LDB Arquitectura

Territorios Lúdicos

Grandes habitantes. Escuelas, parques y ciudades deben considerar las necesidades de los niños.

 

Durante la mañana, los niños y las niñas interactúan en los centros educativos donde aprenden y juegan. Luego transitan por espacios públicos y regresan a sus viviendas. Al llegar, continúan estableciendo sus mundos lúdicos; pero ¿cómo son los espacios donde crecen y viven estas personas que Federico García Lorca consideraba “el principal espectáculo de la naturaleza”?

 

La ciudad debe incluir a los infantes y generar su convivencia. En Costa Rica, los niños y las niñas representan el 20% de la población (unos 900.000 habitantes), de los cuales un 90% accede a la enseñanza primaria.

 

Por tanto, el espacio público (parques, plazas, playgrounds y aceras), los centros de educación infantil (guarderías, kínder y escuelas) y las viviendas deben diseñarse para satisfacer sus necesidades y propiciar su desarrollo.

 

Gran público. Los infantes son usuarios intensos del espacio público. Desde que se encuentran en el vientre materno, el entorno influye sobre ellos y los afecta, como el humo de los autos y los cigarrillos.

 

Dentro de los barrios, los parques pequeños y medianos repercuten notoriamente en el desarrollo de los niños. Por ello, conviene situar estos espacios cerca de las viviendas, en zonas seguras e iluminadas.

 

Es recomendable incluirles “zonas duras” para bicicletas, patines y patinetas. Además, esos lugares pueden ensombrecerse por árboles que estimulen el contacto con la naturaleza.

 

El parque en Diagonal Mar (EMBT, Barcelona, 2002) es un ejemplo valioso. Esta obra incluye arte público, vincula el césped con el agua, fusiona el carácter natural con el artificial y crea una “nueva topografía”.

 

Ese parque contiene pequeños cerros con anchos toboganes que permiten a los infantes quedar “impregnados con las sensaciones que les producen el territorio y el lugar”, según escriben Isabel Caballenas y Clara Eslava.

 

El parque de EMBT ofrece objetos lúdicos que suenan, se mueven y crean múltiples perspectivas. A la vez, la “nueva topografía” encuentra resonancia en Costa Rica en la colina del Parque de la Paz. Este montículo es apreciado por miles de infantes, a quienes les genera infinidad de perspectivas del entorno y les genera sensaciones cuando se deslizan sobre sencillos cartones.

 

Los playgrounds al aire libre vinculan a los infantes con el contexto natural y social. Uno de los arquitectos significativos en esta materia fue el holandés Aldo van Eyck (1918-1999), quien creó más de 700 playgrounds en Amsterdam.

 

Vay Eyck convirtió espacios residuales en áreas de juegos con valor urbano, y siempre integró a los niños en la ciudad. Él consideraba que los playgrounds son “territorios conquistados para la infancia” y que se cargaban de significado cuando los utilizaban los niños. Asimismo, Van Eyck diseñó los tumbling bars, barras curvas que crean mundos lúdicos. Similares barras hubo en los juegos instalados en Plaza Víquez.

 

Las aceras deben ser generosas, seguras y señalizadas, e incluir rampas en las esquinas para los coches de bebés y para las bicicletas. Los infantes van a la escuela en múltiples ocasiones por estos espacios públicos, y conviene que haya árboles que brinden sombras.

 

Aprender del juego. Los espacios idóneos para la enseñanza son

nobles, iluminados, ventilados y comunicativos.

 

La educadora italiana María Montessori propuso crear un “ambiente estructurado” que provea un “medio adaptable” donde los materiales estén al alcance de los niños. Estos espacios deben ser limpios, ordenados, bellos y armónicos, al tiempo que promuevan las áreas del desarrollo (motor, sensorial, social, intelectual y emocional).

 

Ciertas obras han aportado al progreso de los centros de enseñanza. El esquema tradicional (aulas, pasillos y zonas de esparcimiento) se ha redefinido o replanteado en los siguientes ejemplos.

 

La Escuela Montessori (Delf, Holanda, 1960-1966) fue planteada por Herman Hertzberger. Está organizada por un espacio abierto al cual se anexan “unidades complejas” (aulas, recepción, baños, etc.). Esta dualidad prepara al infante para la vida urbana entre edificios y espacios públicos.

