LDB Arquitectura

Incrementa la calidad arquitectónica, surge el desarrollo urbano

En la VIII Bienal de Arquitectura y Desarrollo Urbano, los participantes presentaron proyectos que definieron un escenario, donde se ve un importante incremento en la calidad como en el contenido de las obras.

 

El desarrollo arquitectónico costarricense quedó plasmado durante la pasada VIII Bienal de Arquitectura y Desarrollo Urbano de Costa Rica 2006. El eje primordial del evento, marcado por la participación de las obras concursantes, definió un escenario que aumenta progresivamente tanto en calidad y contenido como en presentación.

 

Las obras presentadas resultan una muestra fiel de la realidad constructiva presente en los años del nuevo siglo en suelo costarricense. La adaptación al sitio y vinculación con el entorno fueron común denominador de las propuestas expuestas. La interrelación con el contexto tanto natural como modificado han sido constantes de las obras construidas y mostradas durante la bienal.

 

La tectónica de los proyectos evidenció una evolución y rigurosidad del uso de materiales.

 

Los proyectos fueron obras con calidad constructiva y con un refinamiento en el desarrollo del detalle estructural-arquitectónico, capítulo donde destacaron obras de los arquitectos Rolando Barahona- Sotela, Víctor Cañas, Jaime Rouillón y Pascal Arquitectos.

 

En el plano funcional, la mayoría de las obras dejó claro que la aplicación de estructuras comprobadas es la pauta y el interés primordial está en la expresión conceptual. Edificios “correctos” en sus esquemas funcionales sigue definiendo el quehacer arquitectónico costarricense y la evolución se dirige más hacia la fragmentación de las plantas arquitectónicas que hacia nuevas estructuras mentales de cómo entender la función.

 

Las temáticas de las obras fueron variadas. Los edificios presentados –en su mayoría privados- oscilaban desde viviendas unifamiliares de gran formato, escuela de arquitectura, planetario, agencia de comunicaciones, entre otros tópicos. Los clientes, sin duda,  influenciaron al permitir aplicar un discurso serio y directo sobre la realización de sus proyectos. Estos se alejan en todos los casos de las corrientes historicistas y neocoloniales presentes en el

contexto nacional.

 

La participación internacional sigue siendo escasa. Las obras no han aumentado considerablemente y, en esta ocasión, fue marcada por una procedencia primordialmente mexicana. La invitación debe consolidarse mostrando la calidad internacional que empieza a marcar el norte de la bienal costarricense.

 

Premiaciones. En el ámbito de los premios, el gran ganador fue Jaime Rouillón con la Casa L4, ubicada en Santa Ana. Destaca el hecho de haber obtenido este galardón por tercera vez. Situación similar a la del arquitecto Víctor Cañas, quien obtuvo una mención en categoría de diseño arquitectónico por “Residencia Porta Novas” y quien ha ganado dos veces el gran premio, incluyendo la versión

anterior con la Casa Colmes. Esto motiva a tomar en consideración y análisis la calidad y trayectoria de estos dos arquitectos, quienes han obtenido cinco de las ocho bienales de arquitectura realizadas en el país. Es una situación que influye –principalmente en las nuevas generaciones- y que la crítica internacional debe sumar en el análisis del concierto de arquitectura contemporánea

latinoamericana.

 

En esta ocasión, el jurado – conocido hasta el momento  de entregar los premios- fue conformado por Alfonso Leornardo Aarhus, Emilio Soyer, Rodolfo Santamaría y presidido por Óscar Raúl Hernández.

 

Al proyecto “Casa L4”, se le otorgó el Gran Premio Bienal según el acta de los miembros del jurado  por “su relación con el contexto, una tectónica muy adecuada, el uso apropiado y mesurado de los materiales, sobriedad de los detalles y por el acierto ecológico”. Las obras con mención en la categoría de diseño arquitectónico fueron la “Casa Porta Novas” de Víctor Cañas y el Edificio

“Comunicación Corporativa Ketchum” del Arq. Javier Salinas.

 

La primero mención responde a una obra, hito en la carrera del arquitecto Cañas, y a una pieza de arquitectura de calidad y claridad conceptual y arquitectónica con escasos precedentes en el contexto centroamericano. Destaca su vinculación al sitio, un exquisito manejo de la luz y una complejidad tectónica resuelta con soluciones que evolucionan el quehacer constructivo en Costa Rica.

 

El edificio de Salinas es urbano y se contextualiza por medio de un gesto en fachada. Contiene un espacio interno cubierto de papelería de madera que contrasta con la neutralidad exterior. Los espacios sugieren una comunicación entre los diversos niveles.

