LDB Arquitectura

La vivienda como esencia. Quinto Congreso Líneas

La vivienda como esencia de las ciudades y estas como espacios para la ciudadanía fueron los dos grandes temas abordados en el Quinto Congreso Líneas, realizado en San José en febrero pasado. La construcción de viviendas es uno de los temas más sensibles de nuestras ciudades en el siglo XXI, dada la creciente población urbana mundial y una calidad de vida que tiende a deteriorarse. De ahí que el Quinto Congreso Líneas, llevado a cabo el 23 de febrero, se enfocó en las soluciones para vivir mejor la ciudad y el hogar.

 

En contexto

 

En la ciudad los espacios se han reducido, las casas se convirtieron en edificios habitacionales y la identidad comunal se redujo al mínimo, en pos de un mundo eficiente, sistemático, lógico y racional.

 

Así, nacieron espacios depredadores del territorio, hechos para el automóvil, anónimos y agresivos para cualquiera, y que nos llenaron de orgullo por su imagen de progreso.

 

Sin embargo, la necesidad humana no solo depende del diseño arquitectónico de las casas sino también de su integración y respeto por el contexto urbano y natural.

 

Con estos cuestionamientos arrancó el congreso, en el que el viceministro de Vivienda y Asentamientos Humanos, Jorge Arturo Sánchez; el presidente del Colegio de Arquitectos de Costa Rica, Abel Salazar, y el organizador del evento, Luis Diego Barahona, hicieron referencia a la situación actual de nuestras ciudades y viviendas.

 

Acceso a vivienda, derecho de todos

 

Las estadísticas presentadas al público llaman la atención. Solo en San José, el 80% del tejido urbano se encuentra conformado por viviendas. De estas, el 56% pertenece a la clase media, definidas por Barahona como viviendas desprotegidas, por tres razones.

 

En primera instancia, el costo para que una familia media pueda acceder a una vivienda de calidad se estimó en c250.000 el metro cuadrado. Esto significa que si solo se puede pagar c200.000 al mes por concepto de préstamo, esta familia solo podría acceder a una casa de 60m2, área insuficiente para que una familia moderna viva confortablemente.

 

En segundo lugar, los programas estatales de vivienda han estado dirigidos a solucionar el financiamiento de aquellas familias más pobres, en tanto que las familias más adineradas acceden por su posición a jugosos créditos hipotecarios. En tanto, la clase media queda sin posibilidades reales de acceder a un crédito que se ajuste a sus necesidades. Y, por último, la composición

de la familia contemporánea ha cambiado y por tanto, también la definición de que es familia.

 

Integrando el paisaje

 

El concepto de la nueva vivienda está relacionado con la calidad de vida dentro de los espacios diseñados, trascendiendo la oferta inmobiliaria o las políticas urbanas de cada país. Por lo tanto, la arquitectura contemporánea aboga por integrar siempre el paisaje al diseño en armonía con la naturaleza.

 

Ejemplos de ello son algunos proyectos de los conferencistas que participaron del congreso. Para el arquitecto Víctor Cañas, debe existir una estrecha relación entre el interior y el exterior de los espacios de una vivienda. La razón: la arquitectura nace del lugar, de ahí que las soluciones de vivienda deban adaptarse al terreno, el clima, la cultura o las necesidades del usuario.

 

En esta misma línea, el arquitecto peruano Jean Pierre-Crousse, procura contra contraponer sus obras al desierto de la costa pacífica. Su arquitectura se incorpora al paisaje como una escultura abstracta en medio de un lugar desolado.

 

Si Cañas usa como estrategia la apertura hacia el paisaje exterior, Crousse la niega debido a las condiciones hostiles del desierto, y propone un paisaje propio, dentro de la misma arquitectura.

 

Por otro lado, el arquitecto puertorriqueño Nataniel Fuster planteó en sus obras el contraste con el tejido urbano en sus formas: a partir de ella busca la esencia de un microcosmos vital para los habitantes, donde la luz hace levitar a las grandes masas de concreto.

 

La ciudad, entonces, la entiende como contexto, pero la barrera creada por los muros, la percibe como hostil.

 

Otra manera de vivir

 

Finalmente, nada lograríamos con una mejor vivienda si las condiciones de vida en nuestras ciudades no mejoran en cuanto a su identidad, su habitabilidad, su gobierno y, más importante aún, su sostenibilidad a través del tiempo.

 

Y es que habitamos construyendo y vivimos habitando, lo cual significa que para poder lograr vivir en una ciudad, debemos identificarnos con nuestro contexto. Las plazas, los parques y los espacios públicos nos otorgan una imagen y proyectan personalidad que tienen las ciudades visitadas o aquellas donde vivimos.

 

En los proyectos del arquitecto argentino Miguel Ángel Roca, esta idea se encuentra resuelta por medio de un entendimiento del espacio vacío y del espacio construido en la ciudad de Córdoba.

 

Para él, riqueza del espacio público depende de las conexiones entre los diferentes usos de un mismo espacio. Así cohabitan comercio y vivienda, instituciones con comunidad, rescatando la memoria colectiva mediante los edificios patrimoniales y del tejido urbano.

 

Por otro lado, el último de los expositores, el arquitecto colombiano Enrique Peñalosa, lo cuestiona: ¿cuáles son, entonces, las ciudades en las cuales queremos vivir?

 

La respuesta es compleja pero se resume en “aquellas en donde podamos estar afuera y no dentro de nuestras casas”

 

En aquellas que sean igualitarias, democráticas, sensibles y en donde nuestras necesidades no sean resueltas para sobrevivir sino para vivir.

 

Una ciudad que le da prioridad a los intereses privados, es una ciudad enferma, fragmentaria, excluyente, anónima, más aún, poco tolerante y sensible hacia las necesidades de las personas más frágiles de nuestra sociedad.

 

Una buena ciudad es, aquella que sentimos con el corazón y con el alma. Esta es quizá, el tipo de ciudad donde queremos vivir.

 

Con esta última reflexión, la revista Su Casa, presenta los pormenores de las conferencias del Quinto Congreso Líneas, que abre un nuevo año de actividades para la arquitectura contemporánea costarricense.

 

De la ciudad al ciudadano

Por Randall Zuñiga, periodista

Fotografía: retrato por José Salazar obra archivo La Nación.

 

Democratizar el espacio público es la bandera de Enrique Peñalosa. Su aporte, sin embargo, apenas alcanza para mostrar los destellos de lo que debiera ser una “ciudad ciudadana”: derivada de las necesidades públicas y del peatón como usuario significativo.

