LDB Arquitectura

Alejandro Aravena, ganador del premio Premio Pritzker, la arquitectura amplificada

A mediados de los años 60, el arquitecto y presidente de Perú Fernando Belaúnde Terry y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) convocaron el concurso de vivienda de autoconstrucción PREVI en Lima. El esfuerzo fomentó el concepto de “vivienda progresiva”, aquella que crece con el tiempo, según las necesidades de sus habitantes y suman al espacio público comunitario. Sin duda fue el concurso más importante de autoconstrucción del mundo durante el siglo XX.

 

En el 2003, el arquitecto chileno Alejandro Aravena (Santiago, 1967) lideró el Concurso Internacional Elemental Chile, junto a Pablo Allard y Andrés lacobelli. Se inspiró en el de PREVI en Lima y premió a siete propuestas, de las cuales cuatro han sido construidas a la fecha, según comenta el arquitecto y experto en vivienda Josep Maria Montaner, en su libro La condición contemporánea de la arquitectura (2015).

 

Como proyecto demostrativo al concurso, se construyeron las Viviendas Sociales Quinta Monroy, diseñadas por Aravena (Iquique, Chile, 2004). En estas, al no contar con el recurso económico para construir la casa completa, la vivienda deja un espacio previsto para un crecimiento posterior, el cual dobla el área original. Esta innovación de potenciar el espacio con presupuestos compactos, recuerda la exquisitas obras de los franceses Lacaton & Vassal. En ambos casos –Aravena y Lacaton & Vassal– recuerdan la postura de Richar Buckminster Fuller de hacer más con menos, muy oportuna para la época actual.

 

De forma paralela, Aravena –quien fue profesor en Harvard (2000-2005)– ha proyectado edificios en el campo educativo, los cuales dignifican al usuario. A continuación, tres ejemplos. Uno es la Facultad de Matemáticas de la Universidad Católica de Chile (1999), que conserva el eje por donde la gente acostumbraba a atravesar el sector donde se construyó. También, las Torres Siamesas, en el Campus San Joaquín de la Universidad Católica de Chile (2005), en las que crea una doble fachada para adaptarse al clima y vincularse al contexto por medio de un volumen fragmentado en su parte superior y un espacio público en la planta baja.

 

Asimismo, Aravena proyectó el Centro de Innovación Anacleto Angelini, ubicado en el Campus San Joaquín de la Universidad Católica de Chile (Santiago, 2014). En este caso, la obra se vincula al mundo del arte, donde trae a la memoria esculturas del inglés Henry Moore y del español Jorge Oteiza. El arquitecto en este centro replantea la escala de las aberturas, rememora la antigua caverna prehistórica y recuerda obras chilenas como la extraordinaria Casa Poli, de Pezo von Ellrichshausen.

 

Fuera de la hoja. En la mayoría de sus obras, Aravena busca repensar la esencia de la arquitectura, al ser potente en la síntesis, hábil en la expresión y plural en los campos en los que busca las respuestas. Es por esto que el impacto positivo de sus planteamientos repercuten en la vida política, economía y social.

 

Motivados por estas características, el Premio Pritzker, el más prestigioso en el mundo de arquitectura, le otorgó el galardón de este año a Aravena.

 

Se reconoce la labor de haber desarrollado proyectos como el caso de Elemental, en que se han construido más de 2.500 viviendas sociales. Para el jurado, él “personifica el renacimiento de un arquitecto comprometido socialmente, para hacer frente a la crisis mundial de la vivienda y la lucha por un mejor entorno urbano para todos”.

 

Aravena es el cuarto latinoamericano en recibir la distinción entre los 39 laureados. Se coloca después de Luis Barragán (1980, México), Oscar Niemeyer (1988, Brasil) y Paulo Mendes da Rocha (2006, Brasil). Quizá, siempre se lamente el hecho de que nunca se le diera el reconocimiento al colombiano Rogelio Salmona.

 

El 4 de abril se le entregará a Aravena este honor en la sede de Naciones Unidas en Nueva York (cada año se elige una locación distinta en el mundo). Es un espacio acorde con los principios de buscar la paz internacional, por medio de la equidad social.

 

De esta forma, el Pritzker –patrocinado por la Fundación Hyatt– dirige la atención hacia la llamada “arquitectura social”; el premio “envía un mensaje casi contrapuesto al que ha lanzado en otros tiempos: es más urgente aprender bien gramática que escribir la gran novela”, comentó recientemente la periodista Anatxu Zabalbeascoa.

 

Aprendiendo de lo elemental. En el 2004, cuando visitó Costa Rica, Aravena inició su ponencia mostrando su diseño de silla llamada Chairless, banda textil de 85 centímetros y 85 gramos, la cual bordea el cuerpo y forma parte de la colección del Museo de Diseño Vitra en Alemania.

 

Esta silla se basa en un anillo textil similar que usaban los indios ayoreo, tribu nómada que vive en la región del Gran Chaco, entre Paraguay y Bolivia. No se asemeja a las sillas que conocemos; es necesario “volver a aprender” los planteamientos elementales de nuestras culturas.

 

En este sentido, aprender de lo elemental puede favorecernos para escribirnos un futuro con repuestas más abiertas y colectivas y nos invite a “salirnos de la hoja” en nuestras respuestas. Y, sobre todo, nos lleve a crear nuestro nuevo hábitat construido, algo que Alejandro Aravena ha logrado al amplificar los alcances de la arquitectura actual.