 

Urbanismo. La temática urbana fue desarrollada en mayor escala en las conferencias y contó con una participación variada. El bloque de charlas se llevó a cabo por medio de conferencistas provenientes de países centroamericanos, México, España, Bélgica y Alemania.

 

Los arquitectos Rodolfo Azpurú (Guatemala), Vladimir Klotchkov (Costa Rica) y Henry Merriam y Erasmo Padilla (Honduras) mostraron la realidad de las ciudades centroamericanas y los planes gubernamentales para desarrollarlas. Todos coinciden en la problemática del crecimiento caótico de las urbes de la zona y mencionaron políticas de cada país en beneficio de un mejor desarrollo

urbano para cada país.

 

Vladimir Klotchkov anunción el apoyo al grupo de “San José Posible”, el cual es liderado por Bruno Stagno (Costa Rica) y quien expuso el proyecto durante la bienal. El realismo de las ideas y la practicidad de coordinar a un amplio sector influyente en el entorno de la política e inversión privada resulta evidente en el proyecto apoyado por la Municipalidad de San José y el actual Presidente de la República.

 

Entre las propuestas urbanas destacó la labor ejecutada en Brasil del arquitecto Jorge Mario Jáuregui, principalmente en la Favela Rocían, en la ciudad de Río de Janeiro. La cobertura a la visita del arquitecto ha sido ampliamente difundida en los medio locales y se suma al taller ejecutado con participación de arquitectos locales.

 

El bloque de charlas contó con la participación de Oliver Schütte (Alemania) y Luis Diego Barahona (Costa Rica). Schütte mostró la “escuela” de OMA –firma donde labora- y la influencia metodológica en proyectos realizados en Berlín, Bordeaux, Beijing y San José.

 

Barahona presentó el proyecto “Micrópolis” que consiste en una plataforma para generar una red de arquitecturas “micro” con influencia sólida en la ciudad. El proyecto es un conjunto de propuestas entrelazadas para generar ciudad contemporánea. A su vez, se anunció la creación del grupo “Micrópolis / San José” conformado por Luis Diego Barahona, Rolando Barahona-Sotela, Víctor Cañas, Jaime Rouillón y Oliver Schütte.

 

El día de cierre se mostró la videoconferencia de la reconocida arquitecta Benedetta Tagliabue (España). La plática fue cordial y expresó la solidez conceptual de la firma EMBT que representa. Proyectos como el Parlamento de Escocia, el edificio para la Compañía de Gas y el Mercado Santa Caterina en Barcelona, ejemplificaron la calidad tectónica y urbana de las búsquedas de

esta arquitecta que continúa con la firma trágicamente marcada por la muerte de Enric Miralles.

 

El belga Peter Swinnen del grupo 51N4E, hizo una especie de ciclo de actividades, donde participó en la bienal y participó en los nacientes workshop, elaborado en esta ocasión por Euromobilia y apoyado por el Colegio de Arquitectos. Su obra responde a análisis geométricos y estructurales y permiten relaciones con las corrientes que apoyan la búsqueda de texturas en las “pieles de los edificios”. Destaca su influencia urbana en Tirana, Albania, donde desarrolla proyectos incluido un edificio en altura con fachada innovadora y planta arquitectónica bastante racional.

 

Cerró el ciclo Emilio Soyer (Perú). El arquitecto mentor del arquitecto Jaime Rouillón cuando este residia en el país suramericano recibió recientemente el Premio a la Trayectoria de la Bienal Iberoamericana 2004. Mostró una serie de proyectos creados durante cuatro décadas y matizados por el desarrollo exhaustivo de la luz, la vinculación contextual e histórica incaica y la evolución de las formas interconectadas para generar una tensión interna y externa poco

común en la obra latinoamericana.

 

Hacia la IX Bienal. El logro es real.

 

La VIII Bienal mostró una solidez y avance en la consolidación del evento como uno de los principales acontecimientos dedicados a la arquitectura en el ámbito centroamericano.

 

El futuro debe consolidarse con una mayor participación internacional y una mayor asistencia. El agremiado aprovecha esta ocasión para generar varias mesas redondas y quizá la que se genera en pasillo influye de manera notoria en las escuelas de arquitectura, las que actualmente se presentan a las bienales como un motor que alimenta continuamente las discusiones arquitectónicas.

 

El reto debe consolidarse en una sólida competitividad. Quedó claro que el factor urbano está iniciando el debate en el entorno nacional y que camina hacia una solidez consolidada similar a la que ya cuenta el quehacer arquitectónico.

 

Resulta claro que, en la actualidad, el espacio dentro del sector cultural costarricense y latinoamericano incluye de manera creciente a la arquitectura y las bienales resultan muestra fehaciente de esta realidad.

