Luis Diego Barahona

La Nación / 17.02.08

El navegante rebelde

Cuando en el Mundial Italia 90, la selección de Costa Rica jugó su partido de cuartos de final contra Checoslovaquia en el estadio de Bari, nadie imaginó que el arquitecto de esta obra de franjas que se abren al cielo –el genovés Renzo Piano– levantaría casi dos décadas después un edificio en tierras costarricenses.

 

En efecto, como se anunció hace unas semanas , Piano construirá una escuela rural en el cantón de Mora, una obra que motiva a pensar en el beneficio social y la calidad constructiva y lumínica con que se elaborará.

 

El proyecto, donado por este creador genovés, contará con un aula para preescolar y dos para primaria, y tendrá capacidad para más o menos 40 estudiantes. Piano ha manifestado que la “arquitectura es local por definición”, al tiempo que considera que las nuevas tecnologías realizan un contacto entre la humanidad.

 

Explorador de las formas. Cuenta la leyenda que, estando Cristóbal Colón con un grupo de nobles, estos le preguntaron sobre la complejidad del descubrimiento de las Indias. Colón solicitó un huevo e invitó a mantenerlo en pie sobre la mesa. Al ninguno poder hacerlo, Colón tomó el huevo y, golpeándolo sobre la mesa, logró mantenerlo derecho. Esta anécdota, definida por la Real Academia Española como el “huevo de Colón”, se emplea hoy para referirse a la “cosa que aparenta tener mucha dificultad pero resulta ser fácil al conocer su artificio”.

 

Esta historia también remite al dominio de quien se aventura a navegar en aguas de la exploración, ejercicio que, además de Colón, también han ejecutado personajes como Renzo Piano. El primero es de supuesto origen genovés; el segundo no solo nació allí, sino que es un ilustre habitante de esta ciudad mediterránea.

 

Génova, localizada frente al Mar de Liguria, vio nacer también al arquitecto Leon Battista Alberti (1404-72), maestro renacentista que se dedicó a diseñar edificios, mas nunca dirigió las construcciones. A diferencia de Battista Alberti, Piano se involucra en una exploración intensa desde la concepción de las obras hasta el proceso constructivo. Quizá esto se deba a que es hijo, sobrino y nieto de constructores, legado que transcribió primero en sus diseños de yates y luego en sus obras arquitectónicas.

 

Entre los yates destaca el Kirribilli MAS 60 (1999-2001), caracterizado por su sobriedad e influencia de las líneas de los J-Class de la década del treinta. Entre sus obras arquitectónicas figura el Columbus International Exposition (Génova, 1992), proyecto sobre la arquitectura naviera realizado en el marco de la exposición Cristóbal Colón, el barco y el  mar, que tuvo lugar 500 años después de la llegada de los españoles a América.

 

Taller colectivo. Piano basa su manera de trabajar en un proceso colectivo. En su estudio de más de 40 años de antiguedad –el Renzo Piano Building Workshop (RPBW)– , trabajan desde hace dos décadas unas 30 personas. Piano aprecia la permanencia. “Es necesario trabajar en equipo, crecer y envejecer juntos”, manifiesta.

 

Además, esta forma de trabajar le ha valido el Premio Pritzker –el más importante de la arquitectura mundial–, cuyo jurado mencionó que “aplaude el trabajo de Renzo Piano en la redefinición de la arquitectura moderna y postmoderna”.

 

Piano ha afirmado que “escuchar es el arte de robar” y que tiene una pequeña norma: “nunca comienzo un proyecto sin emplear algo de tiempo en explorar el entorno del emplazamiento, con las manos en los bolsillos, sin hacer nada, simplemente respirando. Es entonces, después de tomarme mi tiempo, cuando comienzo a dibujar”. A su vez, –afirma Peter Buchanan–, Piano “guía y está profundamente implicado en el diseño y desarrollo de todos los proyectos” que dirige. El arquitecto está convencido de que un “buen proyecto nace de escuchar bien”.

 

Para lograr una concentración en sus diseños, Piano cuenta en su estudio con unas cajas de madera, con las que define un límite de encargos en curso. Para iniciar uno nuevo debe desocuparse una caja. A su vez, su aventura arquitectónica la fundamenta –según ha mencionado– en dos raíces: la exploración y la genuina gratitud con la historia y la naturaleza.

