LDB Arquitectura

Bueno, pero cuál es la diferencia

Usted va a un aeropuerto, sube a un avión, vuela y baja en otro aeropuerto. Este es tan, tan parecido al primero, que usted se pregunta: “¿Viajé o me quedé donde estaba?”. Si esto le ocurre, usted es “víctima” de la “arquitectura genérica”.

 

Las obras “genéricas” proliferan por todo el mundo; responden principalmente a las leyes del consumo y poseen la característica propia de ser “impropia”. El concepto fue descrito por el reconocido arquitecto holandés Rem Koolhaas en su publicación La ciudad genérica.

 

Entre las manifestaciones de la arquitectura genérica destacan cuatro tipos de proyectos: 1) los aeropuertos neutros y estandarizados; 2) los museos que entremezclan el arte con el comercio; 3) los centros comerciales repetidos por todo el orbe; 4) los hoteles que conforman una red internacional de “los mismos” espacios.

 

Tales modelos de edificaciones genéricas objetan las tendencias que responden a la búsqueda de la identidad. Son obras carentes de identificación y planeadas sin vincularse –en muchos casos– al contexto y la historia. Responden a las tendencias que rigen la economía mundial, y sus diseños justifican las inversiones para construirlos. Así, la arquitectura genérica se construye por doquier, se repite y redefine las ciudades del mundo contemporáneo.

 

Aeropuertos estandarizados. Los aeropuertos inciden hoy en la historia de la arquitectura como lo hicieron los museos en la década de 1990. Estas redes mundiales de edificios “interconectados” determinan y actualizan las esencias del movimiento funcionalista de mitad del siglo XX.

 

Por sus características, los programas arquitectónicos de los aeropuertos tienden a ser globales, neutros y genéricos. Estas edificaciones contienen códigos de fácil “lectura” para cualquier ciudadano del mundo que los transite y utilice. Conforman una red internacional que no tienen como propósito diferenciarse unos de otros, sino “igualarse” o ser genéricos.

 

Así, resultan obras emblemáticas en la actual tendencia mundial que construye la “ciudad genérica”. Los aeropuertos influyen en nuestros nuevos esquemas urbanos, por lo que Koolhaas pregunta: “¿Son las ciudades contemporáneas como los aeropuertos contemporáneos, es decir, ‘todas iguales’?”.

 

Museos comerciales. Los museos exponen y venden. Cada vez más, la mezcla entre museos y comercio define nuevos espacios integrales y duales. Por un lado, el registro histórico artístico como bien cultural; por otro, el realismo de su propia existencia, que depende de su carácter comercial e influye este carácter.

 

El siglo XXI presenta un escenario mezclado. Ahora es cada vez más difícil desligar las finalidades. Sus espacios neutros responden a una arista de la arquitectura genérica que permite todo en sus blancos espacios interiores.

 

Centros comerciales genéricos. Estos lugares son los centros de mayor tensión y flujo de las ciudades contemporáneas. Las “millas de oro” reescriben ya los ejes de mayor impacto dentro de las urbes. Los “malls” se construyen con esquemas internacionales repetitivos de locales comerciales y conforman edificios genéricos.

 

Esas construcciones no pretenden una identidad de los usuarios, sino lograr que la identidad la defina el objeto que se consume dentro de ellas. Los centros comerciales crean “identidades” que se reescriben cada “temporada”, sin que esta dependa o se “amarre” a la historia.

 

Hospedaje global. Según Koolhaas, los hoteles son los alojamientos de la “ciudad global”. El conjunto internacional de hoteles conforma una “ciudad” donde viven diez millones de personas que varían cada noche. Son gentes que duermen, comen, trabajan, consumen, se ejercitan y se recrean. Viven días en espacios internacionales, impersonales y genéricos. En los hoteles privan los aspectos funcionales y se caracterizan por ofrecer un escenario idóneo que satisface las necesidades estandarizadas de los usuarios.