Luis Diego Barahona

Su Casa

Costa Rica

2006

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

En la VIII Bienal de Arquitectura y Desarrollo Urbano, los participantes presentaron proyectos que definieron un escenario, donde se ve un importante incremento en la calidad como en el contenido de las obras.

 

El desarrollo arquitectónico costarricense quedó plasmado durante la pasada VIII Bienal de Arquitectura y Desarrollo Urbano de Costa Rica 2006. El eje primordial del evento, marcado por la participación de las obras concursantes, definió un escenario que aumenta progresivamente tanto en calidad y contenido como en presentación.

 

Las obras presentadas resultan una muestra fiel de la realidad constructiva presente en los años del nuevo siglo en suelo costarricense. La adaptación al sitio y vinculación con el entorno fueron común denominador de las propuestas expuestas. La interrelación con el contexto tanto natural como modificado han sido constantes de las obras construidas y mostradas durante la bienal.

 

La tectónica de los proyectos evidenció una evolución y rigurosidad del uso de materiales.

 

Los proyectos fueron obras con calidad constructiva y con un refinamiento en el desarrollo del detalle estructural-arquitectónico, capítulo donde destacaron obras de los arquitectos Rolando Barahona- Sotela, Víctor Cañas, Jaime Rouillón y Pascal Arquitectos.

 

En el plano funcional, la mayoría de las obras dejó claro que la aplicación de estructuras comprobadas es la pauta y el interés primordial está en la expresión conceptual. Edificios “correctos” en sus esquemas funcionales sigue definiendo el quehacer arquitectónico costarricense y la evolución se dirige más hacia la fragmentación de las plantas arquitectónicas que hacia nuevas estructuras mentales de cómo entender la función.

 

Las temáticas de las obras fueron variadas. Los edificios presentados –en su mayoría privados- oscilaban desde viviendas unifamiliares de gran formato, escuela de arquitectura, planetario, agencia de comunicaciones, entre otros tópicos. Los clientes, sin duda,  influenciaron al permitir aplicar un discurso serio y directo sobre la realización de sus proyectos. Estos se alejan en todos los casos de las corrientes historicistas y neocoloniales presentes en el

contexto nacional.

 

La participación internacional sigue siendo escasa. Las obras no han aumentado considerablemente y, en esta ocasión, fue marcada por una procedencia primordialmente mexicana. La invitación debe consolidarse mostrando la calidad internacional que empieza a marcar el norte de la bienal costarricense.

 

Premiaciones. En el ámbito de los premios, el gran ganador fue Jaime Rouillón con la Casa L4, ubicada en Santa Ana. Destaca el hecho de haber obtenido este galardón por tercera vez. Situación similar a la del arquitecto Víctor Cañas, quien obtuvo una mención en categoría de diseño arquitectónico por “Residencia Porta Novas” y quien ha ganado dos veces el gran premio, incluyendo la versión

anterior con la Casa Colmes. Esto motiva a tomar en consideración y análisis la calidad y trayectoria de estos dos arquitectos, quienes han obtenido cinco de las ocho bienales de arquitectura realizadas en el país. Es una situación que influye –principalmente en las nuevas generaciones- y que la crítica internacional debe sumar en el análisis del concierto de arquitectura contemporánea

latinoamericana.

 

En esta ocasión, el jurado – conocido hasta el momento  de entregar los premios- fue conformado por Alfonso Leornardo Aarhus, Emilio Soyer, Rodolfo Santamaría y presidido por Óscar Raúl Hernández.

 

Al proyecto “Casa L4”, se le otorgó el Gran Premio Bienal según el acta de los miembros del jurado  por “su relación con el contexto, una tectónica muy adecuada, el uso apropiado y mesurado de los materiales, sobriedad de los detalles y por el acierto ecológico”. Las obras con mención en la categoría de diseño arquitectónico fueron la “Casa Porta Novas” de Víctor Cañas y el Edificio

“Comunicación Corporativa Ketchum” del Arq. Javier Salinas.

 

La primero mención responde a una obra, hito en la carrera del arquitecto Cañas, y a una pieza de arquitectura de calidad y claridad conceptual y arquitectónica con escasos precedentes en el contexto centroamericano. Destaca su vinculación al sitio, un exquisito manejo de la luz y una complejidad tectónica resuelta con soluciones que evolucionan el quehacer constructivo en Costa Rica.

 

El edificio de Salinas es urbano y se contextualiza por medio de un gesto en fachada. Contiene un espacio interno cubierto de papelería de madera que contrasta con la neutralidad exterior. Los espacios sugieren una comunicación entre los diversos niveles.