 

“Las ciudades eran peatonales, hechas para nosotros. Pero de repente nos dedicamos a hacer ciudades para el carro”. Esa es la quizá la descripción más sencilla de la coyuntura moderna que guió a Enrique Peñalosa a adoptar la ciudad de Bogotá como su gran protegida.

 

Peñalosa cerró el Quinto Congreso Líneas, recordando los proyectos asumidos durante su gestión y los retos para devolverle la urbe a aquellos que la habitan.

 

Equidad urbana

 

El político fue elegido alcalde de Bogotá en 1998, y desde su llegada promovió la equidad urbana a partir de la restauración del espacio público y el apropiamiento de este por parte de los peatones. Su fin: la igualdad en la calidad de vida.

 

Mediante el plan “Por la Bogotá que queremos”, se puso especial énfasis en mejorar y favorecer el transporte público masivo mediante vías exclusivas para autobuses y un sistema eficiente (Transmilenio), así como vías exclusivas para bicicletas (ciclovías), amplitud de aceras, creación de parques y bibliotecas.

 

La base de la propuesta era clara: es en los espacios públicos donde se crea ciudad y donde la mayoría de la población (los que no tienen automóvil) transita, trabaja y se recrea día tras día.

 

“Hay un conflicto entre una ciudad que es especialmente amable con los automóviles, con otra que es hostil con los peatones”, afirma. Dar prioridad a una autopista antes que a las aceras o las plazas denota que para el Estado es más importante aquel que cuenta con un automóvil que aquel que transita a pie, en bicicleta o en silla de ruedas.

 

El interés público sobre el privado

 

Como cuenta Peñalosa, su plan promovía una manera de ver la ciudad opuesta a la usualmente permisiva con los automóviles, y con aquellos que no usan la ciudad.

 

“Ellos (los que tienen auto) saltan de un espacio privado a otro, mediante cápsulas (autos). No les interesan los servicios que el Gobierno provee, porque no los usan”. Para Peñalosa, el problema radia en que quienes toman las decisiones de invertir en carreteras, por ejemplo, son esas mismas personas que no caminan la ciudad.

 

De ahí que la ciudad deba ser diseñada para los que viven esa ciudad y la hacen suya. “Ciudad para todos, diseñada para los ciudadanos más vulnerables, para los que se movilizan en silla de ruedas, en bicicleta, para los niños…”.

 

Sin embargo, siendo prácticos, las aplicaciones de este sistema no son más que las aplicaciones reales de la legislación de muchos sitios latinoamericanos. Por ejemplo, al hablar de la preeminencia del interés general sobre el particular llegamos a la conclusión de que el transporte público masivo debiera estar articulado, con carriles exclusivos y rutas periféricas.

 

La ciudad ideal

 

Más allá del cúmulo de oportunidades que empiezan a despuntar bajo estas máximas, en Bogotá, así como otras ciudades donde se aplican sistemas similares los problemas están lejos de solucionarse.

 

“Todos estamos tratando de aprender cómo debe ser una ciudad. Si a cada quien le preguntamos cómo es su ciudad ideal, estamos lejos de tener una visión compartida”, sentencia.

 

Este proceso de aprendizaje ha llevado a que desde distintas partes del mundo se haya estudiado el caso bogotano, señalado por la ONU en su informe: “Espacio público: el gran nivelador” como  un ejemplo de equidad, quizás al tratarse del único sitio donde todos somos iguales.

 

Frase adjunta: “Hay parámetros de la distancia que debe haber entre postes de luz, pero ¿cuál es la distancia mínima de la que debe crecer un niño de un parque?”

 

La ciudad y la convivencia

Por Randall Zúñiga, periodista

Fotografía: retrato por Garret Britton y obras cortesía de Miguel Ángel Roca

 

Teniendo a la urbanidad como punto de partida de la vida democrática, el arquitecto argentino Miguel Ángel Roca aboga por el rescate de la ciudad en contraparte de las autopistas y los shoppings, a los que califica de “no lugares”.

 

Sus primeros años los pasó en el estudio del afamado arquitecto Louis Kahn, lo que lo llevó indirectamente a intervenir más tarde la ciudad de Córdoba. Estos dos puntos detallan la vida y definen la obra del arquitecto argentino Miguel Ángel Roca.

 

“La experiencia con Kahn fue ambivalente. Todos éramos arquitectos, y de diferentes partes del mundo. Nos trataba con mucha dureza”, recuerda Roca. “Kahn murió con dos millones de dólares en deudas, lo que a mí me parece importante destacar: porque eso quiere decir que no se puede hacer arquitectura para convivir, sino para servir. En mi caso no solo es solo servir a la arquitectura, sino a los que van a estar ligados a esta arquitectura”.

 

El vínculo y la responsabilidad con el resto de los ciudadanos trajo en consecuencia una serie de proyectos habitacionales de vivienda social en los años 70, así como proyecto institucionales. Así crecieron obras como el hospital San Martí, en Paraná; distintas sucursales del Banco de la Provincia de Córdoba; complejos habitacionales como el Pucará o el San Pedrito.

 

Sin embargo, el impacto sobre la ciudad devino de una idea de Kahn de reflexionar en torno a la ciudad de Roca, Córdoba…

 

“Durante unos 10 años hice anteproyectos de revalorización del área central, de densificación, la peatonalización, parqueos subterráneos, que creo que es de aplicación para cualquier ciudad”.

 

La propuesta trajo la generación e nuevos centros en la periferia, más de una docena de espacios para las actividades culturales, cada uno con cerca de 1.500 metros cuadrados. “Esta idea de la ciudad como una totalidad está reflejado en el respaldo a una ciudad histórica”.

 

Los lugares y los no lugares Su visión sobre el futuro de las ciudades parte de la revalorización de la ciudad actual y de los edificios históricos. Una de esas reflexiones lo llevó a hablar del Teatro Nacional y del Museo de Oro, en Costa Rica. “Me parece muy interesante el museo al poner en valor el Teatro. Justamente por lo discreta pasa a ser una obra ejemplar. Estas recuperaciones,

desgraciadamente, no llevan el ritmo de la construcción y la demolición interna. Al tiempo que se recuperan algunas obras se destruyen otras…”

 

La nueva interpretación de centros que vienen desde Córdoba, tratan de urbanizar lo “desurbanizado por las urbanizaciones”. “Es importante encontrarse con la gente en la calle, para discutir, debatir… Con  os otros, no con los iguales a uno, no los ‘Villa Miseria’ ni los barrios cerrados de la clase alta. La urbanidad es el punto de partida de la vida democrática”.

