LDB Arquitectura

Arquitectura y género. Entrevista a Zaida Muxí

Hombres y mujeres no hacen arquitectura diferente, ni una es mejor que la outra. Hombres y mujeres perciben de manera distinta el espacio y su entorno  y eso impacta la producción arquitectónica. De esto y más nos habla Zaida Muxí.

 

Con motivo de su visita al país, invitada por la Universidad de Costa Rica, el arquitecto Luis Diego Barahona conversó sobre género y arquitectura con Zaida Muxí, experta en el tema y profesional de prominente trayectoria. Esta es la entrevista.

 

-¿Cuáles son los objetivos esenciales del seminario que dirigió en la Universidad de Costa Rica (UCR)?

 

- A raíz de un trabajo de investigación realizado entre el 2006 y el 2007 en la Universidad Politécnica de Cataluña, con una beca del Instituto Catalán de las Mujeres, elaboramos un documento divulgado titulado “Mujeres públicas, urbanismo y género”. Este proyecto analiza seis variables (participación, espacio público, equipamientos, movilidad, seguridad y vivienda) y es este material que llega a manos de Ofelia Sanou, quien me expresa el interés de la Escuela de Arquitectura de la UCR de trabajar sobre este tema.

 

Por tanto, se creó este taller abierto a instituciones, ayuntamientos y universidades. La idea fue plantear el tema del urbanismo y género aplicado a una minipráctica en un sitio concreto. El objetivo fue reflexionar la ciudad desde la visión del género y cuestionarnos que preguntas le haríamos a las realidades que presenta el sitio.

 

-¿Cómo definiría la necesidad de revalorar el género?

 

- Primero, es importante definir qué significa el género. No significa sexo (mujer y hombre), sino los roles asignados por la sociedad a los sexos. Estos roles definen que las mujeres nos hemos de cuidar de la reproducción y la vida privada mientras que a los hombres se le asigna la parte productiva y pública.

 

Esta situación lleva a valoraciones diferentes de lo reproductivo y lo productivo. Lo productivo es “lo principal”, lo que se paga y valora; lo reproductivo no es tan valorado. Cuando en realidad no puede existir nada si lo reproductivo no está cubierto. Lo reproductivo es, a su vez, la alimentación, cuidado, limpieza, cuido del enfermo, crianza y, en general, todo lo que hacen las madres en casa.

 

Entonces, si uno se coloca desde esta perspectiva y mira la realidad desde las vivencias de estas personas que representan lo reproductivo al tiempo que compaginan lo productivo descubre que las necesidades son otras. La realidad es diferenciada, no es neutra. No es lo mismo la realidad de quien va en Hommer, de una madre que va con un niño de la mano cruzando la calle.

 

-¿Cuáles son los retos de las viviendas con los nuevos roles del género a inicios del siglo XXI?

 

- Las viviendas hay que repensarlas. Las viviendas como las conocemos hoy son una evolución que comenzó en el siglo XIX. Esta vivienda fue ideada para una familia modelo, creada según la imagen idealizada de la familia burguesa, que excluye a la mujer en el interior, confundiendo intimidad, interior y familia. Este desarrollo llega a su momento de máximo cuestionamiento y creación entre los años 20 y 50 en Europa. Con el tiempo, los modelos de las viviendas se fueron repitiendo y lo que es más grave, simplificando, perdiendo variedad y capacidad de responder a realidades concretas.

 

Sin cuestionarse qué necesidades tiene la casa hoy en día. Las familias no son únicas, ni hay un modelo de familia. Actualmente, hay familias polinucleares, recompuestas, uniparentales, de gente mayor, etc., y se continúa construyendo la casa basándose en un modelo único. La mirada del género evidencia que la realidad no es única y que hay varias maneras de mirarla. Según el reparto de roles, la mujer se encarga de los cuidados de la reproducción, lo que la lleva a ser experta en la vivienda para sí y para otros, acumula una experiencia múltiple, no exclusiva, por ser quien cuida bebés, ancianos o enfermos, va al banco, consigue los remedios, etc.

 

La mujer hace muchas cosas que no son de ella, por lo que su experiencia no es ella sola. Ella se multiplica por ser quien acompaña a un niño pequeño a cruzar la calle e irá al ritmo de este niño pequeñito. Estas actividades que hacen más la mujer que los hombres. Por lo  tanto, su experiencia sensible de la ciudad es diferente a la mirada técnica. Se trataría de sumar este  conocimiento al conocimiento más técnico y disciplinar.

