LDB Arquitectura

Claridad continua

Ahorro energético Los diseños eficientes potencian la claridad natural de los espacios internos

 

“Hágase la luz”; el color y el diseño harán lo demás. Hoy, muchos arquitectos combinan luz, color, diseño y ahorro de energía. La belleza se hermana así con el cuidado del ambiente.

 

La luz del Sol influye en la conformación de la arquitectura porque muestra el espacio tridimensional, resalta las texturas de los materiales y define los colores (la cromática) de los edificios.

 

La historia presenta obras emblemáticas que introducen la luz natural dentro de sus espacios. Un caso notable es el Panteón de Roma (125 d. C.), “diseño angélico y no humano” según Miguel Ángel. En ese edificio, la parte superior de la cúpula contiene un óculo (ojo) de 8,9 metros de diámetro. Esta ventana circular colma de claridad el templo y proyecta una “columna de luz” en el interior.

 

En la Edad Media, las catedrales góticas exaltaron la idea de verticalidad de la arquitectura y compusieron lugares teñidos de colores creados por vitrales.

 

Preludio lumínico. Las cubiertas son umbrales lumínicos en la arquitectura. Esta “quinta fachada” recibe una substancial incidencia solar. Por esto, múltiples arquitectos han acondicionado tales cerramientos y han logrado una mayor calidad y más claridad espacial.

 

El suizo-francés Le Corbusier enalteció la incidencia lumínica cuando definió la arquitectura como “volúmenes ensamblados por la luz”. Este enunciado se realiza en la Fundació Joan Miró (Barcelona, 1975), proyectada por Josep Lluís Sert. Esa obra inserta claridad en las salas de exposición mediante lucernarios curvos dispuestos en la cubierta-terraza.

 

Esa forma de introducir luz en los espacios internos desde la cubierta, genera espacios confortables, que se sienten y benefician psicológicamente a los usuarios.

 

Varias obras contemporáneas se han diseñado según dichos parámetros lumínicos. Algunos ejemplos de gran calidad son The Menil Collection (de Renzo Piano, en Houston, EE. UU., 1986), la Pirámide del Museo de Louvre (de I. M. Pei, en París, 1989), la Biblioteca de Alejandría (de Snøhetta, en Egipto, 2001) y la Universidad Adolfo Ibáñez (de José Cruz, en Chile, 2002).

 

En Costa Rica, obras como el Aeropuerto Juan Santamaría (de Javier Rojas, en Alajuela, 2000) y los BAC San José (de Bruno Stagno) abrieron las cubiertas y ofrecen un confortable nivel lumínico en sus espacios internos.

 

Luz simbólica. La luz contiene un profundo simbolismo en ciertas obras del siglo XX, como en la iglesia de la Luz (de Tadao Ando, en Osaka, 1989) y el Museo Judío de Berlín (de Daniel Libeskind, en Berlín, 1999). Ambos edificios sisaron estratégicamente sus fachadas. El primero plantea una “cruz de luz”, y el segundo remite sus aberturas a los espacios opresores que percibieron los prisioneros en el Holocausto.

 

Otro efecto simbólico son las “columnas de luz”. Estas aparecen en las columnas de la catedral de la Luz imaginadas por Albert Speer para Adolf Hitler, y en las dos columnas-torres de luz del World Trade Center Memorial (Nueva York). En ambos casos, el espacio arquitectónico está formado por potentes proyectores de luz artificial.

 

Al generarse la energía eléctrica e iluminar las ciudades, se amplió el horario de uso de los edificios y comenzó un creciente consumo energético.

 

Ciudades como Las Vegas, Tokio y Nueva York han mostrado el potencial urbano de la iluminación artificial. En el plano arquitectónico, ciertas obras ejemplifican los valores de las nuevas “pieles lumínicas” de la arquitectura contemporánea. Ejemplos son la Torre de los Vientos (de Toyo Ito, en Yokohama, Japón, 1986) y el edificio Arauco Express (de Felipe Assadi, en Santiago de Chile, 2002).

 

Asimismo, la luz artificial redelinea los edificios históricos, como la belleza poética en la ribera del río Sena, del iluminado perfil urbano parisino. Esta intervención ha influido en la nueva iluminación del Teatro Nacional de Costa Rica, diseñada por el arquitecto francés Alain Guilhot en el 2006. Este tipo de actuaciones debería continuarse en otros inmuebles, como la antigua Aduana.

