Concreto expuesto

Hitos Nuestro país presenta acertados ejemplos del uso de un material de gran plasticidad

 

Costa Rica tiene una historia de edificios erguidos en concreto de gran valor espacial, constructivo y contextual. Estas piezas arquitectónicas hilvanan “obras hitos” que concretaron sólidos aportes a la contemporaneidad de nuestra arquitectura. Los proyectos fueron realizados con una evidente sapiencia y con ideas claras, y se suman a obras de otros países construidas en concreto.

 

Las obras de concreto remiten al progreso de uno de los materiales predilectos durante el siglo XX. Las características de este material lo han llevado a una evolución en sus valores de plasticidad (posibilidad de moldearlo), permanencia (duración) y gesticulación extrema estructural (innovaciones que llevan al límite el uso del material).

 

La plasticidad se ilustra con ejemplos como el edificio para la Fundación Einstein, de Erich Mendelsohn (Potsdam, 1921); Notre Dame du Haut, de Le Corbusier (Le Ronchamp, 1954); la Terminal de TWA, de Eero Saarinen (Nueva York, 1962), y Brasilia, de Lucio Costa y Oscar Niemeyer (Brasil, 1958).

 

Estos autores han modelado la arquitectura moderna y han generado aportes de gran envergadura a escala internacional.

 

La permanencia de los volúmenes arquitectónicos de concreto en su estado más puro se ejemplifica con el Salk Institute for Biological Studies (California, 1965), de Louis Kahn, y los espacios creados por Tadao Ando, como la Casa Koshino (1979-1984), la iglesia de la Luz (Osaka, 1989) y el Espacio de Meditación de la UNESCO (París, 1995).

 

Las obras maestras de Kahn y Ando son hitos permanentes de una concepción clara y esencial de la arquitectura del siglo XX construida en concreto expuesto.

 

La “gesticulación extrema estructural” contiene muestras de gran valor como el caso de los voladizos de la Casa de la Cascada, de Frank Lloyd Wright (Pennsylvania, 1939); el Palacio de Deportes, de Pier Luigi Nervi (Roma, 1957); el Centro Yamanashi de la Prensa y la Radio, de Kenzo Tange (Kofu, 1966), y el Parque de Bomberos Vitra (Alemania, 1993).

 

Esas expresiones ejemplifican los límites a los que se ha llevado las funciones estructurales del material en obras de gran calidad tectónica y constructiva.

 

Redefinir. En Costa Rica, resulta más amplio redefinir las obras de concreto utilizando valores como los citados, en lugar de continuar definiendo un “movimiento brutalista costarricense”, el cual supuestamente se desarrolló en los años 80. La calidad anterior y posterior a esta época otorga pistas que invitan a generar una revisión en la manera de evaluar estas piezas arquitectónicas de sólido formato.

 

La plasticidad como aporte sustancial está presente en seis obras concretas: la Iglesia de Fátima, de Alberto Linner (Los Yoses, 1969); los Museos del Banco Central, de Jorge Bertheau, Jorge Borbón y Edgar Vargas (San José, 1983); el Templo Votivo del Sagrado Corazón de Jesús, de Raúl Goddard (San José, 1976); el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA), de Hernán Jiménez (Curridabat, 1982); el Hotel Radisson Europa (Tournon, 1995), y la Casa de Los Hongos (Bagaces, 1980), estos dos últimos de Rolando Barahona-Sotela.

 

Dentro de los elementos destacables de estas obras están: la riqueza espacial que genera la pared lateral alabeada y texturada de la Iglesia de Fátima, la escalera interna de los Museos del Banco Central (una de las más bellas del país), la geometría envolvente del Templo Votivo, el retranqueo volumétrico del sector oeste del CFIA, la percepción interior del acceso principal del Hotel Radisson Europa, y la extraordinaria riqueza espacial y estructural de los “hongos” de concreto diseñados por Barahona-Sotela en Guanacaste.

