LDB Arquitectura

Un mundo en una manzana

El CENAC y otra manzana –en Barcelona– nos enseñan que los arquitectos pueden crear obras cuidadosas en tejidos urbanos consolidados. Sus trabajos contrastan radicalmente con los “guetos autistas” que emergen por doquier.

 

Las actuaciones urbanas contemporáneas presentan la complejidad de actuar sobre tejidos consolidados con escaso espacio para intervenir, y en múltiples ocasiones se propone edificar obras de un solo uso.

 

Dentro de este panorama emergen principalmente tres tipos de proyectos: guetos habitacionales, centros comerciales y oficentros.

 

Esos “conjuntos autistas” tensan y aumentan los desplazamientos de los usuarios, quienes deben ser el fin primario de cualquier intervención urbana.

 

Frente a esta tendencia global, surgen obras que actúan como microciudades en tres escalas: barrio, manzana y edificio.

 

Esas actuaciones urbanas se oponen sustancialmente a los guetos y muestran una vocación que fomenta el espacio público por medio de un urbanismo abierto e integrado con el entorno inmediato, de usos múltiples. En varias ocasiones consideran la vivienda como eje esencial para construir ciudad.

 

Otros ámbitos. La historia contemporánea muestra ejemplos fallidos de conjuntos microurbanos, como el caso de Potsdamer Platz (Berlín, 1992-2000) y el Centro Nacional de las Artes de México (D. F., 1994).

 

El primero –obra del talentoso arquitecto Renzo Piano– resultó un proyecto más mediático que operativo en función del usuario. A su vez, el ejemplo latinoamericano –liderado por Ricardo Legorreta– expone obras de arquitectos contemporáneos mexicanos sobresalientes por sus trayectorias indivi-duales, pero sin un diálogo articulado al proyectar el conjunto.

 

Paralelamente, en Barcelona (España) y San José se han creado dos espacios a la escala de manzana, propios de un microurbanismo de alta calidad que favorece prioritariamente al usuario.

 

A pesar de servir para usos disímiles, la manzana de Fort Pienc (2003) y el Centro Nacional de la Cultura (1993) consolidan el entorno donde se ubican, resultan obras generosas en la calidad de sus espacios abiertos y presentan una danza alegre de sus edificaciones.

 

Ambos conjuntos se conectan con el contexto inmediato: en el caso de la obra catalana, por medio de pequeñas plazas; y la costarricense se vincula por la continuidad visual de la vegetación de dentro y de fuera de la manzana del proyecto.

 

Usuarios, primero. La arquitectura mostrada en estos dos ejemplos mantiene la voluntad de no jerarquizar hedonistamente un edificio puntual, sino que procura que las necesidades y disfrutes del usuario sean los determinantes del proyecto.

 

La Manzana Fort Pienc fue diseñada por el arquitecto catalán Josep Llinàs, quien recibió el Premio FAD (Foment de les Arts Decoratives) de Arquitectura 2006 por el diseño de la Biblioteca Jaume Fuster (Barcelona, 2005), obra conformada por pliegues sugerentes integrados cuidadosamente al contexto.

 

En Fort Pienc, Llinàs se enfrenta a un programa radicalmente heterogéneo que incluye un centro cívico con biblioteca, guardería, colegio de enseñanza primaria y un mercado.

 

A ese bloque programático se añade un edificio de planta baja más cinco plantas, dividido en dos residencias: una de estudiantes y otra geriátrica.

 

Esa manzana polifuncional se ubica en el Ensanche y crea un microurbanismo por medio de criterios de ordenación que subordina las edificaciones a la calle Ribes y genera un espacio neutro por medio de una plaza que carece de zonas verdes.

 

La obra es dinámica, escultórica, cuidadosamente expresiva y sobria; subraya los usos individuales con una riqueza arquitectónica individual y colectiva.

 

Espacio y arte. A su vez, el CENAC fue diseñado por los arquitectos Marcos Valverde, Nicolás Sánchez, Hernán Jiménez, Nuria Gutiérrez y el artista plástico Luis Chacón. Se ubica en la antigua Fábrica Nacional de Licores (FANAL, 1853-1856).

 

El CENAC conforma un ejemplo sólido como conjunto microurbano y es referente internacional como espacio para la cultura y el arte.

 

Esa obra incluye un programa cultural homogéneo, a diferencia de la manzana Fort Pienc. El CENAC desarrolla generosos espacios abiertos vinculados permanentemente con el origen e historia de la FANAL.

 

Los edificios que componen el CENAC son discretamente intervenidos, lo cual provoca una percepción armónica, a diferencia de la competitividad volumétrica interna y formal del centro mexicano.

 

La obra está construida, y su entorno debe potenciar el desarrollo de la vivienda en su contexto. A su vez, esto generará una policromía de usos de suelo que fortalecerá la ciudad.

 

Ambas manzanas potencian los vacíos por medio de plazas, no causan torpes competencias entre edificios construidos, y se suturan al contexto consolidado con sapiencia y habilidad de cirujano.

 

Tanto Fort Pienc como el CENAC contribuyen con el desarrollo del entorno inmediato al dar prioridad al usuario.

