LDB Arquitectura

3° Congreso Líneas “El espacio como gran Protagonista”

La Sede del Colegio de Ingenieros y Arquitectos de Costa Rica fue, nuevamente, escenario para la realización de un Congreso Líneas. Anteriormente, este foro arquitectónico explotó la seducción de la forma y el placer de la luz. En esta tercera ocasión el eje central encontró su inspiración en el espacio, tema de mucha actualidad a nivel mundial y que fue debatido por figuras latinoamericanas de reconocido prestigio.

 

Así, el espacio se convirtió en verdadero protagonista. Según comentó a Estilos y Casas el Arq. Luis Diego Barahona, organizador del evento, para este año el congreso propuso una reflexión entre las nuevas expresiones arquitectónicas de vanguardia internacional y el valor de los lineamientos latinoamericanos contemporáneos.

 

“La informalidad del espacio”, título de la actividad, tomó como punto de partida al afamado ingeniero europeo Cecil Balmond y a la firma internacional ARUP. Ambos se encuentran, en estos momentos, realizando diversos trabajos cuya naturaleza ha llamado la atención de arquitectos e ingenieros de todos los países.

 

Sobresalen, entre otros proyectos, el cálculo estructural de la nueva zona cero de Nueva York y un edificio en Beijing valorado en 600 millones de dólares.

 

La exposición “Informal –le génie du posible”, ofrecida por Balmond a sus colegas en mayor del 2004 en Bordeaux, sirvió de invitación para que este 3° Congreso Líneas posara su mirada, en los nuevos replanteamientos en cuanto al espacio y a la estructura.

 

Panel de lujo

 

Los encargados de brindar su punto de vista fueron cuatro arquitectos de renombre internacional: Felipe Assadi, de Chile; Rafael Iglesia, de Argentina; y los mexicanos Carlos Mijares y Francisco Serrano, quienes guiaron a los asistentes al foro por la línea del espacio y sus repercusiones.

 

El encanto del pasado y el deber del arquitecto de traerlo al presente, pero modificado en su forma y función, así como la necesidad de crear consciencia de que la arquitectura tiene una responsabilidad social fueron algunas de las conclusiones más relevantes de este encuentro.

 

Profesionales en arquitectura y carreras afines, estudiantes e invitados en general fueron testigos de importantes comentarios que generaron a su vez un debate inteligente y equilibrado, como en otras ocasiones ha sucedido en las actividades organizadas por Líneas, que además es la editorial de la colección de libros de arquitectura del mismo nombre.

 

Estilos y Casas estuvo presente en este tercer congreso y a continuación le brinda algunas de las apreciaciones más sobresalientes.

 

Carlos Mijares

Arquitectura con responsabilidad

Texto: Caroll Rojas

Fotografías: Gerardo Marín E.

 

Arquitectura con responsabilidad

De larga y amplia trayectoria, el arquitecto mexicano Carlos Mijares estuvo de visita en nuestro país a propósito del 3° Congreso Líneas. Allí ofreció una profunda meditación acerca del quehacer de la profesión, utilizando el espacio, el tiempo y el sitio como emblemas de un oficio que, a su juicio, posee una gran responsabilidad social.

 

Autor de diversos libros, entre los que destaca el más reciente, titulado “Tránsitos y Demoras”, Carlos Mijares aborda el tema de la arquitectura con pasión desbordada. Claro en sus ideas, sostiene que el arquitecto tiene responsabilidad social con los individuos, porque ellos son los que hacen ciudad. “Las personas

perciben la arquitectura aunque esta no esté hecha por ellos”, dice al indicar al mismo tiempo que la ciudad es forjada por la arquitectura cotidiana, esa que vemos a diario, “incluso en el auto”.

 

Por eso hace especial énfasis en que los seres humanos pertenecen de forma directa a tres de los elementos más característicos de la arquitectura: el espacio, el tiempo y el sitio. Así, propone como soluciones concretas a estos conceptos el aprendizaje constante.

 

“La arquitectura es un problema complejo y difícil. El aprendizaje no se termina nunca, es importante encontrar siempre el valor de las presencias y sorprenderse con las apariciones no esperadas que salen”, agrega.

