LDB Arquitectura

Arquitectura Viva

¿Es la arquitectura vertical la solución a los problemas urbanísticos que enfrenta el mundo? Mientras unos aseguran que acercar los espacios habitables entre sí y a los servicios básicos es la solución para mejorar la calidad de vida, otros más reticentes, abogan por la privacidad, la segregación y la vuelta al campo.

 

Los espacios donde se desarrolla la vida humana han evolucionado con los años, en sintonía con las nuevas dinámicas sociales. Así, los sitios habitables se han ido materializando en apartamentos (de diversos tamaños), condominios (cada vez más aislados), los “gates comunities” y también los cada vez más apatecidos “lofts”. Para comprender este fenómeno, basta echar un vistazo a la historia, la realidad y las más atrevidas proyecciones.

 

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, se fortaleció la arquitectura moderna, y con ella, los cambios se hicieron imperativos. El racionalismo, con sus formas y colores reducidos, con su ligereza y transparencia, empezó a posicionarse como símbolo del progreso y la libertad. No hay duda: en materia de construcciones ocurrieron cambios significativos y hasta desproporcionados.

 

Con puntos de partida como obras del gran arquitecto alemán Ludwing Mies van der Rohe – referencia obligatoria en materia de arquitectura-, se empezó a marcar una nueva pauta en materia de construcción de obras comerciales y también residenciales. El edificio de oficinas Seagram Building, en Park Avenue, Nueva York (1954- 1958) es testimonio de esta propuesta original que luego fue

imitada por muchos otros, durante largos años.

 

Mies van der Rohe buscó la forma más pura, y para lograrlo, renunció a las ornamentaciones. Ante todo, defendió los principios  de “menos es más” y “tan sencillo como sea posible, cueste lo que cueste”, que hasta la actualidad son muy respetados en el gremio arquitectónico.

 

Nacieron así los edificios de apartamentos en plena ciudad con solo líneas y ángulos rectos, sin ninguna decoración complementaria ni colores más allá de los propios del material.

 

Estos cambios también fueron el fruto de una necesidad económica imperiosa que no podía postergarse por más tiempo. Europa y gran  parte de Asia oriental estaban completamente en ruinas, y la prioridad era dar techo y albergue a millones de personas en el menor tiempo posible.

 

Ciudades planeadas

 

La historia cuenta que algunos planificadores urbanísticos y arquitectos no pudieron disimular su satisfacción en este intento. Esta era la oportunidad que soñaban aquellos que abogaban por construir nuevas ciudades. Otra figura clave en este proceso es el arquitecto Charles-Édouard Jeanneret, conocido como Le Corbusier, quien defendía como vehemencia la idea de que en la Era Moderna debían concebirse viviendas de una manera distinta. Su propósito era construir el espacio habitable necesario en un área mucho más reducida, para que quedar mucho espacio libre… y lograr mayor cercanía e interacción entre las viviendas y el entorno.

 

Así nació el proyecto –su sueño- de una “unité d’habitacion” en Marsella. Cabe destacar –para favorecer la comprensión- que la “unité d’habitacion” de Le Corbusier es una propuesta con 23 pisos distintos que se cruzan entre un hormigón entramado y poseen, a media altura, una zona comercial de dos plantas que se extiende a lo largo de 135 metros. En esta edificación hay también sala de actos, restaurante, lavadero, azotea jardín con área deportiva y hasta

guardería.

 

Fue así como aparecieron en el mundo enormes bloques de hormigón armado, y apaisados con más o menos elementos de sombreado, para proteger los pisos del sol y todas las asimetrías posibles. En Japón, Kenzo Tange hizo lo propio al proponer, en esta misma línea, el Plan de Ordenación y Ampliación de Tokio – entonces una ciudad de más de 10 millones de habitantes-, cuyo eje vial fuera

la columna vertebral del sistema.

 

Desde 1914, Le Corbusier ya había inventado un sistema de construcción por montaje “dominó”, en el cual el armazón, los postes, los techos y las escaleras son prefabricados, de modo que pueden combinarse en las más diversas formas.

 

Bajo las nuevas premisas, en 1957 se empezó a construir la nueva capital de Brasil, dividida según sus funciones y las zonas de circulación de vehículos y peatones.

 

No puede cerrarse el tema de las viviendas en vertical sin referirse a Frank Lloyd Wright, uno de los arquitectos de mayor trayectoria en los Estados Unidos, conocido por su mirada futurista y su capacidad modernista. La propuesta de Lloyd en Boadacre City, hace contraparte a Le Corbusier e intenta levantar la idea de la vuelta al campo. Esto es conocido como urbanismo orgánico, una reacción ante del racionalismo europeo.