 

La transparencia de las fachadas en vidrio y la luz artificial redefinen la arquitectura. En la actualidad el consumo energético de los edificios y las ciudades está aumentando como nunca. A su vez, contamos con obras que permiten un exceso de radiación solar, por lo que generan espacios internos muy calientes.

 

Los proyectos arquitectónicos pueden ahorrar energía si son iluminados con más luz natural. Un ejemplo es la Biblioteca Pública El Tintal (de Daniel Bermúdez, Bogotá, 2001), obra que introduce claridad por medio de “bolsillos de luz”.

 

Comodidad sensorial. Arquitectos sobresalientes han propuesto edificios con estrictos análisis lumínicos que reducen el consumo energético y logran una amplia comodidad espacial. Tales son los casos del Nelson-Atkins Museum of Art (del estadounidense Steven Holl, en Kansas, 2007) y la Fundação Iberê Camargo (del portugués Alvaro Siza, en Porto Alegre, 2008).

 

En Costa Rica sobresalen planteamientos lumínicos como las Casas Blancas de Víctor Cañas, y la inserción lumínica de las “obras introvertidas” de Jaime Rouillón, como el Bufete Oller (San José, 2000).

 

Diseñado con rigurosidad, el color ha impregnado obras con sobresalientes calidades espaciales, como la exquisita arquitectura creada por el mexicano Luis Barragán (1902-1988). Él pintó sus proyectos con “colores mexicanos” y transcribió los colores de ciertas paredes a otras por medio de los reflejos cromáticos ocasionados por la incidencia de la luz natural.

 

Las ciudades y la arquitectura tienen amplio potencial para reducir el consumo energético. Cuando sean mejor iluminadas, nuestras ciudades optimizarán la calidad de vida de los usuarios y serán espacios urbanos más seguros.

 

Los nuevos diseños arquitectónicos podrían ser más eficientes si potenciasen la claridad natural de los espacios internos. Al igual que se introduce la luz solar entre las masas arbóreas de los bosques tropicales, los futuros proyectos pueden crear una claridad continua que ilumine un uso más racional de la energía.

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2008

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Ahorro energético Los diseños eficientes potencian la claridad natural de los espacios internos

 

“Hágase la luz”; el color y el diseño harán lo demás. Hoy, muchos arquitectos combinan luz, color, diseño y ahorro de energía. La belleza se hermana así con el cuidado del ambiente.

 

La luz del Sol influye en la conformación de la arquitectura porque muestra el espacio tridimensional, resalta las texturas de los materiales y define los colores (la cromática) de los edificios.

 

La historia presenta obras emblemáticas que introducen la luz natural dentro de sus espacios. Un caso notable es el Panteón de Roma (125 d. C.), “diseño angélico y no humano” según Miguel Ángel. En ese edificio, la parte superior de la cúpula contiene un óculo (ojo) de 8,9 metros de diámetro. Esta ventana circular colma de claridad el templo y proyecta una “columna de luz” en el interior.

 

En la Edad Media, las catedrales góticas exaltaron la idea de verticalidad de la arquitectura y compusieron lugares teñidos de colores creados por vitrales.

 

Preludio lumínico. Las cubiertas son umbrales lumínicos en la arquitectura. Esta “quinta fachada” recibe una substancial incidencia solar. Por esto, múltiples arquitectos han acondicionado tales cerramientos y han logrado una mayor calidad y más claridad espacial.

 

El suizo-francés Le Corbusier enalteció la incidencia lumínica cuando definió la arquitectura como “volúmenes ensamblados por la luz”. Este enunciado se realiza en la Fundació Joan Miró (Barcelona, 1975), proyectada por Josep Lluís Sert. Esa obra inserta claridad en las salas de exposición mediante lucernarios curvos dispuestos en la cubierta-terraza.

 

Esa forma de introducir luz en los espacios internos desde la cubierta, genera espacios confortables, que se sienten y benefician psicológicamente a los usuarios.

 

Varias obras contemporáneas se han diseñado según dichos parámetros lumínicos. Algunos ejemplos de gran calidad son The Menil Collection (de Renzo Piano, en Houston, EE. UU., 1986), la Pirámide del Museo de Louvre (de I. M. Pei, en París, 1989), la Biblioteca de Alejandría (de Snøhetta, en Egipto, 2001) y la Universidad Adolfo Ibáñez (de José Cruz, en Chile, 2002).