 

Crear con originalidad

 

Sin embargo, su planteamiento del aprendizaje va mucho más allá y se encuentra íntimamente relacionado con la originalidad. “Es muy importante la producción de lo diferente, la creación de lo insólito a través del aprendizaje”.

 

Sobre este mismo punto sostiene que es preciso tomar del pasado lo más significativo, pero “sin posturas nostálgicas y sin afán de imitaciones”, comenta: “Yo creo que el estudio de la arquitectura del pasado es lamentable si lo tomamos de forma erudita. Lo que necesitamos como arquitectos es saber comprender el espacio y cómo se insertó”.

 

De ahí que Mijares comulgue con un principio de la arquitectura basado en poder traer al presente lo hecho anteriormente, siempre y cuando se haga de manera diferente, adaptándose al contexto actual. Ejemplos sobresalen en su disertación, los cuales dejaron patente la relación de la obra –la del pasado y la del presente- con los elementos del sitio, aunque el lenguaje y la señalización fueran marcadamente distintos. “El espíritu de Egipto llega hoy, pero en otra tema y en otro tiempo”, ejemplificó.

 

Nacido en 1930 y graduado como arquitecto en la Universidad Nacional de México (UNAM), este profesional ha obtenido diversos premios, entre los que sobresale el Premio Universidad Nacional del 2001.

 

Más allá del cliente y de la tecnología, Mijares explicó que paralela a la responsabilidad social del arquitecto, surge también la importancia de saber entender todas las escalas de la obra, así como las texturas, los acentos, los materiales…

 

Después de todo, opina que ello hace posible que se concreten los mejores proyectos. “En arquitectura las ideas no bastan, es necesario convertirlas en espacio” y en su criterio, este requiere instrumentos que le permitan ser y matizar.

 

Francisco Serrano

“La arquitectura también se trata de jugar”

Texto: Caroll Rojas

Fotografías: Gerardo Marín E.

 

Oriundo de un país admirado en el mundo entero por su fuerte identidad nacional, Francisco Serrano es de esos arquitectos que ponen el sello de “hecho en Méjico” en todo lo que hace, pero sin dejar de lado la versatilidad.

 

Orgulloso de haber conseguido integrar ese fuerte sentido en sus obras, en la actualidad trabaja en una nueva terminal aérea con aire prehispánico.

 

Invitado de honor al 3° Congreso Líneas, celebrado meses atrás, este arquitecto tiene entre sus proyectos el diseño para el edificio de la embajada de su país en Berlín, cerca del zoológico de la ciudad, con una ubicación privilegiada y cuyo vecino número uno es el Gran Parque de Berlín.

 

Para él se trata de un edificio “pequeño pero muy significativo”, cuyo logro más relevante fue el acertado parecido con las demás edificaciones del entorno.

 

Y aunque él y su equipo lucharon contra todo tipo de restricciones burocráticas en más de 160 reuniones, la obra es hoy un icono de la identidad mejicana a miles de kilómetros de distancia. Consultado sobre este proyecto comenta: “La luz en Berlín es muy horizontal, por eso hay magia en este edificio y de noche parece que todo está encendido. Los espacios son luminosos en invierno y se explotó mucho la apariencia nocturna a través de focos”.

 

Serrano nació en 1937 y se graduó en 1960 como arquitecto en la Universidad Iberoamericana. Años después, en 1974, participó como fundador de la Universidad de La Salle. De ahí que su carrera ha trascendido entre el desempeño profesional y las actividades vinculadas con la academia.

 

Su despacho, en el Distrito Federal de Méjico, ha colaborado en varias ocasiones con Teodoro González de León, otro destacado arquitecto. Como sello personal, en cada una de las obras de Francisco Serrano, las escaleras, si las hay, son distintas, rasgo que otorga exclusividad a las edificaciones mediante propuestas de diseño personales que a la vez son muy funcionales.

 

Otra de sus obras que sobresale en este sentido es un edificio erigido en la ciudad de Méjico que cuenta con dimensiones insólitas, según sus propias palabras: “600 mil kilómetros cuadrados ubicados en la vía que conduce a Santa Fe”. Precisamente en este proyecto participó su colega Teodoro González.