 

Para Roca, esa urbanidad se pierde en los no lugares: las autopistas y los centros comerciales. “El progreso es no hacer autopistas. Nadie habla de las autopistas de París. La gente habla de ciudad de París, no de las autopistas de París”, explica. “Los no lugares no nos permiten identificarnos, relacionarnos y hacer historia…

 

Un shopping es un igual a otro shopping, más bonito o más feo pero son iguales… Y la gente va ahí para ver a los iguales a uno. Succionan la vitalidad del área central, destruyen los pequeños comercios…”.

 

Rescatar la ciudad y el espacio democrático sigue siendo baluarte en la arquitectura de Roca, desde proyectos unifamiliares hasta la peatonalización de los centros históricos, su obra remarca el fin último de la arquitectura: servir al hombre.

 

Frase adjunta “Cualquier proyecto comienza por una conceptualización del tema, se analiza el lugar, el programa, así aparecen las imágenes. Pero sin imágenes arquitectónicas tampoco parece la conceptualización”, así describe el proceso de trabajo el arquitecto Roca.

 

La arena de la herencia

Por: Randall Zuñiga, periodista

Fotografía: retrato por Garrett Briton y obras cortesía de Barclay & Crousse

Architecture

 

Para Jean Pierre Crousse, de Barclay & Crousse Architecture, la arquitectura debe develar la inconmensurable obra del día a día en medio de la herencia y la belleza.

 

“Muchas veces se cree que hay que ser folclórico para haber aprendido de la herencia”. Asegurar esto desde la visión de un arquitecto en el mítico país de Perú debe ser correspondido con obras que realcen la herencia sin desmeritar  el valor cultural y el valor espiritual de todo lugar.

 

Para Jean Pierre Crousse, el tema de la herencia, por tanto, es algo cotidiano. “Hemos tratado de no tomar la forma. La forma lleva al folclor. Hemos tratado de tomar las estrategias que permiten utilizadas en clave contemporánea, que es una manera de avance. Las estrategias que ellos usaban (los incas) eran avanzadísimas para la época, hoy día disponemos de muchos más recursos, bagaje  y cultura universal. El reto es mejorar lo que ellos hacían bien.

 

 No tratando de copiar formas”, explica, en el intermedio del Quinto Congreso Líneas.

 

- Durante todo ese proceso, ¿qué resultado se exige?

 

- El resultado es formal, pero esa forma depende de las circunstancias formales, no depende de factores culturales, sí de las estrategias. Las máximas en el trabajo de la forma concluyen una sola línea: nada es casualidad. Las hipótesis deben ser acertadas.

 

Es tratar de tener una visión crítica de cada trabajo, para aprender de los errores y los aciertos y nos permite volverlos conscientes. El  proyecto de la firma es un proyecto continuo que va evolucionando, con circunstancias continuas.

 

Además, la visión de hogar y de amplitud interna es ovacionada por la maravillosa interacción de luz y objetos, sombra y color en el mismo lugar. Crear un espacio que responda a sus necesidades (del cliente), pero que sea más grande de lo que parece, que dé una idea de amplitud, serenidad y luz.

 

- Mencionaste un proyecto en Lima. Con respecto a vistas y proyectos antiguos, ¿cómo hacer que esto se reproduzca, más allá de la familia, hacia la ciudad?

 

- La arquitectura tiene dos responsabilidades: una hacia la ciudad y otra hacia el que la habita. Creo firmemente que no hay fórmulas, creo en una situación económica y con lo que la rodea. La manera de encararlas dependerá del contexto, no tenemos fórmulas.

 

- ¿Cómo conseguir que esta arquitectura sea humana y sea arquitectura, más que construcción?

 

- La diferencia entre la arquitectura y la construcción está en la capacidad emotiva de la arquitectura. Un espacio que conmueve es arquitectura. La arquitectura no solamente se limita a cumplir con las necesidades, sino que posibilita el desarrollo anímico del hombre, introduce el aspecto emotivo de estos espacios.

 

La arquitectura no es mesurable, es inmensurable. Eso es lo importante, lo que produce la emoción. Y esto en una sociedad en que solo se valora lo mesurable es difícil de ser aceptado.

 

- Y en donde la arquitectura tiene, más que un valor, un precio…

 

- Sí, y es ahí donde la arquitectura tiene un complejo con respecto a todas las disciplinas.

 

Frase adjunta “Una de las casas más conocidas de la firma es la Casa Equis, en Cañete, Perú. En ella, existe una rara sensación de estar en el paisaje, de estar cobijado y de estar en un lugar íntimo sin ningún encierro. Ese es el fin de la firma”.

 

De la raíz a la luz

Por: Randall Zuñiga, periodista

Fotografía: retrato Garrett Britton y obras cortesía de Fuster and Partners.

 

Para el arquitecto Nataniel Fuster, de Fuster and Partners, las ciudades y las viviendas individuales deben ir ligadaWs desde el estudio hasta el usuario, con un diseño adaptado a las características del trópico, la economía y su usabilidad.

 

Junto a los demás expositores no fue difícil reconocerlo: su piel morena delató su día a día en Puerto Rico. Allí, los proyectos de vivienda individual a escasos metros del mar han hecho su obra conocida en muchas partes del mundo. Pero nuevos proyectos guiados a hacer populares estas viviendas han devenido en años de estudio y práctica. Así, el análisis de la luz y los diseños vernáculos

convergen con la sostenibilidad integral y la accesibilidad en cuanto al costo de producción y de venta.

 

- Precisamente su tesis de doctorado estuvo ligada a una afirmación básica: la arquitectura moderna es esencialmente tropical. Pero ¿Por qué?

 

- El arquitecto modernista por excelencia es Le Corbusier, quien en sus cinco puntos plantea crear una planta libre, ininterrumpida… Y eso es perfecto para aplicarlo en el trópico. Plantea una arquitectura en donde la fachada pueda ser separada del interior mediante el uso de mamparas o quiebrasoles… los techos verdes… hablaba de elevar los edificios en pilotes… Todo eso ya se hacía en la arquitectura vernácula, para que los edificios fueran más frescos.

 

En el trópico donde la radicalidad de Niemeyer puede florecer con mayor fuerza, donde edificios del propio Le Corbusier, en la India, tuvieron su mayor fuerza. Prefiero definir arquitectura en el trópico, que es lo que buscamos hacer (en Fuster and Partners), antes que arquitectura tropical, ya que la arquitectura no debería tener ningún adjetivo que la califique. Entiendo la arquitectura como algo universal.

 

- Sin embargo, al plantear la arquitectura desde una coyuntura especial, hay puntos clave que desarrollan su obra. ¿Cuál es ese eje primordial?