 

La permanencia tiene su obra más pura en el contexto costarricense en el “Cilindro” de Fausto Calderón (Coronado, 1976). Esta pieza arquitectónica fue la vivienda del arquitecto y resulta un objeto colocado con sapiencia en una ladera boscosa y húmeda. Este hito del siglo XX de la arquitectura costarricense se muestra perenne, sisado e integrado al contexto natural.

 

A su vez, el valor de permanencia se encuentra en la Casa de las Hermanas, de Rolando Barahona-Sotela (Escazú, 2004). La sala principal de una de estas dos viviendas contiene paredes de concreto creadas intencionalmente para generar percepciones y sensaciones en los usuarios.

 

La gesticulación extrema estructural es ejemplificada por el voladizo presente en la Casa Porta Novas de Víctor Cañas (Guanacaste, 2005). Este elemento, diseñado en concreto, es uno de los ejercicios más extremos en la manera de construir con este material en Costa Rica. El volumen “vuela” desde el interior y “atraviesa” el vidrio de la fachada para generar un espacio de contemplación del paisaje sobre la piscina. Ese diseño recuerda los folies proyectados por Bernard Tschumi en el parque La Villette (París, 1982).

 

Revalorar. El concreto ingresa en el siglo XXI con una historia sólida. Este material presenta hoy nuevas posibilidades plásticas y formales (como el concreto translúcido). Las posibilidades constructivas y formales del concreto invitan a revalorar su plasticidad, permanencia y gesticulación extrema estructural. Esta situación lleva a nuevos retos para los proyectistas y constructores.

 

Los ejemplos internacionales y nacionales mencionados evidencian intenciones que los convierten en referentes de gran valor. Estos edificios no siempre han contado con un debido proceso de conservación y remodelación, como el caso del ingenuamente sisado y repellado Templo Votivo.

 

Por tanto, resulta idóneo conservar el patrimonio contemporáneo, desmitificar que las obras de concreto en Costa Rica se relacionan directamente con el “brutalismo”, y amplificar el debate sobre este material que, a inicios del siglo XXI, expone y construye nuevos aportes concretos.

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2008

LDB Arquitectura

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670 / (506) 22530756

2018

Hitos Nuestro país presenta acertados ejemplos del uso de un material de gran plasticidad

 

Costa Rica tiene una historia de edificios erguidos en concreto de gran valor espacial, constructivo y contextual. Estas piezas arquitectónicas hilvanan “obras hitos” que concretaron sólidos aportes a la contemporaneidad de nuestra arquitectura. Los proyectos fueron realizados con una evidente sapiencia y con ideas claras, y se suman a obras de otros países construidas en concreto.

 

Las obras de concreto remiten al progreso de uno de los materiales predilectos durante el siglo XX. Las características de este material lo han llevado a una evolución en sus valores de plasticidad (posibilidad de moldearlo), permanencia (duración) y gesticulación extrema estructural (innovaciones que llevan al límite el uso del material).

 

La plasticidad se ilustra con ejemplos como el edificio para la Fundación Einstein, de Erich Mendelsohn (Potsdam, 1921); Notre Dame du Haut, de Le Corbusier (Le Ronchamp, 1954); la Terminal de TWA, de Eero Saarinen (Nueva York, 1962), y Brasilia, de Lucio Costa y Oscar Niemeyer (Brasil, 1958).

 

Estos autores han modelado la arquitectura moderna y han generado aportes de gran envergadura a escala internacional.

 

La permanencia de los volúmenes arquitectónicos de concreto en su estado más puro se ejemplifica con el Salk Institute for Biological Studies (California, 1965), de Louis Kahn, y los espacios creados por Tadao Ando, como la Casa Koshino (1979-1984), la iglesia de la Luz (Osaka, 1989) y el Espacio de Meditación de la UNESCO (París, 1995).

 

Las obras maestras de Kahn y Ando son hitos permanentes de una concepción clara y esencial de la arquitectura del siglo XX construida en concreto expuesto.

