LDB Arquitectura

Ciudad mixta y compacta

El 14 de marzo del 2009 se celebró el Congreso Líneas con uno de los temas más relevantes de la actualidad: ¿Qué hacer con la ciudad cuando el 50% de la población mundial ya es urbana?

 

El Sexto Congreso Líneas, según su organizador, el arquitecto Luis Diego Barahona, es la continuación del Congreso anterior, cuando en aquel momento se hablaba de la vivienda como un ente que daba vida a la ciudad y la cual necesitaba de actividades complementarias interconectadas para transformarla humanamente.

 

En ese momento como ahora, se cuestionaba el proceso de planificación urbana, que en los términos anteriores se encontraban referidos a la funcionalidad fragmentada de cada actividad productiva que a su vez estaba interrelacionada con arterias de comunicación, llámense estas carreteras, calles, ferrocarriles o aeropuertos, pero que con el transcurso del tiempo se volvieron cada vez más inoperantes, por cuanto la ciudad se convirtió en una masa amorfa, extendida, insegura y fragmentada desde cualquier punto de vista ya sea en términos sociales, económicos o culturales.

 

En medio de este desolador panorama, cinco arquitectos nos mostraron las posibilidades de cómo interpretar y hacer la ciudad del siglo XXI, de ahí el interés de este congreso y su complementariedad con el anterior, “La vivienda como esencia”.

 

Ciudad mixta y compacta Los conferencistas del Sexto Congreso Líneas propusieron diferentes estrategias para solventar parte de los problemas coyunturales urbanos actuales en los siguientes términos:

 

a) Es indispensable el protagonismo de los proyectos de vivienda protegida, colectiva e inclusiva para impulsar el nuevo desarrollo de los espacios urbanos públicos y privados.

 

b) Es indispensable no volver a fragmentar la ciudad por actividades específicas, a fin de lograr con ello una mayor funcionalidad operativa urbana, en donde el comercio esté cerca de la vivienda y de las áreas de trabajo.

 

Con ello, ya no sería necesaria la ampliación de la infraestructura existente para dotar de servicios a los nuevos habitantes, sino que esta inversión podría ser redirigida al mejoramiento de la ciudad a través de proyectos que incentiven la integración social, como en el caso de las bibliotecas y escuelas de Medellín.

 

c) Todo proyecto es parte del tejido urbano y no su depredador. Esto significa una creación de una nueva ética en el diseño y construcción de cualquier proyecto, en donde lo que se procura es hacer ciudad, no “artefactos arquitectónicos solos”, sin contexto ni con un efecto social a largo plazo. En este sentido, los proyectos mostrados por los arquitectos Giancarlo Mazzanti, de Colombia, y Carlos Jiménez, de Estados Unidos, son un claro ejemplo de cómo abordar los proyectos arquitectónicos dentro de la ciudad.

 

d) Ética y un cambio de sensibilidad es necesaria hasta lograr los efectos arquitectónicos anteriores, tal y como el crítico de la arquitectura mundial, el español Luis Fernández-Galiano, sugiere “menos estrellas y más ética en la aproximación de los problemas humanos del habitar en la ciudad”.

 

e) El ser humano como referencia de todo sistema de estudio urbano, es el mensaje del arquitecto Oliver Schüte, de manera tal que ya no sean las estimaciones abstractas de cómo deberían vivir las personas, sino más bien cómo queremos vivir en la ciudad.

 

f) Proyección de posibilidades en aquellas áreas deprimidas por el olvido de las grandes desarrolladoras para buscar con ello un mejoramiento en la vida de los sectores sociales con menos oportunidades sociales y económicas de la ciudad, es el mensaje del arquitecto Luis Diego Barahona. La ciudad debería ser el crisol de las oportunidades sociales y de la felicidad participativa de todos sus habitantes, haciéndola más segura, integral y diversa en su riqueza cultural.

 

Con lo anterior, no queda más que esperar los resultados de estas particularidades que podrían ser aplicables a la Gran Área Metropolitana de Costa Rica.