 

Originalmente pensado como sede del TLC, este inmueble tiene como primer protagonista al concreto y varios vestíbulos que tienen su propio carácter.

 

Al crearlo, privó en Serrano uno de sus más fehacientes principios: “interpretar el programa y hacerlo memorable”.

 

Por eso, en más de una de sus faenas, la luz es un elemento cuidadosamente escudriñado. “La luz natural juega con la luz artificial al atardecer”, describe, “porque la arquitectura también se trata de jugar”.

 

Y junto a esta manera de hacer las cosas, también hay en él una preocupación constante por el clima. Por tal motivo, algunos de sus edificios fueron constituidos con “doble piel”, es decir, con estructura y fachada.

 

Rafael Iglesia

La arquitectura como acontecimiento

Texto: Caroll Rojas

Fotografías: Gerardo Marín E.

 

El arquitecto Rafael Iglesia es uno de los profesionales más prominentes de Argentina, su país de origen, y de Rosario, su ciudad natal. En este sitio sus edificios, de formas naturales y modernas, coexisten en perfecta armonía con residencias de destacado valor patrimonial. Su filosofía de trabajo fue compartida con los costarricenses durante el 3° Congreso Líneas.

 

Nacido en 1952, este profesional se defiende de quienes a lo largo de su carrera lo han denominado como “arquitecto artesanal” al argumentar que más bien es partidario de las formas naturales “que han sido premoldeadas por la misma naturaleza”.

 

Su propuesta destaca por el uso singular que hace de los materiales, tanto por fuera como por dentro. “Los materiales no tienen lógica, se la damos nosotros”, expresa convencido de la importancia del verdadero compromiso del arquitecto con cada uno de sus proyectos.

 

En este sentido, en su obra sobresale la madera como uno de los elementos que más aportan. “La fuerza de este material permite más formas y resuelve”, sostiene. Por eso, en algunos de sus programas, la madera aparece dispuesta de manera espontánea, sin ser clavada, acuñándose apilada entre el suelo y el techo.

 

Graduado en 1981 de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario, en sus inicios utilizó el hormigón como respuesta a ciertas dificultades.

 

No obstante, con el tiempo llegó a recurrir a una forma de trabajo en la que el concreto, como si fuera madera, se desfasa en vigas y permite así una ventilación muy natural del edificio.

 

El poder convocatorio de la arquitectura

 

Según Iglesia, escritor de gran cantidad de artículos para revistas especializadas y quien recibió la medalla de plata en la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, el poder convocatorio de la arquitectura debe potenciarse aún más.

 

“Lo importante es que la arquitectura convoque sin necesidad de que las personas lleguen a comprar”, agrega al referirse a la necesidad de crear arquitectura que atraiga a la gente, como los parques, sin que sean necesariamente sitios de comercio tipo “mall”.

 

Además, opina que los espacios específicos tienden a desaparecer ante la fusión de distintas respuestas. “Si en lugar de una historia de la arquitectura habláramos de una geografía, las cosas serían muy diferentes”, puntualiza.

 

Sus edificios en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, situado al este de Argentina, conviven junto a residencias muy bajas, algunas de ellas de valor patrimonial.

 

Ante tal reto, soluciona “sacando” el elevador, ubicándolo en el exterior, de tal modo que el visitante pueda apreciar las hermosas casas, construidas con materiales de muy buena calidad.

 

Finalista del Segundo Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana 2000, Iglesia cree que la base del conocimiento se encuentra en el pensamiento occidental, el cual “está lleno de metáforas arquitectónicas”.

 

Al ser consultado acerca de lo que más importa sobre la arquitectura y sus implicaciones es vehemente al indicar que el resultado marca la diferencia. “Lo que importa es el acontecimiento que la arquitectura causa, no tanto el material o el estilo”, concluye Rafael Iglesia, quien además se ha destacado por diversos proyectos realizados en el río Paraná, afluente que hace de Rosario un importante centro portuario.

 

Felipe Assadi

El “desorden ordenador”

Texto: Andrea Centeno

Fotografías: Gerardo Marín E.

 

Chile es un país cuyas características geográficas lo convierten en una zona independiente y autónoma.

