LDB Arquitectura

Otro modo de abrir el cielo

Historia centenaria. En 1853, cuando Elisha Graves Otis creó el ascensor, se abrió la carrera hacia el cielo. Esta fijación por ascender tiene antecedentes simbólicos (la torre de Babel) y construidos (las torres medievales), pero los rascacielos fueron en definitiva los que materializaron la ambición por poseer el edificio “más alto del mundo”.

 

Esta carrera definió una parte fundamental de la arquitectura del siglo pasado. En cada época, las obras poseedoras del máximo formato vertical han reflejado la evolución tecnológica, estructural y tectónica de la arquitectura moderna. El escenario de Nueva York de principios de siglo XX lideraba esta imparable competencia, que se ajustaba a las máximas posibilidades de altura que permitía la normativa vigente en Manhattan.

 

La estética funcionalista se plasmó en los rascacielos o “cajas verticales puras” ejemplificadas sobriamente por Mies van der Rohe y Philip Johnson en el edificio Seagram (Nueva York, 1958). Esto provocó una abstracción absoluta del funcionalismo en las torres que contenían principalmente oficinas y hoteles. La imagen consecuente con esta búsqueda del cielo fue replanteada por el polémico y genial arquitecto holandés Rem Koolhaas. En su publicación Content declara la “muerte a los rascacielos” y hace un eco directo y crítico al atentado del 9-11.

 

Paradójicamente, la historia nace y se termina en el distrito neoyorquino. Desde Otis al 9-11, las torres llevaban un proceso imparable y ostentoso hacia el cielo. El desfile babilónico se replantea en esta era digital con conceptos que generan nuevas tipologías, estructuras y simbolismo urbano de las torres.

 

Tipologías. En el Campus San Joaquín de la Universidad Católica de Chile se proyectaron las Torres Siamesas. El edificio (5.000 m²) fue diseñado por el chileno Alejandro Aravena. Lo definen tres ejes conceptuales: las computadoras, la “piel” del edificio y la tipología de torre. La “base de madera” promueve la interrelación entre los usuarios y el aprendizaje informal, y genera espacios internos con claridad controlada para las computadoras. La doble fachada se compone de dos “pieles” (una de vidrio y otra de fibrocemento) con un espacio abierto intermedio donde circula el aire. En las “cinturas” del proyecto, el viento se acelera por el efecto Venturi y sale por la parte superior. Esta disposición redujo un 30% los costos si se comparan con los “muros cortina” normales.

 

En cuanto a la tipología, la obra plantea un corte a partir del sétimo piso y continúa hacia arriba en dos volúmenes siameses. Esto conforma un volumen unitario-dual y mantiene la proporción de una torre de bajo formato.

 

Replanteo estructural. Dentro de la efervescente ciudad de Beijing surge el edificio de CCTV diseñado por OMA, firma liderada por Koolhaas. La obra contiene todo lo relacionado con el proceso de “hacer televisión”, como los estudios y oficinas de la televisora. Esta pieza arquitectónica fue estructurada por Cecil Balmond y su equipo de Ove Arup & Partners.

 

La propuesta no se plantea como una “torre” tradicional. Estructuralmente traza nuevas posibilidades expresadas en la diagramación de la fachada. Dicha geo-metría envuelve y dirige las fuerzas que viajan por el proyecto de 230 metros de altura y 405.000 m².

 

El conjunto lo complementa el edificio de menor formato conocido como TVCC. Este incluye un hotel, un centro para visitantes, un teatro público y un espacio para exhibiciones. Entre los dos edificios alcanzan un costo de 600 millones de euros y son un sólido aporte al desarrollo urbano del Distrito Central de Comercio de Beijing. Las obras esencialmente establecen “un sitio urbano más que un punto hacia el cielo”, según sus autores.