 

- ¿Cómo se vincula el espacio público con el género?

 

- El espacio público es el espacio necesario para realizar las tareas reproductivas que realizan las mujeres, ya que este mundo teóricamente interior sale a la calle para poder ser completado.

 

Este espacio público muchas veces no está pensado para estas actividades, no hay aceras de calidad, no están señalados los cambios de nivel, no se piensan en las personas con sillas de ruedas, ni en los cochecitos de los bebés.

 

La seguridad en el espacio público estará en relación directa con la multiplicidad de actividades que se den en los barrios, la seguridad no se consigue con la segregación entre lo público y lo privado con rejas y muros,  sino con espacios activos y con personas habitándolos a todas horas.

 

Ya lo defendió Jane Jacobs en su libro de 1961, la máxima de la seguridad es la gente en la calle. Las calles inseguras, sin calidad, afectan más a las mujeres que a los hombres yq que ellas son las que utilizan menos el carro. Entonces, las mujeres son las que usan más el espacio público. Y lo usan aunque esté sin las condiciones necesarias.

 

Para que la ciudad otorgue más oportunidades a las mujeres deben contar con calles, con actividades diversas, comercios cercanos, evitar cerrar grandes superficies, buen transporte público y buena calidad e iluminación en aceras y calles.

 

Otro tema que hay que cuidar es el cuerpo de la mujer como objeto público. Las propagandas en la vía pública con mujeres semidesnudas, sensuales y sexys muestran que  la mujer está en la calle como objeto y esto refleja que el espacio público no esta para ellas. Vieja reivindicación feminista de los años 60 y 70 aún vigente si pensamos en los casos de violencia contra las mujeres.

 

A su vez, la pertenencia cultural y social de la mujer al espacio privado, a lo reproductivo, ha invisibilizado sus aportes a la sociedad. Muy pocas o ninguna calle lleva nombre de mujer, y esto es debido a los mismos roles

de género que solo consideran como valorables e importantes las

acciones públicas sin importar si han sido bélicas o violentas. Por

qué no podemos valorar y visibilizar el cuidado y la atención a los otros

que han realizado y realizan las mujeres, dando nombre a una

calle el de una mujer madre, una mujer maestra, enfermera… Es

decir, mujeres que han servido en las tareas de la reproducción.

 

Como las cosas que hace la mujer son las consideradas de “menor

valor” no “merecen” el nombre de una calle. Debemos pensar en

nombres de mujeres en las calles, como artistas, políticas, mujeres

que han estado en la medicina, que han luchado por la naturaleza o por

las comunidades. De lo contrario se continuará invisibilizando a la

mujer.

 

- ¿Cuál es el valor de la participación ciudadana respecto al género?

 

- En general, el proyecto urbano debe contar con mayor participación de la ciudadanía en sus diferentes momentos de trabajo y no al final, cuando se expone a la comunidad. Respecto a la participación hay que cuidad como se realiza, cómo se llevan los grupos que participan, se debe tener muy claro a quienes afectamos con los proyectos en los barrios y saber buscar y aceptar la participación de la gente.

 

Luego debemos hacer el trabajo por grupos. En las reuniones, suelen hablar más ellos que ellas, aunque sean ellas las que trabajan más en casa. La palabra la llevan los hombres. Entonces, hay que trabajar más con grupos aparte de mujeres, para que luego puedan aportar a discusiones mixtas, pero es necesario el trabajo separado para empoderar y dar confianza a las mujeres; también se han de considerar otros grupos como niñas y niños, ancianas y ancianos, y luego trabajar en conjunto. Pero después de haberles dado la palabra individualizada a los grupos más débiles.

 

La participación no significa que la gente hará el trabajo de arquitectas y arquitectos, quienes responden – con un conocimiento técnico y artístico- a las necesidades de la sociedad. Pero se han de saber cuáles son estas necesidades. No es lo mismo hacer una plaza en el centro de la ciudad que hacer una plaza en Los Yoses o en San Pedro o en Sagrada Familia. Esta plaza no  es un genérico, sus características vendrán dadas por un estudio técnico del entorno, del contexto, de la estructura –cuestiones más urbanísticas y arquitectónicas- y por la aportación de la gente que lo usará, quienes nos darán datos que difícilmente podemos adquirir sin la experiencia diversa del sitio.