 

La “gesticulación extrema estructural” contiene muestras de gran valor como el caso de los voladizos de la Casa de la Cascada, de Frank Lloyd Wright (Pennsylvania, 1939); el Palacio de Deportes, de Pier Luigi Nervi (Roma, 1957); el Centro Yamanashi de la Prensa y la Radio, de Kenzo Tange (Kofu, 1966), y el Parque de Bomberos Vitra (Alemania, 1993).

 

Esas expresiones ejemplifican los límites a los que se ha llevado las funciones estructurales del material en obras de gran calidad tectónica y constructiva.

 

Redefinir. En Costa Rica, resulta más amplio redefinir las obras de concreto utilizando valores como los citados, en lugar de continuar definiendo un “movimiento brutalista costarricense”, el cual supuestamente se desarrolló en los años 80. La calidad anterior y posterior a esta época otorga pistas que invitan a generar una revisión en la manera de evaluar estas piezas arquitectónicas de sólido formato.

 

La plasticidad como aporte sustancial está presente en seis obras concretas: la Iglesia de Fátima, de Alberto Linner (Los Yoses, 1969); los Museos del Banco Central, de Jorge Bertheau, Jorge Borbón y Edgar Vargas (San José, 1983); el Templo Votivo del Sagrado Corazón de Jesús, de Raúl Goddard (San José, 1976); el Colegio Federado de Ingenieros y de Arquitectos (CFIA), de Hernán Jiménez (Curridabat, 1982); el Hotel Radisson Europa (Tournon, 1995), y la Casa de Los Hongos (Bagaces, 1980), estos dos últimos de Rolando Barahona-Sotela.

 

Dentro de los elementos destacables de estas obras están: la riqueza espacial que genera la pared lateral alabeada y texturada de la Iglesia de Fátima, la escalera interna de los Museos del Banco Central (una de las más bellas del país), la geometría envolvente del Templo Votivo, el retranqueo volumétrico del sector oeste del CFIA, la percepción interior del acceso principal del Hotel Radisson Europa, y la extraordinaria riqueza espacial y estructural de los “hongos” de concreto diseñados por Barahona-Sotela en Guanacaste.

 

La permanencia tiene su obra más pura en el contexto costarricense en el “Cilindro” de Fausto Calderón (Coronado, 1976). Esta pieza arquitectónica fue la vivienda del arquitecto y resulta un objeto colocado con sapiencia en una ladera boscosa y húmeda. Este hito del siglo XX de la arquitectura costarricense se muestra perenne, sisado e integrado al contexto natural.

 

A su vez, el valor de permanencia se encuentra en la Casa de las Hermanas, de Rolando Barahona-Sotela (Escazú, 2004). La sala principal de una de estas dos viviendas contiene paredes de concreto creadas intencionalmente para generar percepciones y sensaciones en los usuarios.

 

La gesticulación extrema estructural es ejemplificada por el voladizo presente en la Casa Porta Novas de Víctor Cañas (Guanacaste, 2005). Este elemento, diseñado en concreto, es uno de los ejercicios más extremos en la manera de construir con este material en Costa Rica. El volumen “vuela” desde el interior y “atraviesa” el vidrio de la fachada para generar un espacio de contemplación del paisaje sobre la piscina. Ese diseño recuerda los folies proyectados por Bernard Tschumi en el parque La Villette (París, 1982).

 

Revalorar. El concreto ingresa en el siglo XXI con una historia sólida. Este material presenta hoy nuevas posibilidades plásticas y formales (como el concreto translúcido). Las posibilidades constructivas y formales del concreto invitan a revalorar su plasticidad, permanencia y gesticulación extrema estructural. Esta situación lleva a nuevos retos para los proyectistas y constructores.

 

Los ejemplos internacionales y nacionales mencionados evidencian intenciones que los convierten en referentes de gran valor. Estos edificios no siempre han contado con un debido proceso de conservación y remodelación, como el caso del ingenuamente sisado y repellado Templo Votivo.

 

Por tanto, resulta idóneo conservar el patrimonio contemporáneo, desmitificar que las obras de concreto en Costa Rica se relacionan directamente con el “brutalismo”, y amplificar el debate sobre este material que, a inicios del siglo XXI, expone y construye nuevos aportes concretos.