 

- Definitivamente la luz, es el aspecto fundamental, en esencia no existe espacio si no existe luz. Si este salón (el sitio donde se realizó la entrevista) estuviera absolutamente oscuro, no tendríamos noción del espacio. El espacio esencialmente es un fenómeno que se entiende a través de la vista. La luz desempeña un papel fundamental.

 

- ¿Cómo influye la luz en sus obras?

 

- Genera un interés en crear estructuras perforadas, mamparas, difusiones de luz mediante el  choque de diferentes planos, que solamente se pueden dar en nuestras latitudes. La luz crea una  comunión con el exterior aunque estemos en un interior. Hay algo en la naturaleza humana que ve la luz casi como un material, una esencia a la cual uno debe buscar y ambicionar, capturar y jugar con ella.

 

Hacia la luz

- Las ciudades latinoamericanas se duelen de una falta de diseño concienzudo para ellas. ¿Cómo aplicar allí esos diseños?

 

- No sé la respuesta… Al menos como veo el papel de nuestra oficina, donde buscamos crear conciencia por medio de proyectos puntuales que interactúan con nuestro contexto. Pero la complejidad del caos urbano es algo que no solamente los arquitectos vamos a poder resolver, hará falta voluntad política y voluntad económica.

 

El panorama poco esperanzador se enfrenta, como dice Fuster, a proyectos individuales. Sin embargo, la proyección a futuro deviene de macroproyectos, como la densificación de la ciudad. “Densificar la ciudad es un gesto profundamente ecológico y sustentable. Mientras más compacta y mejor estructurada esté una ciudad, mejor. Ahí la mano del arquitecto y del político

es fundamental”.

 

- ¿Qué asusta a la gente: una casa distinta a la concepción existente, que aunque ineficiente es lo único que conoce, o los precios?

 

- Las dos cosas. Hay gente a la que le encanta la arquitectura pero no tiene con que pagarla, y hay gente que simplemente no la entiende ni entiende la labor del arquitecto. Pero la arquitectura debe aludir a todos en cierto grado. Sin que esto signifique que baje su nivel y eso es muy difícil de hacer. Te estoy hablando de un modelo ideal. Te estoy hablando casi de una obra de Mozart: la obra alude a alguien que está haciendo un doctorado sobre la obra, o un niño.

 

La Casa i

Una de las propuestas de Fuster and Partners consiste en la Casa i. O sea, La casa inteligente. Este es el proyecto de una casa prefabricada que pretende resolver las necesidades energéticas de los usuarios, así como su abastecimiento de agua y de un bajo presupuesto. La casa simula un mobiliario urbano debido a su producción industrializado. La estructura, en hormigón reforzado con fibra de vidrio, así como la facilidad de armarla y transportarla.

 

- ¿Qué relación tiene esta casa con el contexto?

 

- La idea es que sea contextual. Está pensada para estar en muchos lugares: campo, playa y ciudad; no tiene una forma específica que responda a vistas o topografía específica, pero tiene la capacidad de adaptarse a la topografía. Si es contextual en términos macro, está muy adaptada al trópico y nuestra materia prima principal.

 

Esa posibilidad de una casa pequeña, eficiente y estéticamente acorde con las necesidades del cliente no es una utopía. Para Nataniel, cada vez resulta más importante repensar el modelo de vivienda y hacerlos más eficientes en menos espacio. La huella de una casa es fundamental para crear el menor impacto posible en la naturaleza. No podemos seguir pesando en que las casas son más y más grandes en cuanto tenemos más y más dinero”.

 

Luz y tierra: integrar para vivir

Por: Randall Zuñiga, periodista

Fotografía: retrato por Carrett Britton y otras archivo Su Casa

Colaboración del arquitecto Carlos Álvarez

 

La integración de paisaje y arquitectura es, en la obra de Víctor Cañas, la máxima desde la cual crecen sus obras, de la mano de la luz, el terreno y el hombre.

 

Con una naturalidad extraordinaria, las obras del arquitecto costarricense Víctor Cañas crecen, se desenvuelven y se suman al paisaje del sitio como si fueran parte intrínseca y fundamental desde siempre.

 

Cañas fue el representante local en el Congreso Líneas, donde mostró varias de sus viviendas unifamiliares y detalló minuciosamente esas máximas, a partir del terreno y la luz, dos ejes de su arquitectura.

 

Distinto lugar, distinta arquitectura

 

“La arquitectura nace del lugar, arraigada al sitio en su forma y sus espacios”, así, cada proyecto de Cañas resulta único, pero inconfundible por ese sello en los ángulos, los materiales y el trasfondo teórico.

 

En sus obras, el sitio está definido como algo más que una cualidad espacial medida en metros cuadrados. Está demarcada por el clima, la vegetación, el uso e incluso por los vecinos colindantes. Como afirma, “el proyecto debe de adaptarse al terreno” y no este al proyecto. Esta seña de humildad frente a la tierra suma un grado  altísimo de personalización a los proyectos, un claro valor añadido en tiempos de masificación desmesurada. La respuesta, por supuesto, es bienvenida por los usuarios cotidianos de la obra, que terminan por definir el fin último de esta.

 

El elemento luz

 

El afuera y el adentro, y la  adaptabilidad del proyecto a las características del sitio, tienen su prueba de fuego al hablar de la luz, que para Cañas resulta el elemento básico de la arquitectura. “Ella marca el ritmo de la vida. Cuando cambia, la casa se vuelve viva”.

 

En Costa Rica, los cambios en la luz según la región, la hora y la estación enriquece este factor gracias a sus distintos matices. Es entonces cuando el juego se vuelve  más interesante para el arquitecto, al abrir, cerrar, entreabrir e inducir espacios o propiciar reflejos.   El vínculo entre el interior y el  exterior mediante el ingreso de la luz natural y esa vitalidad cotidiana de la arquitectura, requiere, además, elementos unificadores.

 

Así aparecen en escena los jardines y la vegetación, que Cañas define como “un respaldo del espacio”; las piscinas y los espejos de agua, que introducen un elemento naturalestético en tanto reflejan y un elemento formal en tanto enfrían el aire. Además, lo que para muchos resulta en inconvenientes, como el clima, termina definiendo aspectos cruciales del proyecto al ser considerado como parte del paisaje.

 

La respuesta minuciosa de Cañas a los retos que plantea el clima, la topografía y la luz en el país, convierten su obra en referente nacional de los últimos años. El respeto al sitio al adaptarse y explotar los recursos paisajísticos de este le ha valido el reconocimiento internacional, local y, principalmente, de los usuarios: primeros y últimos críticos que convierten la arquitectura de Cañas en sus hogares.

 

Frase adjunta “La arquitectura nace del lugar arraigada al sitio en su forma y sus espacios”, así, cada proyecto resulta único e inconfundible.