Carlos Álvarez

Su Casa

Costa Rica

2009

San José

Costa Rica

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(506) 22800670

2020

El 14 de marzo del 2009 se celebró el Congreso Líneas con uno de los temas más relevantes de la actualidad: ¿Qué hacer con la ciudad cuando el 50% de la población mundial ya es urbana?

 

El Sexto Congreso Líneas, según su organizador, el arquitecto Luis Diego Barahona, es la continuación del Congreso anterior, cuando en aquel momento se hablaba de la vivienda como un ente que daba vida a la ciudad y la cual necesitaba de actividades complementarias interconectadas para transformarla humanamente.

 

En ese momento como ahora, se cuestionaba el proceso de planificación urbana, que en los términos anteriores se encontraban referidos a la funcionalidad fragmentada de cada actividad productiva que a su vez estaba interrelacionada con arterias de comunicación, llámense estas carreteras, calles, ferrocarriles o aeropuertos, pero que con el transcurso del tiempo se volvieron cada vez más inoperantes, por cuanto la ciudad se convirtió en una masa amorfa, extendida, insegura y fragmentada desde cualquier punto de vista ya sea en términos sociales, económicos o culturales.

 

En medio de este desolador panorama, cinco arquitectos nos mostraron las posibilidades de cómo interpretar y hacer la ciudad del siglo XXI, de ahí el interés de este congreso y su complementariedad con el anterior, “La vivienda como esencia”.

 

Ciudad mixta y compacta Los conferencistas del Sexto Congreso Líneas propusieron diferentes estrategias para solventar parte de los problemas coyunturales urbanos actuales en los siguientes términos:

 

a) Es indispensable el protagonismo de los proyectos de vivienda protegida, colectiva e inclusiva para impulsar el nuevo desarrollo de los espacios urbanos públicos y privados.

 

b) Es indispensable no volver a fragmentar la ciudad por actividades específicas, a fin de lograr con ello una mayor funcionalidad operativa urbana, en donde el comercio esté cerca de la vivienda y de las áreas de trabajo.

 

Con ello, ya no sería necesaria la ampliación de la infraestructura existente para dotar de servicios a los nuevos habitantes, sino que esta inversión podría ser redirigida al mejoramiento de la ciudad a través de proyectos que incentiven la integración social, como en el caso de las bibliotecas y escuelas de Medellín.

 

c) Todo proyecto es parte del tejido urbano y no su depredador. Esto significa una creación de una nueva ética en el diseño y construcción de cualquier proyecto, en donde lo que se procura es hacer ciudad, no “artefactos arquitectónicos solos”, sin contexto ni con un efecto social a largo plazo. En este sentido, los proyectos mostrados por los arquitectos Giancarlo Mazzanti, de Colombia, y Carlos Jiménez, de Estados Unidos, son un claro ejemplo de cómo abordar los proyectos arquitectónicos dentro de la ciudad.

 

d) Ética y un cambio de sensibilidad es necesaria hasta lograr los efectos arquitectónicos anteriores, tal y como el crítico de la arquitectura mundial, el español Luis Fernández-Galiano, sugiere “menos estrellas y más ética en la aproximación de los problemas humanos del habitar en la ciudad”.

 

e) El ser humano como referencia de todo sistema de estudio urbano, es el mensaje del arquitecto Oliver Schüte, de manera tal que ya no sean las estimaciones abstractas de cómo deberían vivir las personas, sino más bien cómo queremos vivir en la ciudad.

 

f) Proyección de posibilidades en aquellas áreas deprimidas por el olvido de las grandes desarrolladoras para buscar con ello un mejoramiento en la vida de los sectores sociales con menos oportunidades sociales y económicas de la ciudad, es el mensaje del arquitecto Luis Diego Barahona. La ciudad debería ser el crisol de las oportunidades sociales y de la felicidad participativa de todos sus habitantes, haciéndola más segura, integral y diversa en su riqueza cultural.

 

Con lo anterior, no queda más que esperar los resultados de estas particularidades que podrían ser aplicables a la Gran Área Metropolitana de Costa Rica.