LDB Arquitectura

Embajada con corazón arbolado

Obra maestra EL DISEÑO DE LA EMBAJADA DE MÉXICO EN GUATEMALA ES UN PRESENTE MILENARIO: actual y ‘maya’

 

La arquitectura latinoamericana del siglo XXI tiene uno de sus principales ejemplos en Ciudad Guatemala: la embajada de México.

 

Proyectada por Teodoro González de León y Francisco Serrano –ambos mexicanos–, aquella embajada representa la hermandad entre esas dos naciones.

 

La obra, de sólida factura, reflexiona sobre el valor del patio contemporáneo y fortalece el discurso internacional sobre la vinculación de la naturaleza en la arquitectura de vanguardia.

 

Los creadores. Los autores han impulsado el movimiento moderno en la región. Ellos forman parte de los arquitectos latinoamericanos consolidados por sus propuestas de gran calidad espacial, adaptación contextual, vinculación histórica e influencia amplia en las nuevas generaciones.

 

Comparten esa selecta posición con arquitectos de la talla de Paulo Mendes da Rocha (Brasil), Oscar Niemeyer (Brasil), Rogelio Salmona (Colombia) y Miguel Ángel Roca (Argentina).

 

González y Serrano han desarrollado obras emblemáticas, como la Escuela Superior de Música (González) y el Corporativo en Acapulco (Serrano). A su vez, han sido coautores de edificios como las embajadas de México en Berlín y en Ciudad de Guatemala. Esta última obra es la más relevante del siglo XXI diseñada por autores mexicanos en Centroamérica.

 

El encargo realizado por los arquitectos mexicanos tiene un programa conformado por la cancillería, el consulado y un auditorio. Estos tres usos se evidencian en la volumetría general del proyecto.

 

Como espacio articulador se creó un patio de 24 metros de diámetro que contiene árboles de gran dimensión; es el principal espacio abierto.

 

La edificación tiene dos accesos principales: uno se prolonga en un eje que atraviesa el patio circular y se conecta con la cancillería; el segundo ingresa en el auditorio y en el instituto cultural.

 

La obra. El edificio se construyó con concreto blanco cincelado y pisos de piedra gris. Este material en la fachada ha sido evolucionado por los autores en diversos proyectos y fortalece el edificio ante las inclemencias del tiempo y aumenta su durabilidad.

 

El perímetro del lote irregular está cerrado por razones de seguridad, cerramiento que define parte de los costados de los patios internos. Al suroeste de la embajada y como fondo del espacio intermedio entre el auditorio y el instituto cultural, se diseñó una pérgola que da sombra al patio.

 

La distribución lineal de las oficinas de la cancillería se dividió en dos pisos, donde sobresale la oficina del embajador. El instituto cultural –al otro lado del patio circular– contiene una biblioteca, aulas y sala de usos múltiples.

 

Una escalera que se fuga hacia el patio posterior se cubre con una superficie transparente. Esta introduce iluminación, al igual que ocurre en el acceso a la cancillería.

 

La escala de la obra se integra al contexto inmediato y mantiene un nexo con la arquitectura mexicana de gran formato. La obra cede una planicie al exterior en la parte norte y genera un referente en la ciudad.

 

La construcción del edificio se finalizó en el 2003 y obtuvo el Premio Medalla de Plata en la VIII Bienal de Arquitectura Mexicana 2004.

 

Evocación e influencias. La Embajada de México en Guatemala evoca la cultura maya y transcribe la vinculación histórica existente entre ambos países. Esta conexión cultural es fundamental para comprender los conceptos arquitectónicos del encargo.

 

La era precolombina mexicana y guatemalteca se trae a colación en esta pieza. Es visible esta postura en los bloques cerrados y patios que se hermanan permanentemente con la naturaleza del lugar.

 

Actualmente, ambas naciones cuentan con desarrollos disímiles en el plano arquitectónico. Junto con Chile, Colombia y Brasil, México es uno de los cuatro focos de mayor evolución contemporánea de la profesión en Latinoamérica.

 

Guatemala contiene ejemplos muy concretos de arquitectura actual y vive una ebullición en el quehacer arquitectónico, principalmente en las nuevas generaciones.

 

Por calidad tectónica, espacial y simbólica, el proyecto en cuestión es el principal ejemplo de arquitectura construido en el presente siglo que refleje la influencia maya entre estos países vecinos y defina una reinterpretación de los valores de las construcciones prehispánicas.