La vivienda como esencia de las ciudades y estas como espacios para la ciudadanía fueron los dos grandes temas abordados en el Quinto Congreso Líneas, realizado en San José en febrero pasado. La construcción de viviendas es uno de los temas más sensibles de nuestras ciudades en el siglo XXI, dada la creciente población urbana mundial y una calidad de vida que tiende a deteriorarse. De ahí que el Quinto Congreso Líneas, llevado a cabo el 23 de febrero, se enfocó en las soluciones para vivir mejor la ciudad y el hogar.

 

En contexto

 

En la ciudad los espacios se han reducido, las casas se convirtieron en edificios habitacionales y la identidad comunal se redujo al mínimo, en pos de un mundo eficiente, sistemático, lógico y racional.

 

Así, nacieron espacios depredadores del territorio, hechos para el automóvil, anónimos y agresivos para cualquiera, y que nos llenaron de orgullo por su imagen de progreso.

 

Sin embargo, la necesidad humana no solo depende del diseño arquitectónico de las casas sino también de su integración y respeto por el contexto urbano y natural.

 

Con estos cuestionamientos arrancó el congreso, en el que el viceministro de Vivienda y Asentamientos Humanos, Jorge Arturo Sánchez; el presidente del Colegio de Arquitectos de Costa Rica, Abel Salazar, y el organizador del evento, Luis Diego Barahona, hicieron referencia a la situación actual de nuestras ciudades y viviendas.

 

Acceso a vivienda, derecho de todos

 

Las estadísticas presentadas al público llaman la atención. Solo en San José, el 80% del tejido urbano se encuentra conformado por viviendas. De estas, el 56% pertenece a la clase media, definidas por Barahona como viviendas desprotegidas, por tres razones.

 

En primera instancia, el costo para que una familia media pueda acceder a una vivienda de calidad se estimó en c250.000 el metro cuadrado. Esto significa que si solo se puede pagar c200.000 al mes por concepto de préstamo, esta familia solo podría acceder a una casa de 60m2, área insuficiente para que una familia moderna viva confortablemente.

 

En segundo lugar, los programas estatales de vivienda han estado dirigidos a solucionar el financiamiento de aquellas familias más pobres, en tanto que las familias más adineradas acceden por su posición a jugosos créditos hipotecarios. En tanto, la clase media queda sin posibilidades reales de acceder a un crédito que se ajuste a sus necesidades. Y, por último, la composición

de la familia contemporánea ha cambiado y por tanto, también la definición de que es familia.

 

Integrando el paisaje

 

El concepto de la nueva vivienda está relacionado con la calidad de vida dentro de los espacios diseñados, trascendiendo la oferta inmobiliaria o las políticas urbanas de cada país. Por lo tanto, la arquitectura contemporánea aboga por integrar siempre el paisaje al diseño en armonía con la naturaleza.

 

Ejemplos de ello son algunos proyectos de los conferencistas que participaron del congreso. Para el arquitecto Víctor Cañas, debe existir una estrecha relación entre el interior y el exterior de los espacios de una vivienda. La razón: la arquitectura nace del lugar, de ahí que las soluciones de vivienda deban adaptarse al terreno, el clima, la cultura o las necesidades del usuario.

 

En esta misma línea, el arquitecto peruano Jean Pierre-Crousse, procura contra contraponer sus obras al desierto de la costa pacífica. Su arquitectura se incorpora al paisaje como una escultura abstracta en medio de un lugar desolado.

 

Si Cañas usa como estrategia la apertura hacia el paisaje exterior, Crousse la niega debido a las condiciones hostiles del desierto, y propone un paisaje propio, dentro de la misma arquitectura.

 

Por otro lado, el arquitecto puertorriqueño Nataniel Fuster planteó en sus obras el contraste con el tejido urbano en sus formas: a partir de ella busca la esencia de un microcosmos vital para los habitantes, donde la luz hace levitar a las grandes masas de concreto.

 

La ciudad, entonces, la entiende como contexto, pero la barrera creada por los muros, la percibe como hostil.

 

Otra manera de vivir

 

Finalmente, nada lograríamos con una mejor vivienda si las condiciones de vida en nuestras ciudades no mejoran en cuanto a su identidad, su habitabilidad, su gobierno y, más importante aún, su sostenibilidad a través del tiempo.

 

Y es que habitamos construyendo y vivimos habitando, lo cual significa que para poder lograr vivir en una ciudad, debemos identificarnos con nuestro contexto. Las plazas, los parques y los espacios públicos nos otorgan una imagen y proyectan personalidad que tienen las ciudades visitadas o aquellas donde vivimos.

 

En los proyectos del arquitecto argentino Miguel Ángel Roca, esta idea se encuentra resuelta por medio de un entendimiento del espacio vacío y del espacio construido en la ciudad de Córdoba.

 

Para él, riqueza del espacio público depende de las conexiones entre los diferentes usos de un mismo espacio. Así cohabitan comercio y vivienda, instituciones con comunidad, rescatando la memoria colectiva mediante los edificios patrimoniales y del tejido urbano.

 

Por otro lado, el último de los expositores, el arquitecto colombiano Enrique Peñalosa, lo cuestiona: ¿cuáles son, entonces, las ciudades en las cuales queremos vivir?

 

La respuesta es compleja pero se resume en “aquellas en donde podamos estar afuera y no dentro de nuestras casas”

 

En aquellas que sean igualitarias, democráticas, sensibles y en donde nuestras necesidades no sean resueltas para sobrevivir sino para vivir.

 

Una ciudad que le da prioridad a los intereses privados, es una ciudad enferma, fragmentaria, excluyente, anónima, más aún, poco tolerante y sensible hacia las necesidades de las personas más frágiles de nuestra sociedad.

 

Una buena ciudad es, aquella que sentimos con el corazón y con el alma. Esta es quizá, el tipo de ciudad donde queremos vivir.

 

Con esta última reflexión, la revista Su Casa, presenta los pormenores de las conferencias del Quinto Congreso Líneas, que abre un nuevo año de actividades para la arquitectura contemporánea costarricense.

 

De la ciudad al ciudadano

Por Randall Zuñiga, periodista

Fotografía: retrato por José Salazar obra archivo La Nación.

 

Democratizar el espacio público es la bandera de Enrique Peñalosa. Su aporte, sin embargo, apenas alcanza para mostrar los destellos de lo que debiera ser una “ciudad ciudadana”: derivada de las necesidades públicas y del peatón como usuario significativo.

 

“Las ciudades eran peatonales, hechas para nosotros. Pero de repente nos dedicamos a hacer ciudades para el carro”. Esa es la quizá la descripción más sencilla de la coyuntura moderna que guió a Enrique Peñalosa a adoptar la ciudad de Bogotá como su gran protegida.