 

Los beneficios y también las cuestionantes empezaron a surgir, pero ya el legado de Mies van der Rohe, Le Corbusier, Frank Lloyd Wright y Kenzo Tange se había hecho extensivo a todo el mundo y con él, el de las viviendas juntas y la arquitectura vertical.

 

Nuevas opciones

 

En los últimos cinco años, en Costa Rica ha habido un repunte en la construcción de espacios habitables, y ha surgido una infinidad de propuestas que cada vez comparten más características. Así, existen al menos tres espacios distintos que en teoría –no así en la práctica- son los más apetecidos para vivir.

 

El primero y más conocido son los apartamentos. Según explica el arquitecto Luis Diego Barahona, un apartamento es la síntesis de una casa, lo mínimo de cada cosa, y generalmente está más fragmentado que las residencias. En ocasiones, pueden ser parte de un todo, es decir, de un conjunto de apartamentos.

 

Según el Código Urbano de Costa Rica, “es el conjunto de varias habitaciones que con un fin determinado ocupan todo o parte de un piso o edificio, o bien parte de varios pisos”.

 

Como segunda opción destacan los condominios, que son espacios donde el usuario tiene cochera asegurada y bodega, donde se elige una vida intramuros con un guarda.

 

“El condominio es una propiedad privada de carácter colectivo. Se tiene derecho a un porcentaje de espacios comunes: infraestructura, áreas recreativas, parqueos, áreas verdes, vigilancia”, afirma la arquitecta Eugenia Solís.

 

Por su parte, el arquitecto Adrián Jirón señala “… Cada cual tiene sus normas, pero me parece que cada vez más esto está vinculado al concepto de ‘gates comunities’ que son finalmente comunidades de acceso restringido: urbanizaciones cerradas o barrios cerrados en donde hay que solicitar permiso para ingresar y acatar una serie de normativas de los propietarios. En Guatemala o México, casi todo el mundo vive así o quisiera hacerlo por un asunto sobre todo de seguridad”, señaló.

 

Novedad industrial

 

La propuesta de vivienda más innovadora es la de los “lofts”. Estos últimos son espacios amplios y diáfanos ubicados en antiguos edificios industriales, que acostumbran a dejar la estructura y las instalaciones a simple vista. Generalmente son espacios con una altura importante, muy luminosos y transparentes y con calidades mucho mejores que el promedio.

 

En Costa Rica, los “lofts” genuinos que aprovechan los espacios industriales son inexistentes, pero ha tomado gran fuerza el concepto de espacio tipo “loft”, lo que quiere decir que es una construcción que resuelve el espacio interior al estilo “loft”.

 

“Hoy la gente está construyendo ‘lofts’ sin tener que remodelar ninguna bodega porque el concepto de ‘loft’ ha trascendido: se piensa como un solo contenedor donde uno resuelve todas las necesidades de una vivienda. Ahora también se construyen viviendas utilizando el mismo concepto espacial”, recalca Jirón.

 

De igual forma, el arquitecto Barahona señala que en estos espacios tipo “loft” son muy importantes la arquitectura interior y los muebles. “Todo depende de la forma como se dispongan los elementos internos: camas, esculturas, paredes ligeras. “Loft” hoy tiene una connotación para describir un espacio”.

 

¿Vivir a la altura?

 

Después de unos años y tantos cambios, el mundo ha empezado a hacer conciencia de que a pesar de las múltiples planificaciones, ninguna metrópoli europea ni mucho menos latinoamericana está preparada para una transformación tan radical como la que inicialmente se propuso en Brasilia.

 

Hoy, aunque lo que planteaba Le Corbusier sobre la urbanización no parece posible, es necesario –o, mejor dicho, imprescindibleintentar algo semejante con ahínco.

 

Para el arquitecto Eduardo Brenes, director del equipo que impulsa el Plan de Desarrollo Urbano en Costa Rica desde la sede de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), es tiempo de que la humanidad y los costarricenses seamos conscientes de que el sector de la construcción es el mayor responsable del consumo energético y de la generación de residuos sobre todas las actividades

humanas (lo cual se agrava dado que la construcción es la actividad más inerte). Por ello, más que nada, se hace necesaria la obtención de un modelo de construcción sostenible y funcional. Este modelo debe poder aplicarse a cualquier tipo de construcción y permitir el mayor respeto medioambiental con el menor costo posible, y a la vez facilitar el disfrute de las relaciones humanas.

