos circulares de colores, los cuales son puertas o permiten el ingreso de la luz y la ventilación.

 

La Sede del Polo Acuático, de David Morley, consiste en un volumen diseñado con un presupuesto bajo. Tiene 5.000 asientos dentro de un espacio interno poco expresivo y una cubierta de PVC que aísla la temperatura.

 

Accionar integral. Aparte de las instalaciones, los organizadores tomaron acuerdos de gran impacto en el transporte, la alimentación y el reciclaje.

 

La movilidad se ha realizado 100% en transporte público y reduciendo la huella de carbono; además, se fomentó el uso de senderos y bicicletas. El agua potable fue gratuita y la comida empleó ingredientes orgánicos (proambientales). A su vez, ningún residuo llegó al relleno sanitario durante los juegos.

 

Las olimpiadas impulsaron la edificación de 8.000 viviendas, 3.000 de las cuales se entregarán en el 2013. Resulta importante la intervención gubernamental para proteger los precios pues un 40% de las viviendas están dirigidas a familias desfavorecidas.

 

Según The Economist , los juegos han preocupado al comercio local pues no suscitaron el movimiento esperado.

 

Aún así, las olimpiadas ayudaron al sector de la construcción en su peor momento. En el futuro cercano se crearán hoteles y oficentros, al tiempo que compañías, como la BBC, se interesan en colocar sus sedes en esos lugares.

 

Londres procedió de un modo socialmente responsable, creó “obras inteligentes” y fortaleció el contexto urbano.

 

Sobre todo, aprovechó a tiempo una oportunidad para actuar, y lo hizo de una manera integral y favorable al ambiente para que los Juegos Olímpicos dejasen a la ciudad un valioso legado que apenas comienza.

Luis Diego Barahona

La Nación

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