 

Estos ejemplos invitan a repensar la actuación urbana por medio de actuaciones microurbanas con una multiplicidad de usos y opuestas radicalmente a los guetos contemporáneos.}

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2007

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

El CENAC y otra manzana –en Barcelona– nos enseñan que los arquitectos pueden crear obras cuidadosas en tejidos urbanos consolidados. Sus trabajos contrastan radicalmente con los “guetos autistas” que emergen por doquier.

 

Las actuaciones urbanas contemporáneas presentan la complejidad de actuar sobre tejidos consolidados con escaso espacio para intervenir, y en múltiples ocasiones se propone edificar obras de un solo uso.

 

Dentro de este panorama emergen principalmente tres tipos de proyectos: guetos habitacionales, centros comerciales y oficentros.

 

Esos “conjuntos autistas” tensan y aumentan los desplazamientos de los usuarios, quienes deben ser el fin primario de cualquier intervención urbana.

 

Frente a esta tendencia global, surgen obras que actúan como microciudades en tres escalas: barrio, manzana y edificio.

 

Esas actuaciones urbanas se oponen sustancialmente a los guetos y muestran una vocación que fomenta el espacio público por medio de un urbanismo abierto e integrado con el entorno inmediato, de usos múltiples. En varias ocasiones consideran la vivienda como eje esencial para construir ciudad.

 

Otros ámbitos. La historia contemporánea muestra ejemplos fallidos de conjuntos microurbanos, como el caso de Potsdamer Platz (Berlín, 1992-2000) y el Centro Nacional de las Artes de México (D. F., 1994).

 

El primero –obra del talentoso arquitecto Renzo Piano– resultó un proyecto más mediático que operativo en función del usuario. A su vez, el ejemplo latinoamericano –liderado por Ricardo Legorreta– expone obras de arquitectos contemporáneos mexicanos sobresalientes por sus trayectorias indivi-duales, pero sin un diálogo articulado al proyectar el conjunto.

 

Paralelamente, en Barcelona (España) y San José se han creado dos espacios a la escala de manzana, propios de un microurbanismo de alta calidad que favorece prioritariamente al usuario.

 

A pesar de servir para usos disímiles, la manzana de Fort Pienc (2003) y el Centro Nacional de la Cultura (1993) consolidan el entorno donde se ubican, resultan obras generosas en la calidad de sus espacios abiertos y presentan una danza alegre de sus edificaciones.

 

Ambos conjuntos se conectan con el contexto inmediato: en el caso de la obra catalana, por medio de pequeñas plazas; y la costarricense se vincula por la continuidad visual de la vegetación de dentro y de fuera de la manzana del proyecto.

 

Usuarios, primero. La arquitectura mostrada en estos dos ejemplos mantiene la voluntad de no jerarquizar hedonistamente un edificio puntual, sino que procura que las necesidades y disfrutes del usuario sean los determinantes del proyecto.

 

La Manzana Fort Pienc fue diseñada por el arquitecto catalán Josep Llinàs, quien recibió el Premio FAD (Foment de les Arts Decoratives) de Arquitectura 2006 por el diseño de la Biblioteca Jaume Fuster (Barcelona, 2005), obra conformada por pliegues sugerentes integrados cuidadosamente al contexto.

 

En Fort Pienc, Llinàs se enfrenta a un programa radicalmente heterogéneo que incluye un centro cívico con biblioteca, guardería, colegio de enseñanza primaria y un mercado.

 

A ese bloque programático se añade un edificio de planta baja más cinco plantas, dividido en dos residencias: una de estudiantes y otra geriátrica.

 

Esa manzana polifuncional se ubica en el Ensanche y crea un microurbanismo por medio de criterios de ordenación que subordina las edificaciones a la calle Ribes y genera un espacio neutro por medio de una plaza que carece de zonas verdes.

 

La obra es dinámica, escultórica, cuidadosamente expresiva y sobria; subraya los usos individuales con una riqueza arquitectónica individual y colectiva.

 

Espacio y arte. A su vez, el CENAC fue diseñado por los arquitectos Marcos Valverde, Nicolás Sánchez, Hernán Jiménez, Nuria Gutiérrez y el artista plástico Luis Chacón. Se ubica en la antigua Fábrica Nacional de Licores (FANAL, 1853-1856).

 

El CENAC conforma un ejemplo sólido como conjunto microurbano y es referente internacional como espacio para la cultura y el arte.

 

Esa obra incluye un programa cultural homogéneo, a diferencia de la manzana Fort Pienc. El CENAC desarrolla generosos espacios abiertos vinculados permanentemente con el origen e historia de la FANAL.

 

Los edificios que componen el CENAC son discretamente intervenidos, lo cual provoca una percepción armónica, a diferencia de la competitividad volumétrica interna y formal del centro mexicano.

 

La obra está construida, y su entorno debe potenciar el desarrollo de la vivienda en su contexto. A su vez, esto generará una policromía de usos de suelo que fortalecerá la ciudad.

 

Ambas manzanas potencian los vacíos por medio de plazas, no causan torpes competencias entre edificios construidos, y se suturan al contexto consolidado con sapiencia y habilidad de cirujano.

 

Tanto Fort Pienc como el CENAC contribuyen con el desarrollo del entorno inmediato al dar prioridad al usuario.

 

Estos ejemplos invitan a repensar la actuación urbana por medio de actuaciones microurbanas con una multiplicidad de usos y opuestas radicalmente a los guetos contemporáneos.}