 

San José no es la excepción. Debido al crecimiento exponencial de la población humana y a su frenética actividad de generación de riqueza, el impacto ambiental que se produce es cada vez mayor, con el consiguiente peligro de agotamiento de recursos, escasez de energía y saturación de emisiones y residuos, entre

otros muchos. Observar fotografías de la zona de Escazú y Santa Ana muestran como cada vez las urbanizaciones se van acercando a las montañas y las vistas aéreas denotan un desorden que afecta hasta la distribución del agua y la recolección de basura. Nuestro Plan de Desarrollo urbano lo que propone, entre otras cosas, es esconder el cableado público para embellecer la ciudad, pero además, incentivar el regreso de los ticos a la ciudad mediante edificios habitables de varios pisos que logren empatar con el entorno urbano existente. Es decir, no se trata de cubrir la capital con rascacielos costosos y poco funcionales, sino de crear las condiciones óptimas en estructuras, servicios y seguridad, que permitan que los ticos puedan acercar su vida a la de sus trabajos

y actividades sociales.

 

“Cuando uno habla de volver a la ciudad y de vivir en vertical, algunas personas se muestran reticentes y aseguran que al tico no le gusta este tipo de vida, que es peligroso vivir en la ciudad, que San José es feo. Sin embargo, yo me pregunto cuántas desearían evitarse las congestiones de las horas pico todos los días, y poder disfrutar unas horas más de ocio con los hijos o simplemente descansar”, dice Eduardo Brenes.

 

“Hay que remodelar la ciudad para hacerla hermosa. Nadie va a irse a la ciudad si es fea. Es necesario hacer proyectos conjuntos de remodelación y construcción de nuevos espacios”, concluyó Jirón. Al preguntarle sobre la vialidad del Plan de Desarrollo Urbano, hay todo tipo de opiniones; algunas totalmente en contra, y otras a favor. Lo cierto es que todos coinciden en que es necesario establecer nuevos parámetros para que nuestras construcciones no violenten nuestra vida y la de los que vendrán.

 

“No se trata de pensar si es posible poner a funcionar el Plan de Desarrollo Urbano, se trata de pensar qué debe hacerse –y pronto- porque, si no, los efectos serán devastadores”, concluyó el arquitecto Brenes.

Alejandra Vargas

Su Casa

Costa Rica

2004

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

¿Es la arquitectura vertical la solución a los problemas urbanísticos que enfrenta el mundo? Mientras unos aseguran que acercar los espacios habitables entre sí y a los servicios básicos es la solución para mejorar la calidad de vida, otros más reticentes, abogan por la privacidad, la segregación y la vuelta al campo.

 

Los espacios donde se desarrolla la vida humana han evolucionado con los años, en sintonía con las nuevas dinámicas sociales. Así, los sitios habitables se han ido materializando en apartamentos (de diversos tamaños), condominios (cada vez más aislados), los “gates comunities” y también los cada vez más apatecidos “lofts”. Para comprender este fenómeno, basta echar un vistazo a la historia, la realidad y las más atrevidas proyecciones.

 

Con el fin de la Segunda Guerra Mundial, se fortaleció la arquitectura moderna, y con ella, los cambios se hicieron imperativos. El racionalismo, con sus formas y colores reducidos, con su ligereza y transparencia, empezó a posicionarse como símbolo del progreso y la libertad. No hay duda: en materia de construcciones ocurrieron cambios significativos y hasta desproporcionados.

 

Con puntos de partida como obras del gran arquitecto alemán Ludwing Mies van der Rohe – referencia obligatoria en materia de arquitectura-, se empezó a marcar una nueva pauta en materia de construcción de obras comerciales y también residenciales. El edificio de oficinas Seagram Building, en Park Avenue, Nueva York (1954- 1958) es testimonio de esta propuesta original que luego fue

imitada por muchos otros, durante largos años.

 

Mies van der Rohe buscó la forma más pura, y para lograrlo, renunció a las ornamentaciones. Ante todo, defendió los principios  de “menos es más” y “tan sencillo como sea posible, cueste lo que cueste”, que hasta la actualidad son muy respetados en el gremio arquitectónico.

 

Nacieron así los edificios de apartamentos en plena ciudad con solo líneas y ángulos rectos, sin ninguna decoración complementaria ni colores más allá de los propios del material.

 

Estos cambios también fueron el fruto de una necesidad económica imperiosa que no podía postergarse por más tiempo. Europa y gran  parte de Asia oriental estaban completamente en ruinas, y la prioridad era dar techo y albergue a millones de personas en el menor tiempo posible.