 

Hitos contextualizados. Los hitos en muchos casos se presentan como objetos egocéntricos y hedonistas. El pretexto es la orientación de los ciudadanos, pero su esencia formal está definida por sus capacidades estéticas para ser admirados y fotografiados.

 

Un ejemplo claro de esta tendencia es la Torre Agbar, diseñada por Jean Nouvel en Barcelona. La obra es “color agua”, translúcida y con forma de supositorio. Se erige justificado por un discurso liviano que supuestamente vincula la torre a las obras gaudianas y a las montañas maravillosas de Montserrat.

 

En la misma ciudad mediterránea, la Torre de Gas Natural se expresa por medio de formas vertiginosas esbozadas por el desaparecido Enric Miralles en conjunto con Benedetta Tagliabue.

 

A pesar de sus volúmenes arbitrarios, la Torre de Gas Natural es consecuente con la relación contextual e integra dos escalas de ciudad: los nuevos edificios altos de la ciudad y los bloques de viviendas del barrio de la Barceloneta.

 

Costa Rica abre el cielo. Al entrar en vigencia el coeficiente de aprovechamiento de superficie (CAS), Costa Rica se lanza a surcar el cielo; pero, dentro de este entorno, ¿cómo plantearemos nuestras torres?

 

Al elevar los edificios podremos evaluar las nuevas tipologías presentes en el concierto internacional, las cuales tienden a ser plantas arquitectónicas flexibles y fachadas adaptadas a los usuarios, al clima y al entorno.

 

Las torres costarricenses afrontarán retos estructurales que invitan a crear respuestas innovadoras sin precedentes en el país. Estos miembros de nuestra ciudad metropolitana tendrán el privilegio –por escala– de reorganizar el contexto y mirar al extraordinario perímetro interno del Valle Central.

 

Las torres podrán ser “barrios verticales” de usos mixtos, contextualizados y energéticamente autosuficientes. Los conceptos presentes en la arquitectura costarricense podrán aplicarse, evolucio-narse y replantearse en estos edificios, que redefinirán el tipo urbano de nuestra ciudad.

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2007

 

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Historia centenaria. En 1853, cuando Elisha Graves Otis creó el ascensor, se abrió la carrera hacia el cielo. Esta fijación por ascender tiene antecedentes simbólicos (la torre de Babel) y construidos (las torres medievales), pero los rascacielos fueron en definitiva los que materializaron la ambición por poseer el edificio “más alto del mundo”.

 

Esta carrera definió una parte fundamental de la arquitectura del siglo pasado. En cada época, las obras poseedoras del máximo formato vertical han reflejado la evolución tecnológica, estructural y tectónica de la arquitectura moderna. El escenario de Nueva York de principios de siglo XX lideraba esta imparable competencia, que se ajustaba a las máximas posibilidades de altura que permitía la normativa vigente en Manhattan.

 

La estética funcionalista se plasmó en los rascacielos o “cajas verticales puras” ejemplificadas sobriamente por Mies van der Rohe y Philip Johnson en el edificio Seagram (Nueva York, 1958). Esto provocó una abstracción absoluta del funcionalismo en las torres que contenían principalmente oficinas y hoteles. La imagen consecuente con esta búsqueda del cielo fue replanteada por el polémico y genial arquitecto holandés Rem Koolhaas. En su publicación Content declara la “muerte a los rascacielos” y hace un eco directo y crítico al atentado del 9-11.

 

Paradójicamente, la historia nace y se termina en el distrito neoyorquino. Desde Otis al 9-11, las torres llevaban un proceso imparable y ostentoso hacia el cielo. El desfile babilónico se replantea en esta era digital con conceptos que generan nuevas tipologías, estructuras y simbolismo urbano de las torres.