 

Ciudadanas y ciudadanos, futuras usuarias y usuarios dirán qué expectativas tienen de esa plaza, qué actividades quieren realizar, cómo es ese espacio y cómo viven el sitio. Debemos saber qué siente un niño cuando le pasa un camión con una rueda de varios metros a poca distancia, o que siente una joven adolescente que no sale de casa a ciertas horas por temor o cuando se ven obligadas a hacer recorridos más largos por ese mismo temor. Estas cosas no podemos inventarlas.

 

Cuando un proceso de proyecto de un espacio compartido, como es un espacio público, se hace transparente y abierto a la participación, nos permitirá seguramente entender los desafíos  y problemas más cercanos que este ha de responder y con seguridad será un mejor proyecto y sin duda será mejor recibido pues responde a una situación real de quienes lo habitan.

 

Zaida Muxí Martínez

(Buenos Aires, 1964)

 

Arquitecta por la Universidad por la Universidad de Buenos Aires, obtuvo una maestría de la Universidad Politécnica de Cataluña y de la Universidad de Barcelona y un doctorado de la Universidad de Sevilla. En conjunto con Josep Maria Montaner dirige el Master Laboratorio de la Vivienda del Siglo XXI, en la UPC, y ambos dirigieron la exposición y libro “Habitar el presente. Vivienda en España: sociedad, ciudad, tecnología y energía” (2005-2006).

 

Ha impartido cursos y conferencias en España, Gran Bretaña, México, Costa Rica, Ecuador, Argentina y Estados Unidos. Entres sus libros destaca La arquitectura de la ciudad global, de la Editorial Gustavo Gili (2004) y El espacio público: ciudad y ciudadanía, de la Editorial Electa (coautora con Jordi Borja).

 

Coordinadora del ciclo de debates “La Ciudad del Siglo XXI” (Forum de las Culturas Barcelona 2004). Colaboradora permanente en Urban Technology Consulting (Director: Jordi Borja). Entre sus proyectos se encuentran 62 viviendas en Carabanchel, Madrid, en colaboración con Enrique Bonilla de Tolla (2005).

Luis Diego Barahona

Su Casa

Costa Rica

2008

San José

Costa Rica

info@ldbarquitectura.com

(506) 22800670

2020

Hombres y mujeres no hacen arquitectura diferente, ni una es mejor que la outra. Hombres y mujeres perciben de manera distinta el espacio y su entorno  y eso impacta la producción arquitectónica. De esto y más nos habla Zaida Muxí.

 

Con motivo de su visita al país, invitada por la Universidad de Costa Rica, el arquitecto Luis Diego Barahona conversó sobre género y arquitectura con Zaida Muxí, experta en el tema y profesional de prominente trayectoria. Esta es la entrevista.

 

-¿Cuáles son los objetivos esenciales del seminario que dirigió en la Universidad de Costa Rica (UCR)?

 

- A raíz de un trabajo de investigación realizado entre el 2006 y el 2007 en la Universidad Politécnica de Cataluña, con una beca del Instituto Catalán de las Mujeres, elaboramos un documento divulgado titulado “Mujeres públicas, urbanismo y género”. Este proyecto analiza seis variables (participación, espacio público, equipamientos, movilidad, seguridad y vivienda) y es este material que llega a manos de Ofelia Sanou, quien me expresa el interés de la Escuela de Arquitectura de la UCR de trabajar sobre este tema.

 

Por tanto, se creó este taller abierto a instituciones, ayuntamientos y universidades. La idea fue plantear el tema del urbanismo y género aplicado a una minipráctica en un sitio concreto. El objetivo fue reflexionar la ciudad desde la visión del género y cuestionarnos que preguntas le haríamos a las realidades que presenta el sitio.

 

-¿Cómo definiría la necesidad de revalorar el género?

 

- Primero, es importante definir qué significa el género. No significa sexo (mujer y hombre), sino los roles asignados por la sociedad a los sexos. Estos roles definen que las mujeres nos hemos de cuidar de la reproducción y la vida privada mientras que a los hombres se le asigna la parte productiva y pública.

 

Esta situación lleva a valoraciones diferentes de lo reproductivo y lo productivo. Lo productivo es “lo principal”, lo que se paga y valora; lo reproductivo no es tan valorado. Cuando en realidad no puede existir nada si lo reproductivo no está cubierto. Lo reproductivo es, a su vez, la alimentación, cuidado, limpieza, cuido del enfermo, crianza y, en general, todo lo que hacen las madres en casa.