 

En Costa Rica, obras como el Aeropuerto Juan Santamaría (de Javier Rojas, en Alajuela, 2000) y los BAC San José (de Bruno Stagno) abrieron las cubiertas y ofrecen un confortable nivel lumínico en sus espacios internos.

 

Luz simbólica. La luz contiene un profundo simbolismo en ciertas obras del siglo XX, como en la iglesia de la Luz (de Tadao Ando, en Osaka, 1989) y el Museo Judío de Berlín (de Daniel Libeskind, en Berlín, 1999). Ambos edificios sisaron estratégicamente sus fachadas. El primero plantea una “cruz de luz”, y el segundo remite sus aberturas a los espacios opresores que percibieron los prisioneros en el Holocausto.

 

Otro efecto simbólico son las “columnas de luz”. Estas aparecen en las columnas de la catedral de la Luz imaginadas por Albert Speer para Adolf Hitler, y en las dos columnas-torres de luz del World Trade Center Memorial (Nueva York). En ambos casos, el espacio arquitectónico está formado por potentes proyectores de luz artificial.

 

Al generarse la energía eléctrica e iluminar las ciudades, se amplió el horario de uso de los edificios y comenzó un creciente consumo energético.

 

Ciudades como Las Vegas, Tokio y Nueva York han mostrado el potencial urbano de la iluminación artificial. En el plano arquitectónico, ciertas obras ejemplifican los valores de las nuevas “pieles lumínicas” de la arquitectura contemporánea. Ejemplos son la Torre de los Vientos (de Toyo Ito, en Yokohama, Japón, 1986) y el edificio Arauco Express (de Felipe Assadi, en Santiago de Chile, 2002).

 

Asimismo, la luz artificial redelinea los edificios históricos, como la belleza poética en la ribera del río Sena, del iluminado perfil urbano parisino. Esta intervención ha influido en la nueva iluminación del Teatro Nacional de Costa Rica, diseñada por el arquitecto francés Alain Guilhot en el 2006. Este tipo de actuaciones debería continuarse en otros inmuebles, como la antigua Aduana.

 

La transparencia de las fachadas en vidrio y la luz artificial redefinen la arquitectura. En la actualidad el consumo energético de los edificios y las ciudades está aumentando como nunca. A su vez, contamos con obras que permiten un exceso de radiación solar, por lo que generan espacios internos muy calientes.

 

Los proyectos arquitectónicos pueden ahorrar energía si son iluminados con más luz natural. Un ejemplo es la Biblioteca Pública El Tintal (de Daniel Bermúdez, Bogotá, 2001), obra que introduce claridad por medio de “bolsillos de luz”.

 

Comodidad sensorial. Arquitectos sobresalientes han propuesto edificios con estrictos análisis lumínicos que reducen el consumo energético y logran una amplia comodidad espacial. Tales son los casos del Nelson-Atkins Museum of Art (del estadounidense Steven Holl, en Kansas, 2007) y la Fundação Iberê Camargo (del portugués Alvaro Siza, en Porto Alegre, 2008).

 

En Costa Rica sobresalen planteamientos lumínicos como las Casas Blancas de Víctor Cañas, y la inserción lumínica de las “obras introvertidas” de Jaime Rouillón, como el Bufete Oller (San José, 2000).

 

Diseñado con rigurosidad, el color ha impregnado obras con sobresalientes calidades espaciales, como la exquisita arquitectura creada por el mexicano Luis Barragán (1902-1988). Él pintó sus proyectos con “colores mexicanos” y transcribió los colores de ciertas paredes a otras por medio de los reflejos cromáticos ocasionados por la incidencia de la luz natural.

 

Las ciudades y la arquitectura tienen amplio potencial para reducir el consumo energético. Cuando sean mejor iluminadas, nuestras ciudades optimizarán la calidad de vida de los usuarios y serán espacios urbanos más seguros.

 

Los nuevos diseños arquitectónicos podrían ser más eficientes si potenciasen la claridad natural de los espacios internos. Al igual que se introduce la luz solar entre las masas arbóreas de los bosques tropicales, los futuros proyectos pueden crear una claridad continua que ilumine un uso más racional de la energía.