 

Peñalosa cerró el Quinto Congreso Líneas, recordando los proyectos asumidos durante su gestión y los retos para devolverle la urbe a aquellos que la habitan.

 

Equidad urbana

 

El político fue elegido alcalde de Bogotá en 1998, y desde su llegada promovió la equidad urbana a partir de la restauración del espacio público y el apropiamiento de este por parte de los peatones. Su fin: la igualdad en la calidad de vida.

 

Mediante el plan “Por la Bogotá que queremos”, se puso especial énfasis en mejorar y favorecer el transporte público masivo mediante vías exclusivas para autobuses y un sistema eficiente (Transmilenio), así como vías exclusivas para bicicletas (ciclovías), amplitud de aceras, creación de parques y bibliotecas.

 

La base de la propuesta era clara: es en los espacios públicos donde se crea ciudad y donde la mayoría de la población (los que no tienen automóvil) transita, trabaja y se recrea día tras día.

 

“Hay un conflicto entre una ciudad que es especialmente amable con los automóviles, con otra que es hostil con los peatones”, afirma. Dar prioridad a una autopista antes que a las aceras o las plazas denota que para el Estado es más importante aquel que cuenta con un automóvil que aquel que transita a pie, en bicicleta o en silla de ruedas.

 

El interés público sobre el privado

 

Como cuenta Peñalosa, su plan promovía una manera de ver la ciudad opuesta a la usualmente permisiva con los automóviles, y con aquellos que no usan la ciudad.

 

“Ellos (los que tienen auto) saltan de un espacio privado a otro, mediante cápsulas (autos). No les interesan los servicios que el Gobierno provee, porque no los usan”. Para Peñalosa, el problema radia en que quienes toman las decisiones de invertir en carreteras, por ejemplo, son esas mismas personas que no caminan la ciudad.

 

De ahí que la ciudad deba ser diseñada para los que viven esa ciudad y la hacen suya. “Ciudad para todos, diseñada para los ciudadanos más vulnerables, para los que se movilizan en silla de ruedas, en bicicleta, para los niños…”.

 

Sin embargo, siendo prácticos, las aplicaciones de este sistema no son más que las aplicaciones reales de la legislación de muchos sitios latinoamericanos. Por ejemplo, al hablar de la preeminencia del interés general sobre el particular llegamos a la conclusión de que el transporte público masivo debiera estar articulado, con carriles exclusivos y rutas periféricas.

 

La ciudad ideal

 

Más allá del cúmulo de oportunidades que empiezan a despuntar bajo estas máximas, en Bogotá, así como otras ciudades donde se aplican sistemas similares los problemas están lejos de solucionarse.

 

“Todos estamos tratando de aprender cómo debe ser una ciudad. Si a cada quien le preguntamos cómo es su ciudad ideal, estamos lejos de tener una visión compartida”, sentencia.

 

Este proceso de aprendizaje ha llevado a que desde distintas partes del mundo se haya estudiado el caso bogotano, señalado por la ONU en su informe: “Espacio público: el gran nivelador” como  un ejemplo de equidad, quizás al tratarse del único sitio donde todos somos iguales.

 

Frase adjunta: “Hay parámetros de la distancia que debe haber entre postes de luz, pero ¿cuál es la distancia mínima de la que debe crecer un niño de un parque?”

 

La ciudad y la convivencia

Por Randall Zúñiga, periodista

Fotografía: retrato por Garret Britton y obras cortesía de Miguel Ángel Roca

 

Teniendo a la urbanidad como punto de partida de la vida democrática, el arquitecto argentino Miguel Ángel Roca aboga por el rescate de la ciudad en contraparte de las autopistas y los shoppings, a los que califica de “no lugares”.

 

Sus primeros años los pasó en el estudio del afamado arquitecto Louis Kahn, lo que lo llevó indirectamente a intervenir más tarde la ciudad de Córdoba. Estos dos puntos detallan la vida y definen la obra del arquitecto argentino Miguel Ángel Roca.

 

“La experiencia con Kahn fue ambivalente. Todos éramos arquitectos, y de diferentes partes del mundo. Nos trataba con mucha dureza”, recuerda Roca. “Kahn murió con dos millones de dólares en deudas, lo que a mí me parece importante destacar: porque eso quiere decir que no se puede hacer arquitectura para convivir, sino para servir. En mi caso no solo es solo servir a la arquitectura, sino a los que van a estar ligados a esta arquitectura”.

 

El vínculo y la responsabilidad con el resto de los ciudadanos trajo en consecuencia una serie de proyectos habitacionales de vivienda social en los años 70, así como proyecto institucionales. Así crecieron obras como el hospital San Martí, en Paraná; distintas sucursales del Banco de la Provincia de Córdoba; complejos habitacionales como el Pucará o el San Pedrito.

 

Sin embargo, el impacto sobre la ciudad devino de una idea de Kahn de reflexionar en torno a la ciudad de Roca, Córdoba…

 

“Durante unos 10 años hice anteproyectos de revalorización del área central, de densificación, la peatonalización, parqueos subterráneos, que creo que es de aplicación para cualquier ciudad”.

 

La propuesta trajo la generación e nuevos centros en la periferia, más de una docena de espacios para las actividades culturales, cada uno con cerca de 1.500 metros cuadrados. “Esta idea de la ciudad como una totalidad está reflejado en el respaldo a una ciudad histórica”.

 

Los lugares y los no lugares Su visión sobre el futuro de las ciudades parte de la revalorización de la ciudad actual y de los edificios históricos. Una de esas reflexiones lo llevó a hablar del Teatro Nacional y del Museo de Oro, en Costa Rica. “Me parece muy interesante el museo al poner en valor el Teatro. Justamente por lo discreta pasa a ser una obra ejemplar. Estas recuperaciones,

desgraciadamente, no llevan el ritmo de la construcción y la demolición interna. Al tiempo que se recuperan algunas obras se destruyen otras…”

 

La nueva interpretación de centros que vienen desde Córdoba, tratan de urbanizar lo “desurbanizado por las urbanizaciones”. “Es importante encontrarse con la gente en la calle, para discutir, debatir… Con  os otros, no con los iguales a uno, no los ‘Villa Miseria’ ni los barrios cerrados de la clase alta. La urbanidad es el punto de partida de la vida democrática”.

 

Para Roca, esa urbanidad se pierde en los no lugares: las autopistas y los centros comerciales. “El progreso es no hacer autopistas. Nadie habla de las autopistas de París. La gente habla de ciudad de París, no de las autopistas de París”, explica. “Los no lugares no nos permiten identificarnos, relacionarnos y hacer historia…

 

Un shopping es un igual a otro shopping, más bonito o más feo pero son iguales… Y la gente va ahí para ver a los iguales a uno. Succionan la vitalidad del área central, destruyen los pequeños comercios…”.