 

La Guardería Infantil Cummins (Columbus, Indiana, EE.UU., 1997) fue diseñada por el costarricense Carlos Jiménez como un “edificiopaisaje” e incluye dos escalas de patios internos.

 

La Escuela Huelquen Montessori (Santiago de Chile, 2001) es diseño de Alejandro Aravena y Claudio Blanco. Incluye los ideales montessorianos y se adapta a un presupuesto mediano.

 

El Jardín de Niños Fuji (Tokio, 2007) fue proyectado por Takaharu y Yui

Tezuka. Integra un gran árbol y crea una cubierta lúdica donde se puede

andar en patines y bicicletas.

 

El Maternal en Manlleu (Girona, España, 2004) es un diseño de RCR Arquitectes (Ramón Villalta, Rafael Aranda y Carme Pigem). Se basa en la altura de los infantes, define los espacios con acentos cromáticos y concibe áreas abiertas hacia el entorno.

 

Espacios aptos. Los infantes son ocupantes prioritarios de las viviendas. A ellos se les acondicionan dormitorios y en ocasiones se les crean áreas de juego. Aún así, el sitio de mayor desarrollo para los niños es el campo abierto, como los patios y parques.

 

Los espacios internos de las viviendas deben incluir la perspectiva infantil. ¿Qué miramos si nos acostamos en el suelo? Si visualizáramos este mundo de baja altura, replantearíamos en varias ocasiones la ubicación de las ventanas, el diseño de los muebles y la iluminación.

 

La ciudad se estudia y se diseña por medio de “capas urbanas”; por

ejemplo, capas de infraestructura, de espacio público, etc.

 

Resulta esencial incluir una “capa infantil” que dibuje la vida urbana de los niños. En Costa Rica, uno de cada cinco habitantes es un niño o una niña, por lo que es prioritario resolver sus necesidades al diseñar los espacios públicos, centros educativos y viviendas.

 

María Montessori afirmó: “No existe ningún hombre que no se haya formado a partir del niño que fue una vez”. Por esto, nuestras ciudades deben propiciar -con fuerza- la creación de territorios lúdicos.

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2008

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Grandes habitantes. Escuelas, parques y ciudades deben considerar las necesidades de los niños.

 

Durante la mañana, los niños y las niñas interactúan en los centros educativos donde aprenden y juegan. Luego transitan por espacios públicos y regresan a sus viviendas. Al llegar, continúan estableciendo sus mundos lúdicos; pero ¿cómo son los espacios donde crecen y viven estas personas que Federico García Lorca consideraba “el principal espectáculo de la naturaleza”?

 

La ciudad debe incluir a los infantes y generar su convivencia. En Costa Rica, los niños y las niñas representan el 20% de la población (unos 900.000 habitantes), de los cuales un 90% accede a la enseñanza primaria.

 

Por tanto, el espacio público (parques, plazas, playgrounds y aceras), los centros de educación infantil (guarderías, kínder y escuelas) y las viviendas deben diseñarse para satisfacer sus necesidades y propiciar su desarrollo.

 

Gran público. Los infantes son usuarios intensos del espacio público. Desde que se encuentran en el vientre materno, el entorno influye sobre ellos y los afecta, como el humo de los autos y los cigarrillos.

 

Dentro de los barrios, los parques pequeños y medianos repercuten notoriamente en el desarrollo de los niños. Por ello, conviene situar estos espacios cerca de las viviendas, en zonas seguras e iluminadas.

 

Es recomendable incluirles “zonas duras” para bicicletas, patines y patinetas. Además, esos lugares pueden ensombrecerse por árboles que estimulen el contacto con la naturaleza.

 

El parque en Diagonal Mar (EMBT, Barcelona, 2002) es un ejemplo valioso. Esta obra incluye arte público, vincula el césped con el agua, fusiona el carácter natural con el artificial y crea una “nueva topografía”.

 

Ese parque contiene pequeños cerros con anchos toboganes que permiten a los infantes quedar “impregnados con las sensaciones que les producen el territorio y el lugar”, según escriben Isabel Caballenas y Clara Eslava.