 

Entonces, si uno se coloca desde esta perspectiva y mira la realidad desde las vivencias de estas personas que representan lo reproductivo al tiempo que compaginan lo productivo descubre que las necesidades son otras. La realidad es diferenciada, no es neutra. No es lo mismo la realidad de quien va en Hommer, de una madre que va con un niño de la mano cruzando la calle.

 

-¿Cuáles son los retos de las viviendas con los nuevos roles del género a inicios del siglo XXI?

 

- Las viviendas hay que repensarlas. Las viviendas como las conocemos hoy son una evolución que comenzó en el siglo XIX. Esta vivienda fue ideada para una familia modelo, creada según la imagen idealizada de la familia burguesa, que excluye a la mujer en el interior, confundiendo intimidad, interior y familia. Este desarrollo llega a su momento de máximo cuestionamiento y creación entre los años 20 y 50 en Europa. Con el tiempo, los modelos de las viviendas se fueron repitiendo y lo que es más grave, simplificando, perdiendo variedad y capacidad de responder a realidades concretas.

 

Sin cuestionarse qué necesidades tiene la casa hoy en día. Las familias no son únicas, ni hay un modelo de familia. Actualmente, hay familias polinucleares, recompuestas, uniparentales, de gente mayor, etc., y se continúa construyendo la casa basándose en un modelo único. La mirada del género evidencia que la realidad no es única y que hay varias maneras de mirarla. Según el reparto de roles, la mujer se encarga de los cuidados de la reproducción, lo que la lleva a ser experta en la vivienda para sí y para otros, acumula una experiencia múltiple, no exclusiva, por ser quien cuida bebés, ancianos o enfermos, va al banco, consigue los remedios, etc.

 

La mujer hace muchas cosas que no son de ella, por lo que su experiencia no es ella sola. Ella se multiplica por ser quien acompaña a un niño pequeño a cruzar la calle e irá al ritmo de este niño pequeñito. Estas actividades que hacen más la mujer que los hombres. Por lo  tanto, su experiencia sensible de la ciudad es diferente a la mirada técnica. Se trataría de sumar este  conocimiento al conocimiento más técnico y disciplinar.

 

- ¿Cómo se vincula el espacio público con el género?

 

- El espacio público es el espacio necesario para realizar las tareas reproductivas que realizan las mujeres, ya que este mundo teóricamente interior sale a la calle para poder ser completado.

 

Este espacio público muchas veces no está pensado para estas actividades, no hay aceras de calidad, no están señalados los cambios de nivel, no se piensan en las personas con sillas de ruedas, ni en los cochecitos de los bebés.

 

La seguridad en el espacio público estará en relación directa con la multiplicidad de actividades que se den en los barrios, la seguridad no se consigue con la segregación entre lo público y lo privado con rejas y muros,  sino con espacios activos y con personas habitándolos a todas horas.

 

Ya lo defendió Jane Jacobs en su libro de 1961, la máxima de la seguridad es la gente en la calle. Las calles inseguras, sin calidad, afectan más a las mujeres que a los hombres yq que ellas son las que utilizan menos el carro. Entonces, las mujeres son las que usan más el espacio público. Y lo usan aunque esté sin las condiciones necesarias.

 

Para que la ciudad otorgue más oportunidades a las mujeres deben contar con calles, con actividades diversas, comercios cercanos, evitar cerrar grandes superficies, buen transporte público y buena calidad e iluminación en aceras y calles.

 

Otro tema que hay que cuidar es el cuerpo de la mujer como objeto público. Las propagandas en la vía pública con mujeres semidesnudas, sensuales y sexys muestran que  la mujer está en la calle como objeto y esto refleja que el espacio público no esta para ellas. Vieja reivindicación feminista de los años 60 y 70 aún vigente si pensamos en los casos de violencia contra las mujeres.

 

A su vez, la pertenencia cultural y social de la mujer al espacio privado, a lo reproductivo, ha invisibilizado sus aportes a la sociedad. Muy pocas o ninguna calle lleva nombre de mujer, y esto es debido a los mismos roles

de género que solo consideran como valorables e importantes las

acciones públicas sin importar si han sido bélicas o violentas. Por

qué no podemos valorar y visibilizar el cuidado y la atención a los otros

que han realizado y realizan las mujeres, dando nombre a una

calle el de una mujer madre, una mujer maestra, enfermera… Es

decir, mujeres que han servido en las tareas de la reproducción.