 

Ciudades planeadas

 

La historia cuenta que algunos planificadores urbanísticos y arquitectos no pudieron disimular su satisfacción en este intento. Esta era la oportunidad que soñaban aquellos que abogaban por construir nuevas ciudades. Otra figura clave en este proceso es el arquitecto Charles-Édouard Jeanneret, conocido como Le Corbusier, quien defendía como vehemencia la idea de que en la Era Moderna debían concebirse viviendas de una manera distinta. Su propósito era construir el espacio habitable necesario en un área mucho más reducida, para que quedar mucho espacio libre… y lograr mayor cercanía e interacción entre las viviendas y el entorno.

 

Así nació el proyecto –su sueño- de una “unité d’habitacion” en Marsella. Cabe destacar –para favorecer la comprensión- que la “unité d’habitacion” de Le Corbusier es una propuesta con 23 pisos distintos que se cruzan entre un hormigón entramado y poseen, a media altura, una zona comercial de dos plantas que se extiende a lo largo de 135 metros. En esta edificación hay también sala de actos, restaurante, lavadero, azotea jardín con área deportiva y hasta

guardería.

 

Fue así como aparecieron en el mundo enormes bloques de hormigón armado, y apaisados con más o menos elementos de sombreado, para proteger los pisos del sol y todas las asimetrías posibles. En Japón, Kenzo Tange hizo lo propio al proponer, en esta misma línea, el Plan de Ordenación y Ampliación de Tokio – entonces una ciudad de más de 10 millones de habitantes-, cuyo eje vial fuera

la columna vertebral del sistema.

 

Desde 1914, Le Corbusier ya había inventado un sistema de construcción por montaje “dominó”, en el cual el armazón, los postes, los techos y las escaleras son prefabricados, de modo que pueden combinarse en las más diversas formas.

 

Bajo las nuevas premisas, en 1957 se empezó a construir la nueva capital de Brasil, dividida según sus funciones y las zonas de circulación de vehículos y peatones.

 

No puede cerrarse el tema de las viviendas en vertical sin referirse a Frank Lloyd Wright, uno de los arquitectos de mayor trayectoria en los Estados Unidos, conocido por su mirada futurista y su capacidad modernista. La propuesta de Lloyd en Boadacre City, hace contraparte a Le Corbusier e intenta levantar la idea de la vuelta al campo. Esto es conocido como urbanismo orgánico, una reacción ante del racionalismo europeo.

 

Los beneficios y también las cuestionantes empezaron a surgir, pero ya el legado de Mies van der Rohe, Le Corbusier, Frank Lloyd Wright y Kenzo Tange se había hecho extensivo a todo el mundo y con él, el de las viviendas juntas y la arquitectura vertical.

 

Nuevas opciones

 

En los últimos cinco años, en Costa Rica ha habido un repunte en la construcción de espacios habitables, y ha surgido una infinidad de propuestas que cada vez comparten más características. Así, existen al menos tres espacios distintos que en teoría –no así en la práctica- son los más apetecidos para vivir.

 

El primero y más conocido son los apartamentos. Según explica el arquitecto Luis Diego Barahona, un apartamento es la síntesis de una casa, lo mínimo de cada cosa, y generalmente está más fragmentado que las residencias. En ocasiones, pueden ser parte de un todo, es decir, de un conjunto de apartamentos.

 

Según el Código Urbano de Costa Rica, “es el conjunto de varias habitaciones que con un fin determinado ocupan todo o parte de un piso o edificio, o bien parte de varios pisos”.

 

Como segunda opción destacan los condominios, que son espacios donde el usuario tiene cochera asegurada y bodega, donde se elige una vida intramuros con un guarda.

 

“El condominio es una propiedad privada de carácter colectivo. Se tiene derecho a un porcentaje de espacios comunes: infraestructura, áreas recreativas, parqueos, áreas verdes, vigilancia”, afirma la arquitecta Eugenia Solís.

 

Por su parte, el arquitecto Adrián Jirón señala “… Cada cual tiene sus normas, pero me parece que cada vez más esto está vinculado al concepto de ‘gates comunities’ que son finalmente comunidades de acceso restringido: urbanizaciones cerradas o barrios cerrados en donde hay que solicitar permiso para ingresar y acatar una serie de normativas de los propietarios. En Guatemala o México, casi todo el mundo vive así o quisiera hacerlo por un asunto sobre todo de seguridad”, señaló.