 

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2007

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Obra maestra EL DISEÑO DE LA EMBAJADA DE MÉXICO EN GUATEMALA ES UN PRESENTE MILENARIO: actual y ‘maya’

 

La arquitectura latinoamericana del siglo XXI tiene uno de sus principales ejemplos en Ciudad Guatemala: la embajada de México.

 

Proyectada por Teodoro González de León y Francisco Serrano –ambos mexicanos–, aquella embajada representa la hermandad entre esas dos naciones.

 

La obra, de sólida factura, reflexiona sobre el valor del patio contemporáneo y fortalece el discurso internacional sobre la vinculación de la naturaleza en la arquitectura de vanguardia.

 

Los creadores. Los autores han impulsado el movimiento moderno en la región. Ellos forman parte de los arquitectos latinoamericanos consolidados por sus propuestas de gran calidad espacial, adaptación contextual, vinculación histórica e influencia amplia en las nuevas generaciones.

 

Comparten esa selecta posición con arquitectos de la talla de Paulo Mendes da Rocha (Brasil), Oscar Niemeyer (Brasil), Rogelio Salmona (Colombia) y Miguel Ángel Roca (Argentina).

 

González y Serrano han desarrollado obras emblemáticas, como la Escuela Superior de Música (González) y el Corporativo en Acapulco (Serrano). A su vez, han sido coautores de edificios como las embajadas de México en Berlín y en Ciudad de Guatemala. Esta última obra es la más relevante del siglo XXI diseñada por autores mexicanos en Centroamérica.

 

El encargo realizado por los arquitectos mexicanos tiene un programa conformado por la cancillería, el consulado y un auditorio. Estos tres usos se evidencian en la volumetría general del proyecto.

 

Como espacio articulador se creó un patio de 24 metros de diámetro que contiene árboles de gran dimensión; es el principal espacio abierto.

 

La edificación tiene dos accesos principales: uno se prolonga en un eje que atraviesa el patio circular y se conecta con la cancillería; el segundo ingresa en el auditorio y en el instituto cultural.

 

La obra. El edificio se construyó con concreto blanco cincelado y pisos de piedra gris. Este material en la fachada ha sido evolucionado por los autores en diversos proyectos y fortalece el edificio ante las inclemencias del tiempo y aumenta su durabilidad.

 

El perímetro del lote irregular está cerrado por razones de seguridad, cerramiento que define parte de los costados de los patios internos. Al suroeste de la embajada y como fondo del espacio intermedio entre el auditorio y el instituto cultural, se diseñó una pérgola que da sombra al patio.

 

La distribución lineal de las oficinas de la cancillería se dividió en dos pisos, donde sobresale la oficina del embajador. El instituto cultural –al otro lado del patio circular– contiene una biblioteca, aulas y sala de usos múltiples.

 

Una escalera que se fuga hacia el patio posterior se cubre con una superficie transparente. Esta introduce iluminación, al igual que ocurre en el acceso a la cancillería.

 

La escala de la obra se integra al contexto inmediato y mantiene un nexo con la arquitectura mexicana de gran formato. La obra cede una planicie al exterior en la parte norte y genera un referente en la ciudad.

 

La construcción del edificio se finalizó en el 2003 y obtuvo el Premio Medalla de Plata en la VIII Bienal de Arquitectura Mexicana 2004.

 

Evocación e influencias. La Embajada de México en Guatemala evoca la cultura maya y transcribe la vinculación histórica existente entre ambos países. Esta conexión cultural es fundamental para comprender los conceptos arquitectónicos del encargo.

 

La era precolombina mexicana y guatemalteca se trae a colación en esta pieza. Es visible esta postura en los bloques cerrados y patios que se hermanan permanentemente con la naturaleza del lugar.

 

Actualmente, ambas naciones cuentan con desarrollos disímiles en el plano arquitectónico. Junto con Chile, Colombia y Brasil, México es uno de los cuatro focos de mayor evolución contemporánea de la profesión en Latinoamérica.

 

Guatemala contiene ejemplos muy concretos de arquitectura actual y vive una ebullición en el quehacer arquitectónico, principalmente en las nuevas generaciones.

 

Por calidad tectónica, espacial y simbólica, el proyecto en cuestión es el principal ejemplo de arquitectura construido en el presente siglo que refleje la influencia maya entre estos países vecinos y defina una reinterpretación de los valores de las construcciones prehispánicas.