 

Rescatar la ciudad y el espacio democrático sigue siendo baluarte en la arquitectura de Roca, desde proyectos unifamiliares hasta la peatonalización de los centros históricos, su obra remarca el fin último de la arquitectura: servir al hombre.

 

Frase adjunta “Cualquier proyecto comienza por una conceptualización del tema, se analiza el lugar, el programa, así aparecen las imágenes. Pero sin imágenes arquitectónicas tampoco parece la conceptualización”, así describe el proceso de trabajo el arquitecto Roca.

 

La arena de la herencia

Por: Randall Zuñiga, periodista

Fotografía: retrato por Garrett Briton y obras cortesía de Barclay & Crousse

Architecture

 

Para Jean Pierre Crousse, de Barclay & Crousse Architecture, la arquitectura debe develar la inconmensurable obra del día a día en medio de la herencia y la belleza.

 

“Muchas veces se cree que hay que ser folclórico para haber aprendido de la herencia”. Asegurar esto desde la visión de un arquitecto en el mítico país de Perú debe ser correspondido con obras que realcen la herencia sin desmeritar  el valor cultural y el valor espiritual de todo lugar.

 

Para Jean Pierre Crousse, el tema de la herencia, por tanto, es algo cotidiano. “Hemos tratado de no tomar la forma. La forma lleva al folclor. Hemos tratado de tomar las estrategias que permiten utilizadas en clave contemporánea, que es una manera de avance. Las estrategias que ellos usaban (los incas) eran avanzadísimas para la época, hoy día disponemos de muchos más recursos, bagaje  y cultura universal. El reto es mejorar lo que ellos hacían bien.

 

 No tratando de copiar formas”, explica, en el intermedio del Quinto Congreso Líneas.

 

- Durante todo ese proceso, ¿qué resultado se exige?

 

- El resultado es formal, pero esa forma depende de las circunstancias formales, no depende de factores culturales, sí de las estrategias. Las máximas en el trabajo de la forma concluyen una sola línea: nada es casualidad. Las hipótesis deben ser acertadas.

 

Es tratar de tener una visión crítica de cada trabajo, para aprender de los errores y los aciertos y nos permite volverlos conscientes. El  proyecto de la firma es un proyecto continuo que va evolucionando, con circunstancias continuas.

 

Además, la visión de hogar y de amplitud interna es ovacionada por la maravillosa interacción de luz y objetos, sombra y color en el mismo lugar. Crear un espacio que responda a sus necesidades (del cliente), pero que sea más grande de lo que parece, que dé una idea de amplitud, serenidad y luz.

 

- Mencionaste un proyecto en Lima. Con respecto a vistas y proyectos antiguos, ¿cómo hacer que esto se reproduzca, más allá de la familia, hacia la ciudad?

 

- La arquitectura tiene dos responsabilidades: una hacia la ciudad y otra hacia el que la habita. Creo firmemente que no hay fórmulas, creo en una situación económica y con lo que la rodea. La manera de encararlas dependerá del contexto, no tenemos fórmulas.

 

- ¿Cómo conseguir que esta arquitectura sea humana y sea arquitectura, más que construcción?

 

- La diferencia entre la arquitectura y la construcción está en la capacidad emotiva de la arquitectura. Un espacio que conmueve es arquitectura. La arquitectura no solamente se limita a cumplir con las necesidades, sino que posibilita el desarrollo anímico del hombre, introduce el aspecto emotivo de estos espacios.

 

La arquitectura no es mesurable, es inmensurable. Eso es lo importante, lo que produce la emoción. Y esto en una sociedad en que solo se valora lo mesurable es difícil de ser aceptado.

 

- Y en donde la arquitectura tiene, más que un valor, un precio…

 

- Sí, y es ahí donde la arquitectura tiene un complejo con respecto a todas las disciplinas.

 

Frase adjunta “Una de las casas más conocidas de la firma es la Casa Equis, en Cañete, Perú. En ella, existe una rara sensación de estar en el paisaje, de estar cobijado y de estar en un lugar íntimo sin ningún encierro. Ese es el fin de la firma”.

 

De la raíz a la luz

Por: Randall Zuñiga, periodista

Fotografía: retrato Garrett Britton y obras cortesía de Fuster and Partners.

 

Para el arquitecto Nataniel Fuster, de Fuster and Partners, las ciudades y las viviendas individuales deben ir ligadaWs desde el estudio hasta el usuario, con un diseño adaptado a las características del trópico, la economía y su usabilidad.

 

Junto a los demás expositores no fue difícil reconocerlo: su piel morena delató su día a día en Puerto Rico. Allí, los proyectos de vivienda individual a escasos metros del mar han hecho su obra conocida en muchas partes del mundo. Pero nuevos proyectos guiados a hacer populares estas viviendas han devenido en años de estudio y práctica. Así, el análisis de la luz y los diseños vernáculos

convergen con la sostenibilidad integral y la accesibilidad en cuanto al costo de producción y de venta.

 

- Precisamente su tesis de doctorado estuvo ligada a una afirmación básica: la arquitectura moderna es esencialmente tropical. Pero ¿Por qué?

 

- El arquitecto modernista por excelencia es Le Corbusier, quien en sus cinco puntos plantea crear una planta libre, ininterrumpida… Y eso es perfecto para aplicarlo en el trópico. Plantea una arquitectura en donde la fachada pueda ser separada del interior mediante el uso de mamparas o quiebrasoles… los techos verdes… hablaba de elevar los edificios en pilotes… Todo eso ya se hacía en la arquitectura vernácula, para que los edificios fueran más frescos.

 

En el trópico donde la radicalidad de Niemeyer puede florecer con mayor fuerza, donde edificios del propio Le Corbusier, en la India, tuvieron su mayor fuerza. Prefiero definir arquitectura en el trópico, que es lo que buscamos hacer (en Fuster and Partners), antes que arquitectura tropical, ya que la arquitectura no debería tener ningún adjetivo que la califique. Entiendo la arquitectura como algo universal.

 

- Sin embargo, al plantear la arquitectura desde una coyuntura especial, hay puntos clave que desarrollan su obra. ¿Cuál es ese eje primordial?

 

- Definitivamente la luz, es el aspecto fundamental, en esencia no existe espacio si no existe luz. Si este salón (el sitio donde se realizó la entrevista) estuviera absolutamente oscuro, no tendríamos noción del espacio. El espacio esencialmente es un fenómeno que se entiende a través de la vista. La luz desempeña un papel fundamental.