 

Novedad industrial

 

La propuesta de vivienda más innovadora es la de los “lofts”. Estos últimos son espacios amplios y diáfanos ubicados en antiguos edificios industriales, que acostumbran a dejar la estructura y las instalaciones a simple vista. Generalmente son espacios con una altura importante, muy luminosos y transparentes y con calidades mucho mejores que el promedio.

 

En Costa Rica, los “lofts” genuinos que aprovechan los espacios industriales son inexistentes, pero ha tomado gran fuerza el concepto de espacio tipo “loft”, lo que quiere decir que es una construcción que resuelve el espacio interior al estilo “loft”.

 

“Hoy la gente está construyendo ‘lofts’ sin tener que remodelar ninguna bodega porque el concepto de ‘loft’ ha trascendido: se piensa como un solo contenedor donde uno resuelve todas las necesidades de una vivienda. Ahora también se construyen viviendas utilizando el mismo concepto espacial”, recalca Jirón.

 

De igual forma, el arquitecto Barahona señala que en estos espacios tipo “loft” son muy importantes la arquitectura interior y los muebles. “Todo depende de la forma como se dispongan los elementos internos: camas, esculturas, paredes ligeras. “Loft” hoy tiene una connotación para describir un espacio”.

 

¿Vivir a la altura?

 

Después de unos años y tantos cambios, el mundo ha empezado a hacer conciencia de que a pesar de las múltiples planificaciones, ninguna metrópoli europea ni mucho menos latinoamericana está preparada para una transformación tan radical como la que inicialmente se propuso en Brasilia.

 

Hoy, aunque lo que planteaba Le Corbusier sobre la urbanización no parece posible, es necesario –o, mejor dicho, imprescindibleintentar algo semejante con ahínco.

 

Para el arquitecto Eduardo Brenes, director del equipo que impulsa el Plan de Desarrollo Urbano en Costa Rica desde la sede de la Compañía Nacional de Fuerza y Luz (CNFL), es tiempo de que la humanidad y los costarricenses seamos conscientes de que el sector de la construcción es el mayor responsable del consumo energético y de la generación de residuos sobre todas las actividades

humanas (lo cual se agrava dado que la construcción es la actividad más inerte). Por ello, más que nada, se hace necesaria la obtención de un modelo de construcción sostenible y funcional. Este modelo debe poder aplicarse a cualquier tipo de construcción y permitir el mayor respeto medioambiental con el menor costo posible, y a la vez facilitar el disfrute de las relaciones humanas.

 

San José no es la excepción. Debido al crecimiento exponencial de la población humana y a su frenética actividad de generación de riqueza, el impacto ambiental que se produce es cada vez mayor, con el consiguiente peligro de agotamiento de recursos, escasez de energía y saturación de emisiones y residuos, entre

otros muchos. Observar fotografías de la zona de Escazú y Santa Ana muestran como cada vez las urbanizaciones se van acercando a las montañas y las vistas aéreas denotan un desorden que afecta hasta la distribución del agua y la recolección de basura. Nuestro Plan de Desarrollo urbano lo que propone, entre otras cosas, es esconder el cableado público para embellecer la ciudad, pero además, incentivar el regreso de los ticos a la ciudad mediante edificios habitables de varios pisos que logren empatar con el entorno urbano existente. Es decir, no se trata de cubrir la capital con rascacielos costosos y poco funcionales, sino de crear las condiciones óptimas en estructuras, servicios y seguridad, que permitan que los ticos puedan acercar su vida a la de sus trabajos

y actividades sociales.

 

“Cuando uno habla de volver a la ciudad y de vivir en vertical, algunas personas se muestran reticentes y aseguran que al tico no le gusta este tipo de vida, que es peligroso vivir en la ciudad, que San José es feo. Sin embargo, yo me pregunto cuántas desearían evitarse las congestiones de las horas pico todos los días, y poder disfrutar unas horas más de ocio con los hijos o simplemente descansar”, dice Eduardo Brenes.

 

“Hay que remodelar la ciudad para hacerla hermosa. Nadie va a irse a la ciudad si es fea. Es necesario hacer proyectos conjuntos de remodelación y construcción de nuevos espacios”, concluyó Jirón. Al preguntarle sobre la vialidad del Plan de Desarrollo Urbano, hay todo tipo de opiniones; algunas totalmente en contra, y otras a favor. Lo cierto es que todos coinciden en que es necesario establecer nuevos parámetros para que nuestras construcciones no violenten nuestra vida y la de los que vendrán.

 

“No se trata de pensar si es posible poner a funcionar el Plan de Desarrollo Urbano, se trata de pensar qué debe hacerse –y pronto- porque, si no, los efectos serán devastadores”, concluyó el arquitecto Brenes.