 

El parque de EMBT ofrece objetos lúdicos que suenan, se mueven y crean múltiples perspectivas. A la vez, la “nueva topografía” encuentra resonancia en Costa Rica en la colina del Parque de la Paz. Este montículo es apreciado por miles de infantes, a quienes les genera infinidad de perspectivas del entorno y les genera sensaciones cuando se deslizan sobre sencillos cartones.

 

Los playgrounds al aire libre vinculan a los infantes con el contexto natural y social. Uno de los arquitectos significativos en esta materia fue el holandés Aldo van Eyck (1918-1999), quien creó más de 700 playgrounds en Amsterdam.

 

Vay Eyck convirtió espacios residuales en áreas de juegos con valor urbano, y siempre integró a los niños en la ciudad. Él consideraba que los playgrounds son “territorios conquistados para la infancia” y que se cargaban de significado cuando los utilizaban los niños. Asimismo, Van Eyck diseñó los tumbling bars, barras curvas que crean mundos lúdicos. Similares barras hubo en los juegos instalados en Plaza Víquez.

 

Las aceras deben ser generosas, seguras y señalizadas, e incluir rampas en las esquinas para los coches de bebés y para las bicicletas. Los infantes van a la escuela en múltiples ocasiones por estos espacios públicos, y conviene que haya árboles que brinden sombras.

 

Aprender del juego. Los espacios idóneos para la enseñanza son

nobles, iluminados, ventilados y comunicativos.

 

La educadora italiana María Montessori propuso crear un “ambiente estructurado” que provea un “medio adaptable” donde los materiales estén al alcance de los niños. Estos espacios deben ser limpios, ordenados, bellos y armónicos, al tiempo que promuevan las áreas del desarrollo (motor, sensorial, social, intelectual y emocional).

 

Ciertas obras han aportado al progreso de los centros de enseñanza. El esquema tradicional (aulas, pasillos y zonas de esparcimiento) se ha redefinido o replanteado en los siguientes ejemplos.

 

La Escuela Montessori (Delf, Holanda, 1960-1966) fue planteada por Herman Hertzberger. Está organizada por un espacio abierto al cual se anexan “unidades complejas” (aulas, recepción, baños, etc.). Esta dualidad prepara al infante para la vida urbana entre edificios y espacios públicos.

 

La Guardería Infantil Cummins (Columbus, Indiana, EE.UU., 1997) fue diseñada por el costarricense Carlos Jiménez como un “edificiopaisaje” e incluye dos escalas de patios internos.

 

La Escuela Huelquen Montessori (Santiago de Chile, 2001) es diseño de Alejandro Aravena y Claudio Blanco. Incluye los ideales montessorianos y se adapta a un presupuesto mediano.

 

El Jardín de Niños Fuji (Tokio, 2007) fue proyectado por Takaharu y Yui

Tezuka. Integra un gran árbol y crea una cubierta lúdica donde se puede

andar en patines y bicicletas.

 

El Maternal en Manlleu (Girona, España, 2004) es un diseño de RCR Arquitectes (Ramón Villalta, Rafael Aranda y Carme Pigem). Se basa en la altura de los infantes, define los espacios con acentos cromáticos y concibe áreas abiertas hacia el entorno.

 

Espacios aptos. Los infantes son ocupantes prioritarios de las viviendas. A ellos se les acondicionan dormitorios y en ocasiones se les crean áreas de juego. Aún así, el sitio de mayor desarrollo para los niños es el campo abierto, como los patios y parques.

 

Los espacios internos de las viviendas deben incluir la perspectiva infantil. ¿Qué miramos si nos acostamos en el suelo? Si visualizáramos este mundo de baja altura, replantearíamos en varias ocasiones la ubicación de las ventanas, el diseño de los muebles y la iluminación.

 

La ciudad se estudia y se diseña por medio de “capas urbanas”; por

ejemplo, capas de infraestructura, de espacio público, etc.

 

Resulta esencial incluir una “capa infantil” que dibuje la vida urbana de los niños. En Costa Rica, uno de cada cinco habitantes es un niño o una niña, por lo que es prioritario resolver sus necesidades al diseñar los espacios públicos, centros educativos y viviendas.

 

María Montessori afirmó: “No existe ningún hombre que no se haya formado a partir del niño que fue una vez”. Por esto, nuestras ciudades deben propiciar -con fuerza- la creación de territorios lúdicos.