 

Esta nación de formas alargadas y rodeada de mares, ha desarrollado un aislamiento particular que se refleja indudablemente en su desarrollo arquitectónico, el cual no se enmarca en una tradición o ligamen hereditario determinado, sino más bien en estilos propios resultado de la creatividad de los arquitectos chilenos.

 

Según los expertos en el tema, en los años cincuenta se puede se puede identificar claramente la influencia europea en el desarrollo de los proyectos arquitectónicos de la nación, más posteriormente esta corriente perdió fuerza con la aparición de los nuevos arquitectos nacionales en la década de los ochenta, quienes desarrollaron una serie de ideas en busca de la identidad propia de la cultura chilena.

 

El Arq. Felipe Assadi, exponente de dicha generación, explicó durante su ponencia en Costa Rica, en el Tercer Congreso Líneas: Informalidad del Espacio, una teoría que ejemplifica la innovadora tendencia y las nuevas formas que los nacientes talentos chilenos incluyeron en la vida arquitectónica del país.

 

“El desorden ordenador”

 

Aunque para muchos pareciese contradictorio, para el Arq. Assadi, en el diseño de un proyecto la versatilidad e informalidad en la colocación de elementos como las luces y texturas pueden crear ante el ojo humano un efecto de equilibrio en la apariencia de la obra.

 

En este sentido, Assadi explicó que, en teoría, la vista soporta una cantidad limitada de elementos colocados sin una guía definida, es decir, desordenados. Empero, si el número se sobrepasa y se coloca un aglomerado de objetos desorganizados, es precisamente el desorden el que logra la armonía del diseño y el interés de quien lo observa.

 

Al respecto manifestó que “el desorden ordenador es una casualidad que permite captar el interés en la medida en que dichos desórdenes se apoderen de la arquitectura: por ejemplo, una mujer rubia en una sala negra, una serie de lámparas en las paredes de un cine, o la iluminación por pisos de un edificio… se trata de crear sensaciones y buscar el equilibrio”.

Caroll Rojas

Estilos y Casas

Costa Rica

2005

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

La Sede del Colegio de Ingenieros y Arquitectos de Costa Rica fue, nuevamente, escenario para la realización de un Congreso Líneas. Anteriormente, este foro arquitectónico explotó la seducción de la forma y el placer de la luz. En esta tercera ocasión el eje central encontró su inspiración en el espacio, tema de mucha actualidad a nivel mundial y que fue debatido por figuras latinoamericanas de reconocido prestigio.

 

Así, el espacio se convirtió en verdadero protagonista. Según comentó a Estilos y Casas el Arq. Luis Diego Barahona, organizador del evento, para este año el congreso propuso una reflexión entre las nuevas expresiones arquitectónicas de vanguardia internacional y el valor de los lineamientos latinoamericanos contemporáneos.

 

“La informalidad del espacio”, título de la actividad, tomó como punto de partida al afamado ingeniero europeo Cecil Balmond y a la firma internacional ARUP. Ambos se encuentran, en estos momentos, realizando diversos trabajos cuya naturaleza ha llamado la atención de arquitectos e ingenieros de todos los países.

 

Sobresalen, entre otros proyectos, el cálculo estructural de la nueva zona cero de Nueva York y un edificio en Beijing valorado en 600 millones de dólares.

 

La exposición “Informal –le génie du posible”, ofrecida por Balmond a sus colegas en mayor del 2004 en Bordeaux, sirvió de invitación para que este 3° Congreso Líneas posara su mirada, en los nuevos replanteamientos en cuanto al espacio y a la estructura.

 

Panel de lujo

 

Los encargados de brindar su punto de vista fueron cuatro arquitectos de renombre internacional: Felipe Assadi, de Chile; Rafael Iglesia, de Argentina; y los mexicanos Carlos Mijares y Francisco Serrano, quienes guiaron a los asistentes al foro por la línea del espacio y sus repercusiones.

 

El encanto del pasado y el deber del arquitecto de traerlo al presente, pero modificado en su forma y función, así como la necesidad de crear consciencia de que la arquitectura tiene una responsabilidad social fueron algunas de las conclusiones más relevantes de este encuentro.