 

Ciudad G. Vivimos en una ciudad global y genérica. La discusión de la identidad parece perder interés en un mundo donde privan el consumo y la economía. Los crecimientos de las ciudades parten del impacto comercial que tendrán, por lo que no se justifican por las vinculaciones con la historia.

 

Para Rem Koolhaas, “la ciudad genérica es la ciudad liberada de la cautividad del centro, del corsé de la identidad”. Esta ciudad impersonal, neutra y mundial se recrea permanentemente y carece de historia. Es una ciudad que objeta la existencia de las ciudades como las hemos conocido a lo largo del tiempo: ciudades de un alto simbolismo y vinculación con la secuencia histórica, y relacionadas directamente con las necesidades esenciales del ser humano.

 

Ahora, la ciudad real, “superficial” y genérica representa la otra cara de la moneda de las corrientes que buscan la “identidad” de la arquitectura.

 

Identidad y energía. ¿Qué identifica a la arquitectura costarricense? En ocasiones, los elementos llamados “costarricenses” son fachadas de espacios genéricos.

 

La identidad de la arquitectura costarricense ha estado ligada siempre al contexto natural. Ahora nos ubicamos dentro de una “ciudad genérica”, pero continuamos relacionando nuestra arquitectura –principalmente en las viviendas unifamiliares– al contexto y a la historia.

 

Según Koolhaas, la “ciudad genérica” camina hacia lo tropical por razones de estabilidad climática y por las características de las personas que habitamos esta parte del mundo. En esta tendencia hacia lo tropical, la “arquitectura genérica” deberá incluir el equilibrio energético y bioclimático.

 

A pesar de sus finalidades económicas, conviene a esa arquitectura que incluya tecnologías genéricas a favor del ambiente.

 

Vivimos en un escenario dual: genérico y contextualizado. En tal escenario, la posición en nuestros países tropicales genera una mezcla entre la estabilidad interna del ser humano con su contexto, y la adaptación con el mundo globalizado.

 

Sin duda, ese traslape dual, realista, funcional, humano, económico y ecológico dibujará las corrientes urbanas que vengan.

 

Luis Diego Barahona

La Nación

Costa Rica

2008

 

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Usted va a un aeropuerto, sube a un avión, vuela y baja en otro aeropuerto. Este es tan, tan parecido al primero, que usted se pregunta: “¿Viajé o me quedé donde estaba?”. Si esto le ocurre, usted es “víctima” de la “arquitectura genérica”.

 

Las obras “genéricas” proliferan por todo el mundo; responden principalmente a las leyes del consumo y poseen la característica propia de ser “impropia”. El concepto fue descrito por el reconocido arquitecto holandés Rem Koolhaas en su publicación La ciudad genérica.

 

Entre las manifestaciones de la arquitectura genérica destacan cuatro tipos de proyectos: 1) los aeropuertos neutros y estandarizados; 2) los museos que entremezclan el arte con el comercio; 3) los centros comerciales repetidos por todo el orbe; 4) los hoteles que conforman una red internacional de “los mismos” espacios.

 

Tales modelos de edificaciones genéricas objetan las tendencias que responden a la búsqueda de la identidad. Son obras carentes de identificación y planeadas sin vincularse –en muchos casos– al contexto y la historia. Responden a las tendencias que rigen la economía mundial, y sus diseños justifican las inversiones para construirlos. Así, la arquitectura genérica se construye por doquier, se repite y redefine las ciudades del mundo contemporáneo.

 

Aeropuertos estandarizados. Los aeropuertos inciden hoy en la historia de la arquitectura como lo hicieron los museos en la década de 1990. Estas redes mundiales de edificios “interconectados” determinan y actualizan las esencias del movimiento funcionalista de mitad del siglo XX.

 

Por sus características, los programas arquitectónicos de los aeropuertos tienden a ser globales, neutros y genéricos. Estas edificaciones contienen códigos de fácil “lectura” para cualquier ciudadano del mundo que los transite y utilice. Conforman una red internacional que no tienen como propósito diferenciarse unos de otros, sino “igualarse” o ser genéricos.