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2016

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

A mediados de los años 60, el arquitecto y presidente de Perú Fernando Belaúnde Terry y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) convocaron el concurso de vivienda de autoconstrucción PREVI en Lima. El esfuerzo fomentó el concepto de “vivienda progresiva”, aquella que crece con el tiempo, según las necesidades de sus habitantes y suman al espacio público comunitario. Sin duda fue el concurso más importante de autoconstrucción del mundo durante el siglo XX.

 

En el 2003, el arquitecto chileno Alejandro Aravena (Santiago, 1967) lideró el Concurso Internacional Elemental Chile, junto a Pablo Allard y Andrés lacobelli. Se inspiró en el de PREVI en Lima y premió a siete propuestas, de las cuales cuatro han sido construidas a la fecha, según comenta el arquitecto y experto en vivienda Josep Maria Montaner, en su libro La condición contemporánea de la arquitectura (2015).

 

Como proyecto demostrativo al concurso, se construyeron las Viviendas Sociales Quinta Monroy, diseñadas por Aravena (Iquique, Chile, 2004). En estas, al no contar con el recurso económico para construir la casa completa, la vivienda deja un espacio previsto para un crecimiento posterior, el cual dobla el área original. Esta innovación de potenciar el espacio con presupuestos compactos, recuerda la exquisitas obras de los franceses Lacaton & Vassal. En ambos casos –Aravena y Lacaton & Vassal– recuerdan la postura de Richar Buckminster Fuller de hacer más con menos, muy oportuna para la época actual.

 

De forma paralela, Aravena –quien fue profesor en Harvard (2000-2005)– ha proyectado edificios en el campo educativo, los cuales dignifican al usuario. A continuación, tres ejemplos. Uno es la Facultad de Matemáticas de la Universidad Católica de Chile (1999), que conserva el eje por donde la gente acostumbraba a atravesar el sector donde se construyó. También, las Torres Siamesas, en el Campus San Joaquín de la Universidad Católica de Chile (2005), en las que crea una doble fachada para adaptarse al clima y vincularse al contexto por medio de un volumen fragmentado en su parte superior y un espacio público en la planta baja.

 

Asimismo, Aravena proyectó el Centro de Innovación Anacleto Angelini, ubicado en el Campus San Joaquín de la Universidad Católica de Chile (Santiago, 2014). En este caso, la obra se vincula al mundo del arte, donde trae a la memoria esculturas del inglés Henry Moore y del español Jorge Oteiza. El arquitecto en este centro replantea la escala de las aberturas, rememora la antigua caverna prehistórica y recuerda obras chilenas como la extraordinaria Casa Poli, de Pezo von Ellrichshausen.

 

Fuera de la hoja. En la mayoría de sus obras, Aravena busca repensar la esencia de la arquitectura, al ser potente en la síntesis, hábil en la expresión y plural en los campos en los que busca las respuestas. Es por esto que el impacto positivo de sus planteamientos repercuten en la vida política, economía y social.

 

Motivados por estas características, el Premio Pritzker, el más prestigioso en el mundo de arquitectura, le otorgó el galardón de este año a Aravena.

 

Se reconoce la labor de haber desarrollado proyectos como el caso de Elemental, en que se han construido más de 2.500 viviendas sociales. Para el jurado, él “personifica el renacimiento de un arquitecto comprometido socialmente, para hacer frente a la crisis mundial de la vivienda y la lucha por un mejor entorno urbano para todos”.

 

Aravena es el cuarto latinoamericano en recibir la distinción entre los 39 laureados. Se coloca después de Luis Barragán (1980, México), Oscar Niemeyer (1988, Brasil) y Paulo Mendes da Rocha (2006, Brasil). Quizá, siempre se lamente el hecho de que nunca se le diera el reconocimiento al colombiano Rogelio Salmona.

 

El 4 de abril se le entregará a Aravena este honor en la sede de Naciones Unidas en Nueva York (cada año se elige una locación distinta en el mundo). Es un espacio acorde con los principios de buscar la paz internacional, por medio de la equidad social.

 

De esta forma, el Pritzker –patrocinado por la Fundación Hyatt– dirige la atención hacia la llamada “arquitectura social”; el premio “envía un mensaje casi contrapuesto al que ha lanzado en otros tiempos: es más urgente aprender bien gramática que escribir la gran novela”, comentó recientemente la periodista Anatxu Zabalbeascoa.

 

Aprendiendo de lo elemental. En el 2004, cuando visitó Costa Rica, Aravena inició su ponencia mostrando su diseño de silla llamada Chairless, banda textil de 85 centímetros y 85 gramos, la cual bordea el cuerpo y forma parte de la colección del Museo de Diseño Vitra en Alemania.

 

Esta silla se basa en un anillo textil similar que usaban los indios ayoreo, tribu nómada que vive en la región del Gran Chaco, entre Paraguay y Bolivia. No se asemeja a las sillas que conocemos; es necesario “volver a aprender” los planteamientos elementales de nuestras culturas.

 

En este sentido, aprender de lo elemental puede favorecernos para escribirnos un futuro con repuestas más abiertas y colectivas y nos invite a “salirnos de la hoja” en nuestras respuestas. Y, sobre todo, nos lleve a crear nuestro nuevo hábitat construido, algo que Alejandro Aravena ha logrado al amplificar los alcances de la arquitectura actual.