 

Profesionales en arquitectura y carreras afines, estudiantes e invitados en general fueron testigos de importantes comentarios que generaron a su vez un debate inteligente y equilibrado, como en otras ocasiones ha sucedido en las actividades organizadas por Líneas, que además es la editorial de la colección de libros de arquitectura del mismo nombre.

 

Estilos y Casas estuvo presente en este tercer congreso y a continuación le brinda algunas de las apreciaciones más sobresalientes.

 

Carlos Mijares

Arquitectura con responsabilidad

Texto: Caroll Rojas

Fotografías: Gerardo Marín E.

 

Arquitectura con responsabilidad

De larga y amplia trayectoria, el arquitecto mexicano Carlos Mijares estuvo de visita en nuestro país a propósito del 3° Congreso Líneas. Allí ofreció una profunda meditación acerca del quehacer de la profesión, utilizando el espacio, el tiempo y el sitio como emblemas de un oficio que, a su juicio, posee una gran responsabilidad social.

 

Autor de diversos libros, entre los que destaca el más reciente, titulado “Tránsitos y Demoras”, Carlos Mijares aborda el tema de la arquitectura con pasión desbordada. Claro en sus ideas, sostiene que el arquitecto tiene responsabilidad social con los individuos, porque ellos son los que hacen ciudad. “Las personas

perciben la arquitectura aunque esta no esté hecha por ellos”, dice al indicar al mismo tiempo que la ciudad es forjada por la arquitectura cotidiana, esa que vemos a diario, “incluso en el auto”.

 

Por eso hace especial énfasis en que los seres humanos pertenecen de forma directa a tres de los elementos más característicos de la arquitectura: el espacio, el tiempo y el sitio. Así, propone como soluciones concretas a estos conceptos el aprendizaje constante.

 

“La arquitectura es un problema complejo y difícil. El aprendizaje no se termina nunca, es importante encontrar siempre el valor de las presencias y sorprenderse con las apariciones no esperadas que salen”, agrega.

 

Crear con originalidad

 

Sin embargo, su planteamiento del aprendizaje va mucho más allá y se encuentra íntimamente relacionado con la originalidad. “Es muy importante la producción de lo diferente, la creación de lo insólito a través del aprendizaje”.

 

Sobre este mismo punto sostiene que es preciso tomar del pasado lo más significativo, pero “sin posturas nostálgicas y sin afán de imitaciones”, comenta: “Yo creo que el estudio de la arquitectura del pasado es lamentable si lo tomamos de forma erudita. Lo que necesitamos como arquitectos es saber comprender el espacio y cómo se insertó”.

 

De ahí que Mijares comulgue con un principio de la arquitectura basado en poder traer al presente lo hecho anteriormente, siempre y cuando se haga de manera diferente, adaptándose al contexto actual. Ejemplos sobresalen en su disertación, los cuales dejaron patente la relación de la obra –la del pasado y la del presente- con los elementos del sitio, aunque el lenguaje y la señalización fueran marcadamente distintos. “El espíritu de Egipto llega hoy, pero en otra tema y en otro tiempo”, ejemplificó.

 

Nacido en 1930 y graduado como arquitecto en la Universidad Nacional de México (UNAM), este profesional ha obtenido diversos premios, entre los que sobresale el Premio Universidad Nacional del 2001.

 

Más allá del cliente y de la tecnología, Mijares explicó que paralela a la responsabilidad social del arquitecto, surge también la importancia de saber entender todas las escalas de la obra, así como las texturas, los acentos, los materiales…

 

Después de todo, opina que ello hace posible que se concreten los mejores proyectos. “En arquitectura las ideas no bastan, es necesario convertirlas en espacio” y en su criterio, este requiere instrumentos que le permitan ser y matizar.

 

Francisco Serrano

“La arquitectura también se trata de jugar”

Texto: Caroll Rojas

Fotografías: Gerardo Marín E.

 

Oriundo de un país admirado en el mundo entero por su fuerte identidad nacional, Francisco Serrano es de esos arquitectos que ponen el sello de “hecho en Méjico” en todo lo que hace, pero sin dejar de lado la versatilidad.