 

Tipologías. En el Campus San Joaquín de la Universidad Católica de Chile se proyectaron las Torres Siamesas. El edificio (5.000 m²) fue diseñado por el chileno Alejandro Aravena. Lo definen tres ejes conceptuales: las computadoras, la “piel” del edificio y la tipología de torre. La “base de madera” promueve la interrelación entre los usuarios y el aprendizaje informal, y genera espacios internos con claridad controlada para las computadoras. La doble fachada se compone de dos “pieles” (una de vidrio y otra de fibrocemento) con un espacio abierto intermedio donde circula el aire. En las “cinturas” del proyecto, el viento se acelera por el efecto Venturi y sale por la parte superior. Esta disposición redujo un 30% los costos si se comparan con los “muros cortina” normales.

 

En cuanto a la tipología, la obra plantea un corte a partir del sétimo piso y continúa hacia arriba en dos volúmenes siameses. Esto conforma un volumen unitario-dual y mantiene la proporción de una torre de bajo formato.

 

Replanteo estructural. Dentro de la efervescente ciudad de Beijing surge el edificio de CCTV diseñado por OMA, firma liderada por Koolhaas. La obra contiene todo lo relacionado con el proceso de “hacer televisión”, como los estudios y oficinas de la televisora. Esta pieza arquitectónica fue estructurada por Cecil Balmond y su equipo de Ove Arup & Partners.

 

La propuesta no se plantea como una “torre” tradicional. Estructuralmente traza nuevas posibilidades expresadas en la diagramación de la fachada. Dicha geo-metría envuelve y dirige las fuerzas que viajan por el proyecto de 230 metros de altura y 405.000 m².

 

El conjunto lo complementa el edificio de menor formato conocido como TVCC. Este incluye un hotel, un centro para visitantes, un teatro público y un espacio para exhibiciones. Entre los dos edificios alcanzan un costo de 600 millones de euros y son un sólido aporte al desarrollo urbano del Distrito Central de Comercio de Beijing. Las obras esencialmente establecen “un sitio urbano más que un punto hacia el cielo”, según sus autores.

 

Hitos contextualizados. Los hitos en muchos casos se presentan como objetos egocéntricos y hedonistas. El pretexto es la orientación de los ciudadanos, pero su esencia formal está definida por sus capacidades estéticas para ser admirados y fotografiados.

 

Un ejemplo claro de esta tendencia es la Torre Agbar, diseñada por Jean Nouvel en Barcelona. La obra es “color agua”, translúcida y con forma de supositorio. Se erige justificado por un discurso liviano que supuestamente vincula la torre a las obras gaudianas y a las montañas maravillosas de Montserrat.

 

En la misma ciudad mediterránea, la Torre de Gas Natural se expresa por medio de formas vertiginosas esbozadas por el desaparecido Enric Miralles en conjunto con Benedetta Tagliabue.

 

A pesar de sus volúmenes arbitrarios, la Torre de Gas Natural es consecuente con la relación contextual e integra dos escalas de ciudad: los nuevos edificios altos de la ciudad y los bloques de viviendas del barrio de la Barceloneta.

 

Costa Rica abre el cielo. Al entrar en vigencia el coeficiente de aprovechamiento de superficie (CAS), Costa Rica se lanza a surcar el cielo; pero, dentro de este entorno, ¿cómo plantearemos nuestras torres?

 

Al elevar los edificios podremos evaluar las nuevas tipologías presentes en el concierto internacional, las cuales tienden a ser plantas arquitectónicas flexibles y fachadas adaptadas a los usuarios, al clima y al entorno.

 

Las torres costarricenses afrontarán retos estructurales que invitan a crear respuestas innovadoras sin precedentes en el país. Estos miembros de nuestra ciudad metropolitana tendrán el privilegio –por escala– de reorganizar el contexto y mirar al extraordinario perímetro interno del Valle Central.

 

Las torres podrán ser “barrios verticales” de usos mixtos, contextualizados y energéticamente autosuficientes. Los conceptos presentes en la arquitectura costarricense podrán aplicarse, evolucio-narse y replantearse en estos edificios, que redefinirán el tipo urbano de nuestra ciudad.