 

Como las cosas que hace la mujer son las consideradas de “menor

valor” no “merecen” el nombre de una calle. Debemos pensar en

nombres de mujeres en las calles, como artistas, políticas, mujeres

que han estado en la medicina, que han luchado por la naturaleza o por

las comunidades. De lo contrario se continuará invisibilizando a la

mujer.

 

- ¿Cuál es el valor de la participación ciudadana respecto al género?

 

- En general, el proyecto urbano debe contar con mayor participación de la ciudadanía en sus diferentes momentos de trabajo y no al final, cuando se expone a la comunidad. Respecto a la participación hay que cuidad como se realiza, cómo se llevan los grupos que participan, se debe tener muy claro a quienes afectamos con los proyectos en los barrios y saber buscar y aceptar la participación de la gente.

 

Luego debemos hacer el trabajo por grupos. En las reuniones, suelen hablar más ellos que ellas, aunque sean ellas las que trabajan más en casa. La palabra la llevan los hombres. Entonces, hay que trabajar más con grupos aparte de mujeres, para que luego puedan aportar a discusiones mixtas, pero es necesario el trabajo separado para empoderar y dar confianza a las mujeres; también se han de considerar otros grupos como niñas y niños, ancianas y ancianos, y luego trabajar en conjunto. Pero después de haberles dado la palabra individualizada a los grupos más débiles.

 

La participación no significa que la gente hará el trabajo de arquitectas y arquitectos, quienes responden – con un conocimiento técnico y artístico- a las necesidades de la sociedad. Pero se han de saber cuáles son estas necesidades. No es lo mismo hacer una plaza en el centro de la ciudad que hacer una plaza en Los Yoses o en San Pedro o en Sagrada Familia. Esta plaza no  es un genérico, sus características vendrán dadas por un estudio técnico del entorno, del contexto, de la estructura –cuestiones más urbanísticas y arquitectónicas- y por la aportación de la gente que lo usará, quienes nos darán datos que difícilmente podemos adquirir sin la experiencia diversa del sitio.

 

Ciudadanas y ciudadanos, futuras usuarias y usuarios dirán qué expectativas tienen de esa plaza, qué actividades quieren realizar, cómo es ese espacio y cómo viven el sitio. Debemos saber qué siente un niño cuando le pasa un camión con una rueda de varios metros a poca distancia, o que siente una joven adolescente que no sale de casa a ciertas horas por temor o cuando se ven obligadas a hacer recorridos más largos por ese mismo temor. Estas cosas no podemos inventarlas.

 

Cuando un proceso de proyecto de un espacio compartido, como es un espacio público, se hace transparente y abierto a la participación, nos permitirá seguramente entender los desafíos  y problemas más cercanos que este ha de responder y con seguridad será un mejor proyecto y sin duda será mejor recibido pues responde a una situación real de quienes lo habitan.

 

Zaida Muxí Martínez

(Buenos Aires, 1964)

 

Arquitecta por la Universidad por la Universidad de Buenos Aires, obtuvo una maestría de la Universidad Politécnica de Cataluña y de la Universidad de Barcelona y un doctorado de la Universidad de Sevilla. En conjunto con Josep Maria Montaner dirige el Master Laboratorio de la Vivienda del Siglo XXI, en la UPC, y ambos dirigieron la exposición y libro “Habitar el presente. Vivienda en España: sociedad, ciudad, tecnología y energía” (2005-2006).

 

Ha impartido cursos y conferencias en España, Gran Bretaña, México, Costa Rica, Ecuador, Argentina y Estados Unidos. Entres sus libros destaca La arquitectura de la ciudad global, de la Editorial Gustavo Gili (2004) y El espacio público: ciudad y ciudadanía, de la Editorial Electa (coautora con Jordi Borja).

 

Coordinadora del ciclo de debates “La Ciudad del Siglo XXI” (Forum de las Culturas Barcelona 2004). Colaboradora permanente en Urban Technology Consulting (Director: Jordi Borja). Entre sus proyectos se encuentran 62 viviendas en Carabanchel, Madrid, en colaboración con Enrique Bonilla de Tolla (2005).