 

Orgulloso de haber conseguido integrar ese fuerte sentido en sus obras, en la actualidad trabaja en una nueva terminal aérea con aire prehispánico.

 

Invitado de honor al 3° Congreso Líneas, celebrado meses atrás, este arquitecto tiene entre sus proyectos el diseño para el edificio de la embajada de su país en Berlín, cerca del zoológico de la ciudad, con una ubicación privilegiada y cuyo vecino número uno es el Gran Parque de Berlín.

 

Para él se trata de un edificio “pequeño pero muy significativo”, cuyo logro más relevante fue el acertado parecido con las demás edificaciones del entorno.

 

Y aunque él y su equipo lucharon contra todo tipo de restricciones burocráticas en más de 160 reuniones, la obra es hoy un icono de la identidad mejicana a miles de kilómetros de distancia. Consultado sobre este proyecto comenta: “La luz en Berlín es muy horizontal, por eso hay magia en este edificio y de noche parece que todo está encendido. Los espacios son luminosos en invierno y se explotó mucho la apariencia nocturna a través de focos”.

 

Serrano nació en 1937 y se graduó en 1960 como arquitecto en la Universidad Iberoamericana. Años después, en 1974, participó como fundador de la Universidad de La Salle. De ahí que su carrera ha trascendido entre el desempeño profesional y las actividades vinculadas con la academia.

 

Su despacho, en el Distrito Federal de Méjico, ha colaborado en varias ocasiones con Teodoro González de León, otro destacado arquitecto. Como sello personal, en cada una de las obras de Francisco Serrano, las escaleras, si las hay, son distintas, rasgo que otorga exclusividad a las edificaciones mediante propuestas de diseño personales que a la vez son muy funcionales.

 

Otra de sus obras que sobresale en este sentido es un edificio erigido en la ciudad de Méjico que cuenta con dimensiones insólitas, según sus propias palabras: “600 mil kilómetros cuadrados ubicados en la vía que conduce a Santa Fe”. Precisamente en este proyecto participó su colega Teodoro González.

 

Originalmente pensado como sede del TLC, este inmueble tiene como primer protagonista al concreto y varios vestíbulos que tienen su propio carácter.

 

Al crearlo, privó en Serrano uno de sus más fehacientes principios: “interpretar el programa y hacerlo memorable”.

 

Por eso, en más de una de sus faenas, la luz es un elemento cuidadosamente escudriñado. “La luz natural juega con la luz artificial al atardecer”, describe, “porque la arquitectura también se trata de jugar”.

 

Y junto a esta manera de hacer las cosas, también hay en él una preocupación constante por el clima. Por tal motivo, algunos de sus edificios fueron constituidos con “doble piel”, es decir, con estructura y fachada.

 

Rafael Iglesia

La arquitectura como acontecimiento

Texto: Caroll Rojas

Fotografías: Gerardo Marín E.

 

El arquitecto Rafael Iglesia es uno de los profesionales más prominentes de Argentina, su país de origen, y de Rosario, su ciudad natal. En este sitio sus edificios, de formas naturales y modernas, coexisten en perfecta armonía con residencias de destacado valor patrimonial. Su filosofía de trabajo fue compartida con los costarricenses durante el 3° Congreso Líneas.

 

Nacido en 1952, este profesional se defiende de quienes a lo largo de su carrera lo han denominado como “arquitecto artesanal” al argumentar que más bien es partidario de las formas naturales “que han sido premoldeadas por la misma naturaleza”.

 

Su propuesta destaca por el uso singular que hace de los materiales, tanto por fuera como por dentro. “Los materiales no tienen lógica, se la damos nosotros”, expresa convencido de la importancia del verdadero compromiso del arquitecto con cada uno de sus proyectos.

 

En este sentido, en su obra sobresale la madera como uno de los elementos que más aportan. “La fuerza de este material permite más formas y resuelve”, sostiene. Por eso, en algunos de sus programas, la madera aparece dispuesta de manera espontánea, sin ser clavada, acuñándose apilada entre el suelo y el techo.

 

Graduado en 1981 de la Facultad de Arquitectura, Planeamiento y Diseño de la Universidad Nacional de Rosario, en sus inicios utilizó el hormigón como respuesta a ciertas dificultades.