 

- ¿Cómo influye la luz en sus obras?

 

- Genera un interés en crear estructuras perforadas, mamparas, difusiones de luz mediante el  choque de diferentes planos, que solamente se pueden dar en nuestras latitudes. La luz crea una  comunión con el exterior aunque estemos en un interior. Hay algo en la naturaleza humana que ve la luz casi como un material, una esencia a la cual uno debe buscar y ambicionar, capturar y jugar con ella.

 

Hacia la luz

- Las ciudades latinoamericanas se duelen de una falta de diseño concienzudo para ellas. ¿Cómo aplicar allí esos diseños?

 

- No sé la respuesta… Al menos como veo el papel de nuestra oficina, donde buscamos crear conciencia por medio de proyectos puntuales que interactúan con nuestro contexto. Pero la complejidad del caos urbano es algo que no solamente los arquitectos vamos a poder resolver, hará falta voluntad política y voluntad económica.

 

El panorama poco esperanzador se enfrenta, como dice Fuster, a proyectos individuales. Sin embargo, la proyección a futuro deviene de macroproyectos, como la densificación de la ciudad. “Densificar la ciudad es un gesto profundamente ecológico y sustentable. Mientras más compacta y mejor estructurada esté una ciudad, mejor. Ahí la mano del arquitecto y del político

es fundamental”.

 

- ¿Qué asusta a la gente: una casa distinta a la concepción existente, que aunque ineficiente es lo único que conoce, o los precios?

 

- Las dos cosas. Hay gente a la que le encanta la arquitectura pero no tiene con que pagarla, y hay gente que simplemente no la entiende ni entiende la labor del arquitecto. Pero la arquitectura debe aludir a todos en cierto grado. Sin que esto signifique que baje su nivel y eso es muy difícil de hacer. Te estoy hablando de un modelo ideal. Te estoy hablando casi de una obra de Mozart: la obra alude a alguien que está haciendo un doctorado sobre la obra, o un niño.

 

La Casa i

Una de las propuestas de Fuster and Partners consiste en la Casa i. O sea, La casa inteligente. Este es el proyecto de una casa prefabricada que pretende resolver las necesidades energéticas de los usuarios, así como su abastecimiento de agua y de un bajo presupuesto. La casa simula un mobiliario urbano debido a su producción industrializado. La estructura, en hormigón reforzado con fibra de vidrio, así como la facilidad de armarla y transportarla.

 

- ¿Qué relación tiene esta casa con el contexto?

 

- La idea es que sea contextual. Está pensada para estar en muchos lugares: campo, playa y ciudad; no tiene una forma específica que responda a vistas o topografía específica, pero tiene la capacidad de adaptarse a la topografía. Si es contextual en términos macro, está muy adaptada al trópico y nuestra materia prima principal.

 

Esa posibilidad de una casa pequeña, eficiente y estéticamente acorde con las necesidades del cliente no es una utopía. Para Nataniel, cada vez resulta más importante repensar el modelo de vivienda y hacerlos más eficientes en menos espacio. La huella de una casa es fundamental para crear el menor impacto posible en la naturaleza. No podemos seguir pesando en que las casas son más y más grandes en cuanto tenemos más y más dinero”.

 

Luz y tierra: integrar para vivir

Por: Randall Zuñiga, periodista

Fotografía: retrato por Carrett Britton y otras archivo Su Casa

Colaboración del arquitecto Carlos Álvarez

 

La integración de paisaje y arquitectura es, en la obra de Víctor Cañas, la máxima desde la cual crecen sus obras, de la mano de la luz, el terreno y el hombre.

 

Con una naturalidad extraordinaria, las obras del arquitecto costarricense Víctor Cañas crecen, se desenvuelven y se suman al paisaje del sitio como si fueran parte intrínseca y fundamental desde siempre.

 

Cañas fue el representante local en el Congreso Líneas, donde mostró varias de sus viviendas unifamiliares y detalló minuciosamente esas máximas, a partir del terreno y la luz, dos ejes de su arquitectura.

 

Distinto lugar, distinta arquitectura

 

“La arquitectura nace del lugar, arraigada al sitio en su forma y sus espacios”, así, cada proyecto de Cañas resulta único, pero inconfundible por ese sello en los ángulos, los materiales y el trasfondo teórico.

 

En sus obras, el sitio está definido como algo más que una cualidad espacial medida en metros cuadrados. Está demarcada por el clima, la vegetación, el uso e incluso por los vecinos colindantes. Como afirma, “el proyecto debe de adaptarse al terreno” y no este al proyecto. Esta seña de humildad frente a la tierra suma un grado  altísimo de personalización a los proyectos, un claro valor añadido en tiempos de masificación desmesurada. La respuesta, por supuesto, es bienvenida por los usuarios cotidianos de la obra, que terminan por definir el fin último de esta.

 

El elemento luz

 

El afuera y el adentro, y la  adaptabilidad del proyecto a las características del sitio, tienen su prueba de fuego al hablar de la luz, que para Cañas resulta el elemento básico de la arquitectura. “Ella marca el ritmo de la vida. Cuando cambia, la casa se vuelve viva”.

 

En Costa Rica, los cambios en la luz según la región, la hora y la estación enriquece este factor gracias a sus distintos matices. Es entonces cuando el juego se vuelve  más interesante para el arquitecto, al abrir, cerrar, entreabrir e inducir espacios o propiciar reflejos.   El vínculo entre el interior y el  exterior mediante el ingreso de la luz natural y esa vitalidad cotidiana de la arquitectura, requiere, además, elementos unificadores.

 

Así aparecen en escena los jardines y la vegetación, que Cañas define como “un respaldo del espacio”; las piscinas y los espejos de agua, que introducen un elemento naturalestético en tanto reflejan y un elemento formal en tanto enfrían el aire. Además, lo que para muchos resulta en inconvenientes, como el clima, termina definiendo aspectos cruciales del proyecto al ser considerado como parte del paisaje.

 

La respuesta minuciosa de Cañas a los retos que plantea el clima, la topografía y la luz en el país, convierten su obra en referente nacional de los últimos años. El respeto al sitio al adaptarse y explotar los recursos paisajísticos de este le ha valido el reconocimiento internacional, local y, principalmente, de los usuarios: primeros y últimos críticos que convierten la arquitectura de Cañas en sus hogares.

 

Frase adjunta “La arquitectura nace del lugar arraigada al sitio en su forma y sus espacios”, así, cada proyecto resulta único e inconfundible.

Carlos Álvarez

Su Casa

Costa Rica

2008

San José

Costa Rica

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2020