 

Urbanismo. La temática urbana fue desarrollada en mayor escala en las conferencias y contó con una participación variada. El bloque de charlas se llevó a cabo por medio de conferencistas provenientes de países centroamericanos, México, España, Bélgica y Alemania.

 

Los arquitectos Rodolfo Azpurú (Guatemala), Vladimir Klotchkov (Costa Rica) y Henry Merriam y Erasmo Padilla (Honduras) mostraron la realidad de las ciudades centroamericanas y los planes gubernamentales para desarrollarlas. Todos coinciden en la problemática del crecimiento caótico de las urbes de la zona y mencionaron políticas de cada país en beneficio de un mejor desarrollo

urbano para cada país.

 

Vladimir Klotchkov anunción el apoyo al grupo de “San José Posible”, el cual es liderado por Bruno Stagno (Costa Rica) y quien expuso el proyecto durante la bienal. El realismo de las ideas y la practicidad de coordinar a un amplio sector influyente en el entorno de la política e inversión privada resulta evidente en el proyecto apoyado por la Municipalidad de San José y el actual Presidente de la República.

 

Entre las propuestas urbanas destacó la labor ejecutada en Brasil del arquitecto Jorge Mario Jáuregui, principalmente en la Favela Rocían, en la ciudad de Río de Janeiro. La cobertura a la visita del arquitecto ha sido ampliamente difundida en los medio locales y se suma al taller ejecutado con participación de arquitectos locales.

 

El bloque de charlas contó con la participación de Oliver Schütte (Alemania) y Luis Diego Barahona (Costa Rica). Schütte mostró la “escuela” de OMA –firma donde labora- y la influencia metodológica en proyectos realizados en Berlín, Bordeaux, Beijing y San José.

 

Barahona presentó el proyecto “Micrópolis” que consiste en una plataforma para generar una red de arquitecturas “micro” con influencia sólida en la ciudad. El proyecto es un conjunto de propuestas entrelazadas para generar ciudad contemporánea. A su vez, se anunció la creación del grupo “Micrópolis / San José” conformado por Luis Diego Barahona, Rolando Barahona-Sotela, Víctor Cañas, Jaime Rouillón y Oliver Schütte.

 

El día de cierre se mostró la videoconferencia de la reconocida arquitecta Benedetta Tagliabue (España). La plática fue cordial y expresó la solidez conceptual de la firma EMBT que representa. Proyectos como el Parlamento de Escocia, el edificio para la Compañía de Gas y el Mercado Santa Caterina en Barcelona, ejemplificaron la calidad tectónica y urbana de las búsquedas de

esta arquitecta que continúa con la firma trágicamente marcada por la muerte de Enric Miralles.

 

El belga Peter Swinnen del grupo 51N4E, hizo una especie de ciclo de actividades, donde participó en la bienal y participó en los nacientes workshop, elaborado en esta ocasión por Euromobilia y apoyado por el Colegio de Arquitectos. Su obra responde a análisis geométricos y estructurales y permiten relaciones con las corrientes que apoyan la búsqueda de texturas en las “pieles de los edificios”. Destaca su influencia urbana en Tirana, Albania, donde desarrolla proyectos incluido un edificio en altura con fachada innovadora y planta arquitectónica bastante racional.

 

Cerró el ciclo Emilio Soyer (Perú). El arquitecto mentor del arquitecto Jaime Rouillón cuando este residia en el país suramericano recibió recientemente el Premio a la Trayectoria de la Bienal Iberoamericana 2004. Mostró una serie de proyectos creados durante cuatro décadas y matizados por el desarrollo exhaustivo de la luz, la vinculación contextual e histórica incaica y la evolución de las formas interconectadas para generar una tensión interna y externa poco

común en la obra latinoamericana.

 

Hacia la IX Bienal. El logro es real.

 

La VIII Bienal mostró una solidez y avance en la consolidación del evento como uno de los principales acontecimientos dedicados a la arquitectura en el ámbito centroamericano.

 

El futuro debe consolidarse con una mayor participación internacional y una mayor asistencia. El agremiado aprovecha esta ocasión para generar varias mesas redondas y quizá la que se genera en pasillo influye de manera notoria en las escuelas de arquitectura, las que actualmente se presentan a las bienales como un motor que alimenta continuamente las discusiones arquitectónicas.

 

El reto debe consolidarse en una sólida competitividad. Quedó claro que el factor urbano está iniciando el debate en el entorno nacional y que camina hacia una solidez consolidada similar a la que ya cuenta el quehacer arquitectónico.

 

Resulta claro que, en la actualidad, el espacio dentro del sector cultural costarricense y latinoamericano incluye de manera creciente a la arquitectura y las bienales resultan muestra fehaciente de esta realidad.