 

No obstante, con el tiempo llegó a recurrir a una forma de trabajo en la que el concreto, como si fuera madera, se desfasa en vigas y permite así una ventilación muy natural del edificio.

 

El poder convocatorio de la arquitectura

 

Según Iglesia, escritor de gran cantidad de artículos para revistas especializadas y quien recibió la medalla de plata en la Bienal Internacional de Arquitectura de Buenos Aires, el poder convocatorio de la arquitectura debe potenciarse aún más.

 

“Lo importante es que la arquitectura convoque sin necesidad de que las personas lleguen a comprar”, agrega al referirse a la necesidad de crear arquitectura que atraiga a la gente, como los parques, sin que sean necesariamente sitios de comercio tipo “mall”.

 

Además, opina que los espacios específicos tienden a desaparecer ante la fusión de distintas respuestas. “Si en lugar de una historia de la arquitectura habláramos de una geografía, las cosas serían muy diferentes”, puntualiza.

 

Sus edificios en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe, situado al este de Argentina, conviven junto a residencias muy bajas, algunas de ellas de valor patrimonial.

 

Ante tal reto, soluciona “sacando” el elevador, ubicándolo en el exterior, de tal modo que el visitante pueda apreciar las hermosas casas, construidas con materiales de muy buena calidad.

 

Finalista del Segundo Premio Mies van der Rohe de Arquitectura Latinoamericana 2000, Iglesia cree que la base del conocimiento se encuentra en el pensamiento occidental, el cual “está lleno de metáforas arquitectónicas”.

 

Al ser consultado acerca de lo que más importa sobre la arquitectura y sus implicaciones es vehemente al indicar que el resultado marca la diferencia. “Lo que importa es el acontecimiento que la arquitectura causa, no tanto el material o el estilo”, concluye Rafael Iglesia, quien además se ha destacado por diversos proyectos realizados en el río Paraná, afluente que hace de Rosario un importante centro portuario.

 

Felipe Assadi

El “desorden ordenador”

Texto: Andrea Centeno

Fotografías: Gerardo Marín E.

 

Chile es un país cuyas características geográficas lo convierten en una zona independiente y autónoma.

 

Esta nación de formas alargadas y rodeada de mares, ha desarrollado un aislamiento particular que se refleja indudablemente en su desarrollo arquitectónico, el cual no se enmarca en una tradición o ligamen hereditario determinado, sino más bien en estilos propios resultado de la creatividad de los arquitectos chilenos.

 

Según los expertos en el tema, en los años cincuenta se puede se puede identificar claramente la influencia europea en el desarrollo de los proyectos arquitectónicos de la nación, más posteriormente esta corriente perdió fuerza con la aparición de los nuevos arquitectos nacionales en la década de los ochenta, quienes desarrollaron una serie de ideas en busca de la identidad propia de la cultura chilena.

 

El Arq. Felipe Assadi, exponente de dicha generación, explicó durante su ponencia en Costa Rica, en el Tercer Congreso Líneas: Informalidad del Espacio, una teoría que ejemplifica la innovadora tendencia y las nuevas formas que los nacientes talentos chilenos incluyeron en la vida arquitectónica del país.

 

“El desorden ordenador”

 

Aunque para muchos pareciese contradictorio, para el Arq. Assadi, en el diseño de un proyecto la versatilidad e informalidad en la colocación de elementos como las luces y texturas pueden crear ante el ojo humano un efecto de equilibrio en la apariencia de la obra.

 

En este sentido, Assadi explicó que, en teoría, la vista soporta una cantidad limitada de elementos colocados sin una guía definida, es decir, desordenados. Empero, si el número se sobrepasa y se coloca un aglomerado de objetos desorganizados, es precisamente el desorden el que logra la armonía del diseño y el interés de quien lo observa.

 

Al respecto manifestó que “el desorden ordenador es una casualidad que permite captar el interés en la medida en que dichos desórdenes se apoderen de la arquitectura: por ejemplo, una mujer rubia en una sala negra, una serie de lámparas en las paredes de un cine, o la iluminación por pisos de un edificio… se trata de crear sensaciones y buscar el equilibrio”.