 

Así, resultan obras emblemáticas en la actual tendencia mundial que construye la “ciudad genérica”. Los aeropuertos influyen en nuestros nuevos esquemas urbanos, por lo que Koolhaas pregunta: “¿Son las ciudades contemporáneas como los aeropuertos contemporáneos, es decir, ‘todas iguales’?”.

 

Museos comerciales. Los museos exponen y venden. Cada vez más, la mezcla entre museos y comercio define nuevos espacios integrales y duales. Por un lado, el registro histórico artístico como bien cultural; por otro, el realismo de su propia existencia, que depende de su carácter comercial e influye este carácter.

 

El siglo XXI presenta un escenario mezclado. Ahora es cada vez más difícil desligar las finalidades. Sus espacios neutros responden a una arista de la arquitectura genérica que permite todo en sus blancos espacios interiores.

 

Centros comerciales genéricos. Estos lugares son los centros de mayor tensión y flujo de las ciudades contemporáneas. Las “millas de oro” reescriben ya los ejes de mayor impacto dentro de las urbes. Los “malls” se construyen con esquemas internacionales repetitivos de locales comerciales y conforman edificios genéricos.

 

Esas construcciones no pretenden una identidad de los usuarios, sino lograr que la identidad la defina el objeto que se consume dentro de ellas. Los centros comerciales crean “identidades” que se reescriben cada “temporada”, sin que esta dependa o se “amarre” a la historia.

 

Hospedaje global. Según Koolhaas, los hoteles son los alojamientos de la “ciudad global”. El conjunto internacional de hoteles conforma una “ciudad” donde viven diez millones de personas que varían cada noche. Son gentes que duermen, comen, trabajan, consumen, se ejercitan y se recrean. Viven días en espacios internacionales, impersonales y genéricos. En los hoteles privan los aspectos funcionales y se caracterizan por ofrecer un escenario idóneo que satisface las necesidades estandarizadas de los usuarios.

 

Ciudad G. Vivimos en una ciudad global y genérica. La discusión de la identidad parece perder interés en un mundo donde privan el consumo y la economía. Los crecimientos de las ciudades parten del impacto comercial que tendrán, por lo que no se justifican por las vinculaciones con la historia.

 

Para Rem Koolhaas, “la ciudad genérica es la ciudad liberada de la cautividad del centro, del corsé de la identidad”. Esta ciudad impersonal, neutra y mundial se recrea permanentemente y carece de historia. Es una ciudad que objeta la existencia de las ciudades como las hemos conocido a lo largo del tiempo: ciudades de un alto simbolismo y vinculación con la secuencia histórica, y relacionadas directamente con las necesidades esenciales del ser humano.

 

Ahora, la ciudad real, “superficial” y genérica representa la otra cara de la moneda de las corrientes que buscan la “identidad” de la arquitectura.

 

Identidad y energía. ¿Qué identifica a la arquitectura costarricense? En ocasiones, los elementos llamados “costarricenses” son fachadas de espacios genéricos.

 

La identidad de la arquitectura costarricense ha estado ligada siempre al contexto natural. Ahora nos ubicamos dentro de una “ciudad genérica”, pero continuamos relacionando nuestra arquitectura –principalmente en las viviendas unifamiliares– al contexto y a la historia.

 

Según Koolhaas, la “ciudad genérica” camina hacia lo tropical por razones de estabilidad climática y por las características de las personas que habitamos esta parte del mundo. En esta tendencia hacia lo tropical, la “arquitectura genérica” deberá incluir el equilibrio energético y bioclimático.

 

A pesar de sus finalidades económicas, conviene a esa arquitectura que incluya tecnologías genéricas a favor del ambiente.

 

Vivimos en un escenario dual: genérico y contextualizado. En tal escenario, la posición en nuestros países tropicales genera una mezcla entre la estabilidad interna del ser humano con su contexto, y la adaptación con el mundo globalizado.

 

Sin duda, ese traslape dual, realista, funcional, humano, económico y ecológico dibujará las corrientes urbanas que vengan.