 

Esta posición la evidenció en el centro cultural Jean-Marie Tjibaou (Nueva Caledonia, 1991-98), donde representó la tecnología local con una innovación técnica contemporánea. Según Peter Buchanan, esta obra es una “síntesis densamente evocadora del contexto, el cual es global y local simultáneamente”.

 

Para diseñar este centro, Piano y su colaborador Paul Vincent debieron cambiar la manera de analizar la cultura y valorar las técnicas del lugar, para lo cual contó con el antropólogo Alban Bensa. Así propuso un edificio basado en diez volúmenes permeables, que celebran la cultura canaca y que permiten la ventilación natural.

 

Otro caso es la Terminal de Pasajeros del Aeropuerto Internacional Kansai (Osaka, Japón, 1988-94), donde Piano definió un programa arquitectónico complejo que cumple simultáneamente varios objetivos. El aeropuerto sirve a las ciudades de Osaka, Kobe y Kyoto, se encuentra en una isla artificial y es visitado a diario por 100.000 pasajeros. Su forma curva responde a los flujos de aire y está compuesta de 82.000 paneles idénticos de acero inoxidable.

 

Creatividad experimental. “La creatividad se basa en la experimentación”, ha comentado Piano. Él cree que, para proponer ideas innovadoras, debe contarse

con cierta desobediencia, como lo hizo en el Centro Georges Pompidou (París, 1971-77). Esta obra de 100.000 metros cuadrados, codiseñada con Richard Rogers y estructurada por Peter Rice, revolucionó el mundo de la construcción, al igual que lo hizo la torre Eiffel en su momento.

 

La idea de reducir las estructuras al máximo, propuesta por Jean Prouvé, influyó en Piano cuando diseñó este centro, obra emblemática de la arquitectura de tipo high-tech.

 

Piano es un constructor que comprende sus obras “pieza por pieza” y busca que “nada sobre y nada falte”, según ha comentado. Él fusiona la rigurosidad de un artesano con la precisión de la técnica industrial.

 

Nuevos tiempos. Para Piano, la computadora beneficia la exploración técnica, como lo demuestra en el edificio New York Times (Nueva York, 2000- 2007). Este proyecto de 52 pisos y estructura de acero cuenta con una doble fachada conformada por 175.000 barras de cerámica, que actúan como parasoles, lo cual disminuye el calor en el espacio interno.

 

Esta construcción se dirige hacia la calle, y en su interior se circula por escaleras ubicadas en la fachada, que fomentan la comunicación entre los usuarios y el contexto.

 

Lograr la levedad en los espacios gracias a la luz es una prioridad para Piano, quien comenta que le interesa la vibración que ocasiona la iluminación, al tiempo que lo inmaterial de la luz es como la música, emocionalmente hablando. Los espacios ligeros de Piano son un instrumento arquitectónico y su transparencia una calidad poética.

 

Tres ejemplos en Estados Unidos ligados al arte lo ejemplifican: The Menil Collection (Houston, 1982- 87); The Art Institute of Chicago - The Modern Wing (1999-09), y la ampliación del museo Isabella Stewart Gardner (Boston, EE. UU., 2005).

 

El primero fue realizado para Dominique de Menil y calculado por Rice. Ella deseaba crear un museo experimental –similar a un parque–, para lo cual se diseñó una cubierta de fibrocemento y unos aleros que se “desmaterializan” en fachada. El instituto en Chicago expresa la obsesión –como la ha denominado el mismo Piano– por la levedad espacial, al tiempo que se vincula con la vida urbana por medio de espacios públicos y es iluminado por medio de luz natural, principalmente en su planta superior.

 

Utilidad de la profesión. Piano comenta que sin una preocupación por lo social, la arquitectura está vacía. Mucho le ha interesado también la relación entre arte y ciencia, posición que hace eco en el idea de “hacer más con menos”.

 

Estas ideas buscan la libertad social, tal como sucede en el edificio Central St. Giles Court (Londres, 2001, en proceso). Este conjunto de uso mixto contó con talleres participativos y con una vocación de renovación urbana.

 

Ahora se sumará la escuela rural propuesta en Costa Rica, país que ha creado un vínculo con naturaleza y con los mares que la bordean y que próximamente contará con una obra de este “ilustre na vegante”, para quien la “arquitectura es una aventura”.

Luis